Las confesiones de Anthony Kiedis, de Red Hot Chili Peppers: «Tengo un fuerte apego a las mujeres, pero no significa que sea un mujeriego»

En esta entrevista de 1994 -parte del flamante bookazine coleccionable Rolling Stone-, el cantante muestra que no es el típico grandulón punk con las hormonas agitadas

Por  KIM NEELY

julio 29, 2023

Foto: Lindsay Brice/Gett Images

Esta nota, publicada originalmente en junio de 1994, es parte del bookazine de colección, con cien páginas de contenido sobre Red Hot Chili Peppers, que Rolling Stone acaba de lanzar en Argentina.


Nadie se daría cuenta de que esa foto está ahí, rodeada de muchas otras, si Anthony Kiedis no la señalara con el dedo. Pero en una mirada más cercana, la vieja imagen en blanco y negro que decora una pared de la casa del cantante en Hollywood Hills parece tener una presencia inquietante y atemporal que la hace única. Un trío de chicos adolescentes vestidos de ropa surfer, los ojos iluminados por la ilusión y el espíritu fraternal de uno para todos y todos para uno: son Kiedis, el bajista Flea y el ya fallecido Hillel Slovak, primer guitarrista de Red Hot Chili Peppers.

Un fotógrafo de Hollywood los capturó en la calle, haciendo alguna bobada y riéndose. Es difícil mirar esta foto sin pensar que el espíritu que le da una resonancia tan conmovedora ahora está custodiando esta casa y a todos los que pasan por sus puertas.

La tapa del nuevo bookazine de Red Hot Chili Peppers de Rolling Stone.

Los Red Hot Chili Peppers han superado numerosos traumas desde que les sacaron esa foto: la muerte de Slovak por sobredosis de heroína en 1988; la lucha de Kiedis para superar su propia adicción a la heroína; y la abrupta partida del guitarrista John Frusciante en 1992, el año más exitoso en la historia de la banda. Pero siempre, a lo largo de una carrera que abarca once años, seis discos y un EP, han seguido adelante.

El año pasado, los Peppers se encontraron frente a otro obstáculo. Después de los primeros intentos de escribir canciones para un nuevo álbum con el guitarrista Arik Marshall (que había entrado justo antes del Lollapalooza 92 para reemplazar a Frusciante), se hizo evidente que, como dice Kiedis, “la conexión emocional que necesitás con una nueva persona no existía”. Marshall dejó la banda y, después de agotar una nutrida lista de nombres en una búsqueda infructuosa para reemplazarlo (proceso que incluyó numerosas súplicas por teléfono al exguitarrista de Jane’s Addiction, Dave Navarro), los Peppers recurrieron a la colocación de un aviso clasificado en LA Weekly.

El anuncio trajo cinco mil llamadas el primer día, pero muy pocos de los ansiosos guitarristas que se presentaron estaban remotamente cerca de cumplir con los requisitos. “Estábamos buscando características cósmicas muy específicas”, dice Kiedis, “y simplemente no las encontrábamos. Todo se puso muy feo y confuso, como que estábamos perdiendo de vista lo que somos como banda”. Eventualmente, se decidieron por un guitarrista desconocido llamado Jesse Tobias. Tobias recién había conseguido el puesto en otra banda cuando recibió la invitación para unirse a los Peppers; entonces dejó su banda y fue recibido en el redil RHCP con una considerable fanfarria mediática. Sin embargo, no tuvo mucho tiempo para disfrutar de la gloria: sólo un mes después, le llegó la rescisión del contrato. Lo reemplazaba Navarro, que repentinamente estaba disponible. Kiedis dice que todos se sintieron “muy mal” por expulsar a Tobias después de hacerlo dejar su otra banda, pero sostiene que la decisión se habría tomado independientemente de la repentina aceptación de Navarro.

