Crítica: Patrulla Canina: La Dino Película (Paw Patrol: The Dino Movie)

La nueva aventura reúne cachorros, vehículos deslumbrantes y dinosaurios en una misión tan encantadora como comercialmente calculada

Cal Brunker 

/ Con las voces de Carter Young, Mckenna Grace, Hayden Chamberlain, Henry Bolan, Rain Janjua, Lucien Duncan-Reid, William Desrosiers, Nylan Parthipan, Ron Pardo, Terry Crews, Jennifer Hudson, Fortune Feimster, Jameela Jamil, Bill Nye, Paris Hilton, Snoop Dogg

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de UIP

En algún momento de Paw Patrol: The Dino Movie, Humdinger, el eterno villano de la Patrulla Canina, le pregunta a Marshall: “¿Cómo te llamas? Es que son tantos que me confundo”. La verdad es que muchos espectadores mayores de nueve años probablemente compartan el desconcierto. Son muchos perros, muchos vehículos, numerosos uniformes y suficientes dispositivos tecnológicos para que Tony Stark pareciera estar trabajando con un presupuesto municipal.

Por eso conviene comenzar pasando lista. Marshall (Carter Young), es el dálmata bombero: torpe, impulsivo, entusiasta y extraordinariamente constante. Chase (Rain Janjua), es el pastor alemán policía, disciplinado y valiente. Skye (Mckenna Grace), es la cockapoo aviadora que domina los cielos desde su helicóptero. Rubble (Lucien Duncan-Reid), es el bulldog experto en construcción y maquinaria pesada. Rocky (William Desrosiers), es el cachorro mestizo encargado del reciclaje y las reparaciones. Zuma (Nylan Parthipan), es el labrador chocolate que dirige las operaciones acuáticas. A ellos ahora se le suma Rex (Hayden Chamberlain), un boyero de Berna parapléjico, conocedor de los dinosaurios y capaz de desplazarse gracias a un dispositivo adaptado.

Todos están liderados por Ryder, el niño con la voz de Henry Bolan, que cada vez se parece más a una versión preadolescente de Elon Musk. Ryder dispone de portaaviones, grúas, barcos, centros de mando, vehículos transformables y una infraestructura logística que haría palidecer a varios gobiernos. La película nunca explica de dónde sale el dinero, pero cabe sospechar que todo se financia con las ganancias producidas por los juguetes, las loncheras, las camisetas, las camas infantiles, las piñatas y las innumerables figuras de estos cachorros. La Patrulla Canina ha descubierto el movimiento perpetuo: el vehículo vende el juguete y el juguete paga el próximo vehículo.

La franquicia comenzó en 2013 como una serie de televisión creada por Keith Chapman y terminó convertida en uno de los fenómenos infantiles más rentables de su generación. Su éxito no es casual. Paw Patrol reúne dos elementos que ejercen una fascinación casi hipnótica sobre los niños pequeños: Los rescates y los perros.

La infancia mantiene una relación particular con las profesiones de emergencia. Camiones de bomberos, patrullas policiales, ambulancias, helicópteros, grúas y excavadoras condensan una fantasía muy poderosa: cuando algo sale mal, existe una persona preparada para llegar, comprender el problema y solucionarlo. Antes de la Patrulla Canina estuvieron producciones como Emergency!, 240-Robert, Chopper Squad, Adam-12, series sobre bomberos, policías y rescatistas que durante los años setenta y ochenta cautivaron tanto a niños como a adultos.

También está el perro como héroe. Desde los primeros años del cine, estos animales han ocupado el lugar del compañero leal, el protector y el rescatista capaz de comprender aquello que los humanos todavía no han descubierto. Rover, Rin Tin Tin, Lassie, Benji, Joe, Hobo y el Comisario Rex, convirtieron al perro en detective, soldado, guardián y salvador. Paw Patrol lleva esa tradición hasta su expresión industrial definitiva: asigna a cada raza una profesión, un uniforme, una personalidad, un color corporativo y un vehículo susceptible de convertirse en juguete.

Después de convertir a los cachorros en superhéroes en Paw Patrol: The Mighty Movie, la franquicia necesitaba encontrar un nuevo territorio comercial. La respuesta era tan evidente que sorprende que haya tardado tres películas en llegar: Dinosaurios. Los cachorros rescatistas y los animales prehistóricos pertenecen a dos de las obsesiones más persistentes de la infancia. Juntarlos equivale a mezclar chocolate con más chocolate, aunque detrás de la decisión narrativa también pueda escucharse el feliz sonido de una nueva línea de juguetes entrando en producción.

