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Villano Antillano: rap, magia y reglas rotas

Villana no canta, Villana rapea, y cada verso que escribe es un acto de rebeldía impulsado por el “activismo de existir”

FOTOGRAFÍAS POR STEPHANIE SEGARRA

junio 11, 2023

Villana Santiago Pacheco es su nombre de pila, pero en el mundo artístico se le conoce como Villano Antillano, la rapera boricua cuyas líricas punzantes y capacidad de delivery atravesaron mares el año pasado tras una BZRP Session que quedó impresa en la memoria colectiva de la cultura pop. Antes del boom que significó aquella grabación para su carrera, ya tenía tres años publicando música de manera independiente y escribiendo letras que desde la “jodedera” hablaban sobre su experiencia como persona queer y mujer trans.

Se crio en Bayamón y a los 17 años tuvo que marcharse de su hogar, edad en la que encontró en el rap una herramienta con la que desahogarse. “El rap se convierte en un arma”, dice mientras toma un merecido descanso antes de iniciar una nueva gira por Europa, donde hechizará a cientos de personas con su LP La sustancia X y más.

Villana tiene mucho por decir, pues su historia ha estado atravesada por experiencias que para muches son desconocidas y para otres son un abrazo en medio de lo que significa hallarse a sí mismes en una sociedad heteronormativa. Aquí, con un poco de espanglish, la rapera enseña por qué, como canta en ‘Mujer’, está llena de poder.

Villana, la cultura de Puerto Rico viene con mucha musicalidad al ser caribeña. ¿En qué momento te das cuenta de que puedes cantar?

Yo siempre hago la salvedad de que este término de ‘cantar’ para mí no es muy acertado; yo soy una rapera, eso es lo que hago. Siento que la música siempre ha estado presente en mi vida, mis primeros recuerdos tienen que ver con música. En mi casa siempre hubo mucha salsa pesada, mucha música un poco más clásica, mucho rock. Mis papás la consumían muy fervientemente, específicamente mi papá era un poco más clásico y mi mamá, una chica de los 90, enamorada de Destiny’s Child y Missy Elliott. Por ahí empecé yo. Y cuando estaba como en sexto o séptimo grado descubro a Nicki Minaj en el 2007, ‘Jump Off’ y Playtime is Over, y me cambió pa’ siempre. Recuerdo que tuve un momento con ella bien particular de un verso que escuché que me tocó tanto… el empoderamiento que yo sentí fue de: “Yo necesito saber cómo reproducir esto”.

¿Qué verso era?

Es un verso que está en Soundcloud de una canción de Young Thug que se llama ‘Danny Glover’. Nunca salió, no está en streaming platforms ni nada, pero ella partió todo.

¿Cómo comienzas a rapear?

Lo empecé a hacer muy para mí. Mixeaba cosas en mi cuarto en una computadora que tenía. También estaba pasando por momentos de mucha pobreza y estaba bien jodida por ser una persona queer en el Caribe. Yo me tuve que ir de mi casa bien temprano y buscármela, y creo que tenía mucha frustración y mucha ira, y eso conduce a ese tipo de género porque es un espacio para ventilar. Siempre estuve muy inclinada hacia la poesía, hacia escribir, y un día me di cuenta de que podía tirar estas cosas sobre un beat y empecé a jugar. También crecí en la época dorada del reggaetón y esa influencia está super marcada en mí, con exponentes como Tego Calderón y Héctor ‘El Father’. Esas cosas dejan su huella y une empieza a emular. Eventualmente me di cuenta de que yo me estaba escuchando a mí misma muchísimo y pienso que también tengo un threshold bien marcado. Y nada, empiezo a sacar música y fue lo que fue.

FOTOGRAFÍAS POR:STEPHANIE SEGARRA; PRODUCTION HOUSE: SÉPTIMO PISO; PRODUCTOR: ISMAEL CANCEL; STYLIST: VLADIMIR ALVIRA; CABELLO: JANN FIGUEROA; MAQUILLAJE: GIOVANNIE BERDECÍA; ASISTENTE DE PRODUCCIÓN: JOSHUA LÓPEZ; LOCACIÓN: VEO VEO STUDIO.

