En Forgotten Island, la fantasía acompaña a Jo y Raissa mientras enfrentan los cambios que trae crecer y la posibilidad de que su amistad sobreviva a la distancia. Joel Crawford y Januel P. Mercado, directores de esa adorable secuela de El gato con botas, construyeron esta aventura a partir de sus propias experiencias, de las criaturas de la mitología filipina y de una animación que transforma el mundo según quién lo recuerda. En esta conversación, los directores cuentan cómo el humor, la nostalgia y el cine de su infancia encontraron un lugar en la película.

¿Cómo eligieron las criaturas mitológicas que aparecen en la película y qué relación tienen con los temas de la historia?
Januel P. Mercado: Había muchas criaturas fascinantes entre las cuales escoger. Nos aseguramos de que las que aparecieran estuvieran conectadas con los temas de la película: crecer, atravesar una iniciación y encontrar una familia elegida. El bebé demonio Bungee, por ejemplo, es un consentido de su mamá, un hogareño que nunca ha salido de casa. Representa esa parte de Jo y Raissa que debe abandonar el hogar, conocer a otros y aprender a convertirse en adulta.
La película parece combinar Turning Red, The Hangover y las películas de Cheech & Chong. ¿Cómo encontraron el tono de esa mezcla?
Joel Crawford: [Risas] Para Januel y para mí, esta es una historia original y personal. Intentamos ser auténticos tanto en las emociones dramáticas como en la comedia, porque el humor de la película nace de nuestra amistad: nos hacemos reír, bromeamos y queríamos llevar esa complicidad a la pantalla. Queríamos capturar lo que significa tener un gran amigo con quien puedes ser tú mismo y hacer tonterías. El humor es una parte esencial de la identidad de la película. Fue muy divertido crearla juntos; nos reímos mucho.

La isla parece ofrecerles a Jo y Raissa un lugar donde escapar de la vida adulta. ¿Cómo se relaciona ese espacio con el arco emocional de Jo?
Januel P. Mercado: Nos interesa trabajar con metáforas. La isla puede ser un lugar de aislamiento, pero también representa la infancia y la juventud que uno intenta conservar. Cuando eres niño, el mundo parece más grande y la imaginación está desatada; quieres escapar a una fantasía antes de tener que crecer. Para Jo, la isla parece perfecta: un poco como Nunca Jamás, donde la aventura podría no terminar. Pero esa experiencia también le enseña que no puede escapar del cambio. Tiene que aceptar que está creciendo y confiar en que su vínculo con Raissa resistirá la distancia. La amistad puede perdurar incluso cuando sus vidas cambian.

La animación cambia de textura, perspectiva y profundidad según el momento. ¿Cómo decidiste cuándo debía transformarse el estilo visual?
Joel Crawford: Al principio establecimos algunas reglas para que, debajo de toda la diversión, hubiera una lógica. La película trata sobre las experiencias y los recuerdos, y dos personas pueden recordar el mismo momento de maneras distintas. La animación permite mostrarlo: el estilo cambia según quién revive o cuenta cada recuerdo.
También jugamos con los lentes. En el mundo real de Filipinas usamos poca profundidad de campo y lentes largos; en el mundo de la isla, los lentes amplios y la profundidad de campo abren el espacio. Así, aquello que al comienzo parecía pequeño o insignificante puede volverse enorme y mágico cuando se recuerda después.
La película también habla de lo rápido que pasa el tiempo y de la fugacidad de los recuerdos. ¿Qué querían decir sobre la necesidad de estar presentes?
Januel P. Mercado: Nos acercamos a la historia desde nuestras experiencias personales y desde la sensación de que ahora somos mayores y la vida pasa rápido. Los momentos que compartimos con las personas que amamos terminan formando quiénes somos; esos recuerdos contribuyen a que una vida tenga sentido. Son fugaces y temporales, y precisamente por eso son valiosos. Hay que detenerse y disfrutarlos antes de que se vayan.
También pensamos en una frase atribuida a Picasso: todo niño nace artista; el desafío, al crecer, es conservar esa mirada. Los niños dibujan y usan la imaginación sin juzgarse. De adultos, empezamos a decirnos que no somos artistas o que lo que hacemos no sirve. La película intenta preservar esa forma abierta de mirar el mundo.

En la película aparece el recuerdo de un apretón de manos de Predator. ¿Por qué quisieron incluir esa imagen?
Joel Crawford: Mientras escribíamos, también volvíamos a nuestra infancia y a esos momentos de la televisión que quizá vimos cuando éramos demasiado pequeños, pero que se nos quedaron grabados. El apretón de manos entre Arnold Schwarzenegger y Carl Weathers en Depredador era uno de ellos. Necesitábamos una imagen que hiciera visible la promesa de Jo y Raissa: que, sin importar el tiempo ni la distancia, estarían ahí la una para la otra. Ese gesto nos permitió expresar la fuerza de ese compromiso.
Januel P. Mercado: Gracias por las preguntas. Nos hicieron volver a pensar en cosas de la película que no habíamos considerado desde que la terminamos.


