febrero 23, 2022

Un Mundial pero, ¿a qué precio?

Desde 2010, no ha habido ni un solo año en que la celebración del próximo Mundial de fútbol en Qatar no sea objeto de controversias. Y aún sigue en pie

Por  MELISA PARADA BORDA

La Copa Mundial de la FIFA se realizará entre noviembre y diciembre en Qatar.

FIFA

*Este artículo fue actualizado el 10 de noviembre de 2022

“Por alguna razón yo había pasado a ser la acusada”, escribió la licenciada en relaciones internacionales y derecho internacional Paola Schietekat en su relato Un mundo que parece odiar a las mujeres. Allí cuenta cómo cambió su vida el seis de junio de 2021, mientras se desempeñaba como economista conductual del comité encargado de la organización del Mundial en Qatar, Supreme Committee for Delivery & Legacy. Aquel día, un conocido de la comunidad latina en la ciudad de Doha irrumpió en su departamento cuando ella dormía y procedió a agredirla físicamente.

Negándose a mantenerse en silencio, Schietekat tomó todas las evidencias necesarias para proceder con la denuncia y una vez obtuvo el certificado médico, acudió a la Policía en compañía del excónsul de México en ese país, Luis Ancona. El diplomático le recomendó ir hasta las últimas instancias del caso, pero no contaban con que la agresión fuese desestimada y que ella fuese acusada del delito de “fornicación”, que en Qatar puede darles a las mujeres musulmanas una condena de hasta siete años de cárcel y 100 latigazos. ¿Cómo sucedió? Increíblemente, poco después de haber establecido la denuncia, la Policía le solicitó acudir a la estación y allí descubrió que el agresor aseguró que ambos mantenían una relación sentimental extramatrimonial, de allí el “delito”.

A Schietekat no se le otorgó ningún traductor durante todo el proceso y las ayudas de la embajada de su país en Qatar fueron casi nulas. De hecho, le comentó a W Radio México que al momento de comparecer ante la justicia no le fue asignado ningún abogado, teniendo que costearse por cuenta propia una abogada que, si bien la acompañó en la primera audiencia en enero, en la segunda no la representó por falta de dinero. Y lo que es peor aún, ningún representante de la embajada mexicana hizo presencia en la audiencia.

Lo más frustrante es que aquel hombre fue absuelto del cargo de agresión al no tener pruebas de su ingreso a la fuerza al departamento, no obstante, la Policía no dudó ni dos veces en creerle cuando este aseguró que ambos tenían un noviazgo.

Afortunadamente, la licenciada pudo salir del país y como en México las relaciones fuera del matrimonio no son consideradas como un delito, no corre el riesgo de ser extraditada. Sin embargo, Schietekat tuvo que dejar el trabajo de sus sueños por culpa de una justicia patriarcal y la falta de preparación del equipo de su embajada que, de haber tenido pleno conocimiento del funcionamiento del sistema de justicia del país árabe, pudo haberle evitado la constante revictimización que tuvo que enfrentar desde aquel seis de junio.

El caso finalmente se cerró en abril, luego que se celebrase la tercera audiencia en la que sí contó con el respaldo de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, órgano que le brindó los servicios de su Consultoría Jurídica. Allí, el juez dio por concluido el procedimiento penal, acabando con la pesadilla.

De las leyes contradictorias y la discriminación

Qatar ha sido aplaudido por ser uno de los países de Oriente Medio con mejores condiciones para las mujeres en materia de derechos humanos, el asunto es que muchos de estos avances como el acceso a la educación, los viajes y la toma de decisiones sobre sus hijos están condicionados por la tutela masculina.

Según el informe Everything I Have to Do is Tied to a Man (2021) de Human Rights Watch (HRW), dicho sistema les niega a las mujeres el derecho de tomar decisiones importantes sobre sus vidas. “La tutela masculina refuerza el poder y el control que tienen los hombres sobre las vidas y elecciones de las mujeres y puede alentar o propiciar situaciones de violencia”, explicó en ese entonces Rothna Begum, investigadora senior de la organización.

