Desde hace varias décadas, DC Comics ha intentado abrir espacio a personajes latinos, aunque siempre en un segundo plano y con resultados desiguales. Curiosamente, antes de que existieran superhéroes latinos en los cómics de DC, estuvo El Dorado, un personaje creado para la serie animada de Hanna-Barbera de los Super Friends en los años ochenta. El personaje surgió junto a Black Vulcan, Apache Chief y Samurai, como respuesta a las críticas de falta de diversidad en el programa. El resultado fue un superhéroe de origen hispano con acento marcado y poderes poco definidos que iban desde la teletransportación hasta ilusiones holográficas. Su origen tampoco era claro. A veces se insinuaba que era mexicano, otras veces simplemente “latinoamericano”.
Lo importante es que El Dorado fue el primer intento de DC (aunque a través de la televisión infantil) de incluir un rostro latino en su panteón de héroes. Su ambigüedad y lo estereotipado de su representación lo volvieron objeto de críticas, pero abrió una puerta que más tarde se consolidaba con personajes creados directamente en el cómic.
En los años ochenta apareció El Diablo, un vigilante tex-mex con tintes sobrenaturales y varias encarnaciones; poco después Vibe, un joven chicano con poderes sónicos que llegó a ser miembro de la Liga de la Justicia en su versión más cuestionada. En los noventa se incorporaron Aztek, un guerrero ligado a una deidad mesoamericana, pero manipulado por Lex Luthor; Gangbuster, un maestro de escuela puertorriqueño convertido en justiciero callejero; Iman, El Muerto y Acrata son un trío de héroes mexicanos que se aliaron esporádicamente con Superman. A ellos se les suma Fire, una brasileña con el poder de las llamas verdes, y más recientemente la nueva encarnación de Blue Beetle, Jaime Reyes, que logró consolidarse como la cara más visible de este abanico de héroes latinos y que tuvo su propia película (maravillosa, por cierto, pero todo un fracaso de taquilla).
Por otra parte, está la estrategia manida de los multiversos. DC, con sus Elseworlds, ha intentado trasladar a sus superhéroes más emblemáticos (entre ellos al Caballero Oscuro) a contextos radicalmente distintos, manteniendo intacta su esencia (trágica, en el caso de Batman). En Gotham By Gaslight, Bruce Wayne se enfrenta a Jack el Destripador en una Londres victoriana. En Batman & Dracula: Red Rain; Bruce Wayne es convertido en un superhéroe sediento de sangre, literalmente; mientras que en Superman: Red Son se explora cómo la historia de El Hombre de Acero cambia si la nave de Krypton cae en la Unión Soviética. El ejercicio no es solo estético, sino también político, al confrontar la mitología del superhéroe con contextos históricos que desestabilizan la narrativa tradicional norteamericana.
En Batman: Gods and Monsters, se llevó a Batman, Superman y Wonder Woman a universos radicalmente oscuros, donde la violencia y el fatalismo eran parte de su ADN. Esa animación apostaba por la estilización extrema, logrando un producto con identidad visual propia. La fallida Batman Ninja, por su parte, abrazaba el delirio estético del anime, con viajes en el tiempo, castillos que se transformaban en Mechas y un Joker desbordado. Ambas producciones se entregaban al exceso, conscientes de que los Elseworlds son espacios de libertad absoluta.
Ahora bien, la idea de internacionalizar o globalizar al Caballero de la Noche no es nueva. Grant Morrison, en su saga Batman Incorporated, imaginó a Bruce Wayne como líder de una red global de vigilantes, donde destacaba El Gaucho, una suerte de Batman argentino. A esto se le suma la necesidad de más héroes latinoamericanos de impacto en el universo DC junto a la tradición de los Elseworlds, estos universos alternativos donde el mito se reinventa, ya sea en la Londres victoriana, la Unión Soviética de la guerra fría o el Japón feudal. En este triple linaje se inscribe Aztec Batman: Clash of the Empires, que traslada la esencia del murciélago al corazón de la Tenochtitlan del siglo XVI, en vísperas de la conquista.
