Tras una década de carrera, el cantante y compositor barranquillero William Barz completa una etapa en el pop y el rock con un nuevo punto de inflexión: Mr. Barz, un álbum que funciona como autorretrato y como declaración de principios. En lugar de limitarse a celebrar sus primeros 10 años de trayectoria, el músico opta por un ejercicio de honestidad profunda, observándose a sí mismo sin filtros, para transformar ese inventario emocional en canciones.
Alejándose de los lugares comunes, Mr. Barz examina la forma en que su creador entiende el amor, el anhelo, la vulnerabilidad y las zonas oscuras que todos tenemos dentro. El disco nace, según explica el propio artista, de la necesidad de mostrarse tal cual es, de hacer música que no tenga como punto de partida los artificios ni las tendencias, sino que hable desde la experiencia íntima.
“Con este disco quiero enviar un mensaje de valentía y seguridad. Los músicos debemos hacer música sin tanto miedo. Es una invitación a atreverse, no hay que guardarse las ganas de hacer real sus sueños por miedo a los resultados”, asegura el músico.
En lo sonoro, Barz apuesta por un territorio híbrido donde el indie pop dialoga con el R&B contemporáneo y el soul más delicado. La producción -de muy alto nivel- privilegia la sutileza: beats tersos, bajos de espíritu neo-soul, guitarras funkeras y sintetizadores que construyen un colchón atmosférico para sostener cada emoción. Nada está dejado al azar. Las dinámicas respiran, las armonías se cuecen a fuego lento y la voz, siempre en primer plano, guía el recorrido con un tono cercano y confesional.
Para Barz, este es un regreso a sus orígenes, a sus primeras inspiraciones, encontradas en la obra de gente como Cerati, James Brown, Juan Gabriel, Mac Miller o Rex Orange County. Por otra parte, las líricas se sustentan en la poesía de autores como Manuel Machado y José Ángel Buesa, entre otros.
Mr. Barz suena como un álbum que se ha pensado para escucharse detenidamente, con paciencia y atención, se despliega capa por capa, y encuentra su fuerza en los matices. Empieza con una batería potente y la fuerza sincopada de ‘Dura Dú Dú’, para continuar con el R&B sofisticado y altivo de ‘Fresh’, que se prolonga en la sensualidad de ‘Dime que sientes lo mismo que yo’. De esa forma Barz va construyendo un álbum sólido que crece con cada escucha.
Este disco representa, de alguna manera, el cierre de un ciclo, y, más que mirar atrás, refrenda la poderosa voz y la identidad artística de William Barz en su apuesta por la vulnerabilidad como gesto creativo.


