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Al ser brutalmente honesto sobre sus adicciones, Matthew Perry nos ayudó a todos

La estrella de Friends, que falleció a los 54 años, fue notablemente sincero respecto a sus luchas personales y aseguró que ayudar a los demás lo hacía feliz

Por  ROLLING STONE

noviembre 3, 2023

Matthew Perry.

BRIAN ACH

Matthew Perry entró a rehabilitación por primera vez en 1997, una época en la que el Internet era una novedad y los teléfonos funcionaban con cables conectados a una pared. Friends reinaba en el horario estelar y el actor era su máximo bromista gracias a su cabeza llena de cabello abundante, sarcasmo y humor habilidoso. Pero su estadía de 28 días en el centro Hazelden Betty Ford, que fue objeto de chismes, mostró su lado más oscuro. Uno que se perpetuó más allá de sus días en el show de televisión. En 2001 regresó a tratamiento por una recaída de alcohol y lo hizo una vez más en 2003 a causa del Vicodin. En 2011, cuando anunció que efectivamente reingresaría a rehabilitación, se dio cuenta de que se estaba haciendo costumbre. “Por favor, disfruten al burlarse de mí en toda la Internet”, dijo en su comunicado.

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En estos casos, la recuperación suele ser narrada como una historia simple con un antes y un después: está el adicto desesperado que se ha perdido en sus hábitos más dañinos y después está la persona con aspecto lúcido que pudo salir de allí. Matthew Perry, quien falleció el 28 de agosto a los 54 años, era la imagen de otro tipo de proceso, uno en donde la esperanza se agota ante la impotencia de las recaídas crónicas. Por más de 30 años, el actor probó 15 tratamientos diferentes y gastó un poco más de siete millones de dólares. Esto lo confesó en su autobiografía de 2022, Friends, Lovers, and the Big Terrible Thing, un libro que captura la agonía de querer dejar de consumir, sabiendo que debes y tienes todas las razones para hacerlo, pero no poder conseguirlo. “¿Por qué no puedo dejarlo?”, se preguntaba a sí mismo. Durante un episodio de ira y frustración en un centro de rehabilitación en Nueva York, golpeó tan fuerte su cabeza contra una pared de concreto que terminó cubierto de sangre.

Claro que Perry se rehabilitó y transformó su odisea personal en un relato inspiracional. Y, aunque todavía desconocemos la causa de su muerte (el reporte de la autopsia puede tardar semanas en conocerse), la evidencia apunta que se mantuvo sobrio hasta el final. El Departamento de Policía de Los Ángeles únicamente halló medicamentos recetados para la ansiedad y la depresión en su casa, así como algunos para la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica que padecía como consecuencia de fumar tres cajetillas de cigarros al día (también abandonó este hábito). “Es extraño vivir en un mundo en donde si llegaras a morir, todos y nadie se sorprenderían a la vez”, escribió en sus memorias, pero debemos resaltar que, para muchos de nosotros, su muerte sí nos tomó por absoluta sorpresa. Tan solo un año atrás los titulares de diferentes medios estaban celebrando la vida de un hombre que finalmente había podido salir de ese agujero.

Las estrellas de Friends: Matt LeBlanc, Matthew Perry, Jennifer Aniston y Courteney Cox.
NBCUNIVERSAL VIA GETTY IMAGES

Pero ¿por qué perdió su camino? Ese es el interrogante que intenta resolver en su libro. Cuando era niño, le suministraron Fenobarbital, un barbitúrico altamente adictivo. ¿Puede ser esta una pista? Sus padres se divorciaron cuando aún era pequeño. Su padre voló hacia Los Ángeles para perseguir su sueño de ser actor (logró aparecer en un comercial de desodorante), mientras que su madre permaneció en Canadá, trabajando largas horas como la secretaria de prensa del primer ministro del país, Pierre Trudeau, padre de Justin. En el libro, recuerda un vuelo solitario entre los dos lugares siendo “un niño sin acompañamiento”, una frase que repite en varias ocasiones como si se tratara de un lema que describe el sentimiento de nomadismo que tuvo a lo largo de su vida. Nadie sabe por qué existen las adicciones, pues es un misterio que se nutre de la genética, la influencia cultural y el historial personal, pero las oportunidades pueden jugar una parte importante. Perry quería alcanzar la fama más que cualquier otra cosa, y la consiguió. Pero en su libro se lamenta, “Creo que tus sueños tienen que cumplirse para que te des cuenta de que no eran los correctos”.

Uno de los más grandes bulos que hay en la cultura estadounidense es que ser famoso te arregla la vida, pero lo cierto es que esta puede dejarte incluso más roto. Hay quienes pueden afrontarla y salir ilesos, pero una de sus implicaciones más reales es que la soledad, la banalidad, el alcohol y las drogas llenan fácilmente los vacíos, mientras que el dinero y el éxito te permiten seguir en el mismo círculo vicioso. Perry comenzó a beber a los 14 años, una experiencia que describió como algo que estaba normalizando hasta el punto de que al cumplir 18, ya bebía a diario. Su adolescencia la pasó participando en programas de TV como Growing Pains, en donde su personaje tuvo un choque por conducir ebrio, y Beverly Hills, 90210, donde interpretó a alguien que se apuntó a sí mismo con una pistola estando alcoholizado. La generación x solía divertirse con estos episodios tan “especiales”, ya que era un torpe intento de la franja estelar por abordar problemas sociales, pero esto no evitó que las drogas, el alcohol y las armas nos arrebataran a nuestros ídolos.Su primera película fue A Night in the Life of Jimmy Reardon (1988), protagonizada por River Phoenix, quien que murió en 1993 por una sobredosis de heroína y cocaína. Cinco años más tarde, el compañero su compañero de set en Almost Heroes, Chris Farley, se convirtió en otra víctima de sobredosis unos meses antes del estreno de la cinta. Perry permaneció drogado durante toda la gira de prensa.