¿Qué pasatiempos tenías cuando estabas creciendo?

Pasatiempos normales. En realidad, es una etapa medio confusa para mí, de revivir un montón de traumas. Hay muchas cosas que no recuerdo porque les tuve que dar delete, porque si no, creo que no estaría viva. Lo que sí te puedo decir es que me envolví mucho académicamente, me convertí en una ‘estofona’, como le decimos acá, porque en realidad no tenía otro escape y también pensaba que quizás los estudios me permitirían irme lo más lejos posible. Cuando obviamente me doy cuenta de que eso no va a suceder porque la realidad es otra y la brecha socioeconómica era demasiado gigante, eso para mí fue un wake up call bien fuerte. Ese plan que tenía de irme lo más lejos posible no se me iba a dar, me puse bien rebelde porque no había de otra y yo no iba a dejar que se me fuese el tren. Ahí empezaron los problemas.

¿Qué pensabas estudiar antes de este golpe de realidad?

Yo inicialmente quería estudiar artes visuales o algo relacionado. El arte siempre me ha encantado, pero también cosas audiovisuales. Pienso que la música funciona para mí como un medio más que nada para expresarme como artista, pero ese medio bien pudo haber sido cualquier otro. Empecé a estudiar arte y yo iba a las clases, pero todo el mundo estaba en otra y yo estaba pasando por tantas cosas traumáticas y tenía que buscármela.

Mi paso por la universidad fue bien particular, entonces me doy cuenta de que estudiando arte me empezaron estos conflictos. Yo pienso que sí, como artista tú puedes aprender técnica, puedes mejorar muchas cosas, pero al final nadie te puede decir cómo hacer tu arte, porque es tuyo y eso es lo que te convierte en artista. Había algo de eso y sentía que no conectaba del todo, entonces regreso a lo que inicialmente entré estudiando que fue Relaciones Internacionales. Realmente la terminé por esa constante presión de la familia de que “Necesitas un título o te vas a morir de hambre”. Y total, terminé mi título y como quiera, me estaba muriendo de hambre [risas].

¿Es entre los 17 y los 18 años cuando empiezas a hacer música?

Sí, sí. Ya a esa edad estaba mixeando cosas en mi cuarto. Tenía una laptop con Mixcraft y Fruity Loops; jugaba ahí un montón. Obviamente hice un montón de cosas que nunca ni salieron ni verán la luz del día, incluso esa computadora yo la boté, pero en ese momento eran ejercicios muy míos. Creo que utilizaba la música como un ejercicio más reflexivo.

Como terapia “gratis”.

Sí, de mí misma para mí misma.


“Yo siempre hago la salvedad de que este término de ‘cantar’ para mí no es muy acertado; yo soy una rapera”.


Villana, ¿te sientes cómoda hablando de tu primera ‘salida del closet’ y lo que sucedió a tus 17?

Sí, sí me siento cómoda, específicamente porque ya estoy en otra etapa de mi vida con las personas que en ese momento no entendían. Y creo que es una historia incluso necesaria y bonita porque habla de ese crecimiento personal de todas las partes envueltas.

¿Podrías contarme, por favor?

