‘No Buses’, la joya escondida en el segundo EP de los Arctic Monkeys

A 20 años del lanzamiento de Who The Fuck Are Arctic Monkeys?, el tema es esa típica canción que los fans atesoran pero que para la crítica y el público general pasa desapercibida, aunque de “típica” no tiene nada

abril 24, 2026

Andy Willsher / Getty Images

El 2006 fue un año decisivo para los Arctic Monkeys. Tras sorprender al mundo con uno de los mejores álbumes debut del siglo XXI, Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not, la banda se consolidó como una de las propuestas más relevantes del rock global. Con una base de fans en crecimiento y una exposición mediática inusual para un grupo relativamente nuevo, las expectativas sobre su futuro no tardaron en dispararse.

Sin embargo, el éxito no disipó las dudas. Parte de la crítica cuestionaba la solidez del fenómeno, sugiriendo que el impacto del primer disco sería pasajero. En ese contexto, la banda liderada por Alex Turner respondió rápido: a pocos meses del debut, lanzó Who the Fuck Are Arctic Monkeys?, su segundo EP y una respuesta directa al escepticismo.

El proyecto —que quedó marcado por una difusión limitada en la radio por su lenguaje explícito y por ser el último trabajo en el que participó el bajista Andy Nicholson— se compone de cinco cortes que recuperan la intensidad del debut —como ‘Cigarette Smoker Fiona’ o la propia ‘Who the Fuck Are Arctic Monkeys?’—, pero que también abren espacio para una faceta más introspectiva. Es en ese contraste donde aparece uno de los temas más especiales para los seguidores más fieles de los Arctic Monkeys: ‘No Buses’.

El caso de ‘No Buses’ es particular por donde se le mire. Para una parte del fandom, es una de las auténticas obras maestras del quinteto, tanto por su interpretación como por su carga lírica; para otros, en cambio, pasa casi inadvertida. Esa dualidad también se refleja en su posicionamiento: aunque acumula millones de reproducciones en plataformas como Spotify, se mantiene muy lejos de los primeros lugares dentro del catálogo de la banda, diluida entre más de un centenar de canciones.

A esa relativa invisibilidad se suma el poco reconocimiento de la crítica. En 2023, ROLLING STONE publicó un listado con las 30 mejores canciones del grupo sin incluirla, y un año antes The Guardian hizo lo propio con un top 20 en el que tampoco apareció, lo que la confirma como una de esas joyas ocultas dentro de su discografía. Pero ¿qué es lo que hace que este tema haya perdurado lejos del foco mediático? La respuesta está en dos elementos clave: su letra y su sonido.

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Lejos de los drums pesados, los riffs agresivos y las letras superficiales y confrontativas sobre la vida nocturna de un grupo de adolescentes, ‘No Buses’ se mueve en otro terreno: el de la intimidad y la melancolía. La canción propone una mirada más pesimista sobre las relaciones, alejándose del impulso inmediato que caracterizaba a la agrupación en sus primeros años. Todo comienza con una progresión de acordes en guitarra que abre paso al ya icónico verso “Lady, where has your love gone? / I was looking, but can’t find it anywhere” (Nena, ¿a dónde ha ido tu amor? / Estaba buscando, pero no puedo encontrarlo en ninguna parte).

Esa sensación de ausencia se refuerza en líneas como “They always offer when there’s loads of love around / But when you’re short of some, it’s nowhere to be found” (Siempre ofrecen cuando hay un montón de amor alrededor / Pero, cuando te falta, no se encuentra en ninguna parte), donde la canción introduce la idea que le da título: el amor aparece cuando sobra, pero desaparece justo cuando se necesita, como ese autobús que nunca llega cuando más hace falta.

Así, desde ese inicio, la tesis del tema se vuelve evidente: las relaciones dejan de percibirse como algo íntimo para convertirse en experiencias pasajeras, casi intercambiables. La canción se construye desde la perspectiva de un narrador que bien podría ser Alex, quien se dirige a una mujer emocionalmente distante, atrapada en otra dinámica afectiva donde persigue a otro tipo, a quien le deja claro que  entre ellos no hay posibilidades, pero de todas formas lo sigue buscando. Aunque es consciente de que insistir no lo llevará a un buen lugar, decide involucrarse de todos modos, entrando voluntariamente en ese juego emocional.

Pero el relato no lo presenta como una figura sacrosanta. En uno de los giros más reveladores, el propio narrador reconoce la lógica que critica: “Oh, and she thinks she’s the one / But she’s just one in twenty-four”. La idealización se diluye y deja ver una visión más cínica, donde ninguna conexión parece verdaderamente única y donde nadie dentro de este juego es realmente inocente. Aun así, persiste una duda que atraviesa toda la canción: si todos participan de ese juego, ¿vale la pena resistirse o simplemente formar parte de él?

La segunda parte de la canción es más directa. Turner se dirige sin rodeos a la musa del relato y, con cierta ironía, plantea una pregunta incómoda: si el valor propio —y el de cualquiera— depende de qué tan “demandado” se es dentro de ese mercado emocional. En paralelo, lo que venía siendo una balada contenida explota: la batería gana presencia y las guitarras recuperan el pulso melódico característico del grupo, como si la intensidad emocional encontrara por fin su correlato sonoro.

En lo lírico, aparece uno de los golpes más certeros del tema: “And there’s nothing like a dirty look from / The one you want or the one you’ve lost” (Y no hay nada como una mirada hostil de / quien quieres o de quien ya perdiste), una línea que condensa la herida central de la canción en la que el dolor no proviene solo de la pérdida, sino del rechazo, de ocupar un lugar secundario —casi utilitario— en la mirada del otro. “An ache in your soul, it’s everybody’s goal / To get what they can’t have” reza una de las líneas finales, y acá no solo se describe una situación, sino una lógica en la que el deseo se alimenta de la ausencia. Así se completa el circuito —él la persigue, ella persigue a otro— en una cadena donde nadie obtiene lo que quiere. Y, aun así, “saying it won’t change a thing”: hacerse consciente del juego no basta para salir de él, ni para evitar que otros te arrastren de vuelta.

Esa misma carga emocional encuentra otra dimensión en versiones acústicas que circulan en YouTube, donde la canción se despoja de cualquier capa adicional y queda desnuda. En ese formato, lo que en estudio ya era íntimo se vuelve casi confesional, reforzando el vínculo que ha convertido a la obra en una pieza de culto entre los seguidores de los Arctic Monkeys.

Dos décadas después, ‘No Buses’ sigue funcionando como una rareza dentro del catálogo de Arctic Monkeys. Es una canción que no necesitó del reconocimiento masivo para encontrar su lugar. En su aparente sencillez, esconde una lectura incómoda sobre el deseo y las relaciones que muchos reconocen, pero pocos dicen en voz alta. Tal vez por eso ha perdurado. No como un himno generacional, sino como un refugio íntimo para quienes, en algún momento, entendieron que saber cómo funciona el juego no siempre es suficiente para dejar de jugar.

GABRIEL CAVALLO

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