P&R: Elsa y Elmar

Elsa Carvajal, con su forma de expresarse tan única como ella misma, habla sobre Palacio, su sello Elmar Presenta y el lugar que ocupa en el pop latinoamericano
Elsa Carvajal es Elsa y Elmar.

Pablo Resoalbe

Han pasado casi siete meses desde que Elsa y Elmar publicó Palacio, un disco en el que condensó sus ideas más ambiciosas y el cual ahora describe como un “laboratorio creativo”. Desde entonces, agotó una fecha en el Palacio de los Deportes en CDMX y más recientemente cumplió el sueño de colaborar con Jesse & Joy en ‘Accidente’. Para ella, este hito corresponde a su deseo de querer compartir la visión del LP con otros artistas que, así como ella, tienen muy marcada su identidad dentro del pop.

Desde sus inicios, Elsa Carvajal –nombre de quien lidera este proyecto– ha tenido claro que desea que el género musical que le compete sea escuchado “sin pena” por más y más personas. En esta charla relajada, donde se cuela una que otra palabrota, la artista bumanguesa habla sobre las reflexiones que ha podido tener tras la salida de su último álbum, la importancia de México en su carrera y su papel en la reivindicación del pop sensible hecho por mujeres.

Te puede interesar: La Pista: La fiesta crossover de Juliana

¿Cómo ves a Palacio en retrospectiva?

Yo tenía un sueño muy grande y era condensar la esencia de Elsa y Elmar en lo visual. Mostrarle a mis fans, y a quienes me iban a conocer, el producto y el proyecto en su máxima expresión visual creativa. Palacio  fue un laboratorio creativo al 100%. Cuando lo veo y veo los conciertos que tuvimos digo, “Wow”. Fue un laboratorio creativo de consolidar mi proyecto. Eso era lo que quería y lo logramos.

¿Dirías que estabas buscando hacer un disco de esta manera con full libertad desde hace tiempo?

Siempre lo he hecho con full libertad. En ningún momento me he quitado la libertad y si a veces me la quitaban, era yo misma la que con mi duda o mi miedo, la entregaba. Pero nunca me ha pasado esto de, “Me dijeron que hiciera reggaetón y yo no quería”. Gracias a Dios siempre he hecho lo que me da la gana. Tuve mucha libertad de crear el universo como yo lo quería y lograrlo. Me mandó la vida las personas y los colaboradores correctos para que yo pudiera hacerlo al nivel que yo me imaginaba, entonces eso sí lo llamo… no sé si la palabra es libertad pero nunca había trabajado con un equipo tan increíble.

¿Qué aprendiste de ti misma a través de este laboratorio creativo?

Mi alta capacidad de trabajo. Grabamos 10 videos en tres días, y en todos ellos la única persona que salía era yo. También aprendí a encarar mi música y asumir retos muy grandes de trabajo y aprendí a ejecutarlos. Los conciertos, el Palacio de los Deportes fue un show muy grande que yo misma me puse la determinación de que no quería llenarlo de bailarines. Aprendí a encarar mi música y a habitarla. Me dije: “Me voy a parar en frente de 15,000 personas sola en el escenario con mi banda, y no lo voy a disfrazar con nada más que conmigo”. ¡Qué loca! Ahora que lo pienso [risas]. 

Palacio lo publicaste bajo tu sello Elmar Presenta. ¿Qué tan importante fue para hacerlo de esta manera?

Super importante. Palacio fue un acto de rebeldía que me salió bien. También aprendí mucho, así como cuando uno se le rebela a los papás y ya después cuando uno crece dice, “Ay, qué oso ciertas cosas”. Hice el doble de trabajo pero creo que era sumamente importante hacerlo a ese nivel creativo y ejecutivo, y bajo mis propias reglas porque creo que me da la herramienta para ahora entrar a una industria musical y conocer mejor cómo jugar el juego y hasta dónde jugarlo. Yo venía del, “¡No quiero jugar este juego, váyanse a la mierda! ¡Lo juego a mi manera!”, y cuando ya lo juegas a tu manera, ya tú tienes contrastes y puedes decir, “Ya aprendí estas dos cosas, ya las puedo balancear”. Pero sin el uno y el otro yo no podía tener ese conocimiento.

CC: Pablo Resoalbe

También has pasado por diferentes fases de rebeldía. Siempre te has caracterizado por mantenerte muy fiel a ti misma y a lo que crees.

Sí, exacto. Y ahora estoy en esa etapa en la cual estoy empezando a aprender que ya tuve mi etapa de rebelde locura, de “vayan y coman mierda. Los odio a todos”, y entro en esta etapa de ver cómo negocias, no porque toque sino porque también es sano y porque perteneces a un contexto. Es interesante. Ha sido un aprendizaje espectacular.

Este sello de Elmar Presenta, ¿lo creaste sólo para ti o en el futuro piensas adoptar a otros artistas?