¡Claro, sí! Mira, yo sabía que yo era una chica trans desde como los cinco o seis años. Yo me acuerdo de que yo me acostaba por las noches y rezaba: “Papá Dios, mañana cuando me levante, quiero ser una nena”. Esos son mis primeros recuerdos. Siempre fui súper femenina y hay ciertas cosas que se permiten hasta que ya llegas a una edad donde se tienen que empezar a definir ciertas cosas. Y entonces, entraron muchas prohibiciones, muchas cosas de “no te pares así”, “no camines así”, “no hables así”, “no muevas las manos al hablar”. Eventualmente se empieza a mezclar la cosa, yo me sigo desarrollando y me doy cuenta de que no es seguro para mí, por ciertas cosas que pasaron que no voy a entrar [en detalle], tan siquiera seguir porque yo era muy rebelde y resistía. Pero de momento las cosas se tornaban violentas, y por miedo, me empecé a amoldar a este rol que me estaban impulsando. Y me daba cuenta de que cuando jugaba a ser esta persona, por los cánones que me imponían, no corría peligro, la gente no jodía conmigo ni tanto en mi casa ni como en la calle. Nadie puede decir que no lo intenté y hasta cierto punto lo hice exitosamente. Fui, dentro de todos los preceptos, un macho y me iba muy bien [risas], era muy guapo, tenía todo lo que yo quería. Pero ¿sabes una cosa? No era yo y lo supe siempre. Yo igual siempre me he considerado una persona por todos los cánones, pansexual, igual bi, no me molesta el label, yo pienso que yo soy todoterreno, todo va. Pero en ese momento lo hablé cuando me di cuenta de que ya no me iba a poder escapar.

En su momento no pensé que me fuera a costar todo lo que me costó, yo sí sabía que me estaba exponiendo muy peligrosamente a algo, pero no que iba a resultar como resultó ser y me tuve que ir del hogar de mis papás. Pasaron muchas cosas en las que no voy a divagar, porque hay una línea muy fina entre contar esta historia y enfocarnos en lo positivo, y contar estas historias como traumaporn. Entonces, al cortar con mi familia, ser expulsada al mundo real y tener que buscármela yo misma, conocí personas mayores de la comunidad queer que me decían: “Yo no hablo con mis papás hace 40 años”. Escuché muchas historias de personas que me ayudaron en el camino y me dieron mucha sabiduría, y yo decidí que esa no era la relación que yo quería tener. No estaba lista para reconectar, pero yo no quería que pasara tanto tiempo, porque dentro de todo, siempre he sabido que mi familia me ama. Ahora lo puedo ver porque la adultez te permite ver las cosas con otro lente y puedo mirar hacia atrás y entender que a mis papás nunca se les educó en lo absoluto para tener una hija trans. Ahora es otra historia, mi mamá es mi mejor amiga y eso es muy bonito. El poder hablar de las cosas para mí es fundamental. Aparte de ese momento, a mí no me faltó nada, mi mamá se jodió toda su vida trabajando para ofrecerme lo mejor y darme comida, un techo, amor.

¿Cómo fue darte cuenta de que la familia también se puede escoger?

Fue un momento bien fuerte toparme con que tenía bien pocas personas que me ayudaban y fue bien heavy toparme con todas estas personas que ponían recursos a mi disposición. Tengo amigas que me dieron comida, techo, ropa en momentos que yo no tenía, y la comunidad hace eso. Yo solamente te puedo hablar de mi experiencia como una persona queer y una mujer trans en la Metro, eso es muy diferente a lo que se vive en las montañas o en las partes rurales. Pero, acá, por lo menos tenemos una red, hay una comunidad muy presente, hay jangueos, todas nos conocemos, la comunidad está muy arraigada. Específicamente en esto de la familia escogida nos unen mucho las cosas que hemos sufrido por separado, pero que son lo mismo porque hay una universalidad de experiencias. Todas las personas trans transicionamos de manera distinta, pero hay ciertas similitudes en las experiencias que tenemos y esos dolores nos unen y nos hacen tener cierta sororidad entre nosotres.

FOTOGRAFÍAS POR:STEPHANIE SEGARRA; PRODUCTION HOUSE: SÉPTIMO PISO; PRODUCTOR: ISMAEL CANCEL; STYLIST: VLADIMIR ALVIRA; CABELLO: JANN FIGUEROA; MAQUILLAJE: GIOVANNIE BERDECÍA; ASISTENTE DE PRODUCCIÓN: JOSHUA LÓPEZ; LOCACIÓN: VEO VEO STUDIO.

Villana, ¿dirías que has podido encontrarte a través de la música?

