En los noventa, mientras los gustos y las melodías se debatían entre el grunge importado y el pop de fórmula, en Concepción, bien al sur de Chile, cuatro amigos se juntaron con un contrabajo, guitarras y letras para hacer canciones contestatarias y rockeras, con toques de rockabilly y sin olvidar la música primaria de su país, la cueca.
Los Tres fueron una anomalía en el Chile de los noventa. Su música no sonaba como lo que dominaba las radios en ese momento. A lo largo de los nueve años que compartieron sus cuatro miembros fundadores, el grupo mutó, se expandió y dejó una huella imborrable: en ese corto período publicaron cinco discos fundamentales del rock chileno –Los Tres (1991), Se remata el siglo (1993), La espada & la pared (1995), Fome (1997) y La sangre en el cuerpo (1999)–, tres de los cuales figuran en el ranking de Los 50 mejores discos chilenos según Rolling Stone, publicado en 2008. También grabaron el primer MTV Unplugged de una banda chilena, en 1996, antes de implosionar a fines de la década.
Durante años hubo intentos sueltos de volver, discos nuevos (con algunos miembros originales), proyectos por separado. Pero la magia no reaparecía… hasta que en octubre de 2023, un simple posteo en el Instagram de la banda, con solo cuatro nombres –“Álvaro, Titae, Ángel & Pancho”–, marcó el regreso más esperado del rock chileno. Desde entonces, todo se aceleró: giraron por todo Chile (y por varias ciudades de México), editaron Revuelta –un disco en vivo registrado en 2024–, anunciaron un show aniversario en Santiago para celebrar los 30 años de La espada & la pared, y grabaron en Abbey Road un nuevo álbum, XCLNT (pronunciado “Excelente”), lanzado el 10 de abril, el primero con los cuatro originales en más de 25 años.
Desde Santiago,Ángel Parra, guitarrista de Los Tres, habló con Rolling Stone sobre la reunión, la historia del grupo, su vínculo con Buenos Aires (y con Luis Alberto Spinetta) y lo que viene.
El disco Revuelta suena poderoso. ¿Cuál fue la sensación de volver a estar juntos después de tanto tiempo?
La verdad es que estoy muy contento. Hay una evolución en la manera de ejecutar las canciones de cada uno, por todo el tiempo que ha pasado, pero la máquina rítmica, instrumental y lírica sigue estando presente. El amor por las canciones, el respeto entre nosotros y la sincronía entre el contrabajo y la batería siguen siendo algo increíble. El sentido del humor también es superimportante en el grupo. Creo que nos estamos reencontrando con todo eso, y resulta muy interesante y entretenido, sobre todo con el apoyo de un público tremendo que nos entrega un cariño increíble.
Ya no es la misma generación que los vio hace tantos años. ¿Cómo se siente encontrarse con un público nuevo?
La gente ha tenido tiempo de ir escuchando y aprendiendo la historia del grupo a través de plataformas digitales, de CD o de casetes, que en algún momento circulaban. Han pasado veinticinco años y me doy cuenta por mis hijas que tienen cariño y fanatismo por las canciones. Me imagino que con el público pasa lo mismo: los mayores, los que nacieron en los sesenta o setenta, les transmitieron a sus hijos también esas canciones.
Entre el primer disco, Los Tres (1991), y el segundo, Se remata el siglo (1993), hay una evolución enorme. ¿Cómo ves hoy esa transición?
El repertorio de Los Tres es vasto. Cuando tenemos que hacer una lista de temas, nos damos cuenta de eso. Para un escenario como Lollapalooza [tocaron en la edición 2025 en Chile] hay cosas que no vamos a hacer y otras que sí. En un set pequeño de cuecas también queremos dejar en claro de dónde venimos [La Yein Fonda es un evento que la banda organiza cada septiembre durante las Fiestas Patrias, donde homenajean la música tradicional chilena]. El primer disco es más rockabilly, con el contrabajo de Titae como sello del grupo. El segundo es más sucio y rockero, y La espada & la pared tiene guiños al R&B.
