Coachella 2026: entre el espectáculo, la nostalgia y lo inesperado

Shows grandilocuentes, invitados especiales y una gran variedad de sonidos. Así se vivió la edición número 25 del festival de música más grande del mundo

abril 21, 2026

Durante más de dos décadas, Coachella ha convertido el desierto de Indio, en California, en un punto de encuentro para géneros, artistas y públicos diversos, y su edición 2026 no fue la excepción. A lo largo de dos fines de semana intensos, llenos de momentos memorables, invitados sorpresa y un abanico de propuestas que iban desde Justin Bieber hasta Interpol, sin duda esta versión del festival quedará en la memoria tanto de quienes estuvieron allí como de quienes lo siguieron vía streaming.

A continuación, un repaso por los artistas que hicieron de sus shows algunos de los momentos más memorables del festival.

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1. Justin Bieber

El paso de Justin Bieber por Coachella 2026 fue, probablemente, uno de los más comentados —y divisivos— del festival. Su show del primer fin de semana se decantó por una puesta minimalista y nostálgica, con momentos inusuales como cantar acompañado de un portátil y repasar videos de sus inicios, en una especie de guiño a su origen en YouTube. Más que un despliegue espectacular, fue un set íntimo y retrospectivo, algo que desconcertó a parte del público pero que otros leyeron como una declaración artística y emocional sobre su carrera.

Para el segundo fin de semana, el canadiense ajustó la fórmula y elevó el impacto, subiendo al escenario a SZA, Big Sean, Sexyy Red y Billie Eilish en un desfile de colaboraciones que convirtió su set en uno de los más comentados del festival.  Entre sus invitados, destacó especialmente su interpretación de ‘One Less Lonely Girl’ junto a Eilish —fan declarada desde niña—, quien no pudo contener la emoción y protagonizó una de las postales más virales del fin de semana. 

Así, entre críticas y elogios, Bieber terminó entregando un show que osciló entre lo vulnerable y lo mediático, y que —como su carrera— dejó claro que sigue siendo imposible de ignorar.

2. Nine Inch Noize

El regreso de Nine Inch Nails a Coachella fue todo lo que se esperaba de ellos: intensidad, oscuridad y una ejecución milimétrica. Con Trent Reznor al frente, la banda apostó por un show sobrio en lo visual pero contundente en lo sonoro, apoyado en una iluminación agresiva y una puesta en escena que priorizó la atmósfera sobre el espectáculo grandilocuente.

A lo largo de los dos fines de semana, el setlist combinó clásicos como ‘Closer’ y ‘Hurt’ con material más reciente, logrando un equilibrio entre nostalgia y vigencia que conectó tanto con fans de larga data como con nuevas audiencias. Más que invitados sorpresa, lo que marcó sus presentaciones fue la cohesión y la fuerza interpretativa, con momentos de catarsis colectiva en medio del desierto.

En un festival dominado muchas veces por el exceso, Nine Inch Nails ofreció un recordatorio de que la potencia también puede venir desde la contención, firmando uno de los shows más sólidos y respetados de la edición.

3. Moby

La presentación de Moby al festival se sintió como un puente directo a finales de los noventa y principios de los dos mil, pero también como algo más que un ejercicio de nostalgia. Con un set construido alrededor de Play, el productor neoyorquino apostó por una presentación que combinó electrónica, banda en vivo y una carga emocional constante, reforzada por la presencia de invitados como Jacob Lusk en temas como ‘Natural Blues’ y ‘When It’s Cold I’d Like to Die’.

A lo largo de ambos fines de semana, canciones como ‘Porcelain’ y ‘Go’ funcionaron como puntos de conexión inmediata con el público, en un show que evitó reinventarse en exceso y, en cambio, abrazó su legado con inteligencia. Pero más allá de lo musical, su paso por el festival estuvo marcado por un gesto que cambió la conversación: Moby anunció que donaría el 100% de lo recaudado por sus presentaciones a organizaciones de defensa animal, reafirmando un activismo que ha sido central en su carrera.

Ese cruce entre música y propósito terminó elevando su show a otro nivel. Como señalaron algunos análisis, no se trató solo de nostalgia, sino de “hacer ruido con propósito”, convirtiendo su presentación en una de las más significativas del festival más allá del espectáculo en sí.

Sin necesidad de grandes artificios, Moby terminó entregando uno de los sets más comentados por su capacidad de resistir el paso del tiempo y resignificarse, reafirmando su lugar como una figura clave en la historia de la electrónica y, al mismo tiempo, como uno de los nombres que logró darle un sentido distinto a Coachella 2026.

