Crítica: Ted Lasso: Temporadas 1-4

Durante cuatro temporadas, esta serie convirtió el fútbol en el escenario de una comedia cálida sobre la bondad, la confianza y las segundas oportunidades

/ Jason Sudeikis, Hannah Waddingham, Brett Goldstein, Juno Temple, Brendan Hunt, Jeremy Swift, Nick Mohammed, Phil Dunster, Toheeb Jimoh, Cristo Fernández, Sarah Niles, James Lance, Annette Badland, Tanya Reynolds, Tracey Ullman, Jude Mack, Faye Marsay, Abbie Hern, Shannon Hayes, Mercedes Assad, Annelise Heywood, Aisling Sharkey, Rex Hayes

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de Apple TV

Ted Lasso, interpretado por Jason Sudeikis, parece salido de una película de Frank Capra. Un hombre bueno, noble y optimista que llega a un entorno escéptico sin renunciar a su manera de tratar a los demás. La serie conoce las grietas bajo esa sonrisa. Ted extraña a su hijo, atraviesa la ruptura de su matrimonio y debe afrontar sus ataques de pánico. Su amabilidad no lo vuelve invulnerable; es la forma que encuentra para seguir acercándose a la gente. Por eso, incluso quien no distingue un fuera de lugar de un saque de banda puede sentirse en casa en Richmond.

Ted Lasso nació de una serie de promociones de NBC Sports para anunciar sus transmisiones de la Premier League en Estados Unidos. En los anuncios de 2013, Jason Sudeikis interpretaba a un entrenador de fútbol americano contratado para dirigir al Tottenham Hotspur, pese a desconocer el fútbol inglés. La serie retoma ese personaje y convierte la premisa publicitaria en una historia sobre un entrenador de Kansas que llega a dirigir un equipo profesional en Inglaterra.

La primera temporada parte de un choque cultural y de un pez fuera del agua que al principio amenaza con agotar sus bromas. Un entrenador estadounidense de fútbol americano debe dirigir un equipo inglés de fútbol soccer. Rebecca Welton, dueña del club y encarnada por Hannah Waddingham, lo contrata para hundirlo y herir así a su exmarido, Rupert (interpretado por el fallecido Anthony Head). Pero Rebecca no tarda en convertirse en algo más que la antagonista de la premisa. Su amistad con Ted le abre una vida que ya no gira alrededor de la venganza, y Waddingham sostiene ese cambio con una mezcla magnífica de autoridad, humor y vulnerabilidad.

Ted transforma el club a través de vínculos muy distintos. Roy Kent, el veterano de mal genio interpretado por Brett Goldstein, debe imaginar quién es fuera de la cancha; Keeley Jones, a quien Juno Temple dota de inteligencia y calidez, aprende a tomar en serio sus ambiciones; y Jamie Tartt, el futbolista egocéntrico Phil Dunster (una mezcla entre Robbie Williams y David Beckham), descubre que el talento no basta para ser un buen compañero. Dani Rojas, el delantero mexicano de Cristo Fernández, entra al vestuario con una alegría que parece inagotable. “¡Yo amo al fútbol!” Es su declaración de principios y una de las expresiones más puras del entusiasmo que la serie quiere contagiar.

Richmond también se sostiene en personajes que viven alrededor del equipo. Leslie Higgins, el asistente de Rebecca interpretado por Jeremy Swift, pasa de ayudarla en su plan contra Ted a convertirse en un aliado leal, con una vida familiar y una calidez que aparecen de a poco. Mae, la dueña del pub a quien Annette Badland le da una autoridad estupenda, convierte el bar en una extensión del vestuario: allí se celebra, se discute y se recibe consejo sin ceremonia. El coach Beard, el amigo inseparable de Ted que interpreta Brendan Hunt, aporta una comicidad enigmática y una lealtad profunda; su vida en la segunda temporada permite que el personaje abandone por un momento el margen y ocupe el centro.

El periodista Trent Crimm, interpretado por James Lance, completa ese mapa. Al principio observa a Ted con el escepticismo profesional de quien espera encontrar la grieta detrás de la sonrisa. Más adelante se integra al equipo para escribir sobre Richmond y comprende que la transformación del club pertenece a todos. Su presencia da a la serie una mirada externa, mientras sus intercambios con Roy y los jugadores alimentan algunas de sus escenas más divertidas.

