Autopoiética, la catarsis de Mon Laferte

Mientras sigue presentando al mundo su álbum más reciente, la artista chilenomexicana reflexiona sobre las letras de las canciones —suyas y ajenas—, recuerda la música que escuchaba en su adolescencia, habla sobre el feminismo de cara a la maternidad, y describe su postura ante la religión, entre tantas otras cosas

Fotografías por Jesús Soto Fuentes

marzo 19, 2024

Los sistemas autopoiéticos funcionan con base en redes que transforman sus propios componentes, y son capaces de crear o destruir elementos propios para responder a las condiciones del entorno, en un proceso de cambio que, sin embargo, mantiene la identidad del sistema. Los seres vivos somos autopoiéticos en la medida en que somos capaces de regenerarnos, repararnos, modificarnos y mantenernos constantemente a nosotros mismos.

La autopoiesis fue propuesta por el biólogo chileno Humberto Maturana (1928-2021) y por su colaborador y alumno, Francisco Varela (1946-2001) en 1973. “La pregunta básica que me hice fue qué es lo vivo y qué muere, o qué tiene que estar pasando en su interioridad en un ente para que yo, mirándolo desde afuera, pueda decir que es un ser vivo”, declaró hace unos años Maturana a BBC Mundo.

A partir de eso, podríamos entender que la autopoiesis es una condición indispensable para la existencia de la vida, es lo que nos diferencia de los minerales, por ejemplo, si es válido simplificar hasta ese punto el planteamiento de Maturana y Varela. Destruirnos, reorganizarnos, crearnos una vez más; caernos, padecer, reflexionar, aprender, empezar de nuevo una y otra vez. Eso, según la biología, sería vivir, y en eso coincide Mon Laferte a lo largo de Autopoiética, su disco más reciente. “Yo tenía este concepto en la cabeza que se refiere básicamente a la reinvención, pero desde lo más profundo, desde lo molecular. Tenemos la capacidad de recrearnos constantemente, y en el arte y en el día a día también podemos hacerlo”, ha dicho Mon a Glamour.

El álbum es una proyección del espíritu que ella ha mostrado en toda su trayectoria, y es tanto una reflexión como una catarsis, además de una declaración de principios y un gigantesco collage sonoro. Es ella explorando y experimentando un renacimiento artístico y personal, mientras nos susurra al oído (o nos grita en la cara) que, con 20 años de carrera y 40 años de edad, siendo una de las figuras más importantes para la música iberoamericana del momento,  está más viva que nunca, a pesar de los pesares. Parte de ese espíritu fue lo que buscamos recoger en esta conversación:

Has descrito Autopoiética, tu álbum más reciente, como un trabajo en el que renaciste en términos creativos, ¿qué lecciones te dejó ese proceso de composición y de grabación?

Siento que cada álbum para mí es una oportunidad de reinvención o de aprender algo nuevo. En Autopoiética tal vez es más evidente, por lo estético y lo sonoro, que hay un deseo de cambio, de aprender algo nuevo o de compartir algo distinto. Lecciones me dejó muchísimas.

Sobre la manera de hacer un álbum, a mí me funciona muchísimo grabar en un entorno seguro, estar con la gente en que confío, poder ir en pijama a grabar muy relajada. Eso es algo que he venido repitiendo y que a veces me salgo un poquito, pero no me termino de sentir 100 % cómoda en estudios muy grandes, saliendo de ese lugar seguro. Es muy loco, porque siempre salgo de mi lugar seguro en lo musical, trato de buscar y tomar el riesgo estético, pero en la forma me gusta que siga siendo ese lugar seguro para estar con mi equipo en mi casa, no en un lugar muy grande, ni estudios que parecen como naves espaciales. Me gusta mucho la seguridad del hogar. Otro aprendizaje también tiene que ver con que está bien atreverse, que está bien hacer cosas. Mi vida y mi obra han sido mucho de ensayo y error, pero sin miedo a perder. Puede que me esté lanzando al precipicio en decisiones estéticas como, por ejemplo, ‘Casta Diva’, que es una obra clásica de una ópera de [Vincenzo] Bellini, y yo le doy la vuelta. Es como ponerme solita la soga al cuello, pero es algo que disfruto hacer, entonces, de eso creo que he aprendido bastante.

