Hay una ética particular en las agrupaciones que han sobrevivido a una larga historia de transformaciones de la industria sin pervertir su materia prima. Mientras el mercado musical contemporáneo muestra el débil dominio de sencillos que nadie recuerda tres meses después, los algoritmos inestables y las colaboraciones convenidas en salas de juntas, encontrarse con el presente de Estelares equivale a reencontrarse con el valor artesanal del oficio. La agrupación argentina encabezada por Juan Manuel Moretti, Víctor Bertamoni y Pablo ‘Pali’ Silvera atraviesa un punto de equilibrio envidiable: la solvencia técnica que da el rodaje constante y la frescura creativa intacta.
Aunque para una buena parte del público masivo el nombre de la banda quedó sellado a partir de Sistema nervioso central (2006) —el álbum que catapultó sus grandes éxitos radiales y los posicionó en las listas de reproducción—, la dinámica interna del grupo responde a una lectura mucho más amplia de su propia discografía. “A mí me parece que, desde el principio, somos una banda de canciones que atraviesa cualquier tipo de género. Escuchamos y somos homogéneos pero eclécticos en la manera de entrarle al mundo de la canción. Sigue siendo nuestra marca desde nuestro primer disco”, explica Juan Manuel Moretti al repasar un catálogo de 10 álbumes donde trabajos como Las antenas (2016) o Un mar de soles rojos (2022) permiten ver a una banda en permanente exploración.
En una carrera que ya ha superado las tres décadas de historia, el grupo ha sabido marcar hitos clave; como ya hemos dicho, la consagración masiva llegó con Sistema nervioso central; una década después, con Las antenas (2016), se hicieron acreedores al Premio Gardel en 2017; continuaron con la solidez de Las lunas (2019) y Un mar de soles rojos (2022), hasta llegar a este 2026 en el que ya preparan nuevo material de estudio.
Ese trabajo no responde a un cálculo estético, sino a la interacción natural entre los tres miembros fundadores cuando trabajan a partir de las maquetas iniciales. “Abordar la canción que trae Manuel (Moretti, voz) desde un estado despojado e ir subiéndonos con las herramientas que tiene cada uno, es una dinámica que tenemos desde el principio”, señala el bajista Pablo ‘Pali’ Silvera. “Nos encontramos a nosotros mismos en las canciones porque lo que aportamos personalmente viene de lugares que nos resultan familiares a todos: desde el tango hasta autores melódicos y mucho rock nacional. Todas esas cosas se mezclan y terminan confluyendo en una firma propia que encontramos hace ya muchísimos años”.
Esa firma está impregnada de un ADN inconfundible. Escuchar a Estelares es reconocer de inmediato la tradición del rock argentino, una escuela que bebe de una genealogía sonora muy diversa: desde la lírica tanguera y los cimientos de los años 70 con Spinetta, Nebbia, Manal, Pappo y Miguel Abuelo; pasando por la explosión new wave de los 80 con Charly García, Virus, Los Redonditos de Ricota o Los Abuelos de la Nada; hasta llegar al reconocimiento y hermandad con pares como Andrés Calamaro, Fito Páez, Enrique Bunbury, Pity Álvarez y Los Auténticos Decadentes.
El guitarrista Víctor Bertamoni recuerda con claridad esa época formativa: “Crecimos en los 80, cuando se dio un resurgir increíble con la new wave y aparecieron bandas como Virus, los Redonditos de Ricota, Los Abuelos de la Nada o Charly García haciendo discos como Clicks modernos y Piano bar. Era una época posguerra de Malvinas donde el rock en español tomó prioridad. Pudimos absorber toda esa riqueza poética y musical; era la atmósfera en la que empezamos a componer nuestras primeras melodías”.
Ese bagaje histórico, sumado al rigor del trabajo diario, ha transformado a Estelares en una maquinaria que sobre el escenario muestra un desempeño impecable. Tras finalizar una reciente gira por Europa, el propio Moretti reconoce la sorpresa de escuchar los registros de la banda en directo: “Ayer estaba escuchando una grabación del show en Berlín y suena a un disco en vivo espectacular. Me parece que esos son los años de ser responsables con este oficio que queremos”. Está hablando de un oficio respaldado no solo por la devoción de su público, sino por el respeto explícito de sus propios colegas. Es un oficio en el que todos estos años han mostrado un respeto reverencial por las canciones y la artesanía que se esconde en su manufactura.
En el panorama actual, donde los escenarios y festivales parecen dominados casi en su totalidad por solistas pasajeros y alianzas mediáticas, que una banda con tres décadas de historia sostenga una agenda de más de 60 conciertos anuales y acabe de firmar un nuevo contrato discográfico con Universal Music es un síntoma de verdadera resistencia. “A pesar de que la industria ha pulsado con los solistas o el trap, hay algo del universo de la canción clásica que sigue estando vivo y nosotros formamos parte de ese club”, concluye Moretti entre risas. Al final del día, cuando las modas pasan y los algoritmos se vuelven a ajustar, lo único que permanece es una buena canción sostenida por músicos y fans que creen verdaderamente en ella.