Sí me gustaría adoptar a otros artistas y ofrecerles mi aprendizaje. Elmar Presenta es una oficina de cinco personas, mi mamá digamos que es la cabeza. Y creo que justo con Palacio, desarrollamos una capacidad de ejecutar y de saber impresionante. Desde hacer un Palacio de los Deportes hasta hacer videos, hacer un disco, todo pero en un nivel muy alto. Y sí me gustaría ofrecerle a otros artistas la oficina y el ecosistema que construimos. Creo que todavía me falta posicionarme para poderme soltar un rato y enfocar en otros, pero yo creo que el tiempo dirá.

Elsa, ¿ya cuánto tiempo llevas viviendo en México?

Ocho años. Bastante. Yo vivo en Ciudad de México y Bucaramanga, de ahí soy.

¿Por qué elegiste este país?

Porque en el momento en que puse un pie en este país y canté la primera canción, fue evidente cómo este era un lugar muy fértil para el tipo de música que yo hacía. Siempre lo digo, amo ser colombiana y amo Colombia, pero desafortunadamente, cuando empecé, allá no existía el ecosistema para crecer de una manera que no fuera radial o que no fuera poperísima urbana. No existía. Y en este país sí existe el circuito de ir creciendo. Es que en Colombia nos encantan los famosos y nos da pena a veces ser fans de lo que no es famoso. Aquí sí existe más esa cultura de apoyar a volver famoso algo. Ese es un dolorcito mío.

¿Qué tan diferente crees que hubiera sido tu carrera si te hubieras quedado en Colombia?

Yo creo que mucho porque, desafortunadamente, Colombia no tiene el ecosistema para que uno pueda vivir de su arte fácilmente y mucho de esto es el dinero. Si tú vives del arte, puedes enfocar tu tiempo en hacer arte, entonces puedes mejorar como artista, ofrecer mejor música, hacer mejores cosas, crecer en todo sentido. Pero si tú tienes que agarrar otro trabajo y haces tus canciones en tu tiempo libre, estás más atado a un golpe de suerte que a un proceso de crecimiento y de mejora. Entonces no creo, la verdad, que en Colombia lo hubiera logrado… De pronto, no lo sé, pero en ese momento que yo empecé, hace 10 años, no lo creo.

CC: Pablo Resoalbe

El cambio de la cultura alrededor de la industria musical en Colombia ha sido bastante lento.

Sí, exacto. Y si te pagan un millón de pesos por tocar en el festival más grande, dime, ¿quién va a vivir con eso?

Sí, porque detrás de un show hay muchas más personas que sólo el artista.

¡Claro! Entonces se empieza a crear una mala cultura del artista con su gente, una cultura de malos pagos. Entonces es difícil. Pero bueno, también está la cultura de lo urbano que es enorme y genera millones y millones en Colombia, pero es lo que ahí florece. Aquí florece un poco más lo artesanal y yo he sido más artesanal, entonces aquí me convenía más. Pero eso no quiere decir que no tenga ese dolor de Colombia, de que yo en el fondo me muero porque me conozcan en Bucaramanga.

¿Qué lugar crees que ocupas ahora en el pop que se hace en Latinoamérica?

No sé. Yo… no sé… Me gustaría pensar –es que suena muy megalómano– que estoy contribuyendo a liderar este movimiento de mujeres haciendo pop. Hay varias, la verdad, pero me gusta defenderlo desde hace rato. Y ponerlo de moda y que sea chévere ser fan de una vieja que canta pop porque hace unos años no había muchas. Obvio está la generación de Ximena Sariñana y Julieta Venegas, pero ellas me llevan 10 años. Entonces fue como ser la precursora de esto y ya luego empiezan a llegar Ela Taubert, Joaquina, todas estas chicas que también defienden hacer esto.

¿Sientes que al principio tuviste que remar sola?

Sí y me lo decía todo el mundo. Me acuerdo de que trabajé un mes con unas personas en Los Ángeles y me droppearon porque me decían que era muy difícil trabajar conmigo porque es muy difícil agruparme en un grupito de artistas. Y sí me he sentido muy sola pero es muy reconfortante justo ver que ahora [el pop] está volviendo a resurgir. Creo que el pop romántico era un mundo de hombres, por eso tenemos los fans locos de Andrés Cepeda, de Gusi, de Morat, de Camilo, de todo este pop romántico de hombres, pero todavía daba pena ser fan del pop sensible de mujeres. Y entonces chévere que ya no dé pena y dé orgullo.

¿Cómo ves esta etiqueta que te ponían al principio de “pop espiritual”?

En una época me daba mucho cringe y ahora me gusta otra vez. Siempre he dicho que es pop y punto. Creo que ahí está mi resolución desde hace 10 años que empecé a decir que yo hacía pop espiritual. Yo siempre he dicho que lo que yo hago es pop, no es indie, no es folk. Siempre he dicho que es un pop… sensible. Me lo inventé ahorita. Escríbelo, “pop sensible”.

MELISA PARADA BORDA

  • 00:00
00:00
  • 00:00