Esa búsqueda de seguridad, ¿tiene algo que ver con tu carácter o está relacionado con experiencias desagradables en el pasado?

No, yo creo que tiene que ver con mi carácter. Soy una persona muy práctica y muy desesperada, me gusta trabajar rápido, y me gusta la practicidad. Ir a un estudio con equipos muy grandes de gente es tener la paciencia de esperar a que cada quien esté en su lugar, sacar el sonido, “Esto no suena”, el cablecito, a la batería la pegan 50 000 veces, y todo eso me empieza a generar mucho estrés, y no tengo el control. Soy muy controladora. Entonces, me gusta poder hacer un disco en casa, programar en mi computadora y que todo sea mucho más simple.

Los discos que más he disfrutado han sido los que grabé así, por ejemplo, Vol. 1 lo hice así, en mi casa, Autopoiética, SEIS también lo hice en casa, pero había más gente trabajando. Me gusta tener el control y la practicidad. De pronto las otras formas de trabajo le quitan lo práctico.

Me encanta colaborar con otros artistas en maquillaje y en el pelo cuando voy al tema de los videos, pero me desespera mucho que me tienen cuatro horas sentada en una silla para maquillarme. No puedo estar cuatro horas de mi vida sentada. Me desespero, y me maquillo sola, y ya, más rápido todo. Soy muy desesperada.

¿Sientes que la experiencia de la maternidad también ha marcado de alguna manera estos nuevos procesos creativos, en particular de este álbum?

El tema de la maternidad también te hace ser muchísimo más práctica. El tiempo es lo más valioso que yo puedo tener hoy, siempre estoy luchando por tener algo de tiempo, y tratando de poner en la balanza que necesito tiempo para ser creadora, tener mis ratos de ocio para ser creativa, ser artista, ser mamá, tener ese tiempo al día de jugar con mi hijo, estar un rato con él, y estar pendiente de un montón de cosas. Si ya era práctica, ahora creo que soy tres veces más práctica y más desesperada también, para que las cosas fluyan a mi tiempo.

Fotografía Y Dirección Creativa: Jesús Soto

Al parecer, para mucha gente la maternidad y el feminismo son dos cosas que no se llevan bien, ¿qué perspectiva tienes ante esa dicotomía que encuentran estas personas?

Yo creería que hay falta de información. Primero, hay muchos tipos de feminismo, pero creo que la información siempre ha sido uno de los grandes problemas que enfrentamos como humanidad. Hoy más que nunca Internet nos vino a traer la información rápida a la mano, pero también nos vino a desinformar mucho, por las fake news, que vuelan.

La manera en la que yo percibo ser mujer, y si le queremos poner el nombre “feminista”, es que cabe en el mismo universo ser mamá y luchar por la igualdad y el derecho. Para mí todo eso cabe en lo mismo. Siento que debido a la poca información, de pronto hay gente que sí cree que si una mujer está a favor del aborto, está invitando a que todas vayan a abortar. Hay una imagen muy grotesca, y de caricatura, sobre la feminista que es la que dice, “¡Ey, vamos a abortar en grupo! ¡Vamos a abortar todas!”, y creo que es importante la autocrítica, que cada quien haga una reflexión acerca de sí misma, de sí mismo.

Creo que es importante eso, la autocrítica, pero para mí existen un montón de tipos de feminismos. No me gustan las etiquetas, siento que lo de las etiquetas es muy antiguo. Yo tendría demasiadas etiquetas si quisiera etiquetarme. Si ser feminista es estar apoyando la igualdad de derechos entre mujeres y hombres, si se trata de apoyar el aborto y que las mujeres puedan decidir sobre su cuerpo, entonces sí soy feminista. En mi universo está bien.