“Aunque puede parecer que Dave mandó a Jesse de patitas a la calle, no fue exactamente así”, dice Kiedis. “La poca onda que había ya era evidente. Realmente nos gustó la forma de tocar de Jesse, pero no se convirtió en el tipo de camaradería musical a la que estábamos acostumbrados. Flea no se sentía bien al respecto y el destino de esta banda depende básicamente de que Flea tenga una sensación de satisfacción musical con el guitarrista. Así que ya estaba decidido, en la mente de todos, si no verbalmente”.

Lo más probable es que ninguno de los Peppers sufra noches de insomnio por pensar en el horrible plantón que sufrió Tobias. Ahora la banda parece estar funcionando a toda máquina nuevamente. Rick Rubin, que produjo su megahitero disco de 1991, Blood Sugar Sex Magik, está listo para producir su próximo trabajo y, en dos días, los Chili Peppers se van a Hawái, donde (libres de distracciones salvo por el ocasional bailecito de bienvenida) van a encerrarse en una casa a comenzar la preproducción.

Ayer, con café fuerte y varias botellas de agua mineral de por medio, Kiedis habló con nosotros de todo tipo de temas. Para esta noche le quedan un par de cabos sueltos que atar antes del viaje, pero nos ofrece hacernos un recorrido rápido por la casa antes de retomar la entrevista. El padre de Kiedis, un actor y guionista extrovertido y buen mozo que se hace llamar Blackie Dammett, ha venido a verlo desde Michigan. Caminando por la casa, señalan varios tesoros: la foto ya mencionada; una foto original de Dalí; media docena de cuadros de Robert Williams; una barandilla de escalera forjada en hierro por un escultor húngaro; la chimenea de piedra, bastante imponente, tallada a mano con la forma del cuerpo de una mujer, con pezones de vidrio púrpura y todo; un ángel de madera que sonríe serenamente desde el techo del baño de Kiedis. (“Se supone que vela por quienes dormimos abajo”, dice Kiedis).

Subimos a una terraza que ofrece una gloriosa vista del Parque Griffith a la luz de la luna. Kiedis se escabulle (va a cambiarse la remera para la cena), y deja a su padre en la compañía del estupendo paisaje.

“Anthony tenía dos años cuando vinimos aquí, su mamá, él y yo en nuestro pequeño Corvair, con todas nuestras cosas en un remolque”, dice Dammett. “Después nos divorciamos y él volvió a Michigan con su madre, pero venía a visitarnos todos los veranos. Y cuando tenía 11 años se vino conmigo. En ese entonces, yo estaba trabajando con Alice Cooper y John Lennon, y estaba totalmente loco. Así que creció en una especie de ambiente salvaje y muy maníaco. Siempre supe que tenía un destino grande”.

“En casa nos hace gracia toda la controversia, esto de [la secretaria de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos] Donna Shalala diciendo que mi hijo es ‘un portavoz del HIV’”, dice Dammett. “No sabe nada de él”.

En persona, Kiedis, de 31 años, parece marcadamente diferente de su personaje escénico de punk grandulón con las hormonas agitadas. Conversando con nosotros, es sincero, casi taciturno, y elige sus palabras con cuidado, tirando dos o tres antes de decidirse por una con el toque poético justo, como si le gustara impregnar todo de un sentido ceremonial. Después de pasar unas horas con él, es difícil reconocer que es la misma persona que se hizo fotos con el pene metido en una media.

“Es realmente una persona muy concienzuda, amable y altruista”, dice Dammett, al que le gusta resaltar las virtudes de su hijo, como a cualquier padre. “¿Sabés lo que hizo para Acción de Gracias? Le llevó comida a las personas sin hogar. 50 personas o algo así. Todo con pequeños individuales de papel que diseñó, firmó y todo. Hace ese tipo de cosas, pero nunca lo cuenta. ¿Y te dijo que me compró una casa? Es una mansión en un terreno de casi tres hectáreas, al costado del lago en Michigan”.

Kiedis reaparece y la sesión de chismes se corta abruptamente. Él y su padre bajan las escaleras y paran en la cocina a buscar camperas y llaves del auto. Es interesante observar la interacción entre ellos; parecen más hermanos que padre e hijo.

