enero 16, 2023

Un encuentro familiar con Carla Simón

Nos reunimos con esta talentosa directora, para conversar sobre su hermosa cinta sobre una familia de campesinos catalanes.

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de MUBI

El pasado diez de febrero del 2022, el director M. Night Shyamalan anunció la película ganadora de la edición número setenta y dos del Festival de Cine de Berlín. Alcarràs, obtuvo el prestigioso Oso de Oro, convirtiendo a Carla Simón en la primera cineasta española en triunfar en la Berlinale. Nos reunimos con esta talentosa directora, para conversar sobre su hermosa cinta sobre una familia de campesinos catalanes.

ROLLING STONE: En Colombia tuvimos la oportunidad de ver Verano 1993, una película conmovedora que me recordó muchísimo a estas cintas que se ven desde los ojos de una niña como Ponette, o como El espíritu de la colmena de Víctor Erice. Ahora, llega Alcarràs y siento que estoy viendo un trabajo que me recuerda al cine de Robert Altman. Muchos personajes, muchas situaciones y casi parece un documental. Quisiera preguntarte sobre la decisión que te llevó a dejar a un lado una película que bien pudo haberse tratado desde el punto de vista de la niña, para centrarse en toda la familia. ¿Qué te llevó a pensar en esta película como algo coral? 

CARLA SIMÓN: Por un lado, porque siempre me han encantado las películas corales y yo formo parte de una familia muy grande. Esa idea de muchas cosas pasando a la vez, me apetecía mucho explorarla a nivel cinematográfico. Y luego porque, cuando empezamos a pensar la historia, tenía mucho sentido, de alguna manera, contarla desde el personaje de Quimet, el padre, porque es el que está más afectado, ¿no?

Cortesía de MUBI

Pero, claro, yo no soy un hombre agricultor de cuarenta y cinco años. Es decir, mis tíos cultivan melocotones en Alcarràs. Yo los entiendo y puedo empatizar y ponerme en su lugar, pero me parecía un poco intrusivo contar la historia desde ahí. En cambio, siendo parte de una familia grande, me pareció que podía ser capaz de contar esa crisis familiar desde todas las perspectivas, un poco desde cada uno. Entonces, de ahí surgió esta idea. Bueno, también porque era un nuevo reto. Yo venía de Verano, de hacer una película desde un único punto de vista, y de repente me gustaba la idea de poder jugar y explorar lo que implicaba una coralidad ¿no?

ROLLING STONE: Este año también vi una película llamada Louloute que hablaba sobre la pérdida de la vida en el campo y el grave problema que están viviendo los campesinos y los cultivadores en Europa y en el mundo. Quisiera que me contaras un poco sobre esa situación, y cómo está afectando al cine.

CARLA SIMÓN: Yo creo que lo que está desapareciendo no es la agricultura, porque la necesitamos y no va a desaparecer, pero sí están cambiando los modelos, que para mí es una cosa sorprendente. Como este modelo de hacer agricultura en familia – que en realidad existe desde la prehistoria, porque lo aplicamos desde entonces- esté desapareciendo, y con él, una manera de vivir. La idea de tres generaciones bajo el mismo techo también se acaba con ello. Yo creo que está pasando, especialmente en el caso de España, porque falta una regulación de precios, lo que hace que, si tú tienes una empresa pequeña, no sea suficiente con lo que produces. Tienes que producir mucho para que te salga rentable.

Yo creo que esto esté pasando en el momento en el que estamos, es algo muy contradictorio, porque en un momento de cambio climático, donde necesitamos cuidar la tierra y pensar en las generaciones que vienen, esa manera de hacer agricultura en familia es precisamente eso, pensar en que tus hijos las van a heredar, tus nietos también y que hay que cuidarla de una manera respetuosa. Cuando son empresas que la explotan, esto es muy distinto, ¿no?

Estamos viviendo en un momento un poco negativo. De hecho, al principio, teníamos un final feliz para la película, porque mis tíos siguen cultivando melocotones, y a medida que fuimos desarrollando el proyecto, nos dimos cuenta de que no tenía sentido, que realmente era un final naïve  si lo hacíamos positivo, porque realmente todos están muy resignados en que esto va a desaparecer y que no hay mucho más que hacer, porque a nadie le interesa. A las grandes empresas digamos, no les interesa regular esos precios. 

Cortesía de MUBI

Entonces la cosa está un poco complicada. Donde veo un poquito de esperanza es en todo el tema de la agricultura ecológica, que es un tipo de agricultura que sí o sí la tienes que hacer en pequeño, y por ahí es hay un poco de esperanza. Pero, hacer la transición de la agricultura tradicional a la ecológica lleva como unos cuatro o cinco años. Entonces hay muy poca gente que pueda sobrevivir este cambio. O sea que, ahí estamos. Es difícil. 

