Miguel Zavaleta, fundador y líder de Suéter, murió este lunes a los 71 años luego de atravesar un cáncer. La noticia fue confirmada por colegas y amigos cercanos, entre ellos Hilda Lizarazu y el periodista Sergio Marchi, quien lo definió como un “tipo muy genial y divertido” y una de las figuras que mejor encarnó el espíritu de aquellos “locos años 80”.
Con una carrera que atravesó más de cuatro décadas, Zavaleta fue una pieza clave de la renovación que transformó al rock argentino durante los últimos años de la dictadura y los primeros tiempos de la democracia. Antes de liderar Suéter, había integrado el grupo de rock progresivo Bubu y participado de la efervescente escena underground que reunió a futuros integrantes de Los Abuelos de la Nada, Los Twist y otras bandas que marcarían una época.
Suéter nació en 1981, con Zavaleta al frente en voz y teclados. Desde allí construyó una identidad que mezclaba new wave, pop y rock con una dosis de ironía y sofisticación poco común para aquellos años. La banda dejó clásicos como “Amanece en la ruta“, una de las canciones más perdurables del repertorio nacional, además de versiones emblemáticas como “Jugo de tomate frío“, reinterpretada junto a Charly García.
En una entrevista con Rolling Stone realizada años atrás con motivo de la edición física de su disco solista No lo sé, suerte, quizás, Zavaleta se definía a sí mismo antes que nada como un artista. “Yo tengo mi propio show desde los cuatro años”, recordaba entre risas.
“La gente se reía y yo lo sabía, porque era ridículo. Eso significa que nací para el escenario. Es lo único que sé hacer, en el único lugar en el mundo donde me siento cómodo y seguro”, dijo.
Zabaleta era un músico talentoso pero reacio a la solemnidad, capaz de hablar de composición, de música clásica o de jazz con la misma naturalidad con la que hacía un chiste sobre sí mismo. “Ni yo mismo lo puedo creer ahora”, decía al recordar sus comienzos como compositor autodidacta. “Me sorprende lo que hice apilando dedos y sacando melodías, porque en mi cabeza, sobre todo, hay ruido e imágenes de chicas en bikini. No es que suene ‘Tristán e Isolda'”.
Aunque muchas veces quedó asociado al clima festivo de los años 80, Zavaleta tenía una formación musical mucho más amplia. Sobrino del legendario pianista de jazz Enrique “Mono” Villegas, de joven renegó de ese género para abrazar el rock. Con el tiempo, sin embargo, terminó enamorándose de esa música. “Hoy estudié, y toco cuatro o cinco horas de standards por día”, contaba en aquella conversación.
Su recorrido también estuvo atravesado por figuras centrales de la música argentina. Charly García produjo uno de los discos más importantes de Suéter y fue quien impulsó la idea de transformar un tema inconcluso en la célebre versión de “Jugo de tomate frío”. “A la gente le encantó”, recordaba Zavaleta. “Igual, le pedí perdón a Javier Martínez, y me dijo que estaba todo bien”.
En los últimos años seguía activo, tanto como solista como junto a distintas encarnaciones de Suéter. También mantenía intacta su curiosidad por las nuevas generaciones. En la misma entrevista celebraba haber compartido escenario con Goyo Degano, de Bandalos Chinos, una banda que consideraba entre las más elegantes surgidas en el país durante las últimas décadas.
Quizás una de las frases que mejor definan el legado de Zavaleta sea la que utilizó al recordar aquellos años fundacionales del rock argentino. Al visitar una muestra del Museo Histórico Nacional dedicada a la escena de los 80, reflexionó sobre haber formado parte de una generación irrepetible junto a amigos como Fabiana Cantilo, Hilda Lizarazu, Daniel Melingo y Cachorro López. “Por una vez en la vida tuve la suerte de estar en el lugar correcto en el momento indicado”, dijo entonces.
Y agregó, con el humor que nunca abandonó: “Si yo hubiera transformado en plata todo lo que me reí, sería George Soros“.

