Fonso no salió de un capullo, su primer LP solista es del año 2015 (Zugzwang). Diez años de discos, estudios y ciudades. Lo que sí es nuevo es lo que se generó a partir de Día del trabajor (2023): una banda. Fonso y Las Paritarias editará su segundo álbum este viernes, que cuenta con catorce canciones registradas en Romaphonic e inspiradas en la literatura de los años veinte, la experiencia colectiva (compusieron todos) y la certeza de que se juntaron para quedarse en la primera línea del rock nacional. Como dicen en “Gris analgésico”, el primer corte de lo nuevo: ¡Hola Perlongher, falso contacto!
“Cuando salimos de gira, lo primero que ponemos es el Dúo Salteño”, dice Fonso mientras desarrolla lo que piensa del nacionalismo y el foco de la música argentina que le interesa. Para él están en el mismo plano Cuchi Leguizamón y Andrés Calamaro. En efecto, el rock argentino ya es un folclore más de la música argentina y las nuevas generaciones lo empiezan a escuchar desde ahí. “Nunca vi a Sumo ni a Los Redondos, como nunca vi a Piazzolla ni a Yupanqui”, cierra el cantante de Las Paritarias. Escucha todo.
Tres escenas para una película pueden ser pocas. Tres escenas para el inicio de algo pueden estar bien. La secuencia narrativa de Las Paritarias tiene apenas dos años de ruedo pero ya puede postularse en una competencia de cortos. “En Perú nos hicimos muy amigos. Fuimos cómplices de una gira desastrosa. Cuando volvimos seguimos tocando. Ahí Nacho (Haye) se va con Dillom y entra Seba Puntillo, un amigo de Hurlingham. Grabamos el disco y bueno, decidimos seguir como banda”, cuenta Fonso.
Escena 1: Low.
Después de vivir un año en el norte de Berlín, en el barrio de Wedding, Fonso se hinchó las pelotas. Aunque había conseguido un buen trabajo en gastronomía, tocaba por todos lados y vivía tranquilo, no le encontraba la vuelta a la vida en Europa. No encontraba eso que buscan los que se van de su país. Más todo lo contrario: necesitaba volver al suyo para que su música tenga sentido. Un día en su casa, con la estación a una cuadra y cerca de donde estaba el Muro de Berlín, con un colchón en el piso y un bloque de departamentos rústicos de frente, pensó: “Quiero hacer música en español”. América para los americanos, se dijo como si estuviera brotando una semilla de Bruce Springsteen en Buenos Aires, y finalmente se volvió. Antes, por supuesto, hizo un disco: Wedding (2020).
De corrido, y muy claro, Fonso explica lo siguiente: “Mercedes Sosa decía que ‘lo mejor de irse es volver’ y realmente es así. La identidad nacional para mí es todo. Se volvió todo. Hay gente que no piensa así pero la que ama a su país, cuando se va, se da cuenta de cómo lo ama. Encima nadie entendía lo que comunicaba con mi música. Entonces lo único que termina siendo importante es si suena bien y a mí eso me mata. A mí me gustan las letras, a mí me gusta escuchar a Calamaro, que me pase algo en la vida y decir ‘ah, como ese tema de Andrés’. Una conexión espiritual con la música. Bueno y cuando volví dije ‘tengo que hacer música en América. Tengo que estar acá, haciendo música en español, para gente como yo. Basta de Berlín’, como dice Lucas Martí y toda esa gilada”.
Así nació Día del trabajador. Uno de los mejores discos del rock argentino de 2023. El primero como Fonso y Las Paritarias. El primero de Fonso con banda y productor. Leandro Lopatín (de Turf) se convirtió en el director de una orquesta de rock nacional. Historias urbanas de los trabajadores de Buenos Aires. El perfume del peronismo rondando pero no marchando. No es un disco político, es un disco que retoma la narrativa urbana real. Que deja de lado los sentimientos y la abstracción del indie y le prende una vela a Javier Martínez, Moris, Juanse, Calamaro, Charly García y también al Dúo Salteño y a Larralde. “Sentía la necesidad de retomar el nacionalismo”, dice Fonso desde su casa. Atrás se ve un vinilo de Sui Generis.
Escena 2: La hora de los hornos.
Fonso está en el living de la casa de Lea Lopatín. Los dos están callados, miran La hora de los hornos, la película de Pino Solanas. El encuentro tiene que ver con eso: cómo retomar el nacionalismo desde las canciones, cómo alejarse del indie todo lo que pueda. En vez de hacer mesita en una facultad, Fonso recurrió a la cultura de masas guiada por el compositor de Turf. En contacto con Rolling Stone, Lopatín dice: “Tenía un montón de canciones y había que seleccionar, encontrar un hilo. Desde el minuto cero tenía la sensación de que estaba todo alineado para hacer ese tremendo disco. Él es un gran compositor y encima tiene una banda impresionante. Fue todo muy hermoso, yo lo venía escuchando desde Some Plays (2017), ese disco me encanta porque está lleno de samples”. Al segundo disco solista, Fonso lo vincula con Castelar, su lugar de origen. Porque a todos sus discos los relaciona con los lugares por donde en ese momento circula. Cuando hizo Día del trabajador estaba viviendo en Congreso.
“Cuando ya teníamos definidas las canciones me puse a pensar en los invitados. Y la primera que se me vino a la cabeza fue Marilina Bertoldi. De arranque me dijo que tenía un montón de colaboraciones y que no podía con tanto pero cuando escuchó el tema se decidió”, cuenta Lopatín. La compositora de Prender un fuego (2018) aceptó la invitación y a los pocos minutos estaban construyendo una tremenda canción como “Salir del confort”. “Lo mismo pasó con Melingo”, completa Lopatín, “todo estaba alineado”.