4. The XX

Sin duda, uno de los momentos más esperados del festival era el acto de The xx. Tras ocho años sin presentarse juntos, el trío volvió a los escenarios con un show que se sintió tanto como reencuentro como declaración de continuidad, marcando el inicio de una nueva etapa en su carrera.

A lo largo de ambos fines de semana, su set apostó por un recorrido que mezcló clásicos como ‘Crystalised’, ‘Angels’ y ‘VCR’ con material de sus proyectos solistas —incluyendo canciones de Romy y Jamie xx—, integrados de forma orgánica dentro de la narrativa del show. Lejos de quedarse en la nostalgia, la banda construyó una experiencia que fue creciendo en intensidad: de una atmósfera contenida y casi minimalista a un cierre más expansivo, apoyado en luces estroboscópicas y una producción más dinámica.

Lo más llamativo fue cómo su propuesta —tradicionalmente introspectiva y distante del formato festivalero— logró transformarse sin perder identidad, apoyándose en la producción de Jamie xx para darle mayor pulso rítmico a canciones que, en estudio, tienden a lo íntimo. Ese equilibrio entre emoción contenida y evolución sonora terminó convirtiendo su presentación en una de las más elegantes y cohesionadas de la edición.

Más que un simple comeback, The xx ofreció un show que funcionó como recordatorio de su influencia en el sonido del pop y la electrónica contemporánea, pero también como señal de que su historia, lejos de cerrarse, sigue en movimiento.

5. Interpol

Tras su paso por Latinoamérica, Interpol le dio al público un boleto directo a la era dorada del indie de los 2000. Ubicados en un horario nocturno y en un escenario más contenido, la banda apostó por un show fiel a su esencia: sobriedad, precisión y una atmósfera densa que contrastó con el exceso visual de otros actos del festival.

A lo largo de ambos fines de semana, su set se apoyó en clásicos como ‘Obstacle 1’, ‘Evil’ y ‘Slow Hands’, construyendo un recorrido que priorizó la consistencia por encima de la sorpresa. Sin grandes invitados ni cambios radicales, Interpol optó por una presentación que funcionó como recordatorio de su identidad sonora, con guitarras afiladas y una ejecución medida que sostuvo la tensión de principio a fin.

Aunque hubo comentarios sobre ciertos altibajos técnicos —especialmente en el primer fin de semana—, la banda logró recomponerse y cerrar con solidez, dejando momentos destacados como el cierre con ‘PDA’, uno de los más celebrados por el público.

En un festival donde lo espectacular suele imponerse, Interpol destacó por lo contrario: una elegancia contenida y atemporal, reafirmando su lugar como uno de los nombres clave del indie rock y demostrando que, incluso sin reinventarse, su propuesta sigue teniendo un peso propio en escenarios como Coachella.

6. Turnstile

La presencia de Turnstile fue una de las irrupciones más enérgicas dentro de un cartel dominado por el pop y la electrónica. Desde el arranque, su show dejó claro que lo suyo iba por otro lado: antes de subir al escenario, una introducción en video del padre de Brendan Yates —cargada de emoción y contexto personal— marcó el tono de una presentación que combinó intensidad musical con un trasfondo más íntimo.

A partir de ahí, la banda desplegó un set sin pausas, apoyado en canciones como ‘Never Enough’, ‘Holiday’ y ‘Blackout’, que rápidamente encendieron uno de los ambientes más físicos del fin de semana. En medio del caos controlado de guitarras y sintetizadores, llegó uno de los momentos clave: la aparición de Blood Orange para interpretar ‘Seein’ Stars’, aportando un contraste melódico que amplió el alcance sonoro del show.

Más allá de ese momento puntual, lo que definió sus dos presentaciones fue la capacidad de trasladar la energía del hardcore a un contexto masivo sin diluirla, algo que pocas bandas del género logran en escenarios como Coachella. En un festival donde la espectacularidad suele venir desde lo visual, Turnstile apostó por lo esencial: volumen, actitud y una conexión directa con el público que terminó convirtiendo su set en uno de los más intensos de toda la edición.

7. WhoMadeWho

El trío danés WhoMadeWho convirtió su paso por Coachella 2026 en una de las experiencias más inmersivas del circuito electrónico. Con su formato híbrido —a medio camino entre banda en vivo y set de DJ—, el grupo apostó por un show que priorizó la conexión emocional y el pulso rítmico, apoyado en visuales hipnóticas y una narrativa sonora progresiva que fue creciendo con el correr de los minutos.