La aventura comienza cuando la Patrulla Canina rescata a Paris Hilton y Snoop Dogg de un yate puesto en peligro por la travesura de un gato (no es una broma ni una alucinación producida por una sobredosis de cannábicos o de televisión infantil). La participación de ambas celebridades confirma hasta qué punto la franquicia ya funciona como una enorme plaza pública. Quieren aparecer allí, aunque sea durante el tiempo que tarda Marshall en desplegar una escalera.

El incidente también permite señalar uno de los aspectos menos simpáticos de la saga, que es su insistente animadversión hacia los gatos. Mientras los perros son trabajadores, nobles y solidarios, los felinos aparecen con frecuencia como criaturas egoístas, caprichosas o directamente criminales. Los Cat Pack ocasionalmente han servido para reducir esa división, pero Humdinger y su pandilla de gatitas continúan perpetuando una guerra zoológica bastante injusta. Los gatos, al parecer, todavía necesitan contratar una buena agencia de relaciones públicas.

Después del rescate, una tormenta arrastra a los protagonistas hasta una tierra desconocida habitada por dinosaurios. Allí conocen a Rex, quien lleva años en la isla y posee un conocimiento enciclopédico sobre sus habitantes. El personaje ya había aparecido en la subserie televisiva Dino Rescue, pero la película le concede un papel más importante como guía de este ecosistema y mediador entre los cachorros y las criaturas prehistóricas.

Rex les enseña que los dinosaurios no son monstruos, sino animales pacíficos que desean vivir en armonía. Incluso los ejemplares que deberían ocupar los puestos más altos de la cadena alimenticia parecen haber adoptado una dieta diplomáticamente vegetariana. No hay aquí rastros de los velociraptores de Jurassic Park ni de su costumbre de abrir puertas y devorar científicos. Estos dinosaurios son grandes mascotas escamosas: adorables, expresivas y cuidadosamente diseñadas para no alterar el sueño de los espectadores más pequeños. Entre ellos encontramos al adorable Tomatito, un pequeño dinosaurio que se hace amigo de Marshall y que está aprendiendo a dominar su rugido.

La Patrulla Canina divulga la existencia de la isla y pronto llega un grupo de científicos para estudiar el comportamiento de los animales (entre ellos Bill Nye). Afortunadamente, nadie intenta construir un parque de diversiones, clonar nuevas especies ni contratar a Jeff Goldblum. La relación entre humanos y dinosaurios parece encaminada hacia una convivencia respetuosa hasta que Humdinger sale de prisión y descubre, mientras observa un noticiero, que la isla contiene una enorme reserva de diamantes.

Ron Pardo vuelve a interpretar al exalcalde corrupto, además de prestar su voz al capitán Turbot. Humdinger viaja a la isla acompañado por sus gatos y dos ayudantes (con las voces de Terry Crews y Jameela Jamil) con la intención de extraer las piedras preciosas a cualquier precio. La película introduce entonces, dentro de su lenguaje elemental, un conflicto relacionado con el extractivismo. La riqueza natural despierta inmediatamente la codicia de quienes observan el territorio como una cantera y no como un ecosistema.

Humdinger perfora el terreno y utiliza dinamita sin considerar que se encuentra sobre una isla volcánica. Su operación minera altera el equilibrio geológico y provoca la inevitable catástrofe. La Patrulla Canina debe rescatar simultáneamente a los dinosaurios, los científicos y hasta los propios responsables del desastre. Para estos cachorros, el derecho al rescate es universal; incluso el villano merece ser salvado de las consecuencias de su estupidez.

La crítica ambiental es sencilla, pero eficaz para la edad del público al que está dirigida. La película explica que la explotación indiscriminada de los recursos destruye hábitats y pone en peligro tanto a los animales como a las personas. No desarrolla las dimensiones políticas o económicas del problema (sería excesivo pedirle a Marshall una conferencia sobre modelos ambientalistas), pero establece con claridad la relación entre codicia, devastación ambiental y catástrofe.

Como ocurría en las entregas anteriores, el relato concentra su arco emocional en uno de los integrantes del equipo. Si Paw Patrol: The Movie se centró en Ryder y Paw Patrol: The Mighty Movie pertenecía principalmente a Skye, The Dino Movie convierte a Marshall en su protagonista. El dálmata continúa tropezando, activando mecanismos antes de tiempo y provocando pequeños desastres, pero también demuestra una voluntad inagotable para levantarse después de cada error.