Batman Azteca comparte ese gesto de reubicación y apropiación cultural a la inversa, pero se queda corto frente a la densidad narrativa de esas propuestas. Mientras Red Son planteaba una reflexión sobre el comunismo, la guerra fría y la idea de un Superman convertido en guardián totalitario, la película de Meza-León apenas roza las complejidades políticas de la conquista. La figura de Cortés como Two-Face (con la voz de Álvaro Morte, “el profesor” de La casa de papel) es potente en lo simbólico, pero su arco dramático resulta demasiado lineal, sin el espesor moral que otros villanos de Batman suelen desplegar en contextos alternativos.
La cinta sigue a Yohualli Coatl (Horacio García Rojas), un joven noble cuyo padre es asesinado por los conquistadores españoles liderados por Hernán Cortés. Con el tiempo, Yohualli adopta la máscara de Batman como símbolo de resistencia contra los invasores. Enfrente tiene a un Cortés reimaginado como Dos Caras, obsesionado con el oro y marcado por una cicatriz que refleja su doble moral; a Yoka (Omar Chaparro), un sacerdote trastornado que escucha voces divinas y encarna la locura del Joker; y a la Mujer Tigre (Livia Brito), aliada de Batman Azteca y equivalente a Catwoman.
Batman Azteca opta por un registro serio y definitivamente para adultos por su violencia, pero, al mismo tiempo, respetuoso de la cosmogonía mexicana. Si bien esto aporta algo de rigor histórico y un aire de homenaje, también restringe la energía visual que caracteriza a otros Elseworlds. El guion investiga y describe, pero pocas veces se arriesga en el terreno del espectáculo. El choque de culturas, que debería sentirse como un torbellino épico (una especie de Crisis entre el primer y el tercer mundo) termina reducido a episodios fragmentarios que no alcanzan la vibración mitológica de sus pares animados.
Comparada con Gotham By Gaslight o Red Son, la cinta se asemeja más a un ejercicio de identidad cultural que a un relato de alcance universal. Y aunque esa intención es valiosa, porque representa un esfuerzo por latinoamericanizar al superhéroe más global de DC, también pone en evidencia la tensión entre dos lenguajes: el del cómic épico y el de la reivindicación histórica. Al intentar ser ambas cosas, Batman Azteca termina por no satisfacer del todo a ninguno de los dos públicos.
El esfuerzo de Juan Meza-León y del equipo de Ánima Studios se nota en la investigación cultural. Las estructuras arquitectónicas, los colores ceremoniales y los dioses y rituales dan a la cinta un trasfondo auténtico que dialoga con el imaginario mexica. La asesoría histórica es palpable y el diseño visual intenta amalgamar la estética prehispánica con la iconografía del cómic. Incluso la música de Ego Plum integra ecos del tema de Danny Elfman para subrayar el vínculo con la tradición fílmica del personaje.
Sin embargo, el resultado carece de la contundencia que exige el mito. El mayor problema es el ritmo. La narración avanza con lentitud exasperante, como si la película nunca terminara de despegar. A diferencia de otros largometrajes animados de DC sobre Batman que logran conjugar de manera acertada la acción y el dramatismo (Mask of the Phantasm, Year One, Under the Red Hood), aquí se percibe un tono demasiado solemne que lastra la tensión. Además, la promesa incumplida de una dimensión épica, aquella que debería surgir del choque entre dos civilizaciones y de la transfiguración de Batman en símbolo ancestral, se queda a medio camino. El filme conmueve por su gesto cultural, pero decepciona por la falta de nervio narrativo.
Aun con sus fallas, Batman Azteca representa un experimento valioso. Muestra la voluntad de Warner de dialogar con las culturas locales y de abrir nuevos caminos para sus superhéroes más emblemáticos. La discusión que ha generado sobre la conquista española y su representación habla de la fuerza política y simbólica del proyecto. Quizá en futuras entregas, si se cumplen los deseos de su director de explorar la faceta detectivesca del héroe, veamos un murciélago azteca con más fuerza, capaz de sobrevolar tanto el mito ancestral como la épica contemporánea. Por ahora, solo tenemos un remedo entre Avatar y Blue Beetle.
Tráiler:


