Crítica: Sauce ciego, mujer dormida (Saules Aveugles Femme Endormie)

Un terremoto sacude Tokio, pero las verdaderas grietas aparecen en el interior de personajes que parecen vivir suspendidos entre el sueño, la pérdida y el deseo.

Pierre Földes 

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de The Match Factory

Adaptar a Haruki Murakami al cine siempre ha sido una tarea complicada. Sus historias rara vez dependen de la trama; funcionan a partir de estados de ánimo, silencios, recuerdos fragmentados y elementos surrealistas que irrumpen en la realidad con absoluta naturalidad. Por eso resulta tan interesante que Pierre Földes, un compositor de música para videojuegos (Hitman: Blood Money, Robotech: Invasion) haya optado para su ópera prima por la animación para acercarse de una forma fluida y orgánica a un universo literario que muchas veces parece resistirse a cualquier forma convencional de representación.

Földes entrelaza seis relatos del escritor japonés (Sauce ciego mujer dormida, Rana salva Tokio, Todos los hijos de Dios bailan, Tailandia, Pastel de miel y La mujer del martes y el pájaro que da cuerda al mundo), en una narrativa coral situada después del terremoto que sacudió Japón. Sin embargo, el desastre natural funciona más como una onda expansiva emocional que como un acontecimiento físico. Los personajes caminan por una ciudad aparentemente intacta mientras sus vidas se desmoronan por dentro. Matrimonios que se rompen, oportunidades perdidas, sentimientos de culpa y una profunda sensación de desconexión recorren cada una de las historias.

La película encuentra en la animación un vehículo ideal para trasladar la lógica de Murakami al cine. Aunque técnicamente no utiliza rotoscopia pura, su estilo visual recuerda inevitablemente a las exploraciones metafísicas de Richard Linklater en Waking Life y A Scanner Darkly, donde los personajes parecen existir en un estado intermedio entre lo real y lo imaginado, como si estuvieran flotando dentro de un sueño del que nunca terminan de despertar. Esa sensación de inestabilidad permanente encaja perfectamente con la escritura de Murakami.

También hay ecos de obras como Donnie Darko y Twin Peaks. No porque compartan historias similares, sino porque las tres entienden que lo extraño resulta más inquietante cuando aparece sin explicación. Un sapo gigante que conversa sobre filosofía, gatos que desaparecen y reaparecen, personajes que parecen conocer secretos imposibles o encuentros que desafían cualquier lógica racional forman parte de un mundo donde lo extraordinario convive con lo cotidiano sin necesidad de justificarse.

Lo admirable es que Földes evita convertir estos elementos en simples curiosidades surrealistas. Bajo la fantasía existe una reflexión constante sobre la soledad, el paso del tiempo y la incapacidad de las personas para comunicarse realmente entre sí. Como ocurre en las mejores novelas de Murakami, los acontecimientos más extraños terminan revelando emociones profundamente humanas.

La película posee una belleza discreta y melancólica. Los fondos acuarelados, los espacios vacíos y los personajes que parecen desdibujarse en ocasiones transmiten una sensación de fragilidad permanente. Todo parece a punto de desaparecer, como un recuerdo que se desvanece lentamente.

Más que una adaptación literaria canónica, Sauce ciego, mujer dormida captura algo mucho más difícil: La atmósfera emocional de Murakami. Esa mezcla de tristeza, humor absurdo, deseo, misterio y nostalgia que convierte sus relatos en experiencias tan difíciles de explicar como de olvidar. Es una película que no busca respuestas ni conclusiones claras. Como los sueños, simplemente invita a dejarse arrastrar por la corriente y aceptar que algunas preguntas no están hechas para ser resueltas.

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