Billie Eilish, al fin, en Buenos Aires: cuando el mundo es un poco menos borroso

Con una gran performance, la cantante justificó la expectativa previa a su desembarco en Lollapalooza 2023

Por  AYELÉN CISNEROS

marzo 20, 2023

Billie Eilish, en el Hipódromo de San Isidro

Santiago "Gallo" Bluguermann

21 años. Esa es la edad de la artista que anoche hizo saltar a miles de jóvenes en el prime time del festival con más convocatoria en la franja sub-35 en el país. Y los recursos fueron un set de baladas oscuras, minimalistas y levemente sentimentales para una multitud que se abarrotó contra las vallas y que hizo que el show comenzara tarde, ya que la organización tuvo que salir a pedir que el público se corriera hacia atrás, para descomprimir el espacio lindero al escenario.

Billie sabe lo que el público quire Foto: Santiago «Gallo» Bluguermann

Este fue un show muy esperado: Billie Eilish formaba parte del line up del Lollapalooza 2020, aquel que el Covid no permitió concretar, y este fue su debut en Argentina; definitivamente era un plato fuerte que muchos no estaban dispuestos a dejar pasar en el Hipódromo de San Isidro.

El recital comenzó potente. “Bury a Friend” es un himno de los chicos y las chicas raras; su público gritaba “What do you want from me? Why don’t you run from me? What are you wondering? What do you know?” y saltaban con la cámara del celular encendida, mientras Billie caminaba por el escenario haciendo un reconocimiento del terreno. Otros trataban de llegar adelante. “Me hago pis”, se escuchaba decir a un pibe cuyas amigas lo estaban obligando a llegar lo más cerca de la cantante posible. 

Ella sabe lo que es ser adolescente y fanática. No le pasó hace mucho, fue apenas hace unos años: Billie era fan de Justin Bieber hasta casi la obsesión. Sabe lo que el público quiere: gritar los temas hasta quedarse ronco, respirar el mismo aire que su ídolo, saltar, ver un poco de lo que se oculta detrás de la retina del músico y sondear un rastro humano, una vulnerabilidad, un resquicio de materia no celestial. Además, probablemente ella también haya sabido lo que es ser bajita en un show en vivo y por eso puso una especie de tarima en el escenario que permitía que la vieran desde lejos en el campo. Todos, fans o no,  agradecidos. 

Eilish, en la tercera jornada del Lollapalooza 2023

El show de Billie se dividió en dos bloques claros. El más largo, electrizante y un poco hipnótico, tuvo canciones como “NDA”, donde hizo uso de una sensualidad suave, una caminata gatuna y una cara inocente para encender a los fanáticos y ayudar a los fotógrafos a inmortalizar sus mejores poses. “Therefore I Am”,  “Idontwannabeyouanymore” y “You Should See Me in a Crown”, que fueron muy coreadas por el público; y “Billie Bosa Nova”, una joyita del beboteo lofi (las imágenes en la pantalla mostraban unas piernas bailando tango; eso fue extraño). El desempeño de Billie como cantante y performer fue superlativo, creó atmósferas melancólicas y dark con diferentes grados de intensidad que conmovían hasta a la roca más dura. 

Luego vino el segundo tramo del recital. Aquí, el hermano de Billie, Finneas O’Connell, que la produce y que toca en vivo con ella (su relación creativa y de apoyo emocional puede verse en el documental ‘Billie Eilish: el mundo es un poco borroso’) se acercó al centro del escenario con una guitarra. Ambos tuvieron un bloque especial acústico en el que tocaron “I Love You” y “Your Power”. El público aclamó a Finneas y él agradeció con una gran sonrisa. En este momento, de gran intimidad y sutileza, un fan se desmayó y pausaron por cinco minutos el show. Billie salió corriendo al back y una persona de la producción pidió que hicieran espacio para atender a quien había caído en el campo. 

Dulces 16: Billie, en el Hipódromo de San Isidro Foto: Ignacio Arnedo

[Al respecto de esto, es inevitable plantearse unos interrogantes sobre cómo se está desarrollando la música en vivo en Argentina. ¿Cada vez vemos más personas que se desmayan por baja de presión o es que ahora les damos más importancia? En muchos de los shows de este festival, los músicos, sobre todo los más jóvenes, se mostraron pendientes de que su público estuviera bien. Recitales masivos hay desde hace muchas décadas; es cierto que las condiciones climáticas de los últimos tiempos se volvieron extremas, y difíciles para, por ejemplo, personas con presión baja. Pero ¿será que el fanatismo lleva a que pibes y pibas no paren de empujar hacia adelante o no coman durante horas para conservar el mejor lugar? ¿O será un problema de aforo? ¿Habrá que limitar la capacidad del venue, ya que en el horario central es lógico que todo el público del festival va a acercarse al escenario principal hasta colapsarlo?] 

El show de Eilish volvió minutos después del pequeño incidente, pero la energía entre los espectadores pareció decrecer en algún grado. El corte había sido tan necesario como anticlimático. Billie, sin embargo, no bajó su intensidad y siguió con “All the Good Girls Go to Hell”, acompañado por imágenes de la lucha feminista en la pantalla. “Bad Guy”, su hit definitivo, encendió de nuevo la euforia, y “Happier Than Ever” cerró el show con fuegos artificiales, mientras la artista dejaba sus últimos retazos de vulnerabilidad tirados en el centro del escenario. 

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