Kiedis agita un brazo hacia la heladera, cubierta casi por completo con calcomanías, fotos y recuerdos de sus viajes. “Esa es la foto de último año de mi novia”, dice, señalando una foto de graduación de la escuela secundaria de una hermosa rubia.

La voz definitiva del funk-punk, en una producción de 1990 (Foto: AJ Barratt/Avalon/Getty Images)

¿Foto de último año, eh? ¿Cuándo fue?

Kiedis abre la boca para responder pero se para en seco. Se parece mucho a una liebre congelada frente a los faroles de un auto. Con todo el tiempo que pasó ayer desviando las preguntas sobre su imagen de donjuán, no se anima a decirle a un periodista que su chica acaba de salir de la secundaria.

Kiedis mira furtivamente a Dammett, atrapado. Por un instante, los ojos de los dos quedan enganchados en una exhibición invaluable de telepatía familiar. La pregunta flota en el aire un momento hasta que Kiedis decide morder la bala y confesar. “Es bastante reciente”, admite con timidez. Padre e hijo se echan a reír.

Ha pasado un año y medio desde el Lollapalooza 92. ¿Qué han estado haciendo además de casting de guitarristas?

Un montón de boludeces. Después de terminar el Lollapalooza, fuimos a Australia y Nueva Zelanda, que fue el verdadero final de la gira de Blood Sugar Sex Magik. Después todos regresaron a Los Ángeles, menos yo, que me encontré con mi amigo Hank Schiffmacher en la costa oeste de Borneo, en una de las selvas tropicales más grandes que quedan. Queríamos cruzar toda la isla. Fue la prueba de supervivencia más extrema y casi displacentera a la que me he sometido.

¿Cómo es eso?

Bueno, me imaginaba colgado de una diana saltando entre los árboles, rodeado de orangutanes y bailando entre flores exóticas. Pero se convirtió en algo más parecido a Vietnam. Todos nos enfermamos. Por la noche, dormíamos en condiciones increíblemente incómodas, entre la humedad y los insectos. La primera noche no usamos mosquitero y me desperté con un zumbido increíblemente doloroso dentro del cerebro. Lo desperté a Hank y le dije: “Por favor, mirame el oído, siento una vibración en la cabeza y me estoy volviendo loco”. Agarra la linterna y me mira el oído: “No, no veo nada, no veo nada”. Después tira la linterna y pega un grito. Y siento que el animal me sale de la oreja. Dijo que parecía una cucaracha de la selva de gran tamaño que de alguna manera había reducido su cuerpo y se había abierto paso por mi canal auditivo.

Qué asco.

Sí. No fue el mejor momento. Y a mitad de camino, nos perdimos en la montaña en el medio de Borneo. Y si sos un hombre blanco de California, te quedás sin comida y no podés comunicarte fluidamente con los guías, eso se convierte en una fuente de preocupación.

¿Cuánto tiempo estuviste perdido?

Una semana. Después vuelvo a Los Ángeles y resulta que tengo dengue. Es una fiebre muy rara, como un primo lejano de la malaria, y tuve que internarme en el hospital una semana. Pero pasó el dengue y me junté con los chicos de la banda. Y después Flea y yo nos fuimos a Costa Rica.

En ese sentido, ¿cómo anduvieron las cosas con Dave Navarro?

Es genial. Al principio, creo que fuimos demasiado tercos respecto de sentarnos a escribir y nos apuramos, no fue la mejor manera de hacer las cosas. Realmente lo que teníamos que hacer era tocar sin la intención específica de hacer un disco por un tiempo, para que las cosas pudieran ser naturales entre los cuatro.

Se dice que puede ser una genialidad o un desastre. Su estilo es tan soñador y tan pegado al wah-wah que es difícil imaginarlo en los Chili Peppers.

La banda no se casa con ningún estilo. Lo único con lo que estamos casados en la música es la sinceridad y la honestidad. Y respetábamos tanto su estilo que estábamos completamente preparados para asimilar todo lo que tenía para ofrecer. Estábamos completamente abiertos a cualquier cosa que pudiera pasar.