Justamente en esto de decidir sobre lo que quieres hacer con tu vida y con tu cuerpo, yo deseé la maternidad, y creo que justamente va de la mano. De hecho, creo que cuando nació mi hijo puse por ahí en una red social: “La maternidad será deseada o no será”. Ya sea que te quieras casar, o no casarte, estar sola, tener la familia que tú quieras; si tu familia es tu perrito, tu gatito, tu novia, tu novio, tu hermana, está bien. Creo mucho en la libertad de las personas y en el derecho de cada quien de hacer lo que se le dé su regalada gana.

Me llama mucho la atención lo que dices de las etiquetas como algo antiguo, porque curiosamente —siendo yo un tipo “antiguo”— siento que ahora justamente la gente necesita más etiquetas, y ves que se crea una palabra para cualquier cosa; si tomas el sol sin camisa, hay una palabra para eso, si comes arroz, hay una palabra para eso. Es muy raro, ¿no?

Es verdad lo que tú dices, o sea, hoy hay etiquetas para todo, pero ya hay muchas microetiquetas. Antes las etiquetas eran más como “Eres mujer, eres hombre”, en la música “Eres rockero, eres popera”. Ahora hay tantas microetiquetas… pero yo digo que me suena como algo antiguo porque siento que el futuro va a ser sin etiquetas.

Aunque cada vez hay más microetiquetas, siento que nos vamos alejando más de eso, porque las personalidades ya son muy complejas. Tengo un sobrino trans, y tiene amistades no binarias, con gustos musicales supereclécticos. Tú ves esa persona y se ve de una manera, pero con tu prejuicio puedes imaginarte que piensa de una forma y es totalmente lo contrario. Yo siento que el futuro va hacia eliminar un poco estas etiquetas o no sé si las etiquetas, tal vez los prejuicios. No sé, son cosas que medito a diario, pero no tengo todavía una respuesta, no lo he terminado de entender bien.

Al oír Autopoiética, hay momentos en los que se siente como si rememoraras la música de los grandes salones del siglo XX, pero también concilias ese ambiente y esos ritmos tradicionales —el bolero, la cumbia, el tango— con sonidos muy actuales, ¿cómo describirías la búsqueda de ese sonido que trabajaste ahí?

La música tradicional está en mi ADN musical; yo vengo de la Quinta Región, nací en Viña del Mar, y Valparaíso, una ciudad antigua, está pegadita, y la música que se escucha allí hasta el presente es el bolero, el tango y el vals peruano, como de abuelos, yo me crie con esa música. Me crie con la balada romántica de José José, de Sandro, de Raphael de España, Rocío Durcal y Juan Gabriel, y con el bolero. Todo eso estaba muy presente, entonces, crecí con esa música.

Canté muchos años esa música en lugares, en barcitos y en restaurantes, amenizando mientras la gente comía, eso fue en mi adolescencia. Cuando era muy jovencita iba a bailar tango, mi abuela iba todos los domingos a bailar tango, y estaba la orquesta tocando en vivo. Yo era una niña, y los señores mayores, de traje y corbata, me sacaban a bailar. Entonces, hay un amor hacia esa música que tampoco es de mi época; cuando yo era adolescente, se escuchaba a Nirvana.


“Tengo 40 años, y ya me gané mi lugar en este mundo. Ya soy más grande, ya no tengo nada que perder, si me lleno de arrugas, que sea lo que tenga que pasar”.


Después me fui enamorando de esa música también, que es la que tocó en mi adolescencia, la que escuchaba la gente de mi edad, mis amigos. Me enamoré de Björk, de Portishead, y toda esta música de los 90.

Hay una cosa que para mí es muy natural, y es que pueden existir en el mismo universo Björk y Juan Gabriel, justo los menciono porque son de mis artistas favoritos de la vida. Recuerdo, cuando era muy jovencita, ver un video de Björk con ‘Army of Me’ donde está en un camión y con todos estos instrumentos superelectrónicos, pero muy saturados y pesados.

