Crítica: Noche del demonio: Están entre nosotros (Insidious: Out Of The Further)

La sexta entrega abandona a los Lambert y convierte el Más Allá en el territorio de una nueva clase de heroínas sobrenaturales

Jacob Chase 

/ Amelia Eve, Lin Shaye, Maisie Richardson-Sellers, Brandon Perea, Island Austin, Sam Spruell, Laura Gordon, Charli Penton, Joseph Lopez, David Morgan

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de Sony

Para llegar a Insidious: Out Of The Further conviene recordar cómo terminamos entrando en esa dimensión oscura situada entre el mundo de los vivos y el de los muertos. En Insidious (2010), Dalton Lambert (Ty Simpkins) cae en un coma aparente después de proyectar su consciencia hacia el Más Allá, donde queda atrapado mientras varias entidades intentan ocupar su cuerpo. Su padre, Josh (Patrick Wilson), entra para rescatarlo, pero regresa poseído por la Novia de Negro y asesina a la médium Elise Rainier (Lin Shaye).

Insidious: Chapter 2 (2013) continúa inmediatamente después. Renai (Rose Byrne) descubre que su esposo ya no es él mismo, mientras Dalton, Specs (Leigh Whanell), Tucker (Angus Sampson) y el espíritu de Elise intentan liberar al verdadero Josh. Chapter 3 (2015) retrocede en el tiempo para contar cómo Elise abandona su retiro y ayuda a Quinn Brenner (Stefanie Scott), una adolescente perseguida por el Hombre que no puede respirar. Allí se consolida también su alianza con los investigadores paranormales Specs y Tucker.

The Last Key (2018) viaja todavía más atrás y obliga a Elise a regresar a la casa donde sufrió los abusos de su padre y tuvo sus primeros encuentros con los muertos. La médium se enfrenta a KeyFace y descubre que el trauma familiar puede abrir puertas tan peligrosas como cualquier ritual. Finalmente, The Red Door (2023) vuelve con los Lambert. Josh y Dalton han reprimido sus recuerdos, pero el joven reabre el acceso al Más Allá mediante sus pinturas y debe cerrar la puerta para reconciliarse con su padre y recuperar su propia historia.

La sexta película rompe con los Lambert y comienza un nuevo ciclo. Gemma (Amelia Eve de The Haunting Of Bly Manor) es una madre soltera y asistente dental que vive con su hija Maya (Island Austin) en la misma casa donde presenció la brutal muerte de su madre Ingrid (Laura Gordon de Late Night With The Devil), durante la infancia. Gemma cree que aquel episodio fue producto de la adicción y el deterioro mental, pero sus pesadillas revelan una herencia mucho más extraña: puede viajar al Más Allá y regresar con objetos, espíritus e incluso personas.

Ese poder atrae a Cyrus Lam (Sam Spruell), líder de un culto satánico que habita el Más Allá, cuyos tres perturbadores acólitos: Lester (Joseph Lopez), Edna (Robina Beard) y Patsy (Susan Gray) buscan asistir a su líder y convertir el mundo de los vivos en una extensión de su territorio (léase el apocalipsis). 

Gemma y Maya son la clave para que Cyrus y los acólitos lleven a cabo su misión. Clare (Maisie Richardson-Sellers de Legends Of Tomorrow), una tatuadora y médium capaz de comunicarse con Elise entra a asistir a la atribulada Gemma que no sabe lo que está sucediendo, y Nick (Brandon Perea de Nope), el novio policía de Gemma, intenta protegerlas sin comprender inicialmente que la casa no está embrujada. Quien lleva la puerta consigo es Gemma.

James Wan y Leigh Whannell construyeron la saga como una variación de Poltergeist con una familia amenazada, un niño capaz de cruzar hacia otro plano, investigadores excéntricos y una médium convertida en guía. Esa influencia nunca desaparecerá, pero Jacob Chase, el director de Come Play, se distancia de la simple imitación y acerca la historia a los cómics de horror sobrenatural protagonizados por personajes como Swamp Thing, Constantine, Deadman, Phantom Stranger, Dr, Strange  o Hellboy.

Más que la influencia de Wan, aquí se siente la de Whannell, durante años considerado como el “hermanito menor” rezagado de su antiguo colaborador. Pero películas como Upgrade, The Invisible Man y Wolf Man han demostrado, sin embargo, que posee una inteligencia narrativa superior a la de su supuesto mentor, ya que utiliza el género para pensar el cuerpo, la tecnología, la violencia y el trauma, mientras que Wan, el artífice de las sagas de Saw y The Conjuring, suele privilegiar la eficacia del espectáculo. Chase parece haber aprendido más de esa inquietud que del exceso de gore y los sobresaltos mecánicos de los universos de Wan.

