Detrás de la docuserie: Bon Jovi íntimo, el éxito y la revelación de una faceta desconocida

La productora argentina Giselle Parets cuenta la intimidad del largo trabajo junto a Bon Jovi para lograr la sólida serie que acaba de estrenar Star+

Por  BARTOLOMÉ ARMENTANO

abril 26, 2024

Bon Jovi, a pleno, en la cima del mundo

Gentileza Star+

Cuando se mudó a Los Ángeles, con apenas veinticinco años y un título de la Universidad del Cine, la productora argentina Giselle Parets se embarcó también en un derrotero profesional que vendría aparejado de fruición y reconocimiento. En dos décadas de trayectoria, llegó a integrar el plantel ejecutivo de la compañía Religion of Sports y cosechó, además, ocho premios Emmy, todos atribuibles a su labor en The Amazing Race.

Su más reciente aventura es Thank You, Goodnight: La historia de Bon Jovi, una docuserie de cuatro episodios que se estrenó hoy en la plataforma Star+. El show dista de los lugares comunes con los que se suele tropezar el género documental, y esto quizás se deba a que Parets asumió también las labores de escritura. El resultado es una obra incisiva y con algo para decir, en la que se brinda un acceso privilegiado a la vulnerabilidad de Jon Bon Jovi y se reconstruye la escena de Nueva Jersey que lo albergó en sus orígenes.

A propósito del estreno de Thank You, Goodnight, Parets se sentó con Rolling Stone Argentina para dialogar sobre el proyecto, el foco de su interés y el oficio del productor.

El documental deconstruye la idea del genio y la inspiración divina en favor de la disciplina y el trabajo arduo. ¿Cómo fue, en tu caso, el recorrido que te llevó hoy a trabajar en Hollywood y colaborar con una plataforma como Star+?

Si me decías a los quince años: “Giselle, ¿sabés que cuando tengas 48 vas a escribir y producir la serie de Bon Jovi?”, hubiera dicho que estabas soñando. Para mí fue un poco vivir mi sueño americano a través de la propuesta. Yo vivo en Los Ángeles desde hace veintitrés años y te puedo decir que no importa cuánto talento tengas, cuántos idiomas hables o de qué universidad prestigiosa vengas, la esencia de “tener éxito” o “realizar un sueño” yace en levantarte cada mañana con un propósito y trabajar duro. También la empatía y saber rodearte de gente que te eleva, te desafía y te ayuda cada día a ser una mejor versión. Eso lo volví a ver al haber documentado esta serie con Jon y su banda. No es solamente tener una voz linda, un buen pelo y saber escribir canciones. Hay once puertas que se te cierran, y se te vuelven a cerrar, e igual no dejás de golpearlas.

¿Cómo se origina el proyecto de Thank You, Goodnight?

La idea surge por Jon, que se pone en contacto con Religion of Sports, la empresa con la que trabajo desde hace años. Nos llega un mail muy random a mí y al director, Gotham Chopra, diciendo que Jon estaba en Los Ángeles y quería juntarse a hablar con nosotros porque tenía una idea. Fue raro porque, como lo indica el nombre, nuestra empresa trabaja con atletas de alta gama en documentales de deportes. Pero no dejó de interesarnos. Resulta que Jon había visto un proyecto que habíamos hecho con Tom Brady, Man in the Arena, y quería hablar con la gente que lo hizo, porque le había encantado el lenguaje visual y narrativo. Nos dijo: “Si bien Tom tiene veinte años de carrera bajo su manga, yo tengo cuarenta entonces tengo este deseo de celebrar la trayectoria y el aniversario que está por venir. Quiero hacer el documental definitivo de la banda”. La conversación empezó con un desayuno en Beverly Hills y a las dos semanas estábamos filmando en Nueva Jersey porque Jon estaba armando una mini-gira de quince ciudades. Él había sacado un disco que se llamó 2020 en plena pandemia y no lo habían podido presentar frente a una audiencia en vivo, entonces lo que quería era tantear el terreno.