Claro, con ese bajo superfuerte…

Superfuerte, eso me voló la cabeza cuando era niña. En ese tiempo ponía un casete y estaba esperando que en la radio aparecieran las canciones para grabarlas. En mi casete estaba Radiohead, Björk, Juan Gabriel, Los Panchos, Édith Piaf… mi mamá también escuchaba esa música de los años 50 o 60, todos los domingos daban un programa que ella escuchaba con música del recuerdo, ahí aparecían Elvis Presley, Billie Holiday…

Toda esa música para mí tiene sentido, y siempre que hago álbumes como que todo se junta un poco, no sé. En esta búsqueda mía para hacer algo distinto a lo que había hecho antes, sentí que el presente también tiene sonoramente cosas muy ricas; ahora estoy enamorada del autotune, pero como herramienta sonora.

La gente le tiene mucho cringe al autotune, y he visto comentarios que dicen: “¿Por qué? Tú no necesitas el autotune”; es que no se trata de que lo necesite o no lo necesite, se trata de que es una herramienta estética. El autotune no es actual, la primera vez que escuché autotune fue con Cher hace unos 20 años, y Cher tampoco necesita autotune. Estoy enamorada hoy del autotune porque puedes hacer cosas bien bonitas, pequeños detalles, que —aunque ya es viejísimo— aún suena a futuro. Me gusta trabajar con la máquina y programar en la computadora porque tengo el control. Luego, cuando quiero vestirlo con sonidos más antiguos, me voy al estudio, grabo las cuerdas, grabo los metales, y todas estas cositas que me llevan a un sonido de la infancia.

Ya que venimos hablando de lo “antiguo” y de la música vieja, en esta canción de ‘40 y MM’ pareces cantarle a la edad que tienes. A los hombres nos dicen que a los 40 empezamos la crisis de la mediana edad, que es cuando el tipo se consigue una novia de 20, se compra un convertible y todas estas cosas. No sé qué les dicen a las mujeres con los 40, pero ¿es ‘40 y MM’ una forma de hacerle frente a eso? ¿Ha tenido algún impacto en ti el hecho de cumplir 40?

Sí, muchísimo, pero creo que positivamente para mí. Siento que cumplí 40 y me sentí, como se dice aquí en México groseramente, “Me la pela el mundo. Tengo 40 años, y ya me gané mi lugar en este mundo. Ya soy más grande, ya no tengo nada que perder, si me lleno de arrugas, que sea lo que tenga que pasar, está bien, tengo 40 años”. Ahora empieza la edad adulta en serio, y me encanta, lo estoy disfrutando.

Ahora, hay una cosa bien dura para las mujeres, y es que a los 40 años es un poco como que se acaba tu vida. Por ejemplo, tú hablas de la crisis de los 40 en los hombres, tienen una novia de 20, se compran un carro, y es real. Es bien difícil ver a un tipo de 40 que se busca una novia de 40, ¿no? La mujer deja de tener valor a los 40, porque ante la sociedad el valor de la mujer tiene que ver con la belleza física, tiene que ser bonita, perfecta, armoniosa, sonriente y amable. Es bien duro para nosotras, veo muchas artistas que admiro muchísimo luchando contra la edad, y todo mi respeto para ellas.

Vestido: Cristina Grom; Guantes: Twr; Arete: Acne Studios; Zapatos: Paula Canovas Del Vas.

Yo quisiera aceptarme, no sé qué va a pasar con mi futuro, pero es una edad de muchas contradicciones también. Quiero aceptar mi cuerpo, quiero aceptar esta nueva yo, supongo que en algún momento me va a cambiar la voz, supongo que voy a tener que bajar las canciones de tono, todas esas cosas que nos pasan con la edad.

Hice esta canción con doble intención: una es aceptándome y reforzarlo, y otra también es para celebrar; hay un poco de todo. Nada es como blanco y negro, hay muchos contrastes, muchas microcositas que están ahí, que hablan de inseguridades y otras que hablan de mucha seguridad en la misma canción.