Leyes que respaldan a los hombres y culpabilizan a las mujeres hay muchas, al igual que aquellas que condenan la sola existencia de personas de la comunidad LGBTIQ+. De modo que la preocupación que han despertado casos como el de Schietekat es cómo el desconocimiento de las normas del país árabe y las limitaciones del idioma afectarán a los y las fanáticas del fútbol que planeen asistir al campeonato mundial. Más aún cuando las autoridades del país y funcionarios encargados de la organización del popular evento no han hecho más que emitir discursos discriminatorios.

A un par de semanas de la inauguración, se conocieron las declaraciones lamentables que el embajador del Mundial de Qatar, Khalid Salman, dio durante una entrevista incluida en el documental Qatar. Asunto confidencial, producido por la Segunda Cadena de la Televisión Pública Alemana (ZDF). El también exfutbolista inició advirtiéndole a las personas homosexuales que “todo el mundo aceptará” su asistencia pero “tendrán que someterse” a sus reglas. Antes de ser interrumpido, afirmó que “la homosexualidad es un daño mental” y que sentir atracción por personas del mismo sexo era “un pecado”.

Los atropellos han ocasionado protestas frente al Museo de la FIFA en Zúrich, donde manifestantes queer piden que se tomen acciones frente a las leyes discriminatorias de la sede del evento futbolístico más importante del mundo. Ante las manifestaciones, la Federación internacional respondió que “confiará” en que se implementen las medidas que sean necesarias para proteger los derechos de la comunidad LGBTI+. ¿Es garantía suficiente?

Un Mundial envuelto en polémicas y violaciones a DD.HH

Desde el momento de su elección sobre Estados Unidos como sede en 2010, el campeonato que se realizará a finales de 2022 ha ido de polémica tras polémica por la corrupción y las violaciones de derechos laborales y humanos, iniciando por el caso conocido como Qatargate. Tal escándalo destapó una serie de sobornos que favorecieron a Qatar en la votación, resultando en la suspensión de varios funcionarios de la FIFA, incluyendo Michel Platini y el expresidente de la organización Joseph Blatter. Este último, sostuvo el ocho de noviembre que haber elegido Qatar había sido un error al tratarse de “un país muy pequeño”, particularmente porque “el fútbol y la Copa del Mundo son demasiado grandes para eso”.

A la cuestionable elección se sumaron las constantes vulneraciones de los derechos humanos y laborales de los trabajadores de las obras de infraestructura para el Mundial. En 2016 Amnistía Internacional (AI) publicó un informe en el que denunciaba las condiciones paupérrimas de trabajo a la que eran sometidos, especialmente los inmigrantes, en la construcción de nuevos estadios y reparación de muchos otros. El informe revelaba que más de un centenar de trabajadores se veían obligados a vivir y trabajar en condiciones precarias, poniendo en riesgo su vida bajo amenazas para no hablar al respecto.

Un reporte más reciente realizado por la entidad benéfica Equidem que defiende derechos laborales y humanos en comunidades vulnerables, reveló que los trabajadores del estadio Icónico de Lusail eran obligados a esconderse cuando algún equipo de la FIFA era enviado a revisar las condiciones laborales. La situación se extendió en las obras de diferentes ciudades de Qatar, donde las firmas de construcción activaban alarmas para ordenarle a sus obreros inmigrantes (en su mayoría africanos y asiáticos) que se escondieran, sometiéndolos a abusos gravísimos de sus DD.HH. Dentro de las violaciones que se nombran en el documento, se encuentran contrataciones irregulares, xenofobia, pagos injustos, trabajar bajo condiciones climáticas extremas, exceso de tareas y violencia en el lugar de trabajo.

