Nuestras señoras de la elevación perpetua

Una nueva orden de monjas feministas está reinventando la devoción espiritual y tratando de salvar al mundo, un porro a la vez

Por  CORRINE CIANI

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Un viaje sanador: La hermana Quinn se fuma un porro y dice, “Creo que la espiritualidad es interesante porque es natural, pero también creada por el hombre. Todos tenemos nuestras creencias y todos creamos estas doctrinas que terminan siendo religiones”.

Fotografías por YANA YATSUK

En el Valle Central de California, en una modesta casa en medio de una granja de 4000 m2, vive un pequeño grupo de monjas. Usan su hábito y siguen sus votos, pero tan pronto abren la puerta, queda claro que las Hermanas del Valle –como son conocidas– no viven en un convento tradicional; a medida que el aroma te llega, no hay confusión posible: hay un fuerte olor a marihuana.

Cuando las visitamos, cinco mujeres vivían en la casa: la hermana Kate, de 62 años, la hermana Sophia, de 49, la hermana Quinn, de 25, y las hermanas Luna y Camilla, ambas de 34, quienes vienen de visita desde México. La hermana Kass, de 29, vive afuera de la propiedad con sus dos hijos y su pareja, el hermano Rudy, el administrador de los cultivos. En este día soleado, la casa de las Hermanas del Valle está llena de luz, y encima del piano hay un cenicero con un porro. La hermana Kate lo agarra, lo enciende e inhala pensativa mientras se sienta a tocar ‘America, the Beautiful’, usando una aplicación para aprender piano con canciones cristianas e himnos nacionales; los dos géneros que menos le gustan. Pero hay un motivo detrás: “Los niños cristianos que viven cerca tienen concursos de piano, si practico mucho en un mes, los puedo vencer”, dice entre risas. “Hay algo gratificante en ganarles a los niños cristianos”.

Inhalando: Las hermanas Luna, Sophia, Kate, Quinn, y Kass (desde la izquierda) cerca de su granja. “En este momento siento que somos una familia”, comenta la hermana Kass, madre de dos hijos. “Prácticamente hacemos todo juntas”.

Las Hermanas del Valle no son una organización religiosa, sino un grupo que se dedica a difundir la espiritualidad y a vender productos medicinales de cannabidiol. “Mira, la edad promedio de las nuevas monjas católicas es de 78 años”, dice la hermana Kate, fundadora de la secta que ya tiene 22 hermanas y ocho hermanos en todo el mundo. “La cristiandad se está muriendo. ¿Qué hará la gente? Necesitan espiritualidad en sus vidas, la necesitamos para darle un significado. Somos seres muy espirituales, siguiendo un camino físico, y por esa razón siempre encontraremos maneras de conectarnos. Y nosotras solo somos un ejemplo de eso”.

La casa es muy tranquila y tiene ceniceros por todas partes. Hay una cabaña artesanal, huertos de coles rizadas y espinacas, un remolque donde vive la hermana Quinn, y macetas altas con plantas de cannabis, las cuales se cultivaron en un cobertizo y luego las plantaron afuera para la próxima cosecha de luna llena; todo es hachís del que extraen el cannabidiol (CBD), pero también cultivan marihuana para uso personal. Una segunda casa en la propiedad, conocida como ‘La abadía’, es utilizada para preparar los medicamentos; todo el lugar huele a ungüento de lavanda. Las paredes están llenas con fotos de las monjas y figuras religiosas femeninas, con y sin porros.

Operación interna y externa: La hermana Luna mira uno de sus cultivos. “Cultivamos 450 metros cuadrados de yerba en la temporada larga”, dice la hermana Kate, pero la orden busca expandirse.

La hermana Sophia sonríe mientras mezcla una olla en la estufa, calentando su ungüento tópico de CBD antes de empacarlo en frascos. Cuando hablan de sus productos, siempre se refieren a ellos como medicina, no cannabis, y todos los pasos, desde sembrarla hasta cortarla y empacarla, están planeados en torno al ciclo lunar.

Nacida en una familia católica tradicional, la hermana Kate pasó una cantidad considerable de tiempo con monjas en su juventud. Antes de encontrar a las Hermanas del Valle, era consultora y viajaba para ayudar a los clientes que estaban abriendo negocios de telecomunicaciones e Internet. Pero siendo madre soltera, renunció a su carrera, que le exigía estar lejos de su hogar. Con un título en negocios, media maestría y una vasta experiencia en la desreglamentación de establecimientos comerciales, la hermana vio la industria del cannabis como una nueva frontera. Se mudó al Valle Central y comenzó un colectivo de cannabis sin fines de lucro en 2009, donde proporcionaba marihuana medicinal a pacientes terminales de la región.

