P&R: Bocafloja

El rapero mexicano, uno de los 50 grandes en nuestro idioma para ROLLING STONE en Español, reflexiona sobre su historia desde el hip hop y el activismo.

febrero 6, 2025

Cortesía prensa Bocafloja

Al comienzo, Aldo Villegas (Bocafloja) se conectó con el hip hop porque se sintió identificado con unas  manifestaciones culturales que veía cercanas a su realidad, pero no entendía plenamente las posibilidades que este universo le ofrecía más allá de lo artístico. Con el paso del tiempo, la experiencia le permitió ver el contexto histórico para ofrecerle referencias políticas. Reconoce que habría podido ser un rapero completamente distinto, pero habría sido una irresponsabilidad, “considerando que vengo de una familia de clase trabajadora y soy un sujeto racializado”.

Cuando a comienzos de 2024 ROLLING STONE en Español convocó a un panel para escoger los grandes nombres en la historia del rap en nuestro idioma, el nombre de Bocafloja estuvo allí como reconocimiento a su trayectoria y a su aporte en la conciencia de esta cultura en la región.

“En el contexto de México en los 90, estábamos viviendo lo que llamaban ‘la dictadura perfecta’”, recuerda. “Me tocó ese momento más álgido de la transición entre la dictadura del PRI y el proceso de derecha más rancio del PAN. Fue una etapa muy convulsa para ser joven en la Ciudad de México. Fue el momento en donde se gestó la huelga de la UNAM y el levantamiento del EZLN”.

El hip hop le llevó a la política, le abrió las puertas del mundo audiovisual, y lo metió en el mundo de la literatura, al punto que fue invitado recientemente al Hay Festival en Colombia, presentándose al lado de grandes nombres de la política, las letras y la cultura. “Me entiendo como un artista multidisciplinario”, asegura. “Creo que el hip hop parte de un epicentro creativo e histórico dentro de mi formación, incluso política y artística”.

Tu trabajo tiene un enfoque claramente sociopolítico, ¿qué perspectiva tienes de ese otro rap que decidiste no hacer?

El rap, como forma artística, tiene una carga política por la mayoría de los sujetos que lo enunciamos. Yo entiendo el universo de lo político más allá de lo literal, más allá de deliberadamente estar diciendo canciones que puedan leerse en automático como una “forma de protesta”. Creo que el tipo de enganche que tengo con la cultura va más allá de la protesta como una reacción inmediata; es un ejercicio de producción intelectual que profundiza, que le cambia un poco el sentido al tipo de producción que surge de las experiencias de periferización y empobrecimiento. Tiene un sentido crítico y un valor político en sí mismo. Ese era el espacio en donde podía contribuir más. Yo escucho rap y he escuchado rap de todos los universos posibles, todas las tendencias o narrativas, y encuentro valor en todas ellas. Considero que mi contribución radica en profundizar y en hacer un ejercicio de música y de escritura que corresponda con un proyecto más a largo plazo. 

¿La escogencia de este camino tiene que ver con un proceso gradual, o puedes identificar algunoss hitos definitivos?

Es súper gradual. Mi primera aproximación al hip hop, al empezar a escribir a los 16 o 17 años, fue más una fantasía sobre lo que correspondía a la realidad de un chamaquito despolitizado hasta cierto punto. Estaba fantaseando con esta lógica del estilo de vida de tener carros, joyas y demás. Pero, cuando me di cuenta de que había una audiencia que prestaba atención a lo que estábamos haciendo, entendí muy rápido que había una responsabilidad sobre lo que hablábamos. En el primer momento en que la gente me empezó a cuestionar sobre lo que estábamos diciendo, yo dije, “Espérenme tantito, aquí implica que uno asuma esta oportunidad de comunicación de una forma más responsable”. Eso, aunado al momento histórico, al contexto social, y a mi paso de adolescente a adulto, es lo que me hizo politizarme y entender las necesidades y las posibilidades del arte como un elemento súper importante en cualquier movimiento de transformación social. Empecé a entender que no ha habido ningún movimiento de transformación social exitoso en el mundo que no haya ido acompañado de ideología, cultura y arte. Siempre necesitan ese empuje para conectar con la gente. Entonces, asumí mi rol como un trabajador cultural, más que como un entretenedor.

¿Sientes que una porción importante del rap, que se enfoca más en el ego trip, con lo competitivo y todo esto, le quita visibilidad al aspecto político, combativo y de conciencia que puede tener el movimiento?

Pienso que todo depende de cómo se ejecute. Creo que las narrativas que evocan meramente al ego trip las puedo leer más como una herramienta de comunicación, como un recurso literario, un ejercicio de escritura que utiliza la narrativa en primera persona, y una serie de figuras y alegorías de lenguaje para ensalzar X o Y. Pero yo creo que, incluso dentro de esa misma lógica, se puede mantener una cierta esencia o responsabilidad hacia el entorno. Es curioso, pero pienso que hay un montón de artistas que tienen proyectos con esa naturaleza, pero, en el momento en que tienen la oportunidad de hablar o posicionarse frente a X o Y situación que está sucediendo en su comunidad, la tienen bastante clara. Creo que eso es bastante saludable. Eso es muy diferente a otros artistas que deliberadamente son militantes del fascismo, ahí es cuando entra un choque complicado. Creo que son dos universos diferentes, pero pienso que coexistimos de alguna manera.