Hay una parte donde dices: “Nadie se muere de amor”, y es muy interesante porque en el mismo disco hay una cantidad de dramatismo; cinco minutos estás pensando, “Esta mujer se va a morir de amor”, y en ‘Calaveras’, de SEIS, le preguntas al tipo, “¿Cuántas mujeres has matado de pena?”. Es interesante sentir esas diferentes perspectivas, ¿cómo te mueves ahí?

Justo hace un par de días subí un reel sobre reflexiones que tienen que ver con los cambios, y creo que tiene mucho que ver también con las etiquetas y con las percepciones de la gente. Por ejemplo, si eres muy feminista, entonces, no te tienes que rasurar, no te puedes casar y tienes que abortar. Es un poco lo mismo. Soy mujer, tengo 40 años, he llegado aquí y me doy cuenta de que no me morí de amor, aunque pensé que en algún momento iba a morir de amor porque alguna vez en la vida tuve una depresión de mierda por relaciones de pareja, y estuve muy mal. Hoy me di cuenta de que no, y puede que en dos años, o en 10, me sienta de nuevo que voy a morir de amor. Son momentos. Me encanta la complejidad del ser humano. Amo lo que nos construye, somos seres tan complejos, y me emociona pensar cómo hemos ido llegando a estos niveles de complejidad.

Ayer fui al dentista y me dio todo un kit para lavarme los dientes, siempre que vas al dentista te dicen cómo te los tienes que lavar… Entonces, me mandó un aparatito que aprietas un botón y te tira agua con mucha fuerza entre los dientes. Yo decía, “¡Wow, el cerebro de los seres humanos!”. Existe un aparatito para tirarte agua entre los dientes, y existen microaparatitos para cosas específicas del trabajo que tú haces, para los médicos, para hacerte las uñas… ¡Qué complejos somos los seres humanos! En el arte, en la música, esa complejidad es una de las cosas más ricas que tenemos. No solo en un disco puedes hablar de muchos temas muy distintos y te puedes contradecir, sino que puedes hacerlo en una misma canción.

Por ejemplo, en esta de ‘40 y MM’ dice, “Cómo te puedo explicar / Pa’ ponerte en contexto / Soy una gran puta máquina de estrella”, es como diciendo “soy maravillosa”. “Micropartículas subdivididas a nanopartes interespaciales / Hago artefactos con mis dedos”, hago magia, “En la pluma, la corona yo me quedo”, en escribir canciones, muy segura de mí. “Ni reina de belleza / Ni puta ni princesa / Yo soy la ama, esa es mi naturaleza” y hablo de una seguridad absoluta. Digo, “Soy la puta ama y la reina, no necesito nada más, no me morí de amor”, pero al final del álbum también está ‘Casta Diva’, que es la adaptación de la ‘Casta Diva’ de Bellini y yo escribí una nueva letra. Esa canción es de una fragilidad absoluta, porque lo que hice fue escribir como si le hablara a la luna, esa fue la idea original de Bellini, pero yo le hablo a la luna desde mi lugar. Le digo: “Necesito de ti / Tú, que me haces brillar”, básicamente dice, “Tú eres la única que me ha acompañado toda mi vida, porque siempre me he sentido muy sola. Me he perdido en los excesos, he sentido el dolor hasta en los huesos, y lo único que quisiera es acurrucarme a tus pies y que me abraces, porque tú eres la única que me hace sentir amada, porque siempre estás ahí para mí”.

Habla de una fragilidad, porque sí me he llegado a sentir así, muy sola, muy rota y muy frágil. A veces me siento una niña chiquita que quiere que alguien le abrace; y todo eso está en un mismo disco, y a veces en una misma canción. Somos seres complejos.