¿Ya escribieron algo?

Sí, se nos han ocurrido un montón de ideas. Pero queremos juntar y juntar y juntar material y después ver qué conservar, con qué seguir y qué dejar. Todo lo que hemos hecho hasta ahora es genial para mí, y me resultó super natural. Pero es difícil describir de una manera coherente lo que estuvimos haciendo hasta ahora, porque tenemos mucho más por hacer.

¿Alguna vez te preguntaste si parte del problema que tuvieron históricamente con los guitarristas podría ser que Hillel, Flea y vos eran una unidad tan compacta que, inconscientemente, nadie puede ponerse en los zapatos de Hillel?

Inconsciente y conscientemente es así. Nadie va a ser como el trío Hillel, Flea y Anthony. Es imposible. Ese fue un punto en nuestras vidas, tanto musical como personal, que nunca se va a repetir, y sería una locura pensar que sí. Pero creo que ya pasamos por eso hace mucho tiempo.

¿Cómo está tu relación con Flea?

Se sabe que hemos tenido diferencias de opinión. Pero no creo que sea raro ni que esté mal. Cada vez que dos personas se encuentran y trabajan juntas y tocan juntas durante tanto tiempo, el desacuerdo ocasional es parte del asunto. Hemos pasado tantas cosas que, si algo se hubiera roto, creo que habría sucedido hace años.

Casi todas las otras bandas que la pegaron con un disco en la misma época en que salió Blood Sugar Sex Magik, en el boom alternativo, ya sacaron un disco más y ahora están de gira. ¿Se han sentido excluidos porque les tomó mucho más tiempo organizarse?

No, porque lo que hacen esas bandas no tiene nada que ver con lo que hacemos nosotros. Ese cúmulo particular de bandas son todas de la misma ciudad, y todas llamaron la atención del público que consume música aproximadamente al mismo tiempo. Hemos estado manejando nuestro propio recorrido, que no tiene nada que ver con nada que hayan hecho esas bandas. No es que formamos parte de un cúmulo de bandas con cuyo rendimiento promedio nos evaluamos por comparación.

¿Alguna vez formaron parte de un cúmulo de bandas de ese tipo?

Hubo un tiempo en que sí, algo así, pero era más algo de las bandas de Los Ángeles. Hubo un tiempo en que Fishbone y Jane’s Addiction estaban ahí, e incluso había bandas anteriores como los Minutemen con las que nos sentimos muy afines. Pero ahora es diferente. Después de que Jane’s Addiction y Minutemen se disolvieran, esa sensación de estar conectados porque éramos de la misma ciudad se disolvió también.

¿En qué cambió el estilo de vida de ustedes desde el éxito de Blood Sugar Sex Magik?

Durante años, Flea y yo vagábamos por la ciudad sin tener idea de lo que íbamos a almorzar o cenar. Cuando conocimos a nuestro actual manager, le dijimos: “Si querés ser nuestro manager, tenés que asegurarte de que comamos todos los días”. Así fue la cosa. Nunca tuvimos dinero ni casa propia ni auto ni nada por el estilo. Pero en los últimos años, todo ha cambiado drásticamente. Hicimos mucho dinero, todos nos compramos casas, autos, y ahora podemos mantener bien a nuestras familias. Acabo de comprarle una casa a mi padre; cuido a mi madre y ayudo a mis hermanas. Mandé a mis hermanas a la universidad el año pasado. Ese es un gran cambio para mí, poder cuidar de mi familia y ayudar a mis amigos si me necesitan. Es una extraña pérdida de tensión en nuestras vidas.

La celebridad también trae mucha presión. ¿Alguna vez estuviste en una situación en la que pensaste que podrías quebrarte ante la falta de privacidad o la demanda permanente?