Su sustancia de preferencia era el Vicodin. La conoció tras un accidente de jet ski que tuvo en el set de Fools Rush In, una comedia romántica con Salma Hayek. Nunca consumió heroína, ya que ese era su límite, pero continuó consumiendo el medicamento. Llegó a un punto en el que tomaba 55 píldoras al día. Después de su primer paso por rehabilitación, pensó que beber no estaba mal puesto que su verdadero problema eran las pastillas, pero comenzó a beber tanto que fue diagnosticado con pancreatitis a los 30 años. Escuchar su historia es impresionarse no solo por la resistencia de su adicción, sino con el aguante de su cuerpo: su colon explotó en 2018 por tomar muchos opioides, dejándolo en coma por dos semanas y necesitando al menos 14 cirugías, además de tener que pasar nueve meses con una bolsa de colostomía. Su corazón se detuvo en 2022 durante cinco minutos y un doctor le quebró ocho costillas intentando resucitarlo. ¿Quién podría culpar a su cuerpo por desfallecer? Unos cuantos años atrás, mordió la esquina de un pan tostado y sus dientes de arriba se cayeron, por lo que tuvo que someterse a una cirugía dental de emergencia, ocasionando que hablara de forma particular.


Es una pregunta que nos atormenta a muchos de los que luchamos con una adicción: ¿por qué murió esa persona y yo sigo vivo? ¿Por qué esa persona pudo rehabilitarse tan fácilmente mientras que para mí es tan difícil? ¿Por qué? ¿Por qué?


“Muchos de nosotros sentimos que lo perdimos hace mucho tiempo por culpa de las drogas y el alcohol”, dijo el actor Hank Azaria en su cuenta de Instagram, con un aspecto aletargado y afligido, un día después de la muerte de Perry. Ambos fueron muy cercanos cuando tenían 20 años e hicieron parte de un grupo de jóvenes divertidos y talentosos que estaban hambrientos por la fama, pero se colmaban de bebidas en los bares. En realidad, fue Perry quien hace 17 años llevó a Azaria a su primera reunión de Alcohólicos Anónimos. “Cuando estaba sobrio era tan atento, solidario y sabio”, añadió Azaria, quien dejó de beber desde el primer día mientras que su colega pasó años dentro del mismo bucle. Es una pregunta que nos atormenta a muchos de los que luchamos con una adicción: ¿por qué murió esa persona y yo sigo vivo? ¿Por qué esa persona pudo rehabilitarse tan fácilmente mientras que para mí es tan difícil? ¿Por qué? ¿Por qué?

Perry sabía que estaba mucho mejor cuando no estaba consumiendo. “Cuando estoy sobrio y limpio es como si me enseñaran una luz”, escribió. “Una que puedo compartir con un hombre desesperado que necesita ayuda para dejar de beber”. Era torturado por su propia mente, pero era en aquellos momentos en donde encontraba calma. “Cuando ayudo a alguien a dejar de consumir, es como si estuviera debajo de una cascada en Hawaii”.

La autobiografía del actor es desoladora y está repleta de arrepentimiento por haber perdido oportunidades –particularmente con las mujeres que amó y lo dejaron, desde Julia Roberts hasta Lizzy Caplan–, pero la parte que más ilumina la historia es la paz que le daba sentirse útil. “El tiempo que pasó entre 2001 y 2003 fue el más feliz de mi vida”, se lee. “Estaba ayudando a personas. Estaba sobrio y me sentía fuerte”.

En Washington D.C. abogó para que las personas drogodependientes que habían cometido delitos recibieran tratamiento a largo plazo y supervisión judicial, en lugar de ser castigadas con cárcel. En 2013, recibió el premio Champion of Recovery directamente desde la Casa Blanca cuando Obama era presidente. Ese mismo año, abrió su casa de sobriedad Perry House, pero el proyecto no resultó como esperaba. Había iniciado el negocio con su consejero de Alcohólicos Anónimos, pero cuando todo colapsó, también lo hizo su relación. Poco después recayó. Tenía tantos ánimos por ayudar a los demás que seguía siendo un misterio por qué no podía ayudarse a él mismo.

Al final logró permanecer sobrio. Para el momento en el que se publicó su libro, hace casi un año, llevaba limpio 18 meses. En una entrevista con el presentador Tom Powell, el actor dijo, “Cuando muera, si hablamos de mis logros, me gustaría que Friends se nombrara mucho después de las cosas que hice por ayudar a los demás”.

Por supuesto, el mayor reconocimiento que alcanzó en cuanto a fama fue con su personaje de Chandler Bing. ¿No podría ser más obvio? Pero al abrir las puertas hacia las humillaciones que sintió en la vida, sus fracasos y sus frustraciones, acompañó a las personas más solitarias y perdidas al enseñarles que cambiar era posible. A veces podía ser sencillo; otras veces podía ser terrible, pero no era imposible.

Friends, Lovers, and the Big Terrible Thing terminó siendo el obituario que no sabía que estaba escribiendo sobre sí mismo. Pero por más triste que sea, piensen en que son pocas las personas que han podido escribir unas últimas palabras tan extraordinarias. Unas que no solamente documentan una vida, sino que también salvan muchas más.