No diría que me he encontrado a mí misma a través de la música, pero la música siempre me ha ofrecido un acompañamiento en ese proceso de yo encontrarme a mí misma. He encontrado siempre en la música un abrazo, algo que me recuerda que no soy la primera que pasa por aquí. Y como artista, como creadora, también he podido dejar eso para otras personas y utilizar mi experiencia para hacer journaling o dejar algo ahí para que quien venga, lo encuentre.

En 2019 publicas tu primer EP, Tiranía. ¿Cómo se te da la oportunidad de grabarlo y publicarlo?

Enteramente autogestionado, enteramente yo pagando por ir a estudios, desfalcándome [risas]. También conocí gente buena que me hacía precios, porque yo en ese momento era una persona bien joven que estaba tratando de hacer algo artísticamente y explorándose. No es hasta que me topo con Mitxhell De León que me habla de La Maldad, un colectivo que, al sol de hoy, continúa trabajando con artistas queer y personas increíblemente talentosas y desventajadas, poniendo recursos a su disposición para que puedan grabar. Él fue la primera y única persona que me dijo: “Yo tengo un estudio de grabación, ven acá y te grabo. Vamos a hacer música sin compromiso”. Y a través de Mitxhell y de La Maldad es que yo empiezo a tener sesiones gratis en el estudio donde no me tenía que preocupar por estar matándome en la calle o en el trabajo para conseguir dinero de excedente, porque yo tenía que igual pagar todas mis cosas como podía. Yo pienso que una de las cosas que más impiden el crecimiento y el desarrollo de los artistas, lamentablemente, es el sistema capitalista. Hay muchas personas que quizás tienen mil talentos que no pueden explorar porque el capitalismo te exige que estés trabajando todo el tiempo. Es bien difícil explorarte como artista y como creative siguiendo esa rueda sin poder escapar.

¿Por qué le pusiste Tiranía?

Era muy donde estaba en ese momento. También para mí fue un proceso muy reflectivo, yo igual no pensaba que las cosas iban a llegar a donde han llegado. Pienso que esa música ya no me representa en lo absoluto y también en ese momento me era difícil saber cuánto de mí o de la persona que yo proyectaba al mundo era yo, y cuánto de mí eran traumas.

¿Por qué dices que ya no te identificas con ese EP?

Por todo el proceso traumático que estaba pasando. No pienso que esa persona estuviera enteramente consciente de muchas cosas. Era algo muy personal, más bien fue un trabajo mío para mí. Me importaba un carajo si la gente podía relacionarse o no. Ya entonces, cuando empiezo a hacer música por joder, me doy cuenta de que ahí realmente es donde hay esta magia. ¿Qué sé yo? Soy muy fan de romper todas las reglas, y yo las rompí todas para construirme a mí misma y ser quien soy ahora.

Tú tienes un EP muy curioso que es Ketaprincesa (2020) que, empezando por el nombre y los títulos de cada canción, tiene que ver con drogas. ¿Qué hay detrás?

Ketaprincesa ya soy yo adentrada en mi exploración de mi identidad de género y abiertamente abrazando eso. También mucha de esta liberación a la que me encaré, de pronto, vino de la mano de no solamente cuando me tiré al mundo y me fui de casa. No fueron solamente cosas malas, hubo muchas cosas bellas también, pero también mucho desenfreno y mucha loquera. Estuve expuesta a un montón de cosas y muchas drogas. Eso no es poco común en la comunidad. También siempre he puntualizado el hecho de que, para bien o para mal (yo ni celebro ni condeno el uso recreacional de las drogas, hablo solamente de mi experiencia), pienso que las personas queer en el mundo entero tendemos a relacionarnos a través del uso de ellas.

FOTOGRAFÍAS POR:STEPHANIE SEGARRA; PRODUCTION HOUSE: SÉPTIMO PISO; PRODUCTOR: ISMAEL CANCEL; STYLIST: VLADIMIR ALVIRA; CABELLO: JANN FIGUEROA; MAQUILLAJE: GIOVANNIE BERDECÍA; ASISTENTE DE PRODUCCIÓN: JOSHUA LÓPEZ; LOCACIÓN: VEO VEO STUDIO.