A lo largo de ambos fines de semana, su presentación se movió entre lo introspectivo y lo bailable, con temas como ‘Heads Above’, ‘Silence & Secrets’ y ‘Abu Simbel’ funcionando como puntos de anclaje dentro de un set pensado más como viaje que como sucesión de hits. Sin recurrir a grandes invitados, WhoMadeWho sostuvo el interés desde la construcción de atmósferas, logrando uno de los shows más coherentes y envolventes del festival.

En un entorno donde la electrónica suele inclinarse hacia lo inmediato, el trío destacó por su paciencia y control del ritmo, firmando una presentación que encontró su fuerza en los matices y que terminó consolidándose como una de las propuestas más elegantes y consistentes de la edición.

8. Karol G

El paso de Karol G por Coachella 2026 fue, sin exagerar, uno de los grandes hitos de esta edición. La colombiana no solo encabezó el festival durante dos fines de semana consecutivos, sino que se convirtió en la primera mujer latina en ser headliner en la historia de Coachella, marcando un punto de inflexión en la representación de la música latina en el circuito global.

Su primera presentación ya había dejado claro el enfoque: un show pensado como celebración de la identidad latina, con una narrativa que mezcló distintos géneros, visuales simbólicos y un discurso de orgullo cultural que atravesó todo el set. Con invitados como Becky G y Wisin, ese primer fin de semana funcionó como una declaración de intenciones que conectó tanto desde lo musical como desde lo simbólico.

Pero fue en su segunda noche donde el espectáculo alcanzó otro nivel. La aparición de Peso Pluma marcó uno de los primeros picos del show con ‘Qlona’, una canción que no había sonado el fin de semana anterior y que fue recibida con euforia por el público, reforzando ese cruce entre reguetón y corridos tumbados que define el presente de la música latina.

El cierre terminó de consolidar ese carácter colectivo con la llegada de J Balvin y Ryan Castro, quienes se sumaron a una presentación cargada de energía, coreografías y cambios de ritmo que mantuvieron al público conectado de principio a fin . Más que simples invitados, su presencia funcionó como un guiño directo al impacto global del reguetón colombiano, convirtiendo el escenario en una celebración compartida.

Entre el hito histórico y la potencia de esos momentos, Karol G no solo firmó uno de los shows más comentados del festival, sino que dejó una imagen clara: la de una artista capaz de convertir su presentación en una declaración cultural de alcance global.

9. Carolina Durante

El acto de Carolina Durante fue mucho más que un debut internacional: funcionó como la confirmación de un fenómeno generacional que lleva años consolidándose en España. Para la banda, tocar en el festival no solo representó cumplir un objetivo que parecía lejano, sino también una oportunidad estratégica para abrirse camino en el mercado estadounidense y conectar con nuevas audiencias.

Sobre el escenario, el grupo se mantuvo fiel a su esencia: guitarras directas, letras cargadas de costumbrismo madrileño y una actitud que prioriza la honestidad por encima del artificio. Esa identidad —con referencias locales muy concretas, desde bares hasta escenas cotidianas— no funcionó como barrera, sino como punto de conexión con el público, reforzando la idea de que lo específico también puede ser universal.

Entre ambos fines de semana, la banda aprovechó su paso por Los Ángeles para presentarse en salas más pequeñas, en una especie de extensión natural de su propuesta en vivo y una primera toma de contacto con el público que buscan conquistar. Ese movimiento, sumado a su presencia en el festival, terminó de consolidar un momento clave en su carrera: más que un salto inmediato, Coachella operó como una medalla de reconocimiento dentro de su trayectoria.

10. Major Lazer

El regreso de Major Lazer a Coachella 2026 trajo de vuelta una de las fórmulas más efectivas del festival: fiesta sin pausa, ritmos globales y conexión inmediata con el público. Liderados por Diplo, el colectivo apostó por un set cargado de energía, donde el dancehall, el afrobeat y la electrónica se entrelazaron en una sucesión de drops diseñados para mantener al público en constante movimiento.

A lo largo de ambos fines de semana, su presentación funcionó como un recorrido por sus mayores éxitos, con temas como ‘Lean On’, ‘Light It Up’ y ‘Cold Water’ desatando algunos de los momentos más coreados del escenario. Más que invitados puntuales, el show se apoyó en su habitual dinámica de interacción con el público, con bailarines, llamados constantes a la participación y una estructura pensada para sostener la intensidad de principio a fin.