“Cuando empecé a tocar con Fonso me daba un poco de ansiedad ser la única chica, tuve que empezar a desarmar esa idea en mi cabeza y tratar de pensar que somos seis singularidades más allá del género. A veces siento que es muy reduccionista pensar en esos términos”, dice Elena Radiciotti, que también es bajista y cantante de Isla Mujeres; una banda pop de La Plata. “Cuando tocamos con los Fonso sucede una conexión que está por encima de todo, se lleva puesto todo. Es muy fuerte lo que pasa musicalmente, una energía arrasadora que deja en segundo plano todas las disonancias que pueda haber en el grupo”, explica respecto a lo que Las Paritarias generaron a la hora de salir al ruedo. “Casi no ensayamos”, dice Fonso, “no es necesario, hay algo que se activa y que nos conduce”.
Piter Mazda es imparable. Venía de tocar teclados en otro proyecto pero a Fonso le gustaba cómo tocaba la guitarra. Se convirtió en el ladero de Las Paritarias y su presencia en el proyecto es importante. Y declara como toca: “Como concepción del sonido, como dice Yupanqui en algún vivo de fines de los 80, que le había aparecido un acople, como un retumbe, dice él. Este retumbe hace que el sonido no encuentre su horizonte. Entonces, creo que el desafío está en que nosotros vamos hacia ese horizonte donde la nota se termina de concretar en su totalidad. Esperemos que el sonido siempre llegue así a la audiencia y que no los de adelante le tengan que contar a los de atrás. Que haya claridad, en definitiva”.
Dice Piter Mazda que Las Paritarias se consideran trabajadores de la música. Y que lo que logró Fonso con el enfoque estético y conceptual es, en definitiva, la imagen simbólica de “un chaboncito sosteniendo el peso”. Y agrega: “Hay una frase que sale de Vikingos (serie) donde Ragnar (el protagonista) le dice al hijo que si quiere ser el rey alguna vez de esas tierras, tiene que saber agacharse. Porque un rey se agacha, se arrodilla y se embarra. Entonces, ahí está la búsqueda también, la de construir siempre desde abajo hacia arriba”. Las Paritarias, entonces, se formaron en los estudios Panda mientras nacían las canciones del primer disco. Se completan con Martín Luchina (piano y sintetizador), Sebastián Puntillo (batería) y Octavio Majul, sí, el hijo de Luis (percusiones y efectos). A él se le ocurrió el nombre de la banda.
Escena 3: Hudson.
Fonso y Las paritarias armaron una especie de retiro en Hudson para componer el segundo disco. Llevaron sus lecturas, algunas enfocadas en los años 20 de la literatura argentina, sus cuadernos personales con otras anotaciones y se comentaban entre todos. De ahí salieron muchas de las nuevas catorce canciones. El proceso fue colectivo, por eso Fonso no es el compositor de todas las letras. También llevaron otras cosas a Hudson, Piter el solo de surf rock de “Gris analgésico”, el primer corte de Fonso y las paritarias. “Sí, se va a llamar como nosotros así ya nos sacamos los homónimos de encima”, dice Fonso.
“Se leyó más Macedonio Fernández, Borges (joven), Güiraldes (Don segundo sombra), El Facundo y los diarios de Sarmiento, un poco de Arlt, pero más que nada, eso y después algunas cosas más nuevas tipo Néstor Perlongher. Rimbaud estuvo presente. Y este libro que me gustó mucho”, dice Fonso y levanta el gran texto titulado Coplas populares de Jorge Ávalos. “Fue más trabajo de escritura que musical. Porque la música salía sola, pero necesitábamos caer con texto. Yo me ponía a hablar arriba de una historia, algo que surgía de ese intercambio, frases, ideas. Entonces hay más historias, más profundas que en el disco anterior por ahí. Es un poco dramático en general. No tan crónica, tiene algo de realismo mágico”, cierra Fonso mientras Piter cuenta que hasta se imaginaron adentro de una familia ficcional de Néstor Perlongher. Suena como un Cien años de soledad, pero en el interior de la provincia de Buenos Aires. Le dicen “udson” a Hudson, y así lo cantan también en el nuevo blues que se quedó con ese título.
El tema apertura se llama “Sigo pensando igual” y la primera frase arriba de un rock-pop dice: “No necesito esa remera de H&M”. Fonso no se arrepiente de haberse vuelto de Europa sino todo lo contrario. Sigue pensando igual. El disco amplía lo genérico de Día del trabajador. Va del boogie de “Perro mestizo” y la balada bucólica de “Sabias palabras” al rock clásico de “Boluvar” (con Ramiro Sagasti de Pérez como invitado) o “Poeta maldito” (donde hablan de Carlos Busqued) y la zamba acústica en “Días de consenso”. Fonso viene hablando de lo que antes era su música y de la simpleza que consiguió con Las Paritarias. “Un poco lo logré, la verdad es que lo que más quiero es que mi canción aparezca en la cuerda.net y la pueda tocar un pibito de 12 años, con la guitarra de la mamá”.
La escena es conocida: Durante el primer viaje loco de Los Redondos a Salta el Cuchi Leguizamón los fue a escuchar. Tocaron en un cabaret y, entre el humo, el gran compositor argentino movía la cabeza con algunas de las canciones que luego formarían parte de Gulp. Ese cruce de miradas entre dos músicas populares es el equilibrio que está buscando Fonso. O como dice Piter Mazda sobre Las Paritarias: “Nos llamamos así porque siempre vamos para arriba”.