Yo empiezo a tener este romance con las sustancias y la ketamina fue un momento de mi vida que me cambió mucho. Fue algo muy bello, muy poderoso. Y Ketaprincesa sale en realidad como un vacilón entre unas amigas mías en específico, que eran muy ‘ketamineras’. Al principio yo estaba muy en contra y lo hacían a mis espaldas, entonces, una vez me enteré de que lo estaban haciendo, y yo encabrona’: “Bueno, si lo están haciendo todas, lo voy a hacer yo también, porque no me voy a quedar fuera”. Nadie me presionó, le cogí el swing y fue un vacilón muy chulo.

Empecé a explorar con hongos. La marihuana ni se diga. Enteramente no la considero una droga, pienso que el alcohol es mucho más malo. So, me di cuenta, así de joven, que quizá todos estos tabúes que tengo sobre las drogas están mal, déjame flexibilizar un poco. Y flexibilizando un poco fue que probé todo.

Eso es lo importante cuando se habla de estos temas. No es tanto cuestión de decir “No pasa nada”, sino saber hacerlo con responsabilidad.

Claro, yo pienso que siempre y cuando une no esté intentando escapar de algo y lo estés haciendo porque estás abriéndote… Me pasa mucho con los psicodélicos. Pienso que te pueden abrir la mente a explorar un montón de cosas, quitarte un montón de nociones preconcebidas y gríngolas que a veces tenemos. A mí el ácido me ayudó muchísimo a perdonar y me parece bien loco. Obviamente hay otras cosas, la molly, que son más joda. Pero dentro de este mundo de Ketaprincesa, yo estaba teniendo este romance con todas estas drogas, también abriéndome, enamorándome, teniendo relaciones, amistades. Simplemente siendo muy caóticamente queer y creciendo.

Esos dos EP son como coming of a age stories. El primero fue lo que fue, yo estaba siguiendo todas las reglas y tenía todas esas limitaciones. Ya entonces, en Ketaprincesa me fui soltando y dije: “Yo no voy a seguir ningún tipo de regla”, y fue lo mejor que me pasó en la vida, esa explosión de color. Cuando me fui de mi casa, termino en una relación abusiva y controladora. Me metí quizás donde no me tenía que meter, porque no tenía comparativa saludable del amor. Entonces ahí, justo para Ketaprincesa, esa relación termina y rompo con ese último eslabón de lo que me estaba limitando. Y de ahí fue desenfreno.

¿Entonces con Ketaprincesa te identificas más?

Sí, me puedo súper identificar. Ketaprincesa es mucho más fem, obviamente en ese momento todavía hablaba de mí en masculino, porque eso era un chip que no me había quitado. So, hay ciertas cosas que no, pero en su síntesis… Vamos, en la carátula, nada más la ves, hay mucha mariconería. Eso sí siempre va a ser representativo de mi experiencia, de mi persona: hay mucha jodedera y yo quizás tenía una noción preconcebida de que no había manera de que la jodedera pudiera ser activismo y ahora full me banco en el activismo de existir. Te lo mamas. Esta soy yo, soy una loca, voy por algo en la vida y me va cabrón y tienes que bregar con esa. Y pienso que eso es mucho más efectivo que incluso académicamente sentarse a debatir por qué tú me tienes que respetar. No, cabrón, mi vida no es un debate. Yo estoy aquí y te la mamas.

En alguna ocasión te escuché decir: “Yo corro peligro viviendo en Puerto Rico”. ¿Cómo es PR en materia de derechos LGBTIQ+?

Es una burbuja bien grande, puede haber de todo. Es una conversación muy recurrente que va más allá de decirte que eso ahora mismo no es solamente Puerto Rico, es el mundo, muy lamentablemente. Como que ya fuimos de un punto A a un punto Z rapidísimo. Ahora mismo estamos a riesgo de perder absolutamente todo con el nivel de fascismo y retórica al garete que se está despotricando por ahí. Embustes. La obsesión que tienen los medios y la prensa amarillista con la gente trans que siempre hemos sido personas marginalizadas y sin acceso a absolutamente nada. Y de momento se sacan una narrativa de nosotras que ¿de dónde puñeta?