La música de Los Tres siempre mantuvo una identidad muy marcada. ¿Cómo definirías hoy esas influencias y la manera en que las combinan?
Una línea constante en la música de Los Tres es no tener la necesidad de empaparse de lo que está en la radio o el mercado, porque buscar desesperadamente que una canción pegue nunca ha sido un buen camino. Si tocas con honestidad tus influencias, siempre habrá posibilidad de que la gente se encuentre contigo. Los músicos jóvenes a veces toman muchos caminos de sobreinstrumentación o no conocen su propia música, o que el rock and roll está basado en el blues, que viene de los años 1800 y 1900. Afortunadamente, eso está muy arraigado en Los Tres, pero también están las influencias de los Beatles, Stravinsky o los Beach Boys.
Spinetta aparece en los agradecimientos de La espada & la pared, disco que grabaron en Buenos Aires. ¿Por qué?
Tenemos muchos recuerdos con Luis. Fue muy generoso y nos ayudó mucho. En esa época me compré mi primera Telecaster y recuerdo que hice un solo country ahí. Spinetta solía pasar por La Diosa Salvaje, el estudio que tenía en Buenos Aires [donde grabaron el álbum], y siempre se mostraba cercano y cálido. En el diálogo con Mario Breuer [productor del disco] también encontramos muchas afinidades. Aunque Mario tenía la presión de la compañía para que la banda entrara en el mercado, fue un gran ingeniero y productor.
En otra entrevista le pregunté a Álvaro por esos agradecimientos y me contó que Spinetta le afinó y le prestó una guitarra para grabar “Me rompió el corazón”. ¿Lo recordás?
Es muy probable que haya ocurrido, porque en esos estudios había instrumentos que en Chile no existían todavía en esa época. Nosotros no andábamos con muchas guitarras Martin ni cosas así, entonces es probable que Luis le haya prestado alguna. Él era un tremendo guitarrista, muy amable, cálido y humilde, y le gustó mucho nuestra música.
Después vino la etapa con Joe Blaney [productor de Clics modernos, de Charly García, y Alta suciedad, de Andrés Calamaro]. ¿Cómo fue trabajar con él?
Sí, Joe Blaney es un productor con mucha experiencia. Nos permitió explorar nuevas posibilidades y darle una pulida muy profesional a nuestro sonido. Grabamos en un estudio enorme, muy diferente a los primeros años, con muchos instrumentos y una sala gigante [Bearsville Studios, en Woodstock, a las afueras de Nueva York, donde se grabaron discos como Grace de Jeff Buckley, Automatic for the People de R.E.M. y King for a Day… Fool for a Lifetime de Faith No More]. Eso ayudó mucho a que Fome tenga ese sonido especial. Fue un aporte increíble.
Esa época fue muy intensa.
Sí, estábamos en el camino hacia un quiebre, con una urgencia y una energía especial. La sangre en el cuerpo es un disco bueno, pero también un poco agitado, mareado por la fama, la sobreexposición, los viajes. Todo eso genera cansancio, pero a veces de las crisis salen cosas buenas. Con Fome y La sangre en el cuerpo, los dos producidos por Joe Blaney, llegamos a un punto de madurez muy alto. Grabar en un estudio así nos dio espacio para probar más, sumar instrumentos y explorar ese humor ácido y esa tristeza que atraviesan las canciones.
¿Y ahora? ¿Hay planes de volver a Buenos Aires?
Sí, tenemos planes de volver a Buenos Aires. Estamos a punto de salir a mostrar canciones nuevas y queremos prolongar esta reunión. No quisimos partir con el disco, sino dejar que la reunión se diera de forma natural, y justo se dio en un momento de conciertos grandes y mucha energía. La idea es seguir adelante.


