Crítica: ¡Basta mamá!

Una comedia edípica sobre las madres que no sueltan a sus hijos y los adultos que todavía no aprenden a irse

Flora Martínez 

/ Flora Martínez, Marcela Benjumea, Rafael Zea, Bernardo García

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de Prime Video

Los hijos que no abandonan el nido suelen llegar a la adultez con una independencia a medias. Toman algunas decisiones, pero todavía esperan que mamá resuelva las demás. Del otro lado están las madres dominantes y posesivas, que confunden el amor y el cuidado con el control y convierten la cercanía en una forma de retener. ¡Basta mamá! encuentra en esa relación una fuente de humor y una herida familiar reconocible: criar también significa aprender a dejar ir.

En su segunda película como directora, después de Itzia, tango y cacao, Flora Martínez, la actriz de Rosario Tijeras, adapta una obra teatral argentina escrita por Mechi Bove y lleva ese conflicto al terreno de la comedia edípica. Fernando (Rafael Zea), un hombre que ya pasó los cuarenta, vive con Victoria (Marcela Benjumea), su madre, aunque su novia Leticia (Martínez) cree que pronto compartirán casa con Pachita, la hija de ella. Fernando ha ocultado la verdad; la invitación a cenar para que ambas mujeres se conozcan convierte la mentira en una cadena de indirectas, equívocos y maniobras desesperadas.

Marcela Benjumea compone a una suegra temible e infernal capaz de convertir la mesa familiar en un campo minado, mientras Rafael Zea interpreta a un hombre que todavía no consigue emanciparse de la sombra materna, añiñado y que sube la voz cuando habla con su madre, pero la baja para hablar con su novia. Martínez sostiene el contrapunto como la novia descomplicada, paciente y de mente abierta, y Bernardo García aparece como Charlot, un payaso que cumple la función de consejero y terapeuta para Leticia. La película encuentra su mejor ritmo cuando deja que esas personalidades choquen; el humor puede ser deliberadamente burdo (una escena alrededor de un mojón en el baño lo deja claro), pero el elenco mantiene la energía de la disputa.

La producción de aire retro hace pensar por momentos en los años ochenta o noventa, aunque algunos detalles contemporáneos desarman esa impresión. Esa indefinición no alcanza a descarrilar la comedia, pero sí deja la ambientación a medio camino entre una época evocada y el presente. La puesta funciona mejor como escenario de la batalla doméstica que como recreación precisa de un periodo.

¡Basta mamá! puede provocar pena ajena en quienes todavía confunden ser adultos con seguir bajo la falda materna, y también les habla a las madres que necesitan aceptar que criar a un hijo no significa conservarlo para siempre. La independencia de Fernando exige que él deje de mentir y que Victoria suelte el control; mientras ninguno lo haga, la casa seguirá siendo un nido, sí, pero también una jaula. ¡Basta mamá!

CONTENIDO RELACIONADO

  • 00:00
00:00
  • 00:00