En absoluto. Nunca sucumbimos a las presiones del manager, los agentes o las discográficas, que siempre van a querer que trabajes más duro, que hagas giras más largas y que grabes más discos. Sabemos que no seríamos felices si les hiciéramos caso. Para poder sacarle jugo a lo que somos y hacer nuestra música, tenemos que vivir nuestras vidas de otra manera. Estaríamos vacíos si todo lo que hiciéramos fuera grabar y salir de gira.

Sin embargo, seguramente hubo gente que intentó ejercer ese tipo de presión sobre ustedes. ¿Cómo se las arreglaron hasta ahora?

Bueno, debido a que nuestro ascenso fue tan gradual, tuvimos mucho tiempo para descubrir cómo nos sentíamos más cómodos. Si nos hubiéramos vuelto tremendamente populares después de nuestro primer disco, creo que ya nos habríamos desintegrado hace años. Pero como sucedió en el transcurso de cinco discos, tuvimos mucho tiempo para resolverlo en el camino.

¿Qué te parece que espera la gente del próximo disco? ¿Alguna vez te sentiste demasiado encorsetado o incómodo con esa imagen que existe de la banda, como una pandilla de payasos sexualmente agresivos?

La primera palabra que borraría de tu descripción sería “agresivo”. No creo que nuestra sexualidad sea agresiva; es más como una música fluida. Y, además, eso es solo una pequeña parte de lo que somos. Si hicieras una lista de todas las canciones que hemos escrito, tal vez el 10 por ciento sean canciones dominadas por lo sexual. Pero bueno, así es el público. Si ven algo muy zarpado, se mueren por tenerlo y por asociar a sus celebridades favoritas con esas características. La gente se emociona con los incidentes provocativos. Le encanta hablar de eso durante el desayuno y reflexionar sobre el tema cuando maneja de casa al trabajo.

¿Pero te molesta la percepción unidimensional que la gente parece tener de la banda?

No me importa. A veces, las percepciones de las personas pueden restringir su capacidad para comprender y apreciar lo que hacemos. Pero ese es su problema.

¿Dónde creés que encajan tus canciones más abiertamente sexuales en una era signada por el sida y el sexo seguro?

La correlación entre el funk hardcore y la sexualidad es tan innegable que escribir y cantar sobre la sexualidad parecía lo más natural del mundo. Así lo hicimos siempre y lo seguiremos haciendo. El hecho de que las cosas sean tan diferentes hoy debido a los peligros de la actividad sexual no significa que tengas que eliminar tu sexualidad. Sólo tenés que ser más cuidadoso y más reflexivo.

Sólo por curiosidad, ¿alguna vez te hiciste un análisis de HIV?

Cinco veces. Nunca en la vida querría pasarle algo mortal a alguien que me importa ni tampoco a alguien que no me importa para el caso. Me hice un test hoy mismo de hecho.

Me estás jodiendo.

Hoy me dieron el resultado. Negativo.

Cuando el manager me dijo que estaban haciendo trámites, me imaginaba otra cosa.

Veo a muchos doctores. Voy a un acupunturista y tengo un homeópata. Y muchas veces, cuando voy a hacerme análisis para ver qué sustancias químicas hay en mi cuerpo, me digo: “Vamos, hacete una prueba de HIV de paso”. La primera vez me asusté un montón, estuve rechinando los dientes durante días hasta que llegó el resultado. La segunda fue cuando comencé a salir con esta chica y su madre estaba realmente interesada en saber que yo estaba bien. Y eso fue un poco estresante. Pero, desde entonces, todo bien. Desde que dejé de consumir drogas intravenosas, pasé a un grupo de muy bajo riesgo.

Un anuncio que hiciste para promover el uso del preservativo fue retirado cuando las autoridades decidieron que no eras un portavoz adecuado para el tema. Me imagino que te resultó bastante insultante.