“Empecé a entender que no ha habido ningún movimiento de transformación social exitoso en el mundo que no haya ido acompañado de ideología, cultura y arte”.


Háblano un poco de lo que has hecho con tus libros.

Mi primer libro se llama Imarginación y fue la primera vez que incursioné en ese formato de producción literaria; es básicamente una colección de poemas y algunos ensayos. Tuvo una aceptación muy buena y una distribución a través de una editorial independiente en México; nos fue bastante bien. Luego publiqué un libro que se llama Prognosis, que es la primera vez que publico en inglés y en español. Está más enfocado al ensayo y la poesía, haciendo un ejercicio de transcreación literaria al colaborar con una poeta negra estadounidense que transcreó mi poesía al inglés de una forma más justa, para respetar el valor poético que la traducción literal.

Recientemente publiqué Del mondongo al ojalá, que es una colección de historias cortas, microrrelatos, y es la primera vez que publico mi fotografía. Tiene que ver mucho con la posibilidad política que hay en la fe. Habla sobre colonialidad, racialidad, que son también temas transversales de mi proyecto, pero a partir del júbilo, del gozo, de la creación artística y la imaginación política. Creo que se diferencia porque hago mucho énfasis en crear este tipo de narrativas bastante críticas sobre temas que pudieran resultar un tanto pesados, pero a partir de experiencias mucho más llenas de júbilo; no del trauma, no del dolor, sino, incluso, del humor.

¿Qué representa para ti traer tu trabajo a un festival en el que hay gente que hace literatura en el sentido más tradicional, e incluso deportistas y personajes de la política?

Es muy importante porque creo que es fundamental descentralizar la figura del intelectual y del artista, que proviene únicamente de un espacio concreto, específico y tradicional. Me parece crucial poder estar formando parte de un diálogo intelectual o artístico en la misma mesa con cualquiera, entendiendo que hay una multiplicidad de experiencias que circundan el mundo, y no hay razón para verlas como inferiores o marginales.


“El hecho de que sean aviones militares los que están haciendo el trasiego de las personas en condición extralegal no es fortuito, está lanzando un mensaje concreto que refiere a una transgresión violenta, belicosa, con ganas de joder”.


Trump acaba de volver al poder en EE.UU., me gustaría conocer tu perspectiva sobre este nuevo mandato en relacción con la política internacional y la postura de ese gobierno ante las migraciones.

Es un momento histórico bastante complejo por todo lo que representa en términos políticos a nivel interno y externo. Sin embargo, pienso que uno de los asuntos más escandalosos es la carta abierta para su base de seguidores más rancia a la hora de manifestar abiertamente, y con un cierto respaldo, no solamente en lo simbólico, sino en lo material, actos deliberadamente fascistas a lo largo y ancho de los Estados Unidos. Yo, viviendo dentro de ese contexto -que igual tengo el privilegio de tener un pasaporte estadounidense- logro entender el cambio en la lógica operativa en términos de la violencia, del acoso, de la persecución a todo tipo de disidencia, de subjetividad, que difiera a la hegemonía blanca estadounidense en su versión más conservadora, incluso ahistórica.

Si hablamos de lo que hubiera representado la victoria del Partido Demócrata con Kamala Harris, en términos de agenda política no difiere tanto de la del Partido Republicano, pero sí en la forma en que este opera en términos prácticos dentro y fuera de los Estados Unidos. Es decir, el modelo de Kamala Harris, es la democracia liberal que igual tiene sesgos claros de políticas fascistas, pero que abiertamente no puede abrazar esta agenda porque se contrapone a los preceptos básicos de su política. En cambio, Trump está en un posicionamiento abiertamente fascista, regresivo políticamente en términos de políticas de género y de reactivar industrias como la automotriz, con una lógica completamente en contra de la dinámica más elemental respecto al cuidado del medio ambiente.

El hecho de que sean aviones militares los que están haciendo el trasiego de las personas en condición extralegal no es fortuito, está lanzando un mensaje concreto que refiere a una transgresión violenta, belicosa, con ganas de joder. No solamente cumple la función del desplazamiento ilegítimo en condiciones infrahumanas de estas personas, sino que abraza una idea violenta de imposición a estos países. Esto va a generar una serie de sacudidas y de crisis migratorias, empezando por México por la cantidad de migrantes que hay allá. Ya lo vimos en el caso de Colombia, de inmediato hay una respuesta sólida y contundente respecto a los posibles efectos de contradecir el mandato.

Es una situación complicada porque nuestros países están atados de manos en términos de la dependencia económica. Creo que es súper importante, ahora mismo, generar un contrapeso de diferentes grupos y organizaciones, políticas, civiles, y a nivel estatal, porque, si se le da carta blanca a este hombre, la situación puede volverse aún más dramática.

RICARDO DURÁN

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