ROLLING STONE: Y mientras el dinero esté por encima de la tradición, de la autosuficiencia, del cuidado del medio ambiente, pues la cosa va a ser también difícil. Tenía otra pregunta, pero ya me estás dando pistas para la respuesta, y es que yo sospechaba que esta película tenía muchos tintes autobiográficos. 

CARLA SIMÓN: Sí. Bueno. Este es el pueblo de mi madre, yo no me crie allí. Mis tíos cultivan melocotones ahí y es un sitio al que hemos ido todas las vacaciones de verano y navidades. El paisaje es muy particular y no se ha rodado mucho ahí. lo llamamos el “Far West catalán”, por como es. Entonces, no sé. Yo tenía muchas ganas de rodar ahí, lo que pasa es que el argumento en sí no le pasó a mi familia, esto es algo que hemos ficcionado, y que de alguna manera es más como una representación de lo que está pasando ahora a otras familias en la zona. 

ROLLING STONE: Estaba pensando en los actores y quería preguntarte si esta película es una combinación entre actores profesionales y actores naturales, o todos los actores fueron naturales… ¿Cómo fue ese proceso de casting?

CARLA SIMÓN: Pues, hay solo una actriz profesional, que es mi hermana, que hace el personaje de Gloria. Ella es la que viene de afuera. Todo el resto son habitantes de allí, porque yo buscaba gente que tuviera un vínculo real con la tierra. Creo que esto era muy útil para hacer la película. También que fueran agricultores de verdad, porque eso se nota la piel, en las manos, en cómo se mueven. También ahí se habla un dialecto muy concreto del catalán, y como no hay tantos actores de la zona… Por cómo yo trabajo, para mí es muy importante que, si hablan un dialecto, sea de lengua madre, que estén acostumbrados a hablarlo normalmente. Bueno, por una razón u otra, el resto, todos, fueron gente de ahí. Yo intentaba buscar gente que tuviera vínculos familiares de verdad, pero eso no apareció. Al final todos eran de su padre, de su madre y de su pueblo, y no se conocían, entonces, el trabajo grande fue crear una familia.

ROLLING STONE: Entonces, ¿hicieron reuniones previas con ellos para que se conocieran?

CARLA SIMÓN: Sí, yo alquilé una casa en la zona y ahí venían todos. O sea, todos no, pero sí en distintas combinaciones, durante cuatro meses. A esa casa un día venían los tres niños, otro día el abuelo y la niña adolescente, otro día el padre y el hijo, otro día la pareja, o toda la familia de Quimet, Así íbamos pasando tiempo juntos, haciendo cosas que haría una familia; como desde cocinar un pastel, celebrar un cumpleaños, no sé, hacer los deberes, pelearse por quién lava los platos, ese tipo de cosas, que podríamos pensar como largas improvisaciones. Nos centrábamos dentro de los personajes y podíamos estar como toda la tarde o toda la mañana. Poco a poco también fuimos como trabajando en cosas que podrían haber ocurrido antes de la película, como la muerte del propietario, el amigo del abuelo.

Vino un amigo mío que hacía de abogado para contarles que tenían que encontrar un papel para justificar que esa tierra era suya, o sea, preparar un juicio. Todo eso, poco a poco, lo fuimos entretejiendo de manera que creamos una especie de memoria compartida entre todos. Cuando yo sentí que ya eran una familia, fue cuando hicimos una gran comida y todos se conocieron y fue entonces cuando leímos el guion. Pero esto fue el último mes antes de rodar. Ahí sí que ensayamos las escenas y fuimos a la locación donde rodaríamos. Todo ya más enfocado en la película.

ROLLING STONE: Pensando en el guion, no sé si esto tiene que ver con una percepción mía, pero yo vi mucho de El padrino. Para mí, la cinta de Coppola no es sobre mafia. Es una película sobre una familia, sobre un abuelo que es un patriarca, un hijo que se mantiene distante pero que se está convirtiendo en el abuelo. Inclusive recuerdo una escena muy similar a la de El padrino, donde el abuelo está viendo con respeto y con delicadeza las plantas. El padrino está ahí, ¿lo tuviste en cuenta?

CARLA SIMÓN: ¡Sí, sí! Está ahí. Lo revisionamos. También porque, al final, El padrino es una película coral y nos sirvió mucho revisar varias las películas corales y analizarlas un poco. Hay también un pequeño homenaje con los conejos muertos. O sea, en un principio, escribimos la escena y les dejaban en la cama, como la escena del caballo (Risas). Pero bueno, al final era todo como muy forzado y decidimos hacer otra aproximación. ¡Pero sí que era claramente un homenaje!

ROLLING STONE: También veo una gran influencia de, obviamente, el neorrealismo italiano con estos dramas duros, pero también del cine de los hermanos Dardenne, con esa ausencia de banda sonora y ese hiperrealismo. ¿También están presentes esas influencias?

