Ed O’Brien, de Radiohead, lanza su segudo disco solista: “Necesito cada vez menos de otras personas”

El guitarrista de Radiohead habla de su nuevo álbum, 'Blue Morpho', de terapia, de luces y de sombras

Por  LALA TOUTONIAN

octubre 29, 2026

Ed O'Brien

Ed O’Brien, el guitarrista de Radiohead que durante años fue la sombra melódica detrás de Thom Yorke, sale por segunda vez a la intemperie del nombre propio. Blue Morpho, su nuevo álbum, es la crónica de una travesía por la noche oscura del alma, esa zona pantanosa donde los fantasmas de infancia que no se nombraron empiezan, por fin, a hablar. Hay algo profundamente gótico en ese relato, el paisaje celta de Gales como territorio habitado, la naturaleza como entidad. Lo perturbador no es lo que irrumpe desde afuera sino lo que ya estaba ahí, esperando. O’Brien parece haber compuesto un disco entero desde esa misma premisa. No hay psicoanalistas aquí: hay agua helada, una guitarra, el silencio de un valle.

Ed O’Brien, desde el otro lado de la pantalla, comienza disculpándose por llegar apenas unos minutos tarde. “Estaba caminando por la colina cerca de casa y se me pasó el tiempo”. Y con apenas esa frase se empieza a entender Blue Morpho: absolutamente es lo que transmite. Un recorrido por la naturaleza, muy despojada, claro: colinas, viento y un largo horizonte sin más. Un recorrido con el pensamiento. Así es Gales, donde el músico, hoy de cincuenta y ocho años, se mudó desde su Oxford natal. En el medio también vivió en Brasil, como Nick Cave, y la veta brasileña tiene relación directa con este disco.

Hay que decirlo: el morfo azul, la mariposa, no es azul. Esa es la primera revelación, la que Ed O’Brien parece haber intuido. El color no vive en un pigmento sino en la estructura misma del ala, en la manera en que la luz se quiebra y se refracta sobre miles de escamas microscópicas hasta producir esa iridiscencia imposible que cambia según el ángulo desde el que se la mira. Es, literalmente, una ilusión que vuela. Quizás ahí esté la clave secreta del álbum: nada en Blue Morpho es lo que parece a primera escucha, todo depende del ángulo, de la herida desde la que se lo escuche. La mariposa nativa de ese Brasil donde O’Brien vivió una temporada decisiva funciona como un talismán importado, casi un souvenir espiritual de una época en la que el músico dejó que el entorno lo reescribiera.

Blue Morpho es muy atmosférico, uno se pierde escuchándolo. Surgió de un período oscuro tuyo, ¿fue tu propia versión de terapia?

Sí. Tocar música es terapia, siempre te hace sentir mejor. Fue mi instinto cuando estaba en ese lugar oscuro. Quería agarrar la guitarra, tocar, eso ayuda. Es interesante, sé que en Argentina todos hacen terapia, que es muy normal en tu cultura y eso es algo realmente progresista. Hice terapia siempre, pero creo que a medida que voy creciendo, me doy cuenta de que esa noche oscura del alma, ese lugar negro en el que estaba, era simplemente el pasaje de la vida. Carl Jung lo llama el proceso de individuación. Es como estar abriendo una cerradura y puede haber muchas cosas detrás. No voy a entrar en el tema de la depresión, pero fue una etapa importante de mi vida.

También tenía que ver con que no había procesado el fantasma de mi infancia, cosas de las que nunca había hablado ni resuelto. Así que parte era la música, pero parte también era estar en la naturaleza. Y como dije antes, camino por las colinas, la naturaleza es sanadora. Hoy me doy cuenta de que mi terapia, o la manera en que encuentro paz y trato de entender esto, es estando en la naturaleza y dejando que las cosas vengan a mí. Cuando estamos en las ciudades la vida es muy acelerada y no podemos darle sentido, y por eso necesitamos ayuda. Pero al pasar más tiempo en el campo, mi experiencia fue con la música y el entorno. Estas dos cosas realmente me permiten darme cuenta de cuál es el problema, y entonces le ponés luz, mirás esos miedos, se van reduciendo y es ahí donde se procesan. 

Todo esto lo hiciste en Gales, ¿verdad?

Sí, en este paisaje en particular, que es increíble. Encontramos nuestro hogar acá hace doce años. Es todo muy antiguo, un entorno ancestral, celta, hay mucha luz y mucha oscuridad, y se puede sentir. Simplemente uno se siente bien con todo. Estar acá ya es suficiente. Por trabajo voy a Londres o a otras ciudades, pero cuanto más grande soy, necesito encontrar mi relación con el espíritu. Es mi música, mi familia. Necesito cada vez menos de otras personas.