Acá en Puerto Rico los transfeminicidios son la orden del día. Te puedo dar una lista de nombres que si empiezo, no termino. Los casos más notorios de los últimos años: Alexa Negrón Luciano, Penélope Díaz, Serena Velázquez y Layla Peláez, son un montón. La comunidad queer aquí en Puerto Rico reconoce que hay un problema en el sentido de que, para el resto de la población, valemos menos. Ese es el sentir.


“Yo no me considero realmente una villana. Creo que me consideraría, si algo, lo que se conoce como un anti-hero”.


También mucha gente dentro de su burbuja piensa que ya existe la igualdad de derechos, pero no, todavía faltan muchas cosas por cambiar.

Al garete, es bien fuerte. A mí lo más que me frustra es la mucha gente bruta que hay, porque tú me disculpas, pero hay gente bruta con cojones que tú dices: “Pero ¿cómo es posible?”. Pero lamentablemente tampoco me debe de sorprender, porque cómo tú no vas a tener una población enteramente anormal si no tenemos sistema de educación, no tenemos sistema de salud, somos gente que vivimos en una precariedad increíble. Hay un montón de factores que en realidad no es culpa de la población y ni es culpa de la gente, pero lamentablemente quienes están arriba nos quieren así, nos quieren brutos porque somos más sumisos.

Este año viniste a Bogotá y pasaste un día en el barrio Santa Fe, acompañada de la Red Comunitaria Trans. Cuéntame tu experiencia.

Mi experiencia más bonita en Colombia fue en el barrio Santa Fe. Tengo recuerdos muy hermosos que van a estar conmigo para siempre. Debo hacer la salvedad de que en cada lugar que voy donde puedo conocer… Recientemente estuve en México y también conocí muchas personas de la comunidad. No llegué a ir, pero me invitaron también una red de transexuales y travestis allá y yo estaba encantada.

Es bien loco que somos personas que sufrimos un montón y que se nos niega absolutamente todo, pero somos de las personas más dadivosas, de las personas más puestas para amar. Me abrieron las puertas de su casa, me hicieron un sancocho con un arroz blanco y me senté a comer, nos emborrachamos y es esa sororidad. Somos hermanas, punto. Porque de la misma manera que yo he vivido lo que he vivido, ellas también. Hay un montón de cosas, esa historia es el pan nuestro de cada día. A mí me pasó eso, pero tú no sabes cuántas veces he tenido que movilizar recursos para responder por una chamaca que se quedó en la calle por lo mismo. Yo he tenido que ser la misma madre que yo tuve en un momento dado, yo he tenido que devolver ese favor y así ha sido históricamente por generaciones. Y da pena que al sol de hoy todavía estemos luchando contra las mismas cosas.

Villana, en este punto de tu carrera, en el que tienes reconocimiento y una gran plataforma, ¿sientes que en ocasiones llega a ser desgastante seguir teniendo que “educar” gente en esta materia?

Es agotador, y si me hubieses preguntado hace seis meses, te hubiera dicho que yo no tengo que hacer activismo. Yo merezco poder hacer arte igual que cualquier otra mujer o cualquier otro artista independientemente del género, y que se me consuma y se me vea como una artista. No obstante, no es algo real ni es sensato de mi parte. Lamentablemente, somos tan pocas personas trans que estamos en el spotlight y somos figuras mediáticas, que tenemos que agarrar la tutela y tenemos que guerrear, porque lo que está pasando ahora mismo es horrendo. El nivel de peligro al que estamos expuestes es algo bien fuerte y la gente no se da cuenta de que no solamente las personas trans peligramos, peligra todo el colectivo.

Para mí es bien desgastante, pero también he llegado a la realización de que fue la que me tocó, no puedo renegar de ello. Hay demasiado que podemos perder ahora mismo como para que yo pueda perderme en la semántica de “Esto no me toca a mí”. No, lamentablemente es que, si yo soy la que estoy de turno, yo soy la que tengo que romper con lo que haya y tengo que pegarle fuego a todo. Pero de que es agotador, es agotador.

