Crítica: Scary Movie 6: Terroríficamente incorrecta

El regreso de los Wayans y del elenco original a la franquicia recupera parte del espíritu anárquico de la saga, aunque la mayoría de los chistes llegan tarde, son repetidos o simplemente no poseen gracia.

Michael Tiddes 

/ Anna Faris, Regina Hall, Marlon Wayans, Shawn Wayans, Olivia Rose Keegan, Sydney Park, Dave Sheridan, Kenan Thompson.

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía

Lo primero que hace bien la sexta entrega de Scary Movie 6 es recordarnos cuánto extrañábamos a Anna Faris, Regina Hall y a la familia Wayans, conformada por Marlon, Shawn, Damon Jr., Kim, Gregg, Ilia, Mar y Craig (Damon padre no está involucrado y Keenan Ivory participa en el guion). Lo segundo que hace es recordarnos por qué esta franquicia llevaba más de una década enterrada.

La película abre con una secuencia que parece prometer una resurrección. Una celebridad nominada al Óscar aparece en pantalla, Ghostface, el asesino enmascarado en su versión paródica entra en acción (recuerden que el nombre original de Scream propuesto por Wes Craven era Scary Movie) y durante unos minutos reaparece esa sensación de caos desvergonzado que convirtió a las dos primeras entregas en fenómenos culturales. Uno piensa que quizá el regreso de los Wayans era exactamente lo que necesitaba la saga.

Luego la película continúa y ahí empiezan los problemas. La premisa vuelve a apoyarse casi totalmente sobre Scream, algo que ya parece un infomercial de la saga, más allá de la anécdota cinéfila. En el año 2000 tenía sentido parodiar una película que había redefinido el cine de terror adolescente. En 2026, hacer una parodia de una franquicia que lleva décadas parodiándose a sí misma, se parece a fotografiar una fotocopia borrosa de otra fotocopia borrosa. Eso también pasa con una escena en el metro que funciona muchísimo mejor en la resurrección de Leatherface en la infravalorada nueva versión de Texas Chain Saw Massacre (llamemos a esto pronombres contra celulares).

Ya que hablamos de Leatherface, la película intenta compensar el sesgo hacia Scream disparando en todas direcciones. M3GAN, The Substance, Smile, Get Out, Sinners, Weapons, Nosferatu, Halloween, Terrifier, Longlegs, I Know What You Did Last Summer, It Follows, inclusive John Wick (la saga de The Conjuring merecía algún tipo de referencia). Es una lástima que no se hubiera alcanzado a parodiar Obsession y Backrooms, dos cintas de terror recientes terriblemente sobrevaloradas y que merecían mofas y burlas. 

El problema es que reconocer una referencia no equivale automáticamente a una broma. Demasiadas veces el guion parece convencido de que mencionar una película es suficiente para provocar una carcajada. Y pues no lo es.

El regreso de Cindy Campbell funciona principalmente gracias a Anna Faris. Su talento para la comedia física sigue siendo extraordinario. Faris entiende algo que muchos actores olvidan y es que una estupidez dicha con absoluta convicción resulta mucho más divertida que un chiste explicado. Incluso cuando el material no está a su altura, ella encuentra maneras de exprimir una sonrisa e inclusive referenciar a The House Bunny.

Regina Hall no se queda atrás. Ella sigue siendo un arma de destrucción masiva cómica. Brenda continúa poseyendo esa capacidad única para convertir una línea absurda en un momento memorable (es particularmente curioso que su momento más gracioso está relacionado con un comentario sobre las madres modernas y no un guiño a una cinta de terror). Cuando aparece en pantalla la energía sube automáticamente varios grados.

Y sí, también está Doofy, el inolvidable policía interpretado por Dave Sheridan que al parodiar al policía encarnado por David Arquette en Scream, se convirtió en uno de los grandes personajes de la primera película. Su aparición es breve, pero a diferencia de muchas referencias nostálgicas que se sienten forzadas, Doofy sigue provocando una sonrisa apenas aparece en pantalla.

Los hermanos Wayans tienen más dificultades. Parte del problema es que sus personajes parecen congelados en el tiempo. Shorty (Marlon Wayans) sigue atrapado en los mismos chistes relacionados con drogas que funcionaban hace veinte años. Ray (Shawn Wayans) continúa orbitando alrededor de una identidad sexual utilizada como remate recurrente. Lo que antes podía sentirse irreverente ahora parece reciclado.

Lo más inesperado es que los personajes nuevos terminan aportando más energía que los veteranos. Sara (Olivia Rose Keegan), Tuesday (Savannah Lee Nassif), Dei (Sydney Park) y Brad (Gregg Wayans-Benson) cargan con buena parte de las mejores bromas y, sobre todo, con una actitud mucho más fresca frente a un género que conocen mejor porque crecieron consumiéndolo. Keegan entiende perfectamente el tono absurdo de la saga y Savannah Lee Nassif convierte a Tuesday en una sátira divertida de la generación moldeada por el fenómeno de Wednesday

Scary Movie 6 también confunde actualidad con humor relevante. Redes sociales, géneros no binarios, pronombres, OnlyFans, influencers y youtuberos, cultura de la cancelación, teorías conspirativas, racismo, homofobia y polémicas políticas aparecen constantemente porque el guion parece desesperado por demostrar que sabe lo que ocurre en la internet. El resultado es irregular. Algunas bromas funcionan. Otras ya parecen viejas antes de terminar.

Donde la película encuentra algo de vida es en su voluntad de ser vulgar. No es inteligente. Tampoco es como una “comedia elevada” de Judd Apatow (hay un chiste muy bueno sobre ello). Es simplemente grosera. Y eso siempre fue parte de la identidad de Scary Movie.

Las mejores secuencias son aquellas donde abandona cualquier pretensión satírica y se entrega al disparate absoluto. Un sketch inspirado en Michael permite que Kenan Thompson robe la función durante unos minutos. Algunas apariciones sorpresa funcionan mejor de lo esperado (Thompson no es el único comediante de SNL en salir aquí). Incluso el desenlace posee una crueldad tan venenosa y catártica hacia las nuevas generaciones, que termina provocando más risas que buena parte del resto de la película.

Pero los aciertos aparecen aislados. La mayoría del tiempo uno siente que está viendo una franquicia intentando recordar por qué era divertida (¿recuerdan el regreso de The Naked Gun con Liam Neeson?). Lo paradójico es que el problema nunca fue la incorrección política. Tampoco la vulgaridad. Ni siquiera el mal gusto. El problema es la falta de sorpresa.

Las primeras películas parecían realizadas por gente que quería dinamitar el cine de terror desde dentro. Esta nueva entrega parece realizada por gente que simplemente nos recuerda haber visto aquellas películas. Y hay una diferencia enorme, porque la nostalgia puede traer de vuelta a los actores, las máscaras y los personajes, pero lo que no siempre se puede recuperar es la energía que convirtió todo eso en un fenómeno.

Scary Movie 6 no es el desastre absoluto que fueron la cuarta y la quinta entrega (donde Jerry Zucker, el maestro de las parodias como Airplane!, Top Secret, The Naked Gun y Hot Shots! demostró que había perdido su filo). Tampoco representa la resurrección que prometía el regreso de los Wayans. Es una reunión de excompañeros de escuela agradable durante algunos minutos, simpática por momentos y ocasionalmente divertida, pero incapaz de hacernos sentir que realmente hemos vuelto a aquellos años. Es más recomendable volver a ver I’m Gonna Git U Sucka o un buen capítulo de In Living Color, para recordar por qué los Wayans eran los Wayans. 

P.D. Quédense a las escenas postcréditos. 

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