Airbag: “En el fondo somos una banda de bar”

En la intimidad del camarín, antes de tocar en el estadio de Argentinos Juniors, los hermanos Sardelli reflexionan sobre la identidad del grupo que fundaron hace dos décadas.

Por  JUAN FACUNDO DÍAZ

octubre 25, 2022

Patricio Sardelli, en la noche consagratoria de Airbag, el 24 de septiembre en el estadio Diego Armando Maradona, de Argentinos Jrs.

Rodrigo Alonso

Después de veinte años de carrera, los hermanos Sardelli de Airbag no se ponen muy nerviosos antes de tocar. Es el sábado 24 de septiembre, y horas antes de subirse al escenario de Argentinos Juniors, en su debut en un estadio de fútbol y su show más grande hasta el momento, Patricio, Guido y Gastón están los tres en el vestuario local, aislados del contexto que, a contrarreloj, termina de montar toda la puesta en escena. A media luz, sentados cada uno en un sillón, con guitarras en sus faldas y frente a una mesa ratona que tiene botellas Gatorade, un whisky recién abierto, una canasta de chocolates y papas fritas, la banda recién está decidiendo qué temas van a incluir en las casi tres horas que va a durar el recital que van a dar ante veinte mil personas. 

“La música tiene que ser un símbolo de libertad y nosotros la usamos para eso. Siempre nos gustaron mucho las bandas de los 70 o los 90 que subían al escenario y podía pasar cualquier cosa”, dice Patricio. “Acabamos de pasar la lista y seguramente vaya a sufrir modificaciones. Para mí eso es fundamental, por lo menos en el estilo de rock que hacemos nosotros”. Y ese estilo al que el guitarrista y cantante hace referencia, el sonido del hard rock de guitarras, pulcro y cargado de energía que la banda viene forjando, alcanzó el summum con Al parecer todo ha sido una trampa (2021), el álbum con el que ganaron el premio Gardel a Mejor Álbum de Rock y con el que se coronaron durante el 2022 como banda de estadios después de pasar por el teatro Gran Rex, Obras Sanitarias y tres Luna Park al hilo. Algo que demostraron, también, desde el primer instante del show en Argentinos al desplegar en los momentos indicados toda la parafernalia cliché para lugares grandes: fuegos artificiales, humo, papel picado, llamaradas, un muñeco inmenso de Frankenstein sobre escena, globos gigantes para el público y más. “Todos los que están acá son parte de los que saben que el rock no murió y que no va a morir”, dio la bienvenida Patricio después de “Jinetes cromados” e “Intoxicarme”. 

En la intimidad. Patricio y Guido Sardelli, en los camarines del estadio de La Paternal. Foto: Rodrigo Alonso

“Somos una banda que nos adaptamos a todo. Somos genuinos, podemos tocar donde sea”, dice Guido. “Hay grupos que quizás necesitan del contexto para hacer las cosas y nosotros somos músicos desde muy chicos, tocamos muy naturalmente. Estamos en un asado y tocamos con la misma pasión que hoy. Por supuesto, hay una energía que está, que es única e irremplazable. Pero no veo que nos haga hacer concesiones para este tipo de conciertos”.

“Lo que sí varía es que te posibilita puestas de mayor envergadura. Eso es lo que siempre tratamos de maximizar del lugar donde estemos y poner un 10% más de calidad de lo que sea”, agrega Gastón al pensar qué gana y qué pierde la banda en un escenario de esa talla. “Esa es la principal libertad que te aparece en este tipo de lugares, poder hacer algo más grande”.

Airbag llenó de rock el estadio de Argentinos Jrs. Foto: Rodrigo Alonso

“En el fondo somos una banda de bar, nos podemos subir a tocar en un barcito a las 3 am y vamos a darlo todo también. Los contextos obviamente te motivan, que haya veinte mil personas te llena de fuerza, pero esencialmente somos músicos. Siempre digo que somos músicos, no somos artistas”, dice el más joven de los hermanos.

Si bien el grupo debutó en 2004 con un disco que llegó a ser galardonado como platino en la Argentina y se mantuvo hasta ahora con seis álbumes más, giras internacionales y guiños de respeto de integrantes de bandas como Guns N’ Roses, Guido se despega de ser llamado artista. “Yo hago la diferenciación. A mí la palabra artista me suena a mucho o a muy poco. Quiero dejarle esa palabra a las leyendas. Yo soy un músico, yo agarro una guitarra, toco y hago temas. Me defino como músico. ¿Artista? Bueno, cuando muera alguien dirá si lo fui. Pero después, alguien va a Gran Hermano y ya es artista. Está bastardeada la palabra. A mi me da calorcito decir que lo soy”.

“Es que va de la mano de una obra. No es tan sencillo, no es que porque te subiste a un escenario lo seas”, dice Patricio, por su parte. “En las artes plásticas hay un conflicto muy grande. Alguien monta una exposición que tenga cualquier cosa y hay un tipo que dice ser artista. Ahora bien, yo te pongo el David de Miguel Angel y no importa qué ser humano camine sobre la Tierra, lo ve y queda impactado. Capaz en la música es menos obvio, pero en las artes plásticas queda re expuesto y creo que yo dejo la palabra artista para esos”, dice Gastón después de levantarse en medio de su explicación y apoyar en el suelo el paquete de papas fritas que estaba comiendo para graficar su idea.