En ‘Préndele Fuego’ cantas: “Si no te tengo, voy a matarte”, y al escuchar eso inmediatamente uno puede ponerse como abogado del Diablo; alguien podría pensar en Café Tacvba, que dejó de tocar en vivo ‘La ingrata’ por hablar de los balazos y todo eso. Claramente eso hace parte de esta complejidad, y de un panorama más amplio, pero cuando tienes que hacerte cargo de esa letra, ¿cómo lo manejas o cómo lo interpretas?

Primero es importante el contexto: ‘Préndele Fuego’ va de una relación que se ha ido secando en la parte sexual, que fue mi experiencia al principio con mi pareja. Tuvimos a nuestro hijo y pasaron unos meses que no existíamos, éramos solo papás. El contexto es que estoy desesperada porque necesito sexo con mi pareja, y si no tengo sexo con mi esposo, me estoy volviendo loca. Entonces, hay esta locura del placer carnal, que es algo que necesitan algunos seres humanos, porque hay gente que es asexual, yo sí necesito el sexo, es una metáfora, “Si no te tengo, voy a matarte”, como diciendo, “No sé qué voy a hacer, estoy desesperada”. No es literal.

Ahora, entendiendo el contexto de la canción, hay una realidad, los feminicidios ocurren todo el tiempo. Sí hay mujeres que matan a su pareja, sí existen, pero vamos a ver las estadísticas. Sabemos que los feminicidios son un grave problema, entonces es muy distinto que pongas en una canción, “Voy a matarte” de un hombre a una mujer que de una mujer a un hombre, porque está la estadística.

Aquí me puede matar todo mundo, pero yo no creo que debamos censurar la música. Bien por Café Tacvba y su reflexión y autocrítica, cada quien tiene la libertad de hacer lo que quiera con sus canciones, pero yo siento que el arte refleja lo que somos como sociedad. Así existen los narcocorridos, todas las canciones románticas del pasado que son supermega tóxicas, pero se escribían así en el contexto, y está bien.

Si le decimos a un artista, “Esto no lo puedes decir porque es un mal ejemplo”, pues dejamos de ser artistas. Creo que eso le toca a otra gente, no a los artistas, porque yo tengo que ser fiel a mí, a lo que yo siento, a lo que yo quiero expresar y eso no siempre le va caer bien a la gente, y puede ser totalmente políticamente incorrecto, y está bien.

Para educar existen otras formas, la música no es para educar, la música es para hacer catarsis, para escucharla, para divertirte, para ver un concierto, para gritar, para dedicarla, para sacar tu yo más profundo, ese que no compartes con nadie. Insisto, mis respetos, superbien Café Tacvba, que tengan autocrítica, pero yo creo que no podemos censurar la música.

Más allá de si se trata de amores tóxicos o no, ¿por qué crees que las relaciones de pareja han sido históricamente un tema tan importante para la música popular?

Lo he pensado, es algo que he meditado y analizado… No tengo la respuesta realmente. ¿Quién la tiene? Tal vez hoy, en el presente, yo, Monserrat de 40 años, creo que los seres humanos siempre hemos querido que nos amen, queremos pertenecer a algo. Hacemos cosas increíbles, canciones, nos mantenemos en forma, estudiamos, vamos a la luna, nos ponemos guapos, nos cortamos el pelo, nos inyectamos la cara, leemos libros, hacemos miles de cosas… ¿Para qué? Para pertenecer a un grupo, para que otros humanos te acepten, te quieran y te respeten. Lees un libro por placer personal, pero te gusta compartirlo con alguien. Siempre quieres compartir algo con alguien más, por muy ermitaño o ermitaña que seas.

Yo siento que los seres humanos, los sapiens, siempre se movían en grupo. Somos seres que nos acostumbramos a estar en manadas, entonces, siempre queremos la aceptación de los demás y hacemos cosas extraordinarias para ser aceptados y pertenecer a algo. Nos importa tanto que nos quieran, que nos acepten y lo que piensan los demás sobre nosotros, que todo se reduce —si queremos ponerle un nombre o etiqueta— al amor, que puede tener muchos otros nombres, pero se reduce a eso.


