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Taylor Swift en Brasil: una pesadilla con promesa de sueño

Un fatídico episodio en una de las giras más grande de todos los tiempos

Por  VALENTINA VILLAMIL

noviembre 23, 2023

TAS2023/Getty Images

Hace unos meses, precisamente en junio, Taylor Swift anunció que The Eras Tour llegaría a Latinoamérica. La gira de conciertos más grande del año, y quizá de la historia, finalmente pisaría Sudamérica luego de que esta parte del globo fuera excluida durante años. 

La noticia parecía un sueño para quienes seguíamos su trayectoria de cerca, sin embargo, los únicos países que tendrían el privilegio de escucharla en vivo serían México, Argentina y Brasil. Las tiqueteras locales tomaron diferentes medidas para evitar la reventa o el colapso de las plataformas, tratándose de una de las artistas más destacadas de los últimos tiempos. 

En México, Ticketmaster solicitó un registro previo a los días de la venta, priorizando el acceso de los residentes del país. En Argentina, All Access le dio un golpe duro a la reventa cuando anunciaron que para el ingreso sería necesario presentar una identificación más el comprobante de compra. Sin embargo, en Brasil, Tickets4Fun pareció ser el único que manejaría la venta como es usual, y, por ello, parecía el destino ideal para los swifties de Colombia, Chile, Ecuador, y demás países de Latinoamérica.

Con cuatro fechas en México y tres en Argentina, todo parecía ir muy bien para Taylor con el paso de su gira por este lado del planeta. Pero su parada en Brasil ha atravesado muchas complicaciones, distando de ser un sueño para el público. 

Actualmente, el país se encuentra en medio de una ola de calor histórica, con temperaturas que alcanzan a superar los 40º. Las calles hierven y el sol cae directo sobre la ciudad de Río de Janeiro, que recibiría a la cantante norteamericana antes de ir a São Paulo para sus próximas presentaciones.

El pasado viernes 17 de noviembre, aproximadamente 60 mil personas se desplazaron al Estadio Nilton Santos con el fin de vivir en carne propia el espectáculo que ha roto récords con cifras arrasadoras. Sin embargo, lejos de ser un sueño hecho realidad, las condiciones meteorológicas, la mala logística, y la codicia de las productoras, condujeron a la muerte de una joven de 23 años que sufrió un infarto recién empezaba el concierto. 

Aunque el espectáculo se desarrolló con normalidad, la sensación térmica experimentada dentro del recinto alcanzaba hasta los 60º, ocasionando múltiples desmayos. “No puedo creer que esté escribiendo estas palabras, pero es con el corazón destrozado que digo que perdimos a una fan esta noche antes de mi espectáculo. Ni siquiera puedo decirles lo devastada que estoy por esto”, escribió Swift a través de sus redes. “Tengo muy poca información, aparte del hecho de que ella era increíblemente hermosa, y demasiado joven”.  

La noticia dejó un gran malestar, y el ambiente en la ciudad se sentía tenso. En cada esquina te encontrabas personas que venían de todas partes de Latinoamérica a intercambiar sus manillas y cantar las canciones con las que creció una generación entera. Pero el trágico destino de Ana Clara Benevides Machado nos adelantaba el día caótico que estaba por venir. 

La segunda fecha estaba programada para el sábado 18 de noviembre, y se pronosticaban temperaturas más altas que el día anterior. Aunque, de cierta manera, todos esperábamos que tras la noticia cancelaran el show, ningún comunicado hizo referencia a cambios sustanciales, más que un ajuste en el horario de apertura de puertas y otras medidas, como puestos de agua gratis. 

La máxima de aquel día eran 43º grados, el asfalto de las calles en donde se aglomeraban las personas en las filas, contenía y reflejaba el calor abrasador. No había agua, ni hielo que fueran suficientes para calmar tan desesperante sensación. Las puertas se abrieron dos horas antes de lo previsto, sin embargo, dentro del recinto la situación no era muy diferente. 

A tan solo una hora del acto de apertura, Taylor anunció en sus redes que el espectáculo sería pospuesto por el bienestar de sus seguidores. Pero el mensaje tardó en resonar dentro del estadio; la confusión y la frustración empezaron a inquietar al público. 

​​La noticia llegó a mí cuando una chica, en medio de las graderías gritó, “el show fue cancelado”. Nadie podía creerlo hasta que cada uno vio el anuncio con sus propios ojos. Las personas estaban confundidas, decepcionadas, pero sobre todo exhaustas. No hay palabras para describir lo que ese día supuso para muchos de nosotros y el malestar que tuvimos que atravesar solo para que, al final, fuera pospuesto a tan poco tiempo de empezar y con más del 70% del público allí. 

Sin embargo, todos manteníamos una última esperanza, pues los organizadores tardaron alrededor de media hora en oficializar el anuncio. Mientras tanto, todos al unísono gritaban “Taylor, Taylor”, esperando a que tal vez lográramos cambiar algo con nuestro apoyo. Pero el inevitable momento llegó, el estadio se quedó en completo silencio mientras se informaba que el espectáculo sería pospuesto para el lunes 20 de noviembre. Los abucheos no tardaron en hacerse escuchar, y la desesperación del público se hacía cada vez más evidente. 

Mientras varios se desplazaban hacia las salidas, otros se quedaron en su lugar por si había un cambio de planes, pero la decisión ya estaba tomada. Al salir podías ver personas llorando y preguntándose, “¿Y ahora qué?”. Aunque el hecho de que el show se hubiera pospuesto para los locales no significara un gran problema, para algunos turistas y personas de otras partes de Brasil supuso un gran estrés, pues muchos de nosotros íbamos apenas por el fin de semana.

