Han pasado ya dos años desde la triste partida de Ernesto ‘Teto’ Ocampo, uno de los músicos colombianos más influyentes de las últimas décadas, y su recuerdo permanece vivo de muchísimas formas, aunque gran parte del público no sea consciente de eso. Cada vez que escuchamos a Carlos Vives cantar ‘La gota fría’ está allí la huella de una guitarra que transformó para siempre la música en Colombia.
Después de haber trabajado con Vives en álbumes memorables, como Clásicos de la Provincia, La tierra del olvido o Tengo fe, y con Bloque de Búsqueda, a finales de los 90, Ocampo se alejó del mainstream para sumergirse en proyectos como Sidestepper y en un álbum en solitario que se llamó Teto; así empezó a vivir el siglo XXI, con la convicción de que su música debía estar cada vez más cerca de La Madre Tierra.
“Solo fue que yo decidiera investigar sobre lo indígena, para que empezaran a llegar a mi casa, de frente, músicos indígenas. Del Cauca primero, y de la Sierra; yo tenía también un llamado del deber político para trabajar por La Madre, por la ecología, por los pueblos”, decía Teto durante una entrevista en 2021.
A él se fueron uniendo personas de diferentes pueblos ancestrales, hasta que organizó un performance en la Universidad Nacional de Bogotá; “Hablé sobre el discurso del racismo, y fue un acto simbólico muy fuerte que transformó mi vida totalmente, y no sé si la vida de los demás; el [auditorio] León de Greiff, lleno totalmente, 1.500 personas de pie, aplaudiendo al final al indio que estaba tocando el acordeón. Era una cosa muy bella”. Con el tiempo el proyecto fue tomando forma, hasta que entre 2010 y 2011 se publicó un primer álbum, que ahora, por primera vez se encuentra en vinilo.
“‘Mucho indio’ trabaja en la recuperación del territorio sagrado. Mediante el laboratorio paleofuturista abrimos huecos en el concreto, buscamos el nuevo arte en el ancestro. ‘Mucho Indio’ ha sido un insulto por mucho tiempo y este es el tiempo en que deje de serlo”, escribió Kiwe Kaashambujuk para el arte del disco, que apareció bajo el sello Polen Records, donde también se ha publicado música de Bomba Estéreo, Systema Solar y Mitú, entre otros.
Teto estuvo a cargo de la composición, los arreglos y la producción; además tocó gran parte de los instrumentos, y contó con la compañía de gente como Carlos Rengifo (contrabajo), Gilbert Martínez (percusión), Julio Torres (acordeón), María Teresa Villafañe (voz), Pits Piñacué (kuvi/flauta nasa), entre otros. Richard Blair, reconocido por su trabajo con Peter Gabriel, Sidestepper, Totó La Momposina, Carlos Vives, La Derecha y Aterciopelados, estuvo a cargo de la mezcla.
El álbum es una recorrido maravilloso y sorprendente por las músicas indígenas de Colombia, empezando por los rituales del pueblo kubeo (Amazonía), hasta llegar a La Guajira, pasando por los sonidos de los arhuacos en la Sierra Nevada de Santa Marta o los cantos de etnia muinane. Su música es tan diversa como fascinante, y puede ser misteriosa, profunda y alegre al mismo tiempo.
Cada tema parece revelar secretos de la selva, las montañas y los ríos, mientras nos ayuda a entender un poco la historia de nuestras culturas, en un trabajo que para ROLLING STONE en Español está entre los más importantes que se han lanzado en Colombia durante el siglo XXI.
Su relevancia radica, representando un gran ejemplo de belleza y rigor histórico, en que nos lleva a escuchar a las etnias del Cauca, la Amazonía, la Guajira, la Sierra Nevada, o el Vaupés, que siempre hemos tenido en el olvido. Para Teto se trataba de “volver al origen, cosa muy necesaria porque estamos desconectados, entonces, ya no sabemos para qué estamos viviendo […] si queremos entender de dónde salen nuestros problemas y cómo los solucionamos, está bueno volver al origen, ver cómo era el pueblo originario”.
Por eso hoy es una maravillosa noticia que ese legado ya no se encuentre solo en CD y en algunas plataformas digitales, sino que empiece a circular en vinilo blanco, un formato que a Teto le habría encantado para este trabajo porque parece diseñado para evocar la pureza de los espíritus que inspiraron sus sonidos. Es una nueva forma de experimentar una música que se hizo para vivir en conexión con lo sagrado y lo palpable, con la raíz y el vuelo de las aves; son las voces de nuestros pueblos originarios, y el legado de un hombre que se ganó la eternidad.