“Siento que soy tan insignificante, que no puedo determinar si algo existe o no existe. Diría que soy espiritual”.


Voy a ser simplista, pero queremos que nos amen, queremos ser amados. Por eso es tan fácil escribir de amor, porque yo creo que no hay nadie que no se sienta identificado o identificada con una canción de amor. Puede ser una canción más sofisticada, con letras más complejas o puede ser supersimple y directa, con una guitarra eléctrica distorsionada porque es una canción de rock superpesada, pero al final habla de amor. Puede ser la más cliché, puede ser un reggaetón o música urbana actual con letras superexplícitas, pero va de lo mismo. Al final todo va de lo mismo, ¡qué aburridos somos! [Risas] Yo creería que es por eso, porque los seres humanos queremos que nos amen.

Si lo miramos desde una perspectiva más cínica y menos antropológica, tal vez, podría pensarse que la industria de la música le apunta mucho a un mercado adolescente con las hormonas en ebullición, en el que esas canciones de pareja, dramáticas, fatalistas, codependientes, y todo eso, son perfectas para ser la banda sonora en esa etapa de la vida.

Sí y no. La industria de la música, como es una industria, el business, siempre va a apuntar a lo que más vende. Así como la señora que vende tacos en la esquina va a apuntar a ponerle más grasa y más sal a su comida, porque es lo que le vende. Todos queremos vender, entonces, supongo que la industria hace lo que tiene que hacer, pero yo creo que es algo mucho más antiguo y no creo que sea solamente adolescentes. Creo que nos llega a todos, de distintas edades. Al final cambia un poco, puede ser más sofisticado o menos, y puede estar vestido de distintas formas, pero al final es un poco lo mismo. Todos queremos que nos amen y ser aceptados. Yo creo eso, esa es mi opinión hoy, en mi presente.

En ‘Tenochtitlán’ incluyes una voz que reza el Ave María, y en el álbum también hay una canción que se llama ‘Levítico 20:9’, ¿qué papel juega la espiritualidad y la religión en tu vida más allá de este disco?

Tengo también una canción que se llama ‘Obra de Dios’. Más allá del álbum, yo me crie en una familia muy religiosa, muy católica. Mi abuelita rezaba todas las noches a Santa Gemita y todo era muy religioso. Me educaron con esta cosa del miedo, de tener miedo porque Dios te va a castigar, porque nacimos en pecado, entonces yo sentía miedo cuando entraba a una iglesia, era miedo, miedo, miedo… y muchas culpas.

Luego fui creciendo, y fui viendo que había un montón de cosas que me chocaban, el mismo tema de la homosexualidad en mi entorno, y la religión decía que eso estaba mal y que se iban a ir al infierno. “¿Por qué? Si mi amigo y mi amiga son superchidos, ¿por qué se van a ir al infierno?”, yo decía. Luego mi mamá se hizo testigo de Jehová, y me hicieron leer mucho la biblia. Entonces, a mí la religión me fue alejando cada vez más, y para mí no es lo mismo lo espiritual que lo religioso.

Vestido: Cristina Grom; Guantes: Twr; Arete: Acne Studios; Zapatos: Paula Canovas Del Vas.

Llegó un momento en el que entendí y acepté que no quería ser religiosa, no quería tener una religión, no me gustaban las religiones porque son muy castigadoras, sigo pensando eso, sigo creyendo que siempre tienen algo, hay algo que te castiga, que te pone una condición; “Esto no lo puedes hacer, porque para lograr esto, tienes que hacer esto otro”.

Ahora que tengo un hijo me doy cuenta de que yo no quiero decirle, “Oye, tienes que comerte la comida si es que quieres el postre”, o “Tienes que hacer la tarea para que llegue Santa Claus”, no quiero hacer ese tipo de cosas. Quiero que no todo sea a cambio, siento que la religión te pone muchas condiciones, entonces me alejé. Llegó un momento en el que decidí que si había que ponerse una etiqueta, sería agnóstica; porque siento que soy tan insignificante que no puedo determinar si algo existe o no existe.

