Crítica: Trolls 3: Se armó la banda

Pese a una historia predecible, la tercera parte de la saga inspirada en los muñecos de cabezas grandes y pelo alborotado, goza de ternura, colorido, calidez y buena música.

Walt Dohm, Tim Heitz 

/ Con las voces de Anna Kendrick, Justin Timberlake, Eric André, Kid Cudi

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía UIP

Hace casi veinte años, se emitió por el canal VH1 uno de los mejores reality shows de todos los tiempos, por lo menos para los melómanos. Bands Reunited fue un programa que se centraba en reunir bandas musicales que habían estado inactivas o separadas durante un tiempo y ayudarles a volver a tocar juntas. La premisa del programa implicaba que su presentador Aamer Haleem y su equipo buscaran a los miembros de una banda que habían estado separados durante varios años, generalmente debido a desacuerdos internos, cambios en la industria musical o diferencias personales. Luego, Haleem les proponía a los miembros de la banda una reunión sorpresa y les ofrecía la oportunidad de tocar juntos una vez más.

Algunas de las bandas que participaron en el programa incluyeron a grupos representativos de los años ochenta y noventa como A Flock of Seagulls, Berlin, ABC, Klymaxx, Swing Out Sister, The Alarm, The Smiths y New Kids On The Block, entre otros. Durante los episodios, se mostraba cómo los miembros de la banda reaccionaban ante la idea de una reunión, y se exploraban los desafíos y las tensiones que habían llevado a su separación. Algunos se volvían a reunir, otros no. Bands Reunited ofrecía la posibilidad de revivir momentos nostálgicos y ver a sus bandas favoritas reunidas en el escenario. Además, proporcionaba una visión interesante de las dinámicas internas de las bandas y las emociones involucradas en la reunión. 

Ahora, como si se tratara de un episodio especial animado de Bands Reunited, dedicado a reunir a la agrupación *NSYNC, llega a la pantalla grande la tercera entrega de Trolls, esa saga animada de los estudios DreamWorks inspirada en los populares muñecos de cabezas grandes y cabello de colores brillantes y extravagantes, creados por el danés Thomas Dam en 1959.

La primera película, estrenada en 2016, estaba ambientada en un mundo colorido y musical poblado por estas criaturas, quienes aquí manifestaban un gran amor por la música pop. La historia se centró en Poppy (con la voz de una adorable Anna Kendrick), una Troll alegre y optimista; y Branch (en español, Ramón), un Troll más gruñón y pesimista (con la voz de un siempre simpático Justin Timberlake), quienes se ven obligados a aventurarse más allá de su mundo seguro, cuando su aldea es invadida por los Bergens, unas criaturas que creen que comerse a los Trolls les traerá felicidad.

Trolls World Tour (2020) fue la simpática secuela en la que Poppy y Ramón descubren que su mundo es mucho más grande de lo que imaginaban, ya que existen diferentes tribus de Trolls, cada una dedicada a un género musical específico, como el pop, rock, heavy metal, clásica, country, funk, jazz, muzak, reggaetón y más. Pero, debido a la pandemia de COVID-19, Trolls World Tour se lanzó directamente en plataformas de streaming en lugar de un estreno teatral tradicional, lo que, al parecer, afectó el seguimiento de los espectadores a la franquicia.

En esta tercera parte, que vuelve a poner a los Trolls en las salas de cine (como debe ser), los Bergen ya son unos villanos reformados y el Príncipe Grisel (Christopher Mintz-Plasse) y Bridget (Zooey Deschanel), se disponen a casarse y celebrar una romántica luna de miel. Sin embargo, la boda se interrumpe debido a la presencia de John Dory (Eric André), el hermano mayor de Ramón y el líder de BroZone, una popular boy band conformada por Ramón y sus cuatro hermanos, la cual se desintegró por la imposibilidad de generar la armonía perfecta. 

John Dory le informa a Ramón (quien era el bebé del grupo), que su hermano Floyd, el gentil del grupo (Troye Sivan), fue secuestrado por un dúo musical sin talento conformado por los hermanos Velvet (Amy Schumer) y Veneer (Andrew Rannells), una pareja ególatra, materialista, que maltrata a su atenta mánager Crimp (Zozia Mamet). Como si se tratara de una especie de auto tune orgánico, la pareja está extrayendo químicamente el talento de Floyd para ganar fama, fortuna y premios. Como Floyd está encerrado en una prisión de diamante, lo único que puede salvarlo es la reunión de BroZone, para que los cinco hermanos intenten de una vez por todas generar la armonía perfecta y romper así en pedazos la prisión de Floyd. Las películas de Trolls siempre se han caracterizado por su tono disparatado, su atmósfera altamente lisérgica y la carencia de sentido de sus historias, pero esa es precisamente la razón de su encanto.

Es así como Ramón, su novia Poppy, John Dory y el pequeño Diamante (Kenan Thompson), un encantador y precoz troll adicto al chupón, se embarcan en una Van con la apariencia y la actitud de de un perro criollo, para encontrar a Spruce (Daveed Diggs), el atractivo del grupo; y a Clay (Kid Cudi), el gracioso del grupo. Sobra decir que a ellos el tiempo les ha hecho mella, como sucede en la realidad con todas las boy bands de antaño. Menudo, New Edition, New Kids On The Block, Boyz II Men, Backstreet Boys, 2Gether, One Direction, 5 Seconds Of Summer y, por supuesto, *NSYNC, son todas referenciadas aquí. 

En el camino, nuestros protagonistas se topan con Viva (Camila Cabello), la alocada y traumatizada hermana perdida de Poppy, mientras que Grisel y Bridget intentarán tener su luna de miel (necesitamos más de ellos). Los que esperen buena música (otro de los sellos característicos de la franquicia), no se desilusionarán, ya que vamos a tener los éxitos de KC & The Sunshine Band, Sister Sledge, Eurythmics, Dolly Parton, Van McCoy (en una secuencia bien ácida) y nada menos que la reunión de *NSYNC (la banda a la que pertenecía Justin Timberlake), con un nuevo tema.

Se armó la banda está plagada de lugares comunes y es tremendamente predecible, pero la mayoría de sus ocurrencias (muchas de ellas algo subidas de tono) logran funcionar. Esta secuela posee la humanidad, ternura, colorido y calidez necesaria para que tanto los adultos como los niños salgamos de la sala de cine con una sonrisa de oreja a oreja. Ojalá que, para la cuarta parte, Ramón y Poppy viajen a Corea para toparse con los K-Trolls, y que los villanos de turno sean un conejo malvado y un plumífero pesado. Eso sería maravilloso.

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