Lo primero que muchas personas piensan al mencionar a la artista dominicana son las controversias que la rodean, como la que protagonizó junto a J Balvin por su canción ‘Perra’, o sus múltiples canciones y videos, en los que su manera explícita de expresarse ha dado de qué hablar. Pero, en esta entrevista, Tokischa —que así es su nombre de pila— no solo explica el porqué de sus expresiones, sino que también se detiene a contarnos sobre una época oscura de su vida, en la que un mal amor la llevó por el camino de las drogas. Una etapa que la marcó, pero que hoy, con el paso del tiempo y varios años de sobriedad, es solo un recuerdo que sirvió de semilla para lo que será su primer álbum: Amor y droga.
¿Cómo definirías la esencia de Tokischa?
Orgánica, natural, del momento. Una persona que ama a los viejitos y le gusta tratarlos muy bien.
Madonna, Rosalía, Ozuna, J Balvin… muchos artistas te llaman para hacer colaboraciones, ¿a qué crees que se deba?
A la autenticidad en mi música, en mi carrera y en mi nombre. Lo que hago es realmente natural, auténtico, real y honesto. Siento que otros artistas se identifican con esa parte que ven en mí.
¿Qué te gusta mostrar con tu música?
Lo que siento en el momento en que la hago, la energía de ese instante. Muchas veces no se crea música para mostrar algo al mundo, sino para desahogarse. Mostrar el arte es secundario; lo principal es expresarme. Es muy satisfactorio plasmar un sentimiento en una canción.

Muchas personas te critican por tu forma explícita de ser, pero siento que en realidad no te importa mucho lo que la gente diga de ti, ¿cierto?
No, en realidad nunca me ha importado ni creo que me vaya a importar. Sé lo que quiero y lo que sueño, y solo me importa estar bien conmigo misma y con la gente verdaderamente cercana a mí. Busco ser feliz, tener paz y calma, poder crear y decir lo que quiera, sin limitarme por ningún comentario, motivo o persona.
No es mi intención ser considerada tan explícita; simplemente soy así y me expreso libremente.
Pronto saldrá a la luz tu primer disco, ¿por qué sientes que llegó el momento de presentar un álbum?
Siempre he hecho música de forma casual, como random. Nunca había tenido la oportunidad de construir un álbum completo, de desarrollar una historia canción tras canción. Mis canciones eran momentos: si me sentía horny (sexualmente excitada) o triste, eso era lo que salía.
“No me siento orgullosa de haber sido drogadicta, pero sí de haber encontrado la sobriedad. Es un tema importante, porque hay mucha adicción en el mundo”.
Siento que llegó el momento de contar una historia específica de mi vida, una etapa importante que mucha gente no conoce. Este disco da contexto de por qué soy así y de dónde vengo. Además, como artista, hacer un álbum es mostrar mi arte a mayor escala. Me ha enseñado mucho, sobre todo en la atención al detalle.
Cuéntanos un poco más de esa historia que vas a plasmar en tu primer álbum.
Se titula Amor y droga. Llevo trabajando en el disco entre tres y cuatro años, y será muy especial porque su lanzamiento coincide con los 10 años de la etapa que representa.
Hace 10 años estaba empezando a conocer el mundo, me fui de la casa de mi papá, conseguí trabajo y empecé a relacionarme con gente del barrio. Vengo de una familia muy abusiva, tanto verbal como físicamente; había delincuencia y consumo excesivo de drogas. Aunque tuve buenos ejemplos femeninos —mi mamá, mi abuela y mis tías—, viví momentos muy oscuros. Me quedé sin casa y empecé a vivir con un novio que era drogadicto.
La primera canción del álbum, ‘Mi novio’ —producida por Diplo—, marca el inicio del enamoramiento. Cada canción cuenta una etapa de esa relación y del entorno en el que vivía. ‘Surfboard’ habla de la devoción inicial, casi como una honeymoon; luego viene una etapa más obsesiva en un rap junto a KASE.O. También hay un dembow, ‘Celos’, muy bailable pero con una letra extremadamente tóxica. El disco narra ese enamoramiento y la adicción, tanto a él como a las drogas.
¿Qué sientes ahora al recordar esa etapa de tu vida a través de este disco?
Un gran alivio. En ese entonces estaba completamente perdida. Sabía que quería hacer arte, pero la realidad me golpeó y no tenía dirección. Volver a esos recuerdos desde un momento de vida sano, completamente sobria, es un gran orgullo para mí.
También es darle nueva vida a ese pasado desde un lugar artístico. De alguna manera, hace que haya valido la pena vivirlo, porque sin eso no tendría la inspiración del álbum. Honro todo lo que he vivido porque me ha enseñado mucho. No me siento orgullosa de haber sido drogadicta, pero sí de haber encontrado la sobriedad. Es un tema importante, porque hay mucha adicción en el mundo.

¿Cómo encontraste la dirección y la sobriedad?
Me tomó mucho tiempo. Empecé a consumir marihuana y alcohol a los 16 años, y más adelante, con ese novio, probé el éxtasis y otras sustancias. Lo que realmente me salvó —además de la música— fue que mi mamá siempre me inculcó el aprendizaje. Incluso estando drogada, me gustaba leer e investigar; eso me hizo ver la vida de otra manera, conectar con la naturaleza y con mi espiritualidad.
Iba a estudios y conciertos muy borracha y drogada, y esa sobreestimulación me llevó a querer bajarle. Empecé a hacer música sobria con la intención de mejorar.
El punto final fue un viaje con LSD en enero de 2020. Fue una experiencia muy difícil que me hizo entender que necesitaba la sobriedad. Desde entonces corté toda adicción.
Ahora que mencionas la espiritualidad, ¿cómo la vives hoy?
En ese entonces fue clave irme a vivir al campo, porque en la ciudad sentía mucha contaminación espiritual. En el campo logré calmarme.
Al volver a la ciudad entendí que la espiritualidad está en la calma. Es importante meditar, aunque a veces sea difícil por el ritmo de vida. Algo que siempre hago es pasar una hora sin el celular al despertar, tomar té o agua sin mirarlo; eso me estabiliza.
También es importante estar presente, no dejar que los pensamientos se vayan por un camino negativo y cuidar el lenguaje. Yo trato de que mi vocabulario sea limpio. Muchos dirán: “pero hablas de totos y sexo”, pero eso no son malas palabras; en mis canciones no hay insultos.
Después de recordar toda esta historia, ¿qué le dirías a la Tokischa de hace 10 años?
Que este álbum es para ella. Que encontramos la dirección y logramos lo que soñábamos. Todo ese trabajo y sufrimiento se transformó en arte. Superamos los traumas y encontramos paz y calma.
¿Y a ese muchacho?
Que deje las drogas. Aún trato de estar presente para él. Siempre doy amor y deseo que él y otros amigos puedan salir de eso. Son personas increíbles, con corazones nobles, pero sus traumas los llevan al consumo.
¿Cómo ves tu carrera en 10 o 20 años?
Con una discografía variada, divertida y emotiva. Con un estilo increíble y explorando otras áreas como la moda, las artes visuales y el modelaje. También me encanta la cocina y la jardinería, así que me gustaría dedicarles más tiempo.
¿Cómo te gustaría que el mundo viera a Tokischa?
Con amor.


