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Sonidos que transitan: música y migración en el futuro

Se calcula que hay 281 millones de migrantes y refugiados internacionales en el mundo. La humanidad fluye más allá de las fronteras, llevando consigo los sonidos del presente y del futuro

Por  LAURA VÁSQUEZ ROA

mayo 15, 2024

Rolling Stone en Español

Las tierras fronterizas están presentes de forma física siempre que dos o más culturas se rozan… cuando el espacio entre dos personas se encoge con la intimidad compartida

Gloria Anzaldúa

Si hay un arte que traspase fronteras a toda velocidad y sin permiso, esa es la música. No es la única, pero es quizás una de las formas de producción cultural más difundida y con mayor posibilidad de creación colectiva, si se compara con otras artes. Pensar en muros que detengan el fluir del arte es absurdo, lo cual no quiere decir que las fronteras no tengan consecuencias en el presente y el futuro de la música.  

La historia de la humanidad es la historia del fluir de las ideas y los sonidos. Aun así, habitamos un mundo en contradicción que está cada vez más globalizado y que al mismo tiempo tiene fronteras más fuertes. En estas condiciones, la circulación musical se filtra entre los muros, no solo los físicos, encontrando su lugar, rozando otros sonidos y creando intimidad (como dice Anzaldúa) para dar origen a unos nuevos.

No se requiere mucha experticia musical para saber que los géneros que conocemos tienen orígenes e influencias que han viajado hasta miles de kilómetros para crear lo que hoy llamamos salsa, jazz, reggaetón, rock. Pero ¿cómo darán forma las migraciones a los sonidos del futuro?

Primero, hablemos de lo que ocurre hoy. 3.6 % de la población mundial es migrante internacional y para 2020, uno de cada cuatro del total de migrantes en el planeta residía en el continente americano. En el mundo hispanohablante, y sobre todo en América Latina, se vive un gran movimiento migratorio desde la última década, ya no solo hacia Estados Unidos, Canadá o España, sino dentro de la misma región.

Migrar también es inspiración para crear

En 2016, Me rehusó de Danny Ocean se convirtió en una de las canciones más sonadas del año. El éxito que representó ese hit para el cantante de origen venezolano ya es conocido, pero además de hablar de una historia de amor interrumpida, la canción es una historia de migración. Al tener que irse de su país y dejar un amor, Danny Ocean puso su experiencia en la composición. “Si no hubiese emigrado yo no hubiese compuesto Me rehúso. Mi mayor fuente de inspiración siempre ha sido Venezuela y ese anhelo de querer volver, de estar con tu familia”, dice.

Aunque el origen de la canción surge de una experiencia muy personal, en ese momento muchas personas estaban saliendo de Venezuela y vivían cosas similares. Como recuerda, “2017 fue un éxodo muy agresivo para los venezolanos y muchos estaban pasando por algo similar a lo que yo estaba narrando en mi historia. Al final de cuentas creé una historia que vivimos muchos”.

Las trayectorias migratorias pueden ocurrir mucho antes de cruzarse con el arte, o incluso marcar un antes y un después. El cantautor Yadam nació en Venezuela y pasó buena parte de su infancia en Estados Unidos. En la adolescencia tuvo que volver a su país, pero cuando cumplió 18 años migró a Francia gracias a un concurso de canto. Como artista queer y trilingüe cree que la migración ha sido su mejor fuente de inspiración y el mayor impulso que ha tenido para crear: “Para mí es un viaje de valores; un juego de sacrificio y riesgo. Yo creo que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde, y cuando uno es inmigrante y sacrifica el lugar donde nació, los amigos, la familia, su cultura y más, por llegar a un lugar y querer construir algo nuevo y “mejor”, aprecias muchísimo más eso que antes para ti era dado”. Aquí hace una pausa para contrastar su relato.

A pesar de que Yadam reconoce que extraña las costumbres, caras, calles y ruidos, y que eso puede parecer algo triste, también representa una gran fuerza: “A nivel artístico yo creo que es la mía. Encuentro eso que dejé atrás, esa parte de mí que extraño, en mis composiciones. Nace naturalmente a la hora de escribir, porque es sincero y la música en este caso es un medio de conexión e intercambio con el de donde vienes, y el de ahora que ha vivido y conocido más y nuevas cosas”. En ese desafío de ser artista independiente siendo inmigrante y buscarse la vida, recuerda que la sensación de “poder perderlo todo” se volvió un impulso enorme para creer en su proyecto y defenderlo a capa y espada. 

