El hombre que está al medio

Un retrato sobre un hombre imperfecto que intenta llevar a cabo una labor noble en beneficio de la paz, la libertad de expresión y la defensa de los derechos humanos

Sandra Lucía Molano Torres 

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
Compartir en email

Cortesía de Alucinante Cine

Como si se tratara de la “mosca en la pared” de la que hablan los documentalistas observacionales, quienes buscan llegar a la inmediatez, la intimidad y la revelación del carácter humano en las situaciones cotidianas con un mínimo de intervención, la directora Sandra Lucía Molano Torres observa la vida de Ascanio Tapias, un hombre tímido, religioso y conservador que trabaja en la Defensoría del Pueblo como mediador de conflictos en un país violento y tormentoso como lo es Colombia.

Ascanio, un hombre abandonado por su esposa y cuyo hijo le reclama su falta de afecto y su descuido en el papel de padre, tiene como labor acudir a las protestas y manifestaciones públicas (incluidos los partidos de fútbol) mediando entre los ciudadanos, la policía y las autoridades gubernamentales, para que las cosas no se salgan de control y terminen en catos vandálicos y de violencia. Su objetivo también tiene que ver con que se respeten los derechos humanos, en un contexto donde los gases lacrimógenos, las palabras insultantes y ofensivas y los actos agresivos son mucho más comunes que el diálogo y los acuerdos.

En este contexto, Ascanio intenta ser una persona neutral, pero generalmente no lo logra. Este hombre apoya el derecho a la protesta, pero, de acuerdo con su hijo, estuvo en contra de los procesos de paz, para que el país no se convirtiera en una “nueva Venezuela”. Y cuando lo acusaron de defender la “ideología de género”, Ascanio responde que no está de acuerdo con la homosexualidad por sus creencias religiosas. Sin embargo, respeta el derecho y la libertad de las personas para expresarse, opinar y reclamar.

Asimismo, Ascanio se ufana de no tener miedo, pero el documental de Molano Torres nos muestra que no es así. Este hombre adicto a la adrenalina y convencido de la causa noble de su trabajo, intenta salir inmune de los conflictos, pero en varias ocasiones termina lastimado, tanto física como emocionalmente.

En una época de polarización política, fanatismo e intolerancia, en donde se nos ha vuelto a olvidar que el diálogo y la mediación son la clave para resolver los conflictos y no la violencia, este retrato de un hombre imperfecto quien probablemente no sabe sobre la obra de Jürgen Habermas, pero que intenta llevar a la práctica su teoría de la acción comunicativa, se convierte en algo extremadamente pertinente.