En los últimos años, el “Día del Ex” —que suele celebrarse el 14 de abril— se ha convertido en una de esas fechas no oficiales que viven principalmente en redes sociales. Más que una celebración, funciona como un momento para mirar atrás —a veces con nostalgia, pero cada vez más desde el humor— y hablar de relaciones pasadas, “casi algo” y cierres pendientes. Entre memes, anécdotas y reflexiones ligeras, la conversación ha evolucionado hacia una idea compartida: soltar también puede ser parte del proceso. En el marco de este particular día, Tinder lo celebra con una campaña que toma un elemento profundamente arraigado en la cultura urbana de Ciudad de México: el sonido del “fierro viejo”.
Ese audio que todos conocemos (“se compran…”) se convierte aquí en algo más que un recuerdo cotidiano. La app lo resignifica como una metáfora directa de lo que implica cerrar ciclos: así como ese llamado invita a deshacerse de objetos que ya no tienen utilidad, también propone soltar lo emocional que se queda por inercia. Promesas incumplidas, “casi algo”, conversaciones que no llevaron a nada o vínculos que simplemente no prosperaron aparecen como ese “fierro viejo” que se acumula sin razón clara.
La comparación funciona porque traslada una acción concreta —sacar cosas que ya no sirven— a un terreno mucho más abstracto, pero igual de reconocible: el de las relaciones. En ese gesto cotidiano, casi automático, la campaña encuentra una forma simple y efectiva de hablar de algo que normalmente se percibe como complejo.
Lejos de caer en el tono melancólico que suele rodear las rupturas, la campaña apuesta por un enfoque mucho más ligero. La idea no es negar el peso emocional de terminar una relación, sino cambiar la forma de abordarlo, con menos intensidad y más humor. El resultado es un mood claro —casi generacional— que resume bien la intención: “ya fue… siguiente”. El uso del “fierro viejo” no es casual. Se trata de un símbolo que vive en la calle, en lo cotidiano, y que inmediatamente activa una conexión cultural.
Más allá del guiño cultural, la campaña busca demostrar que dejar atrás el pasado abre nuevas posibilidades. Y hacerlo no tiene por qué ser un proceso denso o dramático. En ese punto, Tinder aparece como una extensión natural de ese momento. No como una solución impuesta, sino como ese siguiente paso lógico cuando decides avanzar. Porque si algo propone esta acción es que, incluso después de soltar, siempre existe la posibilidad de empezar de nuevo con un swipe.