Su desarrollo no consiste en dejar de ser torpe, sino en comprender que la torpeza no determina su valor. Marshall aprende de sus equivocaciones, modifica sus decisiones y continúa intentándolo cuando otros podrían rendirse. El mensaje es especialmente valioso para los niños que no se identifican con el héroe naturalmente habilidoso. La película les recuerda que equivocarse no equivale a fracasar y que la constancia puede ser una forma de valentía.

Rex complementa esta idea. Su discapacidad no es presentada como una tragedia destinada a inspirar compasión, sino como una condición que forma parte de su vida y exige soluciones específicas. El vehículo adaptado le permite desplazarse y participar en los rescates sin que la narración niegue sus limitaciones ni reduzca al personaje a ellas. Además, Rex posee conocimientos que ninguno de los demás cachorros tiene. En la isla, él es el verdadero especialista.

Cal Brunker, director de las tres películas cinematográficas de la franquicia, conoce perfectamente el material y las expectativas de su audiencia. No intenta transformar a Paw Patrol en algo que no es. La película funciona, esencialmente, como un episodio de 88 minutos con mayores recursos técnicos, más personajes famosos, escenarios amplios y secuencias de acción diseñadas para la pantalla grande.

La animación presenta una mejoría evidente frente a la serie televisiva y a sus películas predecesoras. Los movimientos son más fluidos, los paisajes de la isla poseen mayor profundidad y los dinosaurios tienen suficiente expresividad para resultar adorables sin perder por completo su tamaño. La película aprovecha especialmente los vehículos y dispositivos: camiones que se transforman, aviones que despliegan nuevas funciones, grúas gigantescas y mecanismos cuya utilidad parece secundaria frente al placer de observar cómo se activan.

Ese despliegue posee una eficacia casi peligrosa. Es difícil contemplar aquellos camiones, helicópteros y excavadoras sin imaginar cómo lucirían sobre una mesa o atravesando la sala de una casa. La película no disimula su naturaleza comercial. Cada nueva máquina y dinosaurio parece entrar en escena acompañada por un invisible anuncio de “se vende por separado”. Sin embargo, el diseño es tan seductor y el entusiasmo de los personajes tan contagioso que la estrategia termina funcionando incluso entre espectadores que hace décadas dejaron atrás la edad recomendada.

La banda sonora de Pinar Toprak acompaña la acción con energía y recupera el tono heroico de la entrega anterior. Las canciones de Ava Max y Backstreet Boys refuerzan la intención de atraer a los adultos que acompañan a los niños, aunque la película sabe que ese público ocupa un lugar secundario. El relato no ofrece dobles lecturas particularmente elaboradas ni bromas destinadas a mantener despiertos a los padres. Su compromiso está por completo con los espectadores pequeños.

Para un adulto sin conexión previa con la serie, la experiencia puede resultar aburrida y repetitiva. Cada peligro conduce a la selección de un cachorro, la aparición de un vehículo, la ejecución de un rescate y la celebración del trabajo en equipo. Los diálogos explican constantemente lo que está sucediendo, los chistes son flojos y Humdinger vuelve a ser tan incompetente que resulta asombroso que todavía encuentre personas (o gatos) dispuestos a colaborar con él. La película tampoco desea crear una amenaza demasiado intensa: incluso frente a volcanes, explosiones y dinosaurios gigantes, todo permanece dentro de una zona de seguridad emocional.

Pero juzgarla exclusivamente desde las expectativas adultas sería desconocer su verdadera naturaleza. Paw Patrol: The Dino Movie no pretende interrogar los códigos de la animación ni construir una aventura que atraviese generaciones como las mejores producciones de Pixar. Quiere ofrecer una misión emocionante, comprensible y luminosa a los niños que conocen los nombres, colores y funciones de cada cachorro. Dentro de ese propósito, cumple con notable eficacia.

No es una película hecha para adultos, y muchos probablemente la sentirán como una prolongada visita a una juguetería donde todos los productos hablan al mismo tiempo. Los niños, en cambio, especialmente quienes ya aman a la Patrulla Canina, encontrarán una aventura generosa, dinámica y considerablemente mejor realizada que los episodios televisivos. Al terminar la función, tal vez ningún adulto quiera vivir en Bahía Aventura ni trabajar bajo las órdenes de Ryder. Tener uno de esos camiones, sin embargo, ya es otra historia.

  • 00:00
00:00
  • 00:00