Es agotadorsísimo también ser una artista aprobada. Yo pienso que las mujeres nos tenemos que probar todos los días, no importa cuánto tú hayas hecho y cuánto tú hayas probado que tú eres merecedora como productora, como liricista, como creativa. Siempre te tienes que estar probando, porque siempre va a haber un cabrón en una sesión, un pelabicho que no ha hecho nada por su vida, pero que piensa que tiene más ingenio que tú y que te puede decir, “No, haz esto. Haz lo otro”. Y todo el mundo puede dar recomendaciones, pero estoy hablando de hombres que se creen más que una. Y para mí, es bien frustrante también como mujer trans, encontrarme con que todo lo que yo he logrado no garantiza absolutamente nada. Es más fácil apostar por las personas cis dentro del colectivo, incluso, porque es la apuesta fácil. Y eso es full transmisoginia.

Pero, a fin de cuentas, sé dónde estoy parada, sé lo que valgo y ese falso fronteo de los hombres a mí me da mucha risa y es muy frustrante porque a mí me gustaría ayudar, virarme y poder ayudar a las que vienen. Pero ahora mismo todavía estoy yo solita a cuchillo de palo defendiéndome de las loqueras que hay dentro de la industria, que son un montón. Las pocas experiencias bonitas que he tenido han sido enteramente gestionadas por mujeres, en espacios de mujeres y entre artistas femeninas que nos apoyamos. No corremos con estas mismas pretensiones de los machos. Pero es bien difícil y quizá yo hago un buen ejercicio de ‘pichar’ y no voy a dejar que eso me defina, pero sí tengo que hablarte claro, es agotadorsísimo.

FOTOGRAFÍA POR: GIOVANNIE BERDECÍA; PRODUCTION HOUSE: SÉPTIMO PISO; PRODUCTOR: ISMAEL CANCEL; STYLIST: VLADIMIR ALVIRA; CABELLO: JANN FIGUEROA; MAQUILLAJE: GIOVANNIE BERDECÍA; ASISTENTE DE PRODUCCIÓN: JOSHUA LÓPEZ; LOCACIÓN: VEO VEO STUDIO.

Te lo preguntaba precisamente porque hay artistas de la comunidad que esperan llegar al punto en el que no se les llame “artista lesbiana o artista gay’, sino ‘artista’, a secas.

Sí, me encantaría. Realmente yo aspiro a ese mundo, a esa utopía, pero actualmente vivimos en una distopía bien fea. Y me encantaría llegar a un punto en el que esas cosas no importen, pero al momento importan y las razones que importan son más lamentables todavía. Pero pienso que bien o mal, incluso en mi historia, que muchos de los encuentros o experiencias más locas que he tenido son con papás de personas queer: “No entiendo un carajo de esto, pero en la portada de yo no sé qué revista, en la televisión, está esta mujer trans y yo tengo una niña trans en casa. Eso significa que quizás el mundo está cambiando y mi niña en mi casa tiene con qué soñar. Va a tener un futuro brillante”. Esas cosas no se pueden descartar y son importantes. Yo nunca tuve de chamaquita role models o figuras a quien yo pudiera admirar que fueran trans. Mi única experiencia o contacto con mujeres trans fue ya yo botada de mi casa. Ahí es donde empiezo a conocer a mi ídolas, a mujeres como Barbie Delgado, muñecas de acá de Puerto Rico que han cambiado, que también han sido madres dentro de la comunidad y han resistido.

Villana, el 2022 fue un año muy grande para ti, entre otras cosas, por tu BZRP Session y La Sustancia X. ¿Cómo te sientes en este momento de tu vida?