Una historia de vida marcada por la migración, pero en un sentido aún más amplio, es la del músico Elkin Robinson, nacido en la isla de Providencia, Colombia. Él está completamente seguro de que su música es resultado de la migración: “No solamente por la diáspora de mis ancestros desde África y Gran Bretaña al Caribe, sino también por las migraciones que ocurrieron para construir el canal de Panamá, allí de formó un melting pot que influenció la música de San Andrés, Providencia y Santa Catalina”. Sin embargo, su historia de migración no solo está en las raíces. En su vida adulta fue migrante interno cuando estudió música en la capital del país y luego su trayectoria profesional lo llevó a España. Allí descubrió otras formas de tocar y expresarse “ya no solo escribía sobre el pescador, y esos elementos culturales de las islas, sino que esa nostalgia de estar lejos me inspiró a escribir también de lo que no estaba bien, pero de una forma muy espiritual”, recuerda.

Fue así que se reafirmó en que la conexión entre migración y música era indivisible, pues como dice: “al mirar más allá del Caribe descubres el rock, y por ello nace el reggae, o en mi caso tomo la guitarra para tocar un calypso, pero oyes a tu padre tocando country, que aprendió siendo un inmigrante en Estados Unidos, así nace Sun a Shine”.

Al ser hijo de una isla caribeña colombiana, pero que tiene raíces angloparlantes, Elkin Robinson enfrentó situaciones de extrañeza frente a entornos que para otros colombianos supuestamente son cercanos culturalmente. Fuera en Bogotá o luego en España, algo parecía no encajar del todo: “Al ser anglo y estar en un país hispanohablante no dejas de estar en un acuario dentro del mar, un ejemplo de ello es el hecho de ser colombiano, formar parte de una industria de música latina, pero que tu música no pueda ser reconocida como tal. Obviamente tiene todo el sentido hacer Calypso en Providencia, pero en España es una rareza”.

En medio de esos encuentros y desencuentros, la migración es, ha sido y seguramente será el combustible de la evolución musical para muchos artistas. Crea las condiciones para la mezcla de nuevos sonidos que en realidad son antiguos, pero que su novedad reside en el acercamiento a nuevos públicos que se interesan en ellos y al hacerlo se convierten en nodos de nuevas redes que nos conectan como humanidad.

El futuro de la música seguirá fluyendo

De la misma forma en que la migración supone retos para las sociedades y los gobiernos en el presente, en el futuro exige mejor preparación para atenderla, garantizar derechos y asumir compromisos para dar condiciones dignas a quienes ejerzan el derecho humano a migrar. En ese flujo de personas, saberes y artefactos, se engrandecen las culturas que entran en contacto. Precisamente, Danny Ocean cree en lo enriquecedor del intercambio cultural que se seguirá viendo en los próximos años, no solo en la música. Reflexiona, por ejemplo, sobre los chicos y chicas de Venezuela que viven a lo largo del continente y que no solo crean un slang particular, como ocurre en Estados Unidos, sino que se encuentran con ritmos locales como los corridos en México.

Ya son varios años desde que la música latina se abrió camino en los mercados internacionales, especialmente en los tiempos más recientes. Tal vez por eso Yadam ve en el futuro una mayor expansión de la influencia latina en el mundo del entretenimiento. “El hecho de que estemos dispersos por tantas partes del mundo facilita la difusión de nuestra música en lugares donde quizás antes no podíamos imaginar y nos brinda una oportunidad para seguir creciendo en nuestra carrera. A nivel interno, me parece reconfortante ver cómo los artistas latinos nos encontramos en diferentes lugares del mundo y creamos una comunidad de apoyo para nuestros diversos proyectos”.

El fluir humano y no humano, es decir, los sonidos, los instrumentos y las costumbres que viajan con la migración, son para Elkin Robinson no solo una posibilidad de mezcla, sino una gran bandera de paz y armonía: “La migración seguirá haciendo paz en la música para que un calypso se abrace con un reggaetón y le enseñe a escribir poesía, o escucharemos por primera vez un rock con swing caribeño. Toda la música para mí es un resultado de la migración, de un va y viene, pero también un resultado de mirar más allá de nuestra cultura”.