Durante casi una década, Gianni Infantino construyó una de las presidencias más poderosas en la historia reciente de la FIFA. Llegó al cargo en 2016 como el hombre encargado de limpiar la imagen de una institución golpeada por el mayor escándalo de corrupción de su historia, logró dos reelecciones sin oposición e impulsó una expansión comercial del Mundial hasta convertirlo en uno de los eventos deportivos más rentables del planeta.
Sin embargo, a pocos meses de buscar un nuevo mandato, el dirigente suizo enfrenta la crisis política más importante desde que asumió el poder. El motivo, el FIFA Forward Enterprise (FFE), un ambicioso proyecto comercial que pretendía transformar la manera en la que la FIFA administra los ingresos del Mundial, pero que terminó provocando una rebelión entre varias de las federaciones más influyentes del fútbol mundial.
La iniciativa, que internamente era presentada como una nueva fuente de crecimiento para el fútbol global, terminó convirtiéndose en el mayor golpe político contra Infantino. Después de semanas de críticas, oposición de las confederaciones y dudas sobre la transparencia de la estrategia, la FIFA decidió retirar la propuesta. Ahora, el fracaso del plan amenaza con convertirse en un obstáculo para la reelección del presidente en marzo de 2027.
La idea detrás del FFE
El origen del FFE estaba relacionado con una pregunta que ha acompañado a la FIFA durante años: ¿cómo aprovechar todavía más el enorme valor económico de la Copa del Mundo?
Bajo Infantino, la Copa del Mundo ha aumentado de manera significativa su tamaño y alcance comercial. La edición de 2026 marcó un punto de inflexión al convertirse en la primera con 48 selecciones participantes y tres países anfitriones —Estados Unidos, México y Canadá—, lo que incrementó el número de partidos, sedes y la complejidad logística del torneo, pero también abrió nuevas oportunidades de ingresos a través de patrocinios, derechos audiovisuales y acuerdos comerciales.
La expansión, sin embargo, no parece haber llegado a su límite, rompiendo con el ritmo histórico con el que se había aumentado el número de participantes en los Mundiales, que durante décadas se mantuvo en incrementos más moderados. Ahora, el organismo estudia ampliar nuevamente la competición para la edición de 2030 con la participación de 64 selecciones. Paralelamente, la FIFA continúa buscando nuevas vías para aumentar sus ingresos mediante acuerdos comerciales más lucrativos y una explotación más amplia de los derechos audiovisuales del torneo.
En ese contexto nació el FIFA Forward Enterprise, una compañía comercial independiente que buscaba atraer inversión privada para explotar parte de los activos comerciales de la FIFA. La propuesta contemplaba vender aproximadamente un 20% de participación de esa nueva entidad a inversionistas privados, con una valoración cercana a los 20.000 millones de dólares.
El objetivo declarado era obtener recursos adicionales para distribuirlos entre las 211 asociaciones miembro de la FIFA mediante el programa Forward, destinado al desarrollo del fútbol en diferentes países. Según los defensores de la idea, el modelo permitiría aumentar la inversión en infraestructura, formación y proyectos deportivos alrededor del mundo. Sin embargo, para sus críticos, el problema estaba precisamente en el mecanismo: entregar parte del control comercial del mayor evento deportivo a fondos privados. La pregunta que comenzó a circular entre federaciones y dirigentes fue si la FIFA estaba buscando modernizar su estructura económica o si estaba abriendo la puerta a una privatización parcial del Mundial.
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Fue así que nació una oposición dentro del propio ecosistema del fútbol internacional liderada principalmente por la UEFA, presidida por Aleksander Čeferin, quien consideró que el plan podría afectar la independencia del fútbol, llegando a advertir sobre posibles acciones legales si la FIFA seguía adelante con la iniciativa. A la posición europea se sumaron sectores de Concacaf y de la Confederación Asiática de Fútbol, mientras varias federaciones nacionales comenzaron a cuestionar públicamente la propuesta. Inglaterra, Finlandia, Serbia, Suecia y Gales fueron algunas de las asociaciones que expresaron rechazo a la continuidad de Infantino al frente de FIFA.
Uno de los puntos más polémicos fue la forma en que se intentó conseguir apoyo. De acuerdo con reportes internacionales, la FIFA buscaba respaldo suficiente entre sus asociaciones miembro para aprobar el proyecto, pero la falta de consenso hizo evidente que la votación no tenía asegurada una mayoría. La presión aumentó hasta que, a finales de julio de 2026, Infantino anunció que el FFE no seguiría adelante. La retirada fue interpretada como una derrota política del presidente, quien hasta entonces había mantenido un fuerte control sobre la organización.
Pero ¿está realmente en peligro la reelección de Infantino? La respuesta depende del lugar desde donde se analice el poder que todavía conserva dentro de la FIFA.
Desde que llegó a la presidencia en 2016, Infantino había construido una relación política sólida con las federaciones más pequeñas, especialmente gracias al aumento de los fondos distribuidos mediante programas de desarrollo. Ese respaldo fue clave para sus victorias electorales de 2019 y 2023, ambas sin rivales fuertes. Pero el caso del FFE cambió el escenario.
Por primera vez en años, varias asociaciones importantes están cuestionando abiertamente su continuidad. Inglaterra y otras federaciones europeas ya han mostrado oposición, mientras empiezan a aparecer posibles candidatos alternativos para la elección presidencial de marzo de 2027. Entre los nombres que aparecen como posibles sucesores están Victor Montagliani, presidente de Concacaf; Aleksander Čeferin; Sheikh Salman bin Ibrahim Al Khalifa, presidente de la Confederación Asiática; y Nasser Al-Khelaifi, presidente del Paris Saint-Germain.
Aun así, la caída del proyecto no significa automáticamente el final de Infantino. El dirigente todavía conserva apoyos importantes, como el de la Federación Africana de Fútbol, y cuenta con una estructura política construida durante casi diez años. aunque lo cierto es que el escenario cambió radicalmente. Por primera vez desde que asumió la presidencia en 2016, Gianni Infantino llega a una elección con algo que durante años parecía imposible dentro de la FIFA: una oposición organizada.