Las hermanas cortando plantas de marihuana que procesan para hacer y vender productos de CBD, y así apoyar a la comuna.

Según la hermana Kate, su camino como monja comenzó en 2011, cuando la administración de Obama perdió contra el Departamento de Agricultura para que desclasificara la salsa de pizza como porción de vegetales en los almuerzos escolares. “Dije: ‘Si la pizza es un vegetal, yo soy una monja’”, explica. Poco después, pensaba ir a la protesta del movimiento Occupy cuando su sobrino le recordó el disfraz de monja que tenía y le sugirió usarlo. “Cuando protesté con el movimiento Occupy vestida de monja, la gente quería que me organizara en una religión. Yo les dije: ‘No, se supone que esto es algo loco, se supone que denota desaprobación de la clase dirigente, que todo está roto en este país’”.

Durante sus años de protestas en contra del aumento de matrículas y los recortes presupuestales en toda California (como monja autoproclamada), surgió una pregunta: ¿Cómo se vería una nueva orden de religiosas? “Creía que todos pensarían que estaba loca porque era una sola hermana autoproclamada, pero generó un debate sobre cómo serían las monjas de la Nueva Era si volvieran a fundarse con base en el contexto en el que vivimos hoy”, cuenta la hermana Kate. En agosto de 2013, fue invitada a una reunión de tribus nativas estadounidenses en la Tule River Reservation del valle de San Joaquín. Allí habló con las mujeres ancianas, quienes tienen conocimientos ancestrales para hacer medicina con plantas; “Cuando bajé de la montaña, dije: ‘Mierda, haré mi propia hermandad’”, comenta.


“Cuando protesté con el movimiento Occupy vestida de monja, la gente quería que me organizara en una religión. Yo les dije: ‘No, se supone que esto es algo loco, se supone que denota desaprobación de la clase dirigente”.


15 meses después, creó una página en Facebook para las Weed Nuns y pronto alcanzó los 5.000 seguidores. En 2015, una de sus seguidoras llegó a su puerta diciendo que trabajaría gratis; “Pensé: ‘Si viviéramos juntas las cuatro para hacer medicina, podríamos pagar Netflix entre todas y no tendría que dejar la televisión’”, cuenta la hermana Kate, y así fue cómo comenzó la comuna. “No queríamos ser una religión. Una religión te obliga a estar en el negocio de la mendicidad y nosotras podemos mantenernos solas. Tenía que ser algo que apoyara a las mujeres que tienen empresas, y aquí estamos. Resulta que terminamos pareciéndonos a una antigua orden llamada las Beguinas”.

Las Beguinas fue una orden religiosa –ahora extinta– que se remonta a la Edad Media; gracias a la cantidad de mujeres solteras y con una inclinación por lo espiritual, los grupos femeninos encontraron una manera de vivir con devoción, sin unirse oficialmente a una orden religiosa. Estas mujeres, que vivían en comunidad y se mantenían haciendo telas o cuidando de los enfermos, hacían énfasis en vivir como Cristo; eran espirituales e incluso algunas ahondaban en lo místico. “No queremos romantizar el pasado, pero hay cosas que nos gustan de él”, comenta la hermana Kate. “Lo que intentamos emular es la manera en la que estas mujeres trabajaron en armonía con la naturaleza”.

Parte del plan de negocio de las Hermanas del Valle involucra dedicar su trabajo y sus vidas a los ciclos lunares, porque creen que eso hicieron sus ancestros. Su ceremonia de cosecha, la cual se lleva a cabo durante la luna llena, comienza con la lectura del Libro de las Beguinas, un panfleto escrito por el enclave. “No existe un Libro de las Beguinas”, confiesa la hermana Kate. “Todos fueron quemados, nosotras hacemos nuestras propias lecturas, tenemos que imaginarnos qué habrían dicho y hecho nuestros ancestros y cómo hubieran reaccionado ante las fuerzas políticas locales. Nuestra oración de cierre es de la cuarta temporada de Game of Thrones”, confiesa entre risas.

Protocolo para fumar: Las hermanas Sophia, Camilla, Luna, Quinn y Kate (desde la izquierda) participan de su cosecha en el Valle Central de California. “Algo que adoro del Covid es que ya nadie pasa el porrito”, dice la hermana Kate. “Cada quien arma y fuma su propio porro, es algo muy personal”. Ella ve el cannabis como medicina: “Si pudiera cultivar amapolas, descubriría la manera de hacer medicina con ellas”.