Pues mira, son muchos mixed feelings, me encantaría poder decirte: “Esto me solucionó todos los problemas, ya estoy súper hecha, estoy en la papa”, porque si yo fuera un macho cis ciertamente ese exitazo significaría que yo estoy cimentada. Esa no es mi realidad. Y específicamente relacionado a eso de que soy una mujer trans, no hay otra explicación. Así que, para mí, es la realización entender: “Ah, ¿tú pensabas que iba a llegar un punto de tu vida donde la cosa mejoraba? No, mamá, tú siempre vas a tener que trabajar diez veces más que todo el mundo”, porque lamentablemente esa es la visión de las mujeres y, específicamente, de las mujeres trans.

Es como un mixed feeling porque, por una parte, qué loquera, estoy fatigada ya, yo quiero respirar, quiero tirarme para atrás, pero no puedo. Y, por otra, qué dicha que yo tengo acceso a una magia y a un fuego de guerrear al que nadie más tiene acceso. Yo pienso que mi propuesta y la del resto de las personas queer que hacemos música y que estamos en el género urbano, es lo más cercano a los fundamentos iniciales del hip hop. So, me siento muy agradecida. Yo pienso que, en esta y en todas mis próximas vidas, yo quiero ser maricona, yo no quiero nacer cis-hetero en ninguna. Y, aun así, con todo lo que he sufrido y toda la vuelta, no reniego porque conozco la profundidad de la magia a la que tenemos acceso y cómo el resto del mundo nos mira, se roba nuestras ideas y nuestras cosas para hacerlas de ellos.

FOTOGRAFÍAS POR:STEPHANIE SEGARRA; PRODUCTION HOUSE: SÉPTIMO PISO; PRODUCTOR: ISMAEL CANCEL; STYLIST: VLADIMIR ALVIRA; CABELLO: JANN FIGUEROA; MAQUILLAJE: GIOVANNIE BERDECÍA; ASISTENTE DE PRODUCCIÓN: JOSHUA LÓPEZ; LOCACIÓN: VEO VEO STUDIO.

Teniendo en cuenta tu nombre artístico y tu nombre legal, ¿qué es para ti ser una “villana”?

Para mí va más allá de muchas cosas. Siempre me he saltado todas las reglas. Desde muy chiquita siempre lo hice, me la jugué y me costó absolutamente todo. En un momento dado me costó la vida, yo con 17 años me tuve que ir y tirarme a la calle; la vida como yo la conocía en ese momento acabó. Lo que vino después fue algo enteramente distinto.

Yo no me considero realmente una villana. Creo que me consideraría, si algo, lo que se conoce como un anti-hero, y lo que diferencia a un anti-hero de una villana es que sus motivos usualmente suelen ser humanos. Hay una historia de reivindicación y quizá hay algo de justicia, y yo pienso que esa es una causa por la que yo siempre voy a guerrear. Es una causa que generacionalmente heredo porque yo heredo una lucha. Esto no es algo que yo estoy empezando y siempre lo he hablado. Para que yo pudiese existir, no sabes cuánta gente se tuvo que morir pensando que nunca íbamos a llegar a tan siquiera ver a una artista como yo. Entonces tenemos artistas, como Arca, Pabllo Vittar, como yo, que cambiamos la narrativa y un sinnúmero más que puedo estar dejando fuera. Y estamos on the tip of the iceberg porque aún no hemos visto transmasculinidades poder hacer lo mismo. Hay tanto que no hemos explorado y estamos a punto de perder absolutamente todo, estamos dando para atrás un nivel y también parecería que nadie más quiere guerrear al lado de nosotres, solamente cuando conviene. Me imagino que soy oscuridad para muchas personas, pero soy luz para tantas otras más, que no me importa. Villana con gusto. Y quien piensa realmente que soy una villana pues whatever, soy el cuco pa’ ti, tu peor pesadilla. 

FOTOGRAFÍAS POR:STEPHANIE SEGARRA; PRODUCTION HOUSE: SÉPTIMO PISO; PRODUCTOR: ISMAEL CANCEL; STYLIST: VLADIMIR ALVIRA; CABELLO: JANN FIGUEROA; MAQUILLAJE: GIOVANNIE BERDECÍA; ASISTENTE DE PRODUCCIÓN: JOSHUA LÓPEZ; LOCACIÓN: VEO VEO STUDIO.