La segunda temporada sube en calidad porque profundiza las heridas que la primera apenas había insinuado. La doctora Sharon Fieldstone, interpretada por Sarah Niles, ayuda a Ted a reconocer que acompañar a los demás no reemplaza la necesidad de pedir ayuda. Rebecca afianza su amistad con él; Roy encuentra un nuevo lugar como entrenador; y Nate, el antiguo encargado de los uniformes que Nick Mohammed interpreta con una mezcla cada vez más dolorosa de inseguridad y resentimiento, empieza a confundir el reconocimiento con el poder. La serie amplía también su mirada con la historia de Sam Obisanya, interpretado por Toheeb Jimoh, que enlaza el fútbol con el racismo y la responsabilidad de las empresas. La comedia gana profundidad sin abandonar su ternura.

La tercera temporada cierra ese recorrido con broche de oro. Richmond vuelve a la Premier League, Nate se marcha al West Ham y Ted empieza a preguntarse si debe seguir lejos de su hijo. Roy, Keeley y Jamie enfrentan decisiones que ya no dependen únicamente de sus relaciones amorosas o del rendimiento del equipo. Trent Crimm se acerca al grupo y cambia el enfoque de su libro. La historia pertenece a Richmond, no solo al entrenador que le dio nombre a su estilo. El final permite que Ted regrese a Kansas sin convertir su partida en una derrota. La serie había contado cómo un equipo aprende a jugar unido; también sabe reconocer cuándo ese aprendizaje ya puede continuar sin su maestro.

La cuarta temporada sorprende al retomar la historia después de ese cierre. Ted vuelve a Richmond para dirigir a las Lady Greyhounds, el equipo femenino de segunda división. Alice Chilton, interpretada por Tanya Reynolds, había aspirado al puesto y queda como su asistente, con una desconfianza comprensible ante la llegada de otro hombre a un cargo que ella podía ocupar. Su sequedad y su rigor ofrecen un contrapeso necesario al método de Ted. 

A la vez, el nuevo plantel femenino abre la puerta a personajes y conflictos distintos.  Katie “Boots” Quinn (Jude Mack), una arquera de carácter fuerte que no usa guantes; Niamh y Siobhan Harrigan (Aisling Sharkey y Rex Hayes) , dos hermanas irlandesas que chocan entre sí; Gemma Jay (Abbie Hern), la delantera ambiciosa; Lizzie Davis (Faye Marsay), la jugadora de carácter fuerte que también es madre;  y Shannon (Shannon Hayes), la joven que ya aparecía jugando al fútbol cerca de Ted en temporadas anteriores.

La serie pone sobre la mesa los obstáculos de las jugadoras, desde la falta de inversión hasta las exigencias alrededor de las lesiones, la maternidad y el acceso a espacios del club. En los primeros episodios, sin embargo, el equipo aún necesita tiempo para adquirir la individualidad y la química que hicieron memorable al vestuario masculino.

La gran Tracey Ullman aparece como Zelda Southport, una figura del mundo empresarial del deporte femenino que conecta a Rebecca y Keeley con nuevas posibilidades para el club. Su incorporación ensancha el relato más allá del campo y le da a la dupla una aliada con experiencia en un sector que apenas empezamos a conocer. Pero el regreso de Ted y las dinámicas familiares de Richmond ocupan tanto espacio que la temporada tarda en entregar el protagonismo prometido a las jugadoras.

La cuarta conserva el gusto por la bondad y la reconciliación, aunque todavía no recupera la potencia de las tres primeras. Alice y las futbolistas ofrecen un campo fértil para la comedia y el drama; Rebecca, Keeley y Zelda pueden explorar el futuro del club desde otro lugar. En sus primeros episodios, la serie confía demasiado en la familiaridad de sus personajes conocidos y deja al nuevo equipo esperando su turno.

Aun así, Ted Lasso mantiene algo valioso: mira a sus personajes con generosidad y les concede espacio para equivocarse, cambiar y volver a intentarlo. Las tres primeras temporadas forman una historia completa y profundamente reconfortante. La cuarta mueve las piezas y propone otra clase de equipo; el desafío está en lograr que sus nuevas jugadoras ocupen el campo con la misma fuerza con que Ted, Rebecca, Roy, Keeley y compañía conquistaron el nuestro.

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