CARLA SIMÓN: Sí, sí. Sin duda. El neorrealismo italiano fue algo muy consciente y presente. Te cuento que en plena filmación nos pilló la pandemia y tuvimos que retrasar un año la película. Por lo tanto, aproveché y revisioné muchísimas películas. Pienso sobre todo en las obras de Roberto Rossellini y Vittorio De Sica, La terra trema fue muy importante, porque tiene mucho que ver con Alcarràs.

Cortesía de MUBI

Luego hubo una, que vi un poco después, que se llama El árbol de los zuecos de Ermanno Olmi, que es una película sobre el mundo rural y además es coral. A nivel estructural nos dio muchas ideas. Pero bueno, esa filosofía del neorrealismo italiano de trabajar con actores naturales, también de poner la cámara muy cerca de ellos para mostrar sus emociones, está muy presente en Alcarràs. Incluso teníamos la idea de rodar fiestas en fiestas, mercados en mercados. Luego vino la pandemia y no pudimos hacerlo. O sea, tuvimos que recrear mucho más de lo que yo quería, pero como que siempre estaba ahí la filosofía del neorrealismo de cómo hacer las películas.

ROLLING STONE: ¿Qué viene a futuro para ti? ¿Tienes ya algún proyecto pensado o en preparación?

CARLA SIMÓN: Sí, claro. Lo empecé a escribir durante la pandemia y ahora lo estoy continuando. Es una película que como que cierra un poco la trilogía de la familia, porque es sobre la memoria familiar y sobre la importancia de definir una memoria o una historia familiar para crear tu propia identidad. Eso es algo que a mí me preocupa mucho, porque como mis padres murieron cuando yo era pequeña, es algo que me falta. 

ROLLING STONE: ¿Has pensado, de pronto, recuperar a los personajes de Verano o los personajes de Alcarràs para continuar su camino? Porque me da la sensación de que tus dos películas tienen unas historias que faltan por contar. 

CARLA SIMÓN: Puede ser (risas). ¡Hombre! con Alcarràs siempre decíamos que… ¡Claro! cada personaje lo habíamos trabajado… Quiero decir que, para mí, Alcarràs es casi como la punta de un iceberg muy grande, donde debajo había todo un trabajo que a lo mejor no se ve, solo se ve la puntita, pero que luego trascendió de la pantalla, porque ellos aún siguen llamándose papá, mamá… como que realmente quedó ahí esa familia. Y siempre decíamos que como trabajamos tanto cada personaje, cada uno podía tener su propia película. Pero también podría ser una serie o algo más largo. Algo que podríamos recuperar en unos años. Me parece que sería muy bonito hacerlo. 

ROLLING STONE: Cuando terminé de ver la película quedé pensando en la trilogía de Linklater, de Before Sunrise. En lo bonito que sería reencontrarse con esos niños dentro de unos años. 

CARLA SIMÓN: ¡Oh! Sí. ¡Claro, sí! ¡Totalmente! (risas).

ROLLING STONE: Déjame decirte que estas películas son como una bocanada de aire fresco. Alcarràs cerró con broche de oro el 2022 en términos de cine. ¿Tú crees que estas películas, al igual que el modelo de la vida familiar en el campo están desapareciendo? ¿Van a desaparecer?

CARLA SIMÓN: Espero que no. Yo soy optimista. Pero bueno, es curioso porque esto lo hemos discutido mucho. O sea, con mis tíos decíamos, que al final, lo que hacemos no es tan distinto. Esto es una cosa muy artesanal. Ellos cultivan unos frutos y nosotros cultivamos unas películas. Es un paralelismo muy bonito. A ver, yo creo que este tipo de cine artesanal no va a desaparecer, porque los cineastas que nos dedicamos a hacer ese tipo de cine, somos un poco testarudos (risas), y a pesar de saber que es difícil, seguimos ahí queriendo hacer esto.

Pero sí que es verdad que no estamos en un momento muy favorable para el cine independiente. Hay plataformas, pero vivimos en un momento donde casi todo aboca a que produzcamos mucho. Entonces, hacer ese tipo de cine, que es más lento, que se tiene que ir cociendo poco a poco, que va tan de la mano con la vida, es algo que realmente se convierte en un movimiento de resistencia, como el de los agricultores. 

ROLLING STONE: Estoy pensando también en ese paralelo con el modelo. Estamos atragantándonos de contenido. No alcanzamos a disfrutar todo lo que se nos ofrece. Creo que estas películas implican degustar, deleitarse, tomarse su tiempo. Pero en estos momentos estamos en un qué hay de nuevo, qué hay de nuevo, qué hay de nuevo, parafraseando al conejo Bugs Bunny. Ya no estamos disfrutando; ni de la vida del campo, ni del arte. Especialmente de este cine que necesita tiempo para ser apreciado.

CARLA SIMÓN: Sí, sí ¡Total! 

ROLLING STONE: Carla. Muchas gracias por tu película y por tu entrevista.

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