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Ring en la industria musical: Una batalla por el número 1

Desde pagar por reproducciones hasta comprar seguidores. Estos son los caminos “alternativos” que usan algunos artistas para posicionarse en la cima

Por  VALENTINA VILLAMIL

febrero 13, 2023

Ilustración por Joan Wong para Rolling Stone

Las tecnologías digitales han revolucionado nuestra realidad por completo, ofreciéndonos una infinidad de soluciones a los problemas que enfrentamos día a día. Internet ha evolucionado hasta convertirse en una herramienta absolutamente imprescindible, y, mientras el mundo ha ido cambiando, la música y su industria reflejan esas transformaciones en formas que jamás hubiéramos podido imaginar.

En la primera década de este siglo las ventas de los CDs, vinilos y otros formatos físicos se desplomaron cuando las descargas digitales y las plataformas empezaron a ser las primeras opciones de los oyentes para escuchar sus canciones favoritas. La alta demanda, impulsada por la comodidad, la oferta casi infinita y los bajos costos, dieron a luz a un monstruo todopoderoso en donde los números, las reproducciones y las visitas serían los nuevos criterios para determinar el valor de un artista, incluso por encima de su talento.

Las nuevas mecánicas de la industria musical prometían un escenario democratizado, con oportunidades nunca antes vistas: la inmediatez del internet, el acceso a la información y la facilidad de exponerse frente a un público sin la necesidad de intermediarios. Los sueños de muchos pequeños artistas que parecían lejanos, ahora estaban a un click de distancia. Pero con todas esas posibilidades también vinieron las desventajas, y en medio del desarrollo de las plataformas musicales también hubo lugar para algunas jugadas sucias que tanto artistas, como sellos discográficos y otros terceros, vienen implementando con el fin de escalar hasta el Número Uno en las listas.

Si bien la música siempre ha sido un negocio, el auge de los servicios de streaming tuvo un profundo impacto en esta industria, haciéndola cada vez más lucrativa y competitiva. La expresión artística en sí pasó por completo a un segundo plano, priorizando y manipulando los números que cada intérprete registra en sus redes y, como consecuencia, homogeneizando la música para que las canciones sean creadas con el único fin de ser populares, en lugar de verdaderamente apostar por la creatividad y la innovación.

Y mientras el número de reproducciones se consolidan como el criterio determinante para el éxito de una canción, surgen empresas que ofrecen servicios para aumentar artificialmente estas audiencias, como parte de una jugada que pasó a ser parte del plan de marketing de muchos artistas. La iniciativa representa algo más allá de lo poco ético que resulta “fingir” tu popularidad, sino que altera el algoritmo y distorsiona las métricas que en teoría deberían reflejar el reconocimiento e impacto de una figura. Inflando los números es posible sacar una ventaja monetaria, recuperando la inversión realizada a las granjas de streaming con las regalías de las reproducciones, pero que potencialmente reduce los pagos a músicos más pequeños.

Hayoung Joen/EPA-EFE/Shutterstock.

Poniéndole rostros al problema, los artistas mencionados a continuación se han visto sospechosamente envueltos en un crecimiento repentino, o incluso en el mismo círculo de terceros que frecuentan estas actividades no tan transparentes para escalar en las listas. El año pasado, VICE ahondó en el tema con un episodio de la serie documental BLACK MARKET en donde mencionaba a Blueprint Group, una empresa de gestión y distribución que trabaja en representación de intérpretes como Kanye West, T.I., Lil Nas X, entre otros. Aparentemente, la mencionada compañía contactó con un comercializador digital llamado Joshua Mack para impulsar el próximo lanzamiento del rapero G-Eazy.

El audio que se pudo recuperar del documental revela cómo Mack no teme admitir que Blueprint es un cliente habitual, incluso teniendo bajo su ala a sellos como Warner Music Group, prometiendo que sus servicios podrían generar hasta “200 millones de streams al mes”. Dicho comercializador ya ha sido castigado por Spotify debido a su manipulación en el aumento de flujos; sin embargo, como afirma, muchos artistas siguen acudiendo al servicio de todos modos, mientras que Mack logra renovar sus tácticas y “alcanzar cifras astronómicas”.

Figuras como 6ix9ine y Lil Nas X han sido señalados de recurrir a estas prácticas, pero la información que pueda inculparlos o demostrar su inocencia es limitada, pues cualquier prueba podría significar la expulsión de los intérpretes de las plataformas como consecuencia de la violación de los términos y condiciones. Aunque si estás sentado en las sillas de los accionistas, como Jay-Z con Tidal, seguramente será más fácil que encuentres la forma de manipular las cifras. Hace algunos años, el rapero causó controversia luego de que surgieran rumores que lo acusaban de intervenir en el ascenso de álbumes como Lemonade, de su esposa Beyoncé y en The Life of Pablo de su colega Kanye West.

Los señalamientos no fueron solo especulaciones, pues hablando de números, The Life of Pablo alcanzó a registrar 250 millones de reproducciones en diez días, cuando el álbum era un lanzamiento exclusivo de la plataforma. Asimismo, Lemonade “logró” 306 millones de reproducciones en los primeros 15 días desde su lanzamiento en abril del 2016. Y, haciendo las cuentas, los números no tenían una correlación lógica frente al número de suscriptores con los que contaba entonces Tidal. Con 3 millones de oyentes dentro de la plataforma, las métricas que alcanzaron ambos intérpretes se podrían traducir en que los usuarios tuvieron que escuchar los mencionados álbumes de cinco a ocho veces por día para alcanzar dichos registros. Curioso, ¿no?

De cualquier modo, las plataformas no están del todo limpias. Spotify en su momento implementó una sección de descubrimiento de artistas donde los intérpretes concedían parte de sus ganancias a cambio de ser incluidos en estas listas. En pocas palabras, la plataforma estaba adoptando la misma conducta de payola que tanto censuraba en un principio. Esto sin tomar en cuenta que las disqueras major (Universal, Warner, Sony) cuentan con acciones sobre el servicio, creando seguramente un sesgo netamente comercial que influye sobre la decisión de qué artistas se incluyen dentro de las playlists.

Algunos artistas no tienen necesidad de cubrir sus huellas, pues figuras como Justin Bieber, en ocasiones incitan a sus fans a reproducir su música repetidas veces para posicionarse. Y claro, no hay nada de malo en escuchar la nueva canción de tu artista favorito, pero lo que es cuestionable en este caso es cómo el cantante canadiense hasta sugiere a sus seguidores mantener la canción ‘Yummy’ de 2020, en repetición incluso mientras duermen.

Hoy por hoy, el streaming sigue evolucionando y procurando mantener la transparencia de sus reproducciones por lo menos sin la intervención de externos. Pero conforme pasan los años, los números siguen tomando más y más relevancia y esto podemos evidenciarlo con el auge de TikTok, cuya demanda cambió por completo a la industria musical y su manera tanto de ofrecer un producto como interactuar con el mismo. Una salida fácil y rápida como el ascenso artificial a la fama, no garantiza el desarrollo de un talento o la interacción orgánica de un artista con su público, que a largo plazo es el único factor que, de cierta manera, mantendrá vigente a cualquier artista.

¿Es probable que se esté tensando demasiado una cuerda que acabará por romperse? ¿Nuevas tecnologías, y la poca transparencia de los algoritmos, acabarán implementando nuevas prácticas desleales? El tiempo lo dirá, pero hay muy pocas razones para ser optimistas.

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