Crítica: Clayface

El villano de Batman llega al cine como una estrella desfigurada que busca recuperar su rostro y acaba atrapada entre el horror corporal, la venganza y una identidad que nunca permanece quieta

James Watkins 

/ Tom Rhys Harries, Naomi Ackie, David Dencik, Max Minghella, Eddie Marsan

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de Warner

Clayface nació en las páginas de Detective Comics como Basil Karlo, un actor que, al ver cómo su fama se marchitaba, adoptó la identidad de un villano inspirado en una película de terror. Con el tiempo, otros personajes asumieron ese nombre y la historia cambió. Matt Hagen, el segundo Clayface, era un buscador de tesoros que adquirió poderes para transformar su cuerpo; después llegaron nuevas encarnaciones, cada una con su propio origen. La película escoge a Hagen, pero lo reinventa como una estrella de Hollywood cuya carrera queda destruida cuando un jefe criminal lo desfigura.

La operación recuerda a Joker, con Joaquin Phoenix, y El Pingüino, con Colin Farrell: Sacar a un antagonista de Batman de su papel secundario y concederle una tragedia propia. Matt (Tom Rhys Harries) busca ayuda en la científica Caitlyn Corr (Naomi Ackie), cuyo tratamiento experimental le devuelve la apariencia, pero altera su cuerpo y su mente. Mientras él se aferra a la posibilidad de recuperar la vida que tenía, la transformación lo empuja hacia la violencia y la venganza. En torno a Corr también está John Borrelli (Max Minghella), detective de Gotham y pareja de la científica, una presencia que inserta el drama en la ciudad de Batman sin convertirlo en una aventura del Caballero Oscuro.

La película mira demasiado hacia Darkman, la magnífica pesadilla de superhéroes que Sam Raimi dirigió con energía febril, y hacia la tradición gótica de El fantasma de la ópera y El jorobado de Notre Dame. Como esos personajes, Matt es un hombre marcado por la tragedia que anhela amor y reconocimiento, pero transforma su dolor en deseo de castigo. También hay un parentesco evidente con La sustancia: ambas películas convierten el cuerpo y la belleza en campos de batalla, aunque Clayface cambia la sátira por el melodrama romántico y el relato de monstruos.

Mike Flanagan concibió la historia y escribió el guion junto con Hossein Amini, mientras que James Watkins (The Woman in Black) asumió la dirección. Flanagan tiene talento para conducirnos de una escena a otra y mantener el relato en movimiento, pero su prestigio como autor de terror parece mayor que la fuerza de sus películas para producir miedo verdadero. Clayface captura la atención con su transformación, a partir de escenas escatológicas y repugnantes de rostros deformes que colman de gore su tragedia, aunque rara vez encuentra una intensidad que la aparte de sus referentes o vuelva inolvidable el sufrimiento de Matt. La narración funciona mejor como un cuento de venganza que como la gran epopeya de DC.

Conviene aclarar el lugar de la película en el universo de James Gunn. Clayface sí pertenece al DCU y el Matt Hagen que interpreta Harries es el mismo que apareció en Creature Commandos. La historia ocurre antes de los acontecimientos de la serie, así que la película funciona como su origen. Sin embargo, esa conexión se percibe más en la cronología que en el relato. Se menciona Gotham, pero Batman no aparece; tampoco Superman, Supergirl o Green Lantern. La continuidad existe, aunque el espectador podría no advertirla sin conocer la serie animada.

Esa autonomía puede frustrar a quienes esperábamos que la aparición de Clayface en Creature Commandos preparara un cruce más tangible. La película cuenta la historia de Hagen sin depender de los otros proyectos, pero también deja su vínculo con el DCU en un segundo plano. Clayface tiene una premisa poderosa, un protagonista trágico y suficientes imágenes de horror corporal para sostener la atención; que todo eso alcance para convertirla en una gran película de DC es otra cosa. Habrá que esperar para saber si la siguiente temporada de Creature Commandos o los futuros proyectos de Batman desarrollan la conexión que aquí apenas asoma. Por lo pronto, tenemos aquí una cinta de terror genérica y nada más.

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