Una película hermosa, pequeña e intimista

Un hombre que quiere saber qué piensan las nuevas generaciones sobre el futuro y sobre los adultos, termina siendo interrogado por su sobrino

Mike Mills  

/ Joaquin Phoenix, Woody Norman,Gaby Hoffman

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

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CORTESÍA DE JULIETA CERVANTES/A24

Mike Mills es uno de los pocos directores del cine independiente norteamericano que continúa fiel a sus principios. Este hijo del videoclip, como Spike Jonze, Michel Gondry y David Fincher, debutó en el cine en el 2005 con Thumbsucker, una divertida pieza tragicómica con tintes psicoanalíticos. Luego, su trabajo evolucionó con la conmovedora Beginners, acerca de un padre que, al final de sus días, le confiesa a su hijo la verdad sobre su orientación sexual. Mujeres del siglo XX, su tercera película y la mejor de las tres, fue un entrañable rito de pasaje y empoderamiento femenino, ambientado en la California de finales de los años 70.

El cuarto largometraje de Mills continúa explorando las dinámicas disfuncionales de las relaciones familiares, con una inspiración obtenida de su propia vida y del cine de los años 60 de John Cassavetes, Hal Ashby y Bob Rafelson, conectando a este director con sus colegas cercanos, Noah Baumbach, Alexander Payne, Richard Linklater, Greta Gerwig y, por supuesto, su esposa Miranda July.

C’mon C’mon, fotografiada en un bellísimo blanco y negro por Robbie Ryan (American Honey, La favorita, Historia de un matrimonio), cuenta la historia de Johnny, un reportero de la radio (Joaquin Phoenix) solitario y sin hijos, que tiene como proyecto entrevistar a niños y adolescentes para preguntarles sobre las percepciones que ellos tienen sobre el futuro, los adultos, el mundo y sobre ellos mismos.

Por medio de flashbacks, nos enteraremos de que Johnny estuvo cuidando a su madre enferma junto con su hermana Viv (Gaby Hoffman), y que esa carga, así como la rivalidad de los hermanos por el amor de la madre, deterioró la relación entre los dos. Sin embargo, Johnny acepta ayudar a su hermana cuando ella le pide que cuide de Jesse (Woody Norman), su hijo de nueve años, mientras trata de ayudar a su exesposo Paul (Scoot McNairy), que sufre de un trastorno bipolar.

Jesse va a permitirle a Johnny vivir la experiencia de la paternidad, y será él quien termine siendo interrogado por este niño precoz y excéntrico, sobre su propia visión del futuro, la adultez y del mundo.

La pequeña película de Mills está conformada por pequeños momentos cotidianos (bañarse, dormir, pasear, comer) que permiten entender de una manera orgánica e intimista, cómo se construye la fuerte relación entre el sobrino y su tío. Estos momentos se mezclan con elocuentes lecturas de libros reales como La guía para reparar la relación entre padres e hijos de Andrea Nair, Una lista incompleta de lo que permite un camarógrafo de Kirsten Johnson, La familia del oso bipolar de Angela Ann Holloway, Madres: un ensayo de amor y crueldad de Jacqueline Rose, Star Child de Claire A. Nivola, y El mago de Oz de L. Frank Baum.

También son reales las entrevistas hechas a los jóvenes y niños que llenan con una atmósfera de esperanza y optimismo a la película de Mills (una de ellas fue realizada a DeVante Bryant, un niño de nueve años de edad, que murió víctima de una bala perdida, y al que se le dedica esta película). El intercambio entre la ficción y la no ficción también se evidencia en el extraño juego del huérfano, que Jesse realiza con su madre y con su tío, el cual está inspirado en la hija de Aaron Dressner, uno de los compositores de la música de la cinta.

C´mon C’mon vuelve a mostrarnos a un autor en constante evolución, luchando por una causa casi perdida en el cine norteamericano actual, consistente en contar historias sobre personas como usted o como yo.