Es una de esas historias en las que todos salen perdiendo. Era una agencia de publicidad contratada por el gobierno. Me contactaron con la propuesta: “¿Harías un anuncio por radio para promover el preservativo?”. Y pensé: “Obvio, me parece algo muy productivo y re positivo”. Así que vienen a nuestro estudio y Flea, Chad y Dave tocan una especie de ritmo jazzero mientras yo lanzo la perorata: “Estoy usando preservativo cuando tengo sexo, cada vez que tengo sexo, no sólo cuando es conveniente, no sólo cuando mi pareja está de acuerdo, sino cada vez que tengo sexo”. Que es algo en lo que todos en la banda creemos. Y en la agencia de publicidad estaban chochos. Pero después viene esta mujer que estaba a cargo de todo, se entera de que soy yo y dice: “Este tipo le hizo algo a una chica”, cosa que en realidad nunca pasó. Y fue muy rígida. Pero lo irónico es que no había hecho aquello de lo que me acusaban, en primer lugar.

Red Hot Chilli Peppers en escena, con un muy recordado atuendo, iluminando el Woodstock de 1994 (Foto: Marc Serota/Getty Images)

¿Qué había causado todo el lío?

Hace cinco años, después de un recital en Virginia, una chica me acusó de exhibición obscena y agresión sexual. Me declaré culpable del cargo de exhibición obscena. Ante el juez. No fue algo que hice con la intención de lastimar a nadie, fue una broma estúpida. Y quizás fue un aprendizaje también, porque no podés andar sacando el pito en todas partes, porque a algunas personas no les va a gustar. Pero todo lo demás que dijo, que la había tocado, etcétera, no fue así. Nunca pasó, no estuve ni cerca de ella. Lo que pasa es que fuimos a juicio y, como era un condado muy conservador, me condenaron por los dos cargos. Me impresionó darme cuenta de que un tribunal de justicia tranquilamente puede condenarte por algo que no hiciste. Pero una vez que entrás a juicio, cualquier cosa puede pasar.

Tenés reputación de mujeriego.

Como tantos millones de hombres en este planeta, me encantan las mujeres. Me encanta su esencia y la forma en la que piensan y la forma en la que hablan y cómo se mueven y cómo se sienten. No creo que eso sea tan inusual. Sí, tengo un fuerte apego a las mujeres. Pero no significa que sea un mujeriego.

Cito a Chad Smith: “Casi el cien por ciento del tiempo está levantándose a alguien. Realmente se percibe a sí mismo como un catador de mujeres”.

Chad probablemente pensó que me elogiaba. Pero me pareció una declaración muy poco halagadora, porque me hace parecer que miro a las mujeres como objetos a ser conquistados, y no es así para nada.

¿Has tenido muchas relaciones serias con mujeres?

A lo largo de los años, sí.

¿Te imaginás sentando cabeza, teniendo hijos…?

Me encantan los chicos, y eventualmente me encantaría tener una relación con hijos y todo. Pero hasta este punto, no me he sentido lo suficientemente cómodo conmigo mismo. Odiaría verme sometiendo a un chico a los elementos más insidiosos de mi propia personalidad.

Mencionaste antes que a los chicos realmente parece que les gusta la música de los Peppers.

Sí. Una vuelta estaba comprando juguetes en Nueva York justo antes de Navidad, y una niña estaba agarrando a la mamá del abrigo, señalándome y diciendo: “Es él, es él”. Y la mamá vino corriendo a saludarme y me dijo: “Solo para agradecerte, me hiciste la vida mucho más fácil”. Me contó que la única forma de vestir a la nena cada mañana era poner nuestro disco y cantarle: “¡Un brazo, un brazo, un brazo ahora!”. Y después: “¡Una pierna, una pierna, una pierna ahora!”. Es así con un montón de nenes, de un año para arriba, real. Y para mí, el aprecio de un nene es el máximo cumplido. ¿Te dije que vamos a Plaza Sésamo?

¿Qué? ¿Escuché bien?

Vi a Dizzy Gillespie en Plaza Sésamo. Y hubo varios músicos que han aparecido en algún sketch. Hacen música y los chicos se juntan a escuchar, realmente es genial. Mucho tiempo hemos querido ir a tocar al programa, y ellos no estaban muy seguros. Pero finalmente nos dijeron que sí. Apenas terminemos este disco, hacemos una parada en Plaza Sésamo. Podría ser el pináculo de nuestra carrera.