Un momento de Thank you, Goodnight: The Bon Jovi Story. Gentileza Star+

Nosotros lo acompañamos con el equipo a lo largo de esas quince ciudades chicas y lo bueno fue que pudimos conocernos detrás del escenario, fuera del spotlight. Él estaba en un momento vulnerable y esa mini-gira era de hecho una forma que encontró de probarse y ver si tenía todavía hilo en el carretel. Ahí descubrimos que había un tema de salud con las cuerdas vocales, y que él estaba volviendo de una lesión no solo física sino emocional. Ese fue el punto de partida del documental. Nos dimos cuenta bastante temprano que es la historia del presente, y que sería muy difícil atrapar a la audiencia con una historia contada en pasado. Acá hay una historia presente que hace de hilo conductor y es la de este músico que es un atleta, si vamos al caso. El proyecto iba a durar como mucho un año y terminó durando más de dos. La historia te va llevando a un lugar en el que podés ir expandiendo. Todos sus años de trayectoria sirvieron para cimentar un legado que cambió la textura del pop, te guste o no la banda.

¿Tenías algún preconcepto sobre Bon Jovi que se haya modificado tras haber filmado un documental al respecto?

Hay una enfermedad de cuerdas vocales y también una actitud de trabajo incansable que no deja opción sin explorar. Jon se puso al hombro un montón de terapias y su último recurso fue la cirugía. Ahí te das cuenta el compromiso que tiene. Por esas cinco horas de contenido que ves, hay muchas más horas de filmación y también de no filmación: de conocernos, de entablar esa intimidad, de cosas que se hablaron y se rieron y se lloraron. Fue un proceso muy lindo el de ver a un hombre a punto de cumplir 60 años y empezando a mirar con otra perspectiva. Creo que hay una responsabilidad de decir: “bueno, esto fue lo que hice hasta acá”. Él, además de tener una carrera tan prolífica y exitosa, también tiene una familia exitosa. Hay un matrimonio realmente sólido, hijos, familia y amor. Otras personalidades tal vez no alimentan ese lado de su vida. Cuando se apagan las luces, ¿con quién estás? Con vos mismo. Y tenés que estar muy bien con vos mismo para bancártela. A él le encantaría seguir de gira hasta el día que se muera, pero también sabe que si eso no está en las cartas, tiene una vida feliz.

Contame de esas cosas que se rieron y que los hicieron llorar. ¿Cuál fue la mayor complicación del proyecto? ¿Y la anécdota que más atesores?

Los desafíos no fueron logísticos porque él es una persona muy segura de sí misma, y nunca anda revoleando el ego por la vida. Al trabajar con atletas y artistas de alta envergadura, el ego siempre se pone en el medio y hay muchos niveles de personas con las que lidiar hasta llegar realmente a tu sujeto. Con Jon no fue el caso, él es una persona que agarra el teléfono y te llama si tiene una pregunta. Nos dimos cuenta muy temprano que el proyecto iba a ir para rato. Nosotros habíamos armado un esquema de producción y un esquema financiero para que se estire durante una cierta cantidad de meses, y nos dimos cuenta de que para que tenga la profundidad que tuvo había que perdurar en el tiempo. Lo que hicimos fue armar un equipo súper chico, que fue siempre el mismo. Entonces creamos esa continuidad en la relación y esa confianza con Jon y su familia. Cuando hacés un proyecto de estos, te metés en la vida diaria de esta gente y ahí tuvimos que pivotar a un modelo de producción rudimentario para poder realmente sentir que no estábamos invadiendo el espacio. A veces uno quiere un look genial y tres cámaras, pero lo que no vas a tener es el momento en la cocina o en la habitación de hotel. Tanto Gotham como yo nos dimos cuenta de que tenía que ser enfocado desde lo crudo. Esto fue hecho a mano, y con un hilvanado lento, porque encima los archivos se digitalizaron y los archivistas proporcionaban cosas al equipo de edición y la que llegaba era cada vez mejor que la anterior. Nos tomamos el tiempo de revisar miles de fotos, horas de material de archivo, servilletas con letras escritas. Fue un trabajo de amor, de dedicación y de tedio al mismo tiempo.

En cuanto al momento que atesoro… El primer día que lo conocí. Llegamos a su departamento en Nueva York una mañana de febrero, con un frío bárbaro, y estuvimos esperando abajo en una esquina ventosa del East Village. Cuando respondió el mensaje, Gotham y yo subimos a su casa y yo todavía era la adolescente que bailaba sus canciones en el parlante. De repente, abre la puerta súper relajado y descalzo. Nos hizo café, nos sentamos a charlar, vino su esposa, estábamos en el living de su casa. En un segundo fue caer en la cuenta de que somos todos seres humanos y todos tenemos una historia para contar. La de él, obviamente, de una envergadura y un interés masivo. Pero él estaba igual de interesado en conocernos a nosotros y ver cuál era nuestro punto de vista. En ese momento hubo más de lo que nos unía de lo que nos separaba.