A pesar de ser Al parecer todo ha sido una trampa el álbum que los llevó por los escenarios más grandes del país desde su estreno, la banda no cree que este sea la razón de su actualidad y su consagrada masividad. Por lo contrario, los hermanos Sardelli asocian su momento más bien al proceso de años y el crecimiento musical que desarrollaron desde su aparición. “Yo no creo que este disco sea el que nos trajo acá. Lo que nos trae acá es todo lo que hicimos. Nuestro primer disco también. Hay temas de ahí que marcaron a una generación, que hoy se reencuentran con la banda porque quizás nos venían a ver cuando eran más chicos. Nunca fuimos una banda de un disco o que por determinada razón explota, somos una banda que todo el tiempo va dando sus pasos”, explica Patricio y argumenta también la presencia de canciones en la lista como “La Partida de La Gitana (Si Te Vas)” o “Sólo aquí”, ambas de la época incipiente del grupo. “Es una maratón, no son 100 metros”, explica Gastón. “Para nosotros es toda la vida esto. A mi me gusta ir creciendo así y siempre sorprenderte con cosas nuevas”.

Esa búsqueda de renovación personal y permitirse la sorpresa, los llevó a incorporar nuevos matices tanto musicales como discursivos. De hecho, para este disco afirman haber volcado en él las cosmovisiones de cada uno de ellos. “El disco es una crítica a esa visión de que está todo bien pero en el fondo estamos todos recontra quebrados y tenemos que pretender que está todo bien”, explica Guido. “Yo creo que el álbum es un poco eso, habla de pararse y rescatar un montón de cosas de las que de alguna manera nos hemos desconectado, creo que la energía del álbum pasa por ahí. Es el fracaso de occidente como lugar de vanguardia, esa es la trampa que nos vamos a dar cuenta cuando toda esta generación tenga 40 y tenga que lidiar con todos estos trastornos que van a empezar a surgir. Se habla mucho de la salud mental de ese aspecto pero no se aborda una manera para solucionar problemas y cada vez más los hábitos que consideramos como normales y que estamos creando no creo que contribuyan a una salud mental mejor. Un poquito abre esa puerta para que el que lo escuche también reflexione”. 

Unas 20 mil personas colmaron es estadio de Argentinos Jrs. para ver a Airbag. Foto: Rodrigo Alonso

Pensando en el crecimiento sostenido y no explosivo o marcado en un punto de inflexión puntual, los cambios musicales que surgieron a lo largo de la discografía de la banda fueron decantando lentamente hasta llegar a evidenciarse en el último álbum, un trabajo que no es urgente, con baladas, construído con espacios en su sonido y fuera del vértigo guitarrero natural del grupo. “Es un proceso natural, uno va componiendo distinto, uno va experimentando con sonidos y formas de ver el mundo”, explica Patricio. “Los discos hablan de la cabeza de uno en ese momento. Este es un disco bastante largo, tiene muchas canciones, mucha variedad, temas que tienen orquesta, las violas siempre presentes. Tratamos de hacer todo siempre para que primero estemos contentos nosotros tres, nunca hacemos las canciones para venderlas a la gente. Por eso hay discos que pegan un poco más o un poco menos”. Y en eso de buscar su felicidad en primera instancia es, por momentos, donde la banda se permite licencias o incluso olvida al público. Con un piano posado al final de la pasarela que sale del escenario, tanto Patricio como Guido se tomaron un momento de masiva intimidad para interpretar “Cicatrices”, “Diez días” y “Campos elíseos”. O, momentos después y tras dos horas y media de show, Patricio despliega solos de guitarra eternos con todo su talento mientras la gente celebra su tapping y corea los guiños de riffs conocidos. Incluso pecan con una versión extendida, tribunera e innecesaria del Himno Nacional Argentino a la medianoche clavada, como una especie de radio AM que celebra el inicio de un nuevo día. 

“La mejor parte es la de tocar. El vivo hace que todo eso conviva, los temas de cuando teníamos 15, los de ahora, los covers. Todo eso cuando la banda está en vivo es absolutamente natural. Y eso es la mejor parte porque yo creo que nuestra mejor versión es en vivo siempre. Hay otras bandas que su mejor despliegue es en estudio, pero Airbag lo mejor lo da en vivo. Incluso a veces escucho los discos y digo ‘che, no suena como los tocamos ayer en la sala’. Eso es porque la banda crece, tocamos y sonamos mejor en vivo”, dice Patricio. Y la principal razón de esa potencia que el grupo adquiere sobre el escenario es debido a la gente, un público que supo trascender una generación que creció junto a ellos y se mantiene en constante ampliación y renovación adolescente. “Sucede que nos devuelven una energía muy grande. El cuarto integrante es la gente, hacen que las canciones tomen vida a otro nivel”, sigue Patricio. 

Los hermanos sean unidos. La familia Sardelli se despide de sus fans. Foto: Rodrigo Alonso

El show en Argentinos Juniors fue para Airbag la coronación de un proceso sostenido en el tiempo. Con casi veinte años de carrera en la mochila, los hermanos Sardelli permiten no verse intimidados por la magnitud de un escenario como tal ni con su consagrada convocatoria. Sin embargo, se permiten también, y principalmente para su obra, continuar haciéndose preguntas. Preguntas que van desde qué son, qué no, qué quieren decir, cómo se espera que suenen o cómo quieren sonar. Con un vaso en alto y papeles picados todavía volando sobre sus cabezas, Patricio afirmó frente a esas veinte mil personas que son “gente de pocas palabras, guitarras y brindis”. Para tener respuestas de todas esas preguntas, entonces, quizás ya haya tiempo.