En la tarde, con el sol del Valle Central sobre la cabaña artesanal, la hermana Kate se sienta para explicar el significado de sus votos, representados por el acrónimo SOLACE [‘consuelo’ en inglés]: Servicio, Obediencia, Vida sencilla, Activismo, Castidad y Ecología. El servicio son sus medicinas a base de plantas, cannabis y últimamente hongos también. “La obediencia no es a ninguna orden o persona, sino para organizar nuestras vidas según los ciclos lunares”, explica. Vivir con sencillez, como lo dice la hermana con una sonrisa, “significa que nosotras no podemos tener un yate, pero sí puedes, y nos invitas a todas”. El cuarto es el activismo, es decir, responsabilizar a los funcionarios públicos.

La castidad, según la hermana Kate, no debe ser confundida con el celibato. “Algunas personas creen que implica no hacer nada íntimo, que no podemos tener relaciones, pero no es cierto”, comenta la hermana Quinn. “Nuestra interpretación es que estamos privatizando esa parte de nuestras vidas”. La ecología viene de la intención de disminuir su huella ambiental. Y finalmente, utilizar el hábito de monja es un requisito en la granja; según la hermana Kate se usa también como meditación para estar en contacto con sus madres ancestrales, para proteger su pelo y su piel de la fabricación de los medicamentos y como una señal de respeto hacia la planta que ha sido despreciada durante siglos.

Con cientos de miles de seguidores en
TikTok e Instagram, están difundiendo su mensaje; la hermana Quinn, su creadora de contenidos para redes sociales, está intentando darles una apariencia más abierta. Y Merced, una ecofeminista que estudió Economía empresarial en la Universidad de California, cree en las microeconomías y en las comunidades sostenibles. “Sé que algunas cosas deben estar a un mayor nivel, pero creo que las personas que viven en comunidades pequeñas y comparten el trabajo, la jardinería y la convivencia, conforman una dirección bastante positiva a la que todos deberíamos dirigirnos como sociedad”, dice la hermana Quinn. Y en cuanto al enfoque feminista del enclave, ella misma comenta: “Tiene que ver con darnos cuenta de que las mujeres y las entidades femeninas están más conectadas a la Tierra. Somos las sanadoras y las portadoras de vida; creamos todo. Nos gustaría tener cierta armonía, cierto balance. Todos hacen su parte”.

La hermana Camilla, cofundadora de las Hermanas del Valle de México. La secta tiene 22 hermanas y ocho hermanos en todo el mundo.

En cuanto a la opinión de los funcionarios locales sobre el enclave, a las Hermanas del Valle les tomó años estar en buenos términos con el departamento del sheriff. Ellas frecuentan la alcaldía y han recalcado que quieren forjar una relación con los funcionarios públicos, y con buena razón, puesto que no han recibido un permiso comercial para cultivar marihuana con fines de lucro. “No me han dado un permiso y no creo que lo vayan a hacer”, dice la hermana Kate. “Estamos en nuestro séptimo año de operaciones y para cerrarnos, pienso yo, tendrían que llevarnos con un juez y no creo que un juez nos vaya a cerrar cuando tenemos 10 personas trabajando en una granja”.

Los puestos de trabajo en el Valle Central quedan lejos y son escasos, por eso la hermana Kate está decidida a expandir su negocio para crear más oportunidades de trabajo y liderazgo para mujeres. Como cualquier otro negocio pequeño afectado por el Covid-19, la secta está intentando ahorrar todo lo que puede, mientras busca otra granja para cultivar yerba a mayor escala, ampliando así el objetivo de contratar más personal y avanzar en esta misión cargada de espiritualidad y cannabis. “La idea es que las hermanas establezcan sus propios negocios, que creen su propio comercio, que tengan su propia tienda”, explica. “Comienzan ganando a través de ventas al por mayor o como agentes, pero lo primero es siempre hacer su propia medicina y tener su propio territorio… Todo lo que hacemos se basa en el empoderamiento femenino: mujeres con propiedades y mujeres que hacen las reglas”.

Ciclos de la luna: Las hermanas se preparan para una ceremonia de la luna. “Comenzamos a hacer las nuevas medicinas en luna nueva y terminamos el lote en luna llena”, explica la hermana Kate. “Tan pronto terminamos ese lote, nos preparamos para el siguiente. Entretanto, probamos, embotellamos, etiquetamos y las alistamos para su envío”.