Soy muy feliz acá afuera con los elementos, aprecio cosas como las estaciones, y empezás a amarlas. Tenemos estaciones muy marcadas en Gran Bretaña. Ahora estamos en pleno apogeo de un verano muy caluroso y tuvimos un invierno muy oscuro donde no vimos el sol durante seis semanas y llovió todos los días. Tenemos estos extremos. Eso saca algo de nosotros que trasciende el tiempo y las épocas. Uno de los problemas de la sociedad moderna es que no tiene en cuenta ninguno de los aspectos del momento del año en el que estamos en nuestra vida. Los antiguos, la gente de antes sabia, decían que estás en este momento de tu vida: es esto y esta es la época del año. La gente en invierno no trabajaba porque estaba más oscuro, sabían que tenían que arreglárselas. Pero el sistema de hoy sigue moliendo sin parar. Cuando uno es más joven puede entrar ahí y estar corriendo y es genial. Pero eso empieza a volverse agotador. Y además, el sistema, cuando ya te usó, te deja afuera. Si sos viejo, ya no sos. 

Los chicos ahora también sufren de la misma manera. Hay un gran aumento de problemas en la salud mental y me pregunto si el aumento del TDAH en los chicos, y las ansiedades, no son solo las redes sociales, sino que el sistema es implacable por igual con los chicos y con los mayores. Y si estás en el medio, en tu dulce lugar, en tus veinte, treinta años, sos un buen consumidor, un buen ciudadano. 

Me siento muy afortunado por ser músico. Mi trabajo es seguir mi intuición, mi musa, lo que siento. Y eso solo funciona bien cuando estoy acá afuera, en el campo. Así que la música de alguna manera me obliga, de tantas maneras, a que yo siga eso, y tiene un impacto enorme en mi vida. 

Dijiste que tu primer álbum solista, Earth, quedó pospuesto durante años en función de la agenda de Radiohead. ¿Cómo cambió esa experiencia la manera en que encaraste Blue Morpho? 

Creo que estoy muy agradecido por el primer álbum porque trabajé con gente increíble como Flood y Catherine [Marks] y los músicos, David [Okumu de la banda The Invisible], Nathan East y Omar Hakim, todos músicos increíbles (también participaron Colin Greenwood, de Radiohead, Adrian Utley,  de Portishead y Glenn Kotche, de Wilco). Pasaron varias cosas. Habíamos vivido en Brasil y quería hacer este disco influenciado por el carnaval y se diluyó porque lo empecé y después nos metimos a hacer A Moon Shaped Pool con Radiohead, y eso nos tomó cuatro o cinco años. Y me fui por ahí. Pero creo que gran parte de esa demora fue que lleva un tiempo encontrar la propia voz. Hay un largo proceso. Pero también la gran diferencia es la forma en que encaré los dos discos. Con el primero estaba forzando que las cosas pasaran.Y en este disco, después de estar en esa noche oscura del alma, solté. Fue simplemente como que esos pequeños fragmentos de música salían de ese lugar oscuro y no sabía de dónde, no sabía qué eran, de dónde venían. Era como que pertenecían a otra cosa.

Pensé, esto se siente bien, pero no sé para dónde va así que sigamos el hilo. Y seguí el hilo. Estar en ese lugar de incertidumbre y después ir, y ahí es hermoso, entrás en este flujo increíble, porque de repente la gente se te cruza en el camino. Un día conozco a Tõnu Kõrvits, el compositor de Estonia. Me siento al lado de él en una comida y de repente se convierte en el tipo que hace estos arreglos de cuerdas increíbles y resulta que vamos a trabajar juntos. Después conozco a Shabaka Hutchings en Glastonbury, y empezamos a hablar y le dije: “Bueno, estamos haciendo este álbum, ¿querés venir?”. Y viene tres meses después y toca una flauta extraordinaria. Esta es la manera en que amo trabajar. Es una especie de soltar y confiar en el universo, en el proceso, en el río en el que estoy nadando. Eso lo hace mucho más emocionante porque no sé qué estoy haciendo. Eso es el arte. Viene a través de mí, viene en mi camino. Yo simplemente tengo que confiar en mi intuición. 

Estuviste sumergido en la práctica del método de Wim Hof, ese trabajo de respiración y agua helada. Debe haber sido parte de la rutina que, mientras componías el álbum, fue una especie de disciplina física que debe haber alimentado la música en sí.

Sí, tengo lo que llamo una caja de herramientas. En esa caja está el agua fría que fue realmente útil cuando estaba en un estado depresivo. Lograba hacerlo constantemente, me despertaba, tenía tres horas en las que no estaba agotado y en ese tiempo venía a este cuarto a tocar la guitarra. Así, con esta caja de herramientas, conseguí mejorar a lo largo de los años. Sé que suena a cliché. Entiendo que la vida es realmente preciosa y quiero sacarle el máximo provecho. Particularmente cuando estoy en el estudio siento que es un servicio a la música. Creo que el tai chi y el yoga son disciplinas, pero son buenas porque también son trabajo espiritual. El espíritu trabaja mucho mejor a través de vos. Así que sí, uso estas cosas como parte de la caja de herramientas. 

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