Gemma y Clare no se limitan a soportar una casa embrujada. Poseen facultades, atraviesan dimensiones y aprenden a intervenir sobre las reglas que conectan ambos mundos. Out Of The Further funciona así como el relato de origen de unas heroínas sobrenaturales, pero Chase nunca permite que sus poderes eliminen el miedo. Viajar al Más Allá no las vuelve invulnerables; simplemente les permite comprender mejor aquello que desea despedazarlas.

Quienes teman visitar al odontólogo deberían considerar seriamente otra película. Chase aprovecha la profesión de Gemma para construir una secuencia de horror corporal alrededor de Lester, un anciano con los dientes podridos, una segunda dentadura y una boca de la que parecen salir residuos pertenecientes a varias pesadillas diferentes. La escena nos recuerda a Marathon Man y Little Shop Of Horrors, pero introduce el peligro desde el paciente y no desde quien sostiene los instrumentos. Aquí el sonido de una herramienta raspando una muela resulta más efectivo que diez apariciones detrás de una puerta.

La influencia de Chris Cunningham es evidente. Algunos cuerpos, movimientos y rostros parecen salidos de los videos de Aphex Twin (por momentos, la película podría titularse Come To Daddy – The Movie). Sin embargo, esa imaginería bioindustrial, deforme y agresiva le concede una identidad propia a los demonios y evita que el Más Allá vuelva a sentirse como el mismo corredor oscuro recorrido durante cinco entregas.

La escena del fuerte construido con los cojines del sofá (no pregunten) transforma un juego infantil en un laberinto beige, estrecho e interminable. La referencia a la reciente Backrooms resulta también evidente, aunque Chase utiliza mejor el espacio liminal que aquella sobrevalorada película y no se conforma con mostrar pasillos vacíos, sino que convierte la imposibilidad de orientar el cuerpo en una amenaza contra la relación entre madre e hija.

Las pesadillas siguen la lógica onírica de A Nightmare On Elm Street; los demonios poseen algo de los cenobitas de Hellraiser (algunos son personajes recurrentes de las anteriores entregas) y los excéntricos vecinos nos recuerdan los momentos más eficaces de la mediocre Poltergeist II. Chase no esconde sus influencias, pero consigue que cada una participe en la construcción de un universo donde los muertos no solamente invaden la casa. Esperan que alguien los transporte hasta ella.

Amelia Eve sostiene el centro emocional sin reducir a Gemma a la madre traumatizada que debe salvar a su hija. Su verdadero miedo consiste en descubrir que puede repetir la historia de la mujer a quien juzgó durante años sin comprenderla. Island Austin evita la precocidad artificial habitual en el terror y establece con ella una relación creíble, mientras Richardson-Sellers le imprime a Clare una serenidad que contrasta con el caos que debe traducir.

El regreso de Lin Shaye siempre es bienvenido. Elise murió en la primera entrega, pero se ha convertido en la verdadera continuidad de la franquicia: Una figura capaz de desplazarse por su mitología incluso después de la muerte. Aquí funciona como mentora y guía desde el Más Allá y encuentra en Clare una intermediaria para intervenir en el mundo físico. Se extraña, sin embargo, a Specs y Tucker, los investigadores que equilibraban la gravedad de Elise con humor y torpeza.

La cinta introduce explicaciones, planes y reglas que enturbian una historia que funcionaba mejor cuando confiaba en sus imágenes. Una demostración con trozos de naranja intenta aclarar el procedimiento para detener a Lester y consigue exactamente lo contrario. Los efectos digitales tampoco alcanzan siempre la fuerza del maquillaje, las prótesis y los espacios físicos. Pero aun con ese desenlace recargado, Insidious: Out Of The Further es, junto con la primera, una de las mejores entregas de la saga. Chase comprende que una franquicia no sobrevive repitiendo familias perseguidas por el mismo demonio detrás de otra puerta roja. Había que entrar nuevamente en el Más Allá, pero esta vez para encontrar allí otra posibilidad para el género, nuevos personajes y pesadillas capaces de regresar con nosotros.

P.D. No se pierdan la escena postcréditos que hará rechinar los dientes.

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