diciembre 7, 2022

P&R: Jorge Drexler

El cantautor uruguayo habla de los premios, de la nostalgia y de lo que siente en relación con la potencia de su voz

Por  ERNESTO LECHNER

FOTOGRAFÍAS POR Anton Goiri

Incluso los iconos más aclamados tienen periodos de inseguridad. Para el cantante uruguayo Jorge Drexler, Tinta y tiempo fue un álbum que “casi no sucede”. En el pasado, el veterano ganador del Óscar siempre ha compartido con otros artistas fragmentos de canciones incompletas, parte vital de su proceso de composición. Sin embargo, durante el confinamiento por la pandemia en su casa de España, no tuvo esa enriquecedora retroalimentación y varias canciones quedaron inconclusas. “Pasaron dos años y todavía no podía terminarlas”, cuenta Drexler. “Me comencé a preguntar si tenía el material suficiente para un álbum”.

Pero el artista perseveró y terminó las sesiones a medida que el mundo volvía a abrirse. Con un toque de justicia poética, Drexler terminó creando uno de los álbumes más fantasiosos y con el espíritu más libre en sus 30 años de carrera. En Tinta y tiempo presume sus características melodías complejas y juegos de palabras melancólicos, todo arraigado en medio de arreglos orquestales magníficos e invitados encantadores, como el salsero panameño Rubén Blades en ‘El Plan Maestro’ y C. Tangana en la sensual ‘Tocarte’.

De vacaciones en España -con la voz un poco ronca, por haber cantado covers de los Beatles en un bar local-, Drexler habló sobre sus expectativas de los Grammy -o la falta de ellas- y de las explosiones de creatividad que ha tenido en su gira actual.

Soy fan de tu trabajo desde hace tiempo, y es muy emocionante ver que eres reconocido por una carrera que se expande ya por tres décadas.

No hay nada de malo en ser un hermoso perdedor, como decía Leonard Cohen. Fui un hermoso perdedor por mucho tiempo, y ni siquiera estoy seguro de la parte de ser hermoso. Me fue terrible vendiendo discos en España los primeros años. Los primeros cuatro álbumes que hice para Virgin fueron un desastre en ventas, pero adoro esos discos.

¡Y mírate ahora! El nuevo álbum insinúa un nuevo punto culminante de creatividad. ¿Cómo llegaste a eso?

Cuando comencé a grabarlo, acababa de firmar con Sony, y quería hacer un álbum que fuera especialmente bueno, para que mi equipo se sintiera orgulloso y quisiera apoyarlo. Luego llegó la pandemia y la situación explotó como una bomba. Pero Campi [Carles Campón], el productor del disco, y yo logramos llevar el barco a buen puerto. Ahora, con 57 años, me siento eufórico, siento un subidón físico y el deseo de correr, saltar y bailar. Tengo una banda increíble, compuesta de tres hombres y tres mujeres. Y veo a una generación más joven de fans venir a los shows.

Tinta y tiempo es uno de esos álbumes magníficos a los que generalmente les va bien en los Grammy, ¿no te parece?

Intento evitar toda expectativa, pero el solo haber aceptado esta entrevista contradice eso [Risas].  Le pedí a mi equipo que se abstuviera de mencionar plazos o fechas de los premios. Estaba de gira cuando supe de mi nominación al Óscar [en 2005, por ‘Al otro lado del río’ de Diarios de motocicleta], e inicialmente pensé que era una broma. En los últimos Grammy Latinos tuvimos cinco nominaciones de las cuales ganamos tres. Estaba en Panamá y me enteré al desayuno, cuando vi a todos celebrando. Mi trabajo es mantenerme alejado de todo eso, porque las expectativas solo tienen dos posibles desenlaces, y ninguno es bueno.


“Algo que me parece importante es el hecho de que no me he rendido a la nostalgia. Estoy en un momento vital para mí”.


¿Cuáles serían esos desenlaces?

El primero y el más obvio: si tus expectativas no son satisfechas, te sientes frustrado. Quizá ya estabas haciendo planes o tu equipo estaba pensando en una posible victoria. Pero lo que la gente no conoce, y creo que es el aprendizaje más grande que puedes tener de ganar un premio, es ese enorme vacío que sientes cuando tus expectativas sí son cumplidas. Es difícil de explicar, pero ese vacío se convierte en ansiedad y me desestabiliza por completo. He tenido la fortuna de ganar muchos premios, y no puedo entender cómo un artista que hace el tipo de música que hago yo, ha ganado siete Grammy Latinos. No estoy siendo modesto, no me considero parte del circuito.

Cuando ganamos por Mejor Grabación y Mejor Canción con ‘Telefonía’ [en los Grammy Latinos de 2018], fue el único tema que no tenía video musical. Cuando presentaron a los nominados, pusieron una foto estática para mi canción; las otras tenían tomas desde helicópteros. Nosotros solo teníamos un video con la letra.

Tu voz tiene una presencia increíble, se siente como si estuvieras ahí cerca con la guitarra, pero no tienes una voz muy potente. ¿Alguna vez te sentiste inseguro al respecto?

Nunca he sentido confianza. Hasta este día, me cuesta escuchar mi propia voz en un contexto que no esté bajo mi control, como grabar mi parte para la colaboración con un amigo. Siempre siento que estoy arruinando la canción, a excepción de esos raros y mágicos momentos en los que sí siento que estoy contribuyendo algo de valor. Y, aun así, en las dos canciones que grabé con C. Tangana –‘Nominao’, de su álbum El Madrileño, y ‘Tocarte’, del mío-, me dijo que le encantó cómo canté. Es tan fan mío como cantante, como yo de él en general. Y no tengo una voz muy potente, vengo de la escuela de canto de João Gilberto y Chet Baker. Existimos en este mundo solo porque los micrófonos fueron inventados. Soy terrible cantando en fiestas, porque nadie puede escucharme. C. Tangana se dio cuenta de eso y me hizo cantar de una manera muy bajita y precisa, que sería como bossa nova. Me considero más un guitarrista o compositor que un vocalista. Por mucho tiempo, no sabía si debía cantar siquiera mis canciones.

Esas dos canciones con C. Tangana pueden ser sorpresivas en un comienzo, pero tienen todo el sentido del mundo.

Algo que me parece importante es el hecho de que no me he rendido a la nostalgia. A mi edad, me podría dedicar a hacer una revisión de mi tan llamado glorioso pasado. Por el contrario, he seguido investigando y trabajando con músicos más jóvenes. Experimenté con nuevas combinaciones y parámetros orquestales que no son usuales para mí, en mis colaboraciones con C. Tangana y Noga Erez. Es una nueva manera de escribir canciones, y me llena de felicidad. Estoy en un momento vital para mí.

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