Internet se llenó de especulaciones y todo tipo de opiniones. Presuntamente, Swift no lograría posponer el show por sus acuerdos contractuales con la productora y el estadio. Pareciera que, para evitar una pérdida millonaria, los responsables del evento tenían que ganar alguna manera. Y claro, ¿quién no está dispuesto a pagar lo que sea solo por sobrevivir? 

El caos continuó a las afueras del Estadio Nilton Santos. Como si el mismo clima nos burlara, una nube gris se asomó en el cielo y empezó a llover ligeramente. Miles y miles de personas salían por las puertas del recinto causando una estampida, situación que se agravó por la proximidad del estadio a ciertas áreas marginadas de la ciudad.

En medio de este desorden, todos sacaron su ganancia, menos nosotros. Cuando creíamos que la situación no se podía poner peor, grupos de ladrones se mezclaron con la multitud y comenzaron a robar pertenencias de los asistentes al concierto. Las escenas captadas en videos que más tarde se vitalizaron en redes, mostraban a personas siendo víctimas de estos actos delictivos, lo que aumentó la tensión y el pánico colectivo.

La situación llegó a su pico cuando algunos disparos sonaron a las afueras del recinto. La información era limitada y no teníamos muy claro si quienes portaban las armas eran policías o ladrones. Pero en aquel momento, no había momento para pensar más que buscar algún lugar para ponernos a salvo. Algunos se refugiaron en un Burger King de la zona, en donde momentos más tarde, llegó la policía en un intento fallido de restaurar el orden.

En medio de la desesperación, las personas sólo buscábamos cómo salir lo más pronto posible de la zona. Aunque algunos tuvieron fácil acceso al tren, otros se quedaron estancados en las calles que ya empezaban a ser bloqueadas por autos de la policía. Y aunque no nos apuntaron con un arma para robarnos, los servicios de transporte aprovecharon el momento para cobrar tarifas exorbitantes. Era, probablemente, tu vida o pagar hasta más de 200 reales (40 dólares) por un traslado.

El cambio supuso varios dolores de cabeza para quienes íbamos exclusivamente a los conciertos. Las redes estaban colmadas de personas pidiendo apoyo monetario y otras soluciones para hallar la manera de quedarse unos cuantos días más. Mientras que a unos les regalaban nuevas entradas para el domingo, otros simplemente tuvieron que renunciar al sueño.

En Argentina, una de las fechas también fue pospuesta por las fuertes lluvias. Cuando esto ocurrió, varias aerolíneas se ofrecieron para que los vuelos pudieran ser reprogramados sin coste adicional. De esta misma manera, la gente esperaba que en Brasil ocurriera exactamente lo mismo. Compañías como Gol, LATAM y Azul Líneas Aéreas, publicaron comunicados que ofrecían ayudas a quienes fueron afectados por este cambio de planes. Sin embargo, Avianca no hizo absolutamente nada al respecto.

Con todo esto en contexto, hay diferentes puntos a cuestionar sobre la gestión del evento, especialmente en situaciones que ponen en riesgo la vida de los asistentes. Como eje principal, el factor meteorológico es, en definitiva, algo imposible de controlar. Pero las condiciones estaban previstas desde días antes y era obvio que dar continuidad a una convocatoria masiva en medio de una ola de calor podría traer consecuencias fatales. 

Incluso, resulta aún más indignante que Time 4 Fun, la productora de la serie de conciertos, permitiera que miles de personas se expusieran a condiciones extremas solo para dar continuidad al espectáculo. Desde fans hasta medios y mandatarios públicos exigieron respeto a la productora, y denunciaron las fallas que ocurrieron antes, durante y después del evento.

“Veo criminal la prohibición de entrada al público con agua en el concierto de Taylor Swift ayer en Río, donde hubo una muerte atribuida al calor”, dijo Erika Hilton, diputada federal. “Por eso denuncio a Time 4 Fun, organizadores del evento, ante el Ministerio Público Federal. La hidratación es esencial durante una ola de calor como la que estamos viviendo y no puede verse como una fuente de beneficios. Pero lamentablemente T4F no comparte esta visión”.

Resulta muy absurdo pensar que hace falta una tragedia para que las productoras replanteen ciertos aspectos de su negocio, y aunque hemos sido testigos de mil y un infortunios, parece necesario que en cada evento ocurra algo si queremos que las empresas reconsideren sus propias reglas del juego. 

Desde cobrar altos precios por una botella de agua, prohibir el acceso de comidas y bebidas al estadio, hasta no permitir el ingreso de sombrillas para resguardarse del calor, son apenas algunas de las cosas que nos hacen cuestionarnos si la angustia, el estrés y la deshidratación valían la pena. Pero la respuesta sigue siendo la misma: No. 

La realidad es que la actual transformación de los conciertos y festivales refleja una preocupante desviación de su propósito inicial. En lugar de ser espacios de ocio y diversión, estos eventos se han convertido en oportunidades de adquirir grandes ganancias a costa de la incomodidad de todo un público. La concentración del poder en manos de unos pocos en la industria de los shows en vivo genera un ambiente abusivo y desigual, donde la experiencia, la seguridad y el bienestar de la audiencia quedan en segundo plano.

Pero esta es solo una de las tantas historias de negligencia en la industria, y el futuro de esta no resulta muy esperanzador para los amantes de la música en vivo.

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