En un cartel marcado por propuestas más conceptuales, Major Lazer volvió a demostrar por qué sigue siendo uno de los nombres más efectivos en vivo: su capacidad para convertir cualquier escenario en una pista de baile colectiva, firmando uno de los sets más explosivos y celebratorios de toda la edición.

11. Suicidal Tendencies

El show de Suicidal Tendencies fue una descarga de energía pura y sin concesiones, llevando el espíritu del hardcore y el thrash a un festival que pocas veces se inclina hacia ese extremo. Con un set compacto de ocho canciones, la banda apostó por la intensidad desde el primer minuto, con clásicos como ‘You Can’t Bring Me Down’ y ‘Institutionalized’ funcionando como detonantes de mosh pits y uno de los ambientes más caóticos del fin de semana.

Pero el momento más comentado llegó hacia la mitad del show, cuando apareció en escena Robert Trujillo. El actual bajista de Metallica —y exmiembro clave de la banda entre 1989 y 1995— se unió a la presentación para interpretar temas como ‘Lovely’ y ‘I Saw Your Mommy’, en un reencuentro cargado de historia que también tuvo un componente generacional, considerando que el bajista actual del grupo es su hijo, Tye Trujillo.

Esa colaboración no solo aportó peso musical, sino también un valor simbólico evidente: el cruce entre pasado y presente de una de las bandas fundamentales del crossover thrash, en uno de los escenarios más masivos del mundo. En un festival dominado por el pop y la electrónica, Suicidal Tendencies logró algo poco común: convertir su set en una experiencia física, visceral y, por momentos, impredecible.

Más allá de invitados puntuales —incluida la aparición de Thundercat en el primer fin de semana—, su show se sintió como un recordatorio de que la intensidad también tiene un lugar en Coachella, firmando uno de los sets más extremos y auténticos de toda la edición. 

12. Teddy Swims

Teddy Swims terminó siendo una de las sorpresas más agradables del festival. Ubicado en el escenario principal en un horario temprano, su show apostó por una propuesta distinta: una puesta en escena con estética de apartamento, íntima y cercana, que contrastó con la escala habitual del festival y ayudó a resaltar su perfil vocal desde el primer momento.

A lo largo de ambos fines de semana, el cantante construyó un set apoyado en su mezcla de soul, pop y rock, con canciones como ‘The Door’, ‘Hammer to the Heart’ y ‘Lose Control’ funcionando como columna vertebral de una presentación que osciló entre lo emocional y lo explosivo . Sin embargo, gran parte de la conversación giró en torno a sus invitados, que terminaron elevando el impacto del show mucho más allá de lo esperado para su franja horaria.

Entre esos momentos, destacó la aparición de figuras como Joe Jonas y Vanessa Carlton, además de un cameo especialmente celebrado: el de David Lee Roth, con quien interpretó el clásico ‘Jump’, generando uno de los cruces más inesperados —y comentados— del festival . Esa combinación de colaboraciones, nostalgia y versatilidad terminó dándole a su presentación un carácter impredecible que conectó de inmediato con el público.

Más allá del despliegue de invitados, lo que terminó consolidando su paso por Coachella fue su capacidad vocal y presencia escénica, logrando que un slot intermedio se sintiera como un show principal. En un cartel lleno de grandes nombres, Teddy Swims firmó uno de los sets más comentados por su equilibrio entre intimidad y espectáculo, posicionándose como uno de los artistas que mejor capitalizó su momento en esta edición.

13. David Byrne

David Byrne fue celebrado al dar a los asistentes una de las presentaciones más originales y nostálgicas. Fiel a su estilo, el exlíder de Talking Heads apostó por un show conceptual, en el que cada movimiento, arreglo y transición parecía pensado al milímetro, combinando música, teatro y performance en un formato que desbordó creatividad sin necesidad de grandes artificios tecnológicos.

A lo largo de ambos fines de semana, su set funcionó como un recorrido por distintas etapas de su carrera, con temas como ‘Once in a Lifetime’, ‘This Must Be the Place’ y ‘Burning Down the House’ reinterpretados con nuevos arreglos y una puesta en escena dinámica, apoyada en músicos en constante movimiento. Más que invitados sorpresa, el foco estuvo en la construcción colectiva del espectáculo, con una banda que no solo acompañó, sino que fue parte activa de la narrativa visual.

