¿Cuándo supiste que era el momento de volver a hacer música?
Nunca lo supe. Una vez que empezamos, estaba totalmente metido en el proceso creativo, colaborando con gente y sin levantar la cabeza por horas. Hicimos un tema y estaba bueno. Entonces, ahí sí, hubo un momento en el que me di cuenta: “Está bien, supongo que por ahora tengo que hacer esto”.
Los Beastie Boys se separaron cuando Adam Yauch murió en 2012. ¿Qué tuviste que superar para hacer un álbum sin ellos?
Necesitaba tiempo para el duelo. Con Yauch, había tantas cosas de por medio, el hecho de que era una figura de hermano mayor, lo que representaba para nosotros esta banda. Y luego también me di el lujo de tomarme el tiempo para vivir la experiencia de ser papá.
¿Cuál es el secreto para entrar en modo “álbum solista”?
Tuve que ser más líder. Eso era nuevo. Soy muy reacio a asumirme como líder. Tal vez porque el mundo está dominado por los peores y más egoístas ejemplos de liderazgo.
¿A quiénes considerás líderes?
A las bandas más jóvenes. Me gustan mucho grupos de laptop-core como Ear y Bass Spectrum. Es emocionante llevar las laptops al límite para hacer un ruido hermoso.
Creciste en Manhattan. ¿Cuál es tu rasgo más neoyorquino?
Dios, hay una lista larga. Te puedo contar las cosas de Nueva York que estoy tratando de cambiar. Una es interrumpir a los demás. En mi familia hablábamos unos encima de otros constantemente. Creo que era algo cultural.
¿Cómo te relajás?
Mientras hacía este álbum, me tomaba algunos descansos silenciosos en un centro budista. Eso me abrió las ideas. También pasé tiempo en la naturaleza con mi novia, haciendo senderismo y acampando. En este mundo, donde tenemos acceso digital a todo, todo el tiempo, desconectar y experimentar el mundo natural es crucial.
¿Pudiste desconectarte de todo al hacer el álbum?
Al principio, estaba como: “Estoy en un lugar tan libre. No me importa qué piense la gente”. Y luego, cuando estaba decidido a lanzarlo, me di cuenta: “Mierda. Sí me importa lo que piense la gente”. Y eso me mató. De repente te das cuenta de que no sos impermeable a las opiniones, que sos demasiado viejo, que sos demasiado lento, que lo que tenés que decir ya no significa nada.
¿Cómo convivís con esa ansiedad?
Tenés que aceptar que es parte del paquete. Creo que es un privilegio preocuparme por lo que estoy aportando al mundo. Y ahí está incrustada también la inseguridad.
El libro de los Beastie está lleno de historias sobre su adolescencia. Ahora que sos padre, ¿cómo ves la libertad que te dieron tus viejos?
Horovitz y yo hablamos de eso todo el tiempo. La Nueva York en la que crecimos era mucho más peligrosa. Pero teníamos una libertad increíble que los chicos [de ahora] nunca entenderían. Literalmente, hoy te meterían preso por darle a tus hijos la libertad que teníamos nosotros.
¿Querías darle a tus hijos esa misma libertad?
Sí. Pero crecieron cuando crecieron. Es un mundo diferente. También quería tener un diálogo emocional con mis hijos que ningún padre de nuestra generación tuvo con nosotros. Nos decían: “Acá estamos si la cosa se pone fea, pero mejor no hablemos de eso”. Hablo con [mis hijos] de otra manera.
¿Qué consejo desearías poder darle a tu yo más joven?
Priorizá dormir. Y tratá de ser más amable. Podés decir lo que quieras, pero intentá hacerlo de la manera más amable posible.
Tenías 20 en 1986, cuando salió Licensed to Ill. ¿Qué te llama la atención cuando lo escuchás hoy?
No lo escucho [risas]. No es una crítica al disco. Pero lo hice yo, así que sería raro si lo escuchara. Pero pienso en la alegría que teníamos al hacer los demos que se convirtieron en algunas de esas canciones.