Las cifras de muertes de trabajadores han sido fuertemente discutidas en la última década, ya que mientras ONGs, el diario The Guardian y embajadas de países como India, Nepal y Bangladesh han reportado entre 6,000 y 10,000 decesos relacionados con las construcciones, otras organizaciones como la Organización Internacional del Trabajo en Qatar han asegurado que dichos reportes no discriminan entre la actividad económica de los ciudadanos. Por ello es que a meses de la Copa no se ha podido establecer una cifra exacta.

La más reciente fue publicada a finales del año pasado por la Organización Mundial del Trabajo, que reportó un total de 50 fallecimientos de trabajadores en 2020, un poco más de 500 heridos y cerca de 38 mil con lesiones durante las largas jornadas. Hay quienes dirán que “no ha habido tantas muertes” como se ha mostrado en los medios, pero el problema es que absolutamente nadie debería morir a causa de la explotación laboral.

Las familias de las víctimas tampoco han recibido compensación alguna ya que las muertes han sido pasadas por simples “problemas de salud” y no por incidentes relacionados con las obras. Por esta misma razón, el Gobierno catarí se ha negado a responder calificando los reclamos de una “estrategia publicitaria” y de estar fundamentados en el racismo.

Un silencio ensordecedor

A medida que se acerca el pitazo inicial, más federaciones nacionales y futbolistas se han pronunciado sobre las controversias que han empapado a Qatar 2022 desde hace más de 10 años. Uno de los casos más sonados es el del alemán Toni Kroos, quien el año pasado expresó su descontento por la próxima sede del Mundial. “Los trabajadores inmigrantes están sometidos a jornadas sin descanso bajo tórridos 50 grados, sufren una alimentación insuficiente, sin agua potable y a temperaturas de locura”, dijo en marzo de 2021, cuestionando a su vez que la homosexualidad allí sea considerada como delito.

La Real Asociación Neerlandesa de Fútbol (KNVB) también expresó su consternación con los reportes de miles de muertes durante las obras de adecuación del país para la copa: “La KNVB nunca estuvo a favor de realizar el Mundial en Qatar y desde luego no aprueba el trato que los obreros migrantes reciben ahí”. Además, jugadores de Noruega, Alemania y Holanda han protestado en la cancha durante las fechas de eliminatorias en Europa.

La Federación danesa de Fútbol (DBU), que le solicitó a la FIFA que se encargase de garantizar buenas condiciones para los trabajadores migrantes, se ha mantenido firme en sus reclamos, aun cuando a 10 días del inicio le fue prohibido entrenar con camisetas protesta que llevaban el mensaje, “Derechos humanos para todos”. Aun así, sus jugadores vestirán tres uniformes distintos en su paso por el Mundial: uno rojo, uno blanco y uno negro en su totalidad. “El color del luto”, declaró Hummel, su marca patrocinadora. “Pese a que apoyamos al equipo Danés, esto no debe confundirse con el apoyo a un torneo que ha cobrado la vida de tantas personas. Queremos hacer un manifiesto sobre el historial de Qatar en materia de derechos humanos y su trato a los obreros inmigrantes que construyeron los estadios de la Copa”.

Por su parte, las respuestas de la FIFA han sido más bien escuetas, publicando comunicados que parecen emitirse por salir del paso como la vez en que The Guardian denunció 6,500 muertes de trabajadores migrantes. “La frecuencia de los accidentes en los sitios de construcción de la Copa Mundial FIFA ha sido baja a comparación de otros proyectos más grandes de construcción alrededor del mundo”, declaró la organización en ese entonces.

A pesar de que estas y otras cuestiones más han sido discutidas desde 2010, han primado otros intereses en lugar de tomar medidas que realmente garanticen el respeto de los derechos de todas las personas involucradas en el campeonato. Hay mucha tela que cortar pero bueno, podemos respirar un poco porque las autoridades de Qatar han dicho que no hay nada de qué preocuparse y la FIFA confía en que así sea.

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