Dog: Un viaje salvaje

Una road movie entrañable en la que un hombre y un perro aprenden a sanar sus heridas

Channing Tatum, Reid Carolin 

/ Channing Tatum, Jane Adams, Kevin Nash

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

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Cortesía de Diamond

Siguiendo la tradición de cintas como K-9 y Turner & Hooch, llega un nuevo canino dispuesto a acabar con las sillas del auto de su nuevo amo. Esta vez el perro no es un Pastor Alemán o un Dogo de Burdeos, sino un Belga Malinois. Y la contraparte humana ya no es Jim Belushi o Tom Hanks, sino el galán Channing Tatum en su debut como director. 

Dog: Un viaje salvaje, codirigida por Reid Carolin (el productor de las cintas de Magic Mike también debutando como director), nos muestra a Tatum encarnando a Briggs, un soldado dado de baja por sus lesiones cerebrales, quien insiste en que lo vuelvan a reclutar. Su superior promete ayudarlo si se hace cargo de una peligrosa misión, la cual consiste en llevar a Lulu, la perrita del antiguo compañero de armas de Briggs, a su funeral. 

Lulu es una perrita entrenada para participar en combate, que ahora sufre de síndrome de estrés postraumático, el cual se exacerbó con la muerte de su amo. Por lo tanto, después de la ceremonia, el animal será dado de baja y “puesto a dormir”. Lulu también fue la mascota de Tatum, que murió de cáncer y a la que está dedicada esta cinta. 

Como es costumbre con este tipo de películas, Briggs y Lulu al principio no se van a entender, pero poco a poco, el soldado solitario y la perrita traumatizada van a establecer una gran amistad.

Lo que hace realmente interesante a Dog: Un viaje salvaje es que los guionistas Carolin y Brett Rodríguez utilizan este road movie tradicional para hablarnos sobre la tolerancia, el respeto, el diálogo y el amor que tanto necesita nuestra sociedad actual. 

Tatum lo hace muy bien, pero si Clint Eastwood hubiera sido el director y protagonista de esta cinta, las cosas hubieran sido mucho mejores.