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Crítica: Los sobrevivientes después del terremoto (Konkeuriteu yutopia)

Una cinta coreana nos muestra que lo peor de los desastres naturales está en la mezquindad de las personas.

Eom Tae-Hwa 

/ Park Seo-Joon, Lee Byung-Hun, Park Bo-Young

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de Cine Colombia

En La sociedad de la nieve, la estupenda reconstrucción cinematográfica de la tragedia de Los Andes, el español Juan Antonio Bayona nos mostró cómo la supervivencia ante el desastre depende de la solidaridad, la unión fraterna y el humanismo. Por su parte, el coreano Eom Tae-Hwa, con su sobrecogedor relato de ficción sobre un desastre natural que destruye a la capital de su país, nos muestra todo lo contrario.   

En Los sobrevivientes después del terremoto (su título original es Utopía de concreto), todo comienza cuando el desastre natural acaba con Seúl. Todo está en ruinas y millones de personas han muerto, excepto por los habitantes de los apartamentos Hwang Gung, un monstruoso complejo residencial. 

Los habitantes del complejo se aíslan del mundo exterior, se protegen de los “parásitos” que buscan albergue, y se reúnen para decidir si las personas no residentes deben quedarse allí o más bien enviarlos a la muerte segura, debido al implacable invierno que congela todo lo que alguna vez fue la ciudad viva y bulliciosa. 

Min-sung (Park Seo-joon) y Myung-hwa (Park Bo-young), constituyen a una joven pareja, que se ama, pero que no se pone de acuerdo sobre cuál es el mejor curso de acción ante el desastre, ya que ella es una enfermera que considera como deber ayudar a los menos favorecidos y él, un trabajador público, solo piensa en el bienestar de su esposa y en el propio. 

Se designa como líder de la junta de residentes a Yeong-tak (Lee Byung-hun), un hombre que emerge de la multitud para apagar, junto con Min-Sung, un incendio de manera heroica. Como líder, Yeong-Tak tiene la misión de dirigir el destino de esta comunidad improvisada, pero la verdad es que nadie realmente recuerda si vivía allí con su madre, pese a que él los convence de ello.

Como si se tratara de una versión de El señor de las moscas protagonizada por adultos o de La rebelión en la granja con unos supuestos seres humanos, los despiadados residentes, junto con el líder que se merecen, establecen un conjunto de reglas estrictas: “Los apartamentos pertenecen a los residentes y solo los residentes pueden vivir aquí”; “Los residentes deben cumplir con sus deberes y las raciones se distribuyen según las contribuciones”; “Aquellos que no cumplan las reglas no podrán vivir aquí”. Este radicalismo cuasi fascista conduce a dilemas éticos y morales a medida que la desesperación se apodera de los residentes y la escasez de recursos afecta el comportamiento de las personas.

El director Um Tae-hwa (asistente de dirección del clásico de Park Chan-Wook Lady Vengeance), se inspira en Pleasant Outcast Part II, un dibujo animado para internet creado por Kim Soong-Nyung, para confeccionar una sátira social con un humor oscuro y absurdo como el título original de la película que denuncia la mezquindad humana. Sin embargo, la cinta no deja de tener un tono esperanzador, especialmente con el personaje de la enfermera Myung-hwa y con un vecino que rehúsa pertenecer a la junta administrativa del complejo arquitectónico alegando problemas de salud, para luego esconder a un grupo de personas en su apartamento de manera clandestina.

La cinta siempre se mantiene en un territorio gris y eso lleva a que los personajes en apariencia malvados tienen sus razones para ser de esa manera, como sucede en nuestra compleja realidad. El resultado es una cinta de desastre con énfasis en lo psicológico y lo sociológico, que generará en el espectador una experiencia angustiante, cruel e incómoda. Los sobrevivientes después del terremoto es un trabajo muy bien actuado y ejecutado, que nos invita a reflexionar de una manera dolorosa sobre lo que podría pasar en nuestro vecindario ante la irrupción de un desastre natural.