Diría que soy espiritual, diría que sí. Me gusta lo espiritual, me gustan los rituales. La primera vez que vi los ojos de mi hijo, dije, “Ah, Dios existe. Existe algo más maravilloso”, pero no soy religiosa, para nada.

Si hablamos de la música, supongo que está muy presente a modo de crítica en ‘Tenochtitlán’. Lo que hago ahí es una metáfora sobre la sociedad, que es muy castigadora, sobre todo en Latinoamérica, donde somos muy religiosos todos. Hay mucho de eso, de castigar, de señalar que eres bueno o malo, que existe el bien y el mal, el diablo y Dios, está muy marcado, pero hay un montón de contrastes en medio. Para mí no existe la gente buena o mala, somos mortales, tenemos aciertos y cometemos errores también. Desde ese lado abordo lo religioso en mi música.

También se convierte la religión, no solo la católica, en una fuente de recursos estéticos, más allá de la valoración que haces, en lo escrito, en la misma música, en lo visual y la estética, hay mucha riqueza.

La religión católica en sí, separando totalmente la creencia religiosa de lo estético, es de una riqueza absoluta. Los lugares donde he visto más belleza son las iglesias católicas, tanto en Notre Dame como en la iglesia del pueblito, que también tienen unos artes bellísimos, y tienen su propio imaginario. Estéticamente hay muchísima riqueza, y ahí sí debo decir que he tomado esos elementos y los he usado porque me parecen muy bellos.

Traje: Ferragamo; Camisa: Tanamachi; Corbata: Twr; Guantes: Acne Studios; Zapatos: Coperni; Ear Cuffs: Odic.

Pasando a un tema más terrenal, ¿qué diagnóstico haces o qué perspectiva tienes de lo que estamos viviendo en esta América Latina, donde tenemos lo que actualmente se vive en Chile, en Argentina, en Brasil o El Salvador? ¿Qué te hace sentir eso, o qué reflexiones te genera?

Yo, como simple mortal y cantante compositora, no soy analista política, ni estoy 100 % informada de absolutamente nada, me considero bastante ignorante, te diría que mi sentir es que está todo muy polarizado. Eso es algo que creo que no le hace bien a nadie.

Supongo que Internet, las redes y todo eso han ayudado muchísimo a la polarización. Yo siempre he intentado con mi música tratar de juntar a la gente, siento que tenemos más cosas en común de las que creemos, olvidando ideales políticos. Lamento lo polarizados que estamos, esa es mi reflexión. Ojalá pudiéramos tener más autocrítica para que podamos crecer como región, y cada país individualmente. No se terminan los problemas nunca, pero, por lo menos, que la vida nos sea más leve.


“Para educar existen otras formas, la música no es para educar, la música es para hacer catarsis, para escucharla, para divertirte…”.


Ya hablamos de la edad y todo eso, pero en este momento de tu vida, ¿sientes que piensas más en el futuro que antes, sientes que piensas más en el pasado, has logrado un equilibrio?

Pienso menos en el pasado, eso sí, mucho menos. Desde que tengo un hijo pienso bastante más en el futuro, pero creo que estoy aprendiendo a disfrutar más mi presente, por lo menos más que antes. Siento que, tal vez, antes vivía un poco más en el futuro, deseando cosas, y también lamentándome del pasado, no anhelándolo, sino lamentándolo a veces.

Ahora siento que estoy aprendiendo a disfrutar bastante más el presente. Supongo que con yoga y con las meditaciones que uno empieza a hacer a los 40, de señora [Risas], han dado su fruto, porque si no te pones a hacer ejercicio, a meditar y alimentarte bien, ya no lo logras. Tienes que mantenerte saludable después de los 40, ya me di cuenta. Entonces sí creo que ha dado su fruto, estoy disfrutando bastante más mi presente.                         


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