¿Por qué no estaban seguros al principio? ¿Tenían miedo de que salieras en medias o algo así?

Creo que les tomó un tiempo darse cuenta de que nos llevamos bien con los nenes y que a los nenes realmente les gusta lo que hacemos.

¿Cómo te sentís pensando que un nene escucha una canción como “Sir Psycho Sexy”?

Si los padres piensan que su hijo no puede manejar el lenguaje que usamos, entonces no deberían exponerlo a nuestras canciones. Eso depende más de los padres que de mí.

Fuiste criado de una forma, digamos, extremadamente progre, especialmente el tiempo que pasaste con tu padre. Quiero hablar de eso, pero primero quería preguntarte por tu mamá. ¿Cómo es tu relación con ella?

Es muy buena. Cuando era chico mi madre era la imagen perfecta del amor incondicional y trabajó duro para mantenerme durante unos diez años. Me inculcó cualidades por las que estoy muy agradecido.

¿Qué recordás de vivir con ella?

Recuerdo todo. Vivíamos en Grand Rapids, en Michigan, en un entorno de clase media baja tirando a muy baja. Ella iba a trabajar todos los días. Era recepcionista en un estudio de abogados. Y yo era bastante bravo, era chico, y bueno, era peleador. Fui a una escuela que integraba a chicos sordos y con retraso mental, y yo era una especie de autoproclamado defensor de estos nenes. Siempre me expulsaban por meterme en peleas con los pibes que atormentaban a los chicos discapacitados. Y mi madre siempre estuvo de mi lado, debo decir. Era importante saber que alguien me respaldaba por hacer lo que yo creía que estaba bien.

Contame de tus primeros años en California con tu padre.

Bueno, me metí de lleno en esa vida. La imagen que tengo es la de un subidón natural en un contexto muy mágico, la forma de vestirse de la gente, la música, el arte que estaba dando vueltas, me encantaba todo. La primera vez que fumé marihuana, estaba con mi padre y sentía que había aterrizado en un reino mágico donde todo era posible. Estaba drogado y había en casa una chica, que andaba sin remera y yo pensaba “¿puede tener más suerte un chico de mi edad?”.

¿Y qué pensás ahora?

Tenía cosas buenas y cosas malas. En lo que respecta a las drogas, no me arrepiento de nada, porque me llevó adonde estoy hoy, y estoy bien con eso. Pero definitivamente abrió un conflicto en mi vida. Porque, al no tener límites, tuve que determinar lo que era capaz de hacer y lo que me iba a llevar prematuramente a la tumba.

La apertura y el autodescubrimiento parecen importantes para vos, pero es muy raro leerte en la prensa y tener una idea real de cómo sos. Siempre parecés un poco distante. ¿Alguien te lo dijo antes?

Sí. Y siempre me sorprende cuando me lo dicen hasta que realmente lo pienso, y entonces me doy cuenta de que muy rara vez le comunico el núcleo interno de mis sentimientos a alguien que no conozco desde hace mucho tiempo. Pero no tengo miedo de hablar de nada. ¿Querés saber de qué signo soy, a qué hora me levanto o algo así?

Sí, tengo toda una lista de preguntas así.

Bueno, guardátelas mejor.

¿Qué cosa de tu forma de ser sorprendería más a la gente si te conociera?

Supongo que diferentes personas se sorprenderían por diferentes cosas.

¿Algún pijama de conejo favorito, algo de ese tipo?

Todo lo que soy dejaría a todos muy sorprendidos si me conocieran de verdad. Creo que los sentimientos que se desarrollaron sobre mí en base a los medios se contrarrestarían si me pudieran conocer.

¿Qué te dice la gente sobre vos después de conocerte?

Que soy un hijo de puta, obvio.

¿Qué es lo que de verdad te dicen? ¿“No sos el hijo de puta que pensé”?

Eso es mucho más preciso. Como la chica con la que salgo ahora. Cuando sus padres se enteraron de que salía conmigo, los perturbó un montón. Pero la llamé a la mamá un día. Hablamos un rato y se dio cuenta de que estaba equivocada por haber sacado conclusiones precipitadas.

¿Y qué es lo que más te gusta de vos?

[Pausa] Me cuesta un montón atravesar la barrera de esa pregunta.

¿Harías el intento?

Bueno, primero me gusta mi amor por la naturaleza. Siento que tengo un vínculo especial con la naturaleza.

¿Cómo te fue en el reciente terremoto?

Estábamos con Chad en el avión a punto de aterrizar, justo sobre Los Ángeles, cuando fue el terremoto. El piloto abrió el micrófono y dijo: “Los Ángeles acaba de ser golpeada por un terremoto de gran magnitud y no podremos aterrizar”. Así que, para mi consternación, digamos que me lo perdí. Disfruto los hechos naturales que la gente llama desastres. Para mí, son hechos divinos. Otro desastre natural que amo son los tornados. La belleza visual de un tornado me deja boquiabierto. Tenés esos tornados negros delgados, sigilosos, sexys y serpenteantes, que mueven la cintura de un lado para otro, y tenés esos grandes cilindros blancos, gordos y voluminosos que se comen la tierra. También me encantan los huracanes, las inundaciones y ese tipo de cosas.

Bueno, te tocó una época estupenda entonces.

Vivimos en una era muy entretenida, sí. No quiero parecer alegre por este tema, pero es divertido ver que el mundo se desmorona. Creemos que somos muy importantes y que cada hecho de nuestra vida significa algo, pero somos un chispazo que no dura nada. Creo que vamos a ver el colapso de todas las cosas que la gente considera tan sagradas, como la religión y el gobierno.

La religión… ¿Te definirías como una persona espiritual?

Me siento espiritualmente muy ignorante. Mi comprensión es tan microscópica en el esquema general de las cosas que lo mejor que puedo hacer es aceptar todo lo que sucede así como viene. Se trata más de lo que hacés en el camino que de lo que estás buscando.

Una pregunta contrafáctica, para joder: te mandan diez años a la cárcel. ¿A quién te llevás como compañero de celda?

A Tom Waits. Podría ser Lorena Bobbitt si no.

Danos tu opinión sobre el caso Bobbitt.

Bueno, el tipo con el que ella estaba parecía un idiota tan extraordinario que no me generaba ninguna simpatía. O sea, el tipo salía de la sala de audiencias del tribunal a firmar remeras en la calle y cosas así… Me cayó mal. Así que no me pareció tan mal lo de ella, ni lo que hizo ni la absolución.

Parecés bastante ecuánime. ¿Hay algo que realmente te haga enojar?

Bueno, siento bronca a veces, pero siempre es temporal. Hay mucha música que me repugna porque es muy artificial. Prefiero estar eufórico con Jane’s Addiction o Fugazi o Ice Cube que pasar el tiempo escuchando algo repugnante.

Como, por ejemplo…

¿Querés nombres?

Por supuesto que sí.

Eso tenés que verlo con Flea. Es el que se ocupa de enumerar a las personas que le dan ganas de vomitar.

¿Qué tan dependiente de Flea sos? ¿Te imaginás a los Chili Peppers sin él?

Los Red Hot Chili Peppers son Flea. Es una porción tan esencial de la torta que es imposible pensar que la banda exista sin él.

¿Y sin vos?

O sin mí. Y no. Quiero decir, los Red Hot Chili Peppers no se irán a ninguna parte, pero cuando desaparezcamos, vamos a desaparecer juntos.

¿Te imaginás haciendo esto a los 45?

Podría ser. Creo que sería genial estar haciendo música a los 45 años con los Red Hot Chili Peppers.

¿Con las medias y los cascos de bombero y toda la parafernalia?

No, sería para hacer algo nuevo. En todo caso, nos pondríamos el casco de bombero en el pito y las medias en la cabeza.