Lo más llamativo fue cómo Byrne logró convertir un escenario masivo en algo cercano, apelando a la precisión coreográfica y al humor sutil como herramientas para sostener la atención del público. En un festival marcado por lo grandilocuente, su presentación destacó por ofrecer una experiencia distinta: inteligente, lúdica y profundamente musical, reafirmando su lugar como uno de los performers más innovadores de su generación.

14. Morat

Morat corona con estas dos presentaciones en Coachella uno de sus  momentos más importantes de su carrera, poniendo al pop latino en lo más alto de uno de los festivales más grandes del planeta. En un escenario donde predominan otros sonidos del mainstream global, la banda apostó por un show que combinó cercanía, emoción colectiva y una ejecución sólida, apoyada en su formato de banda y en una narrativa pensada para conectar desde la nostalgia y la complicidad con el público.

A lo largo de ambos fines de semana, su set recorrió algunos de sus temas más reconocidos como ‘Cómo te atreves’, ‘Besos en guerra’ y ‘Cuando nadie ve’, convertidos en coros masivos incluso entre quienes no seguían de cerca su discografía. Sin necesidad de grandes invitados, Morat sostuvo su presentación desde la fuerza de sus canciones y la química entre sus integrantes, logrando que un formato más orgánico encontrara su espacio dentro del festival.

Más allá del repertorio, su show tuvo un peso simbólico importante: el de una banda que ha construido su carrera desde la composición y el formato tradicional de grupo, abriéndose paso en un circuito dominado por otros géneros. En ese sentido, su paso por Coachella funcionó como una validación internacional, consolidándolos como uno de los nombres clave del pop latino contemporáneo.

15. rusowsky

Con su presentación, rusowsky confirmó por qué es una de las figuras más inquietas de la nueva escena española. Lejos de ajustarse a una narrativa convencional, su show apostó por la fragmentación y el contraste, alternando momentos íntimos con estallidos electrónicos y una estética deliberadamente caótica que terminó jugando a su favor.

A lo largo de ambos fines de semana, su set se movió entre canciones como ‘malibU’, ‘So So’ y ‘BBY ROMEO’, reinterpretadas en vivo con arreglos más crudos y una energía menos pulida que en estudio. Más que apoyarse en invitados, rusowsky sostuvo el interés desde su presencia escénica impredecible y una propuesta que desdibuja constantemente los límites entre pop, electrónica y experimentación.

En un festival dominado por nombres consolidados, su presentación destacó por su riesgo y personalidad, consolidándolo como uno de los actos emergentes que mejor supo capitalizar el escenario de Coachella sin renunciar a su identidad.

16. Sabrina carpenter

Como una de las headliners de la edición, Sabrina Carpenter apostó por un show ambicioso, cargado de teatralidad, narrativa y guiños a la cultura pop. Su presentación mantuvo una estructura similar en ambos fines de semana, pero fue en el segundo donde alcanzó su punto más alto con una aparición que terminó definiendo no solo su set, sino buena parte de la conversación del festival.

El momento llegó hacia el cierre, cuando, tras una transición de ‘Juno’, apareció en escena Madonna en uno de los cameos más impactantes del fin de semana. La colaboración funcionó como un cruce generacional explícito: juntas interpretaron ‘Vogue’ y ‘Like a Prayer’, además de adelantar un tema inédito del próximo álbum de Madonna, convirtiendo el escenario en un espacio donde convivieron legado y presente en tiempo real.

Más allá del efecto sorpresa, el momento tuvo una carga simbólica evidente. Para Madonna, significó su regreso al festival dos décadas después; para Carpenter, la consolidación de su estatus como figura central del pop actual, capaz de dialogar con una de sus mayores influencias. La química entre ambas —entre complicidad y admiración— terminó de sellar uno de los pasajes más virales y comentados de Coachella 2026.

17. Addison Rae

El paso de Addison Rae por Coachella 2026 fue, ante todo, una prueba de transición: de figura digital a artista pop en construcción. En un contexto donde su nombre aún genera escepticismo en ciertos sectores, su show apostó por una puesta en escena coreografiada y altamente visual, diseñada para sostener la atención desde el movimiento y la estética tanto como desde la música.

A lo largo de ambos fines de semana, su set giró en torno a canciones como ‘Diet Pepsi’ y ‘Obsessed’, con un enfoque que priorizó el performance y la actitud escénica. Más que invitados sorpresa, el peso recayó en su presencia y control del escenario, con una propuesta que dialoga directamente con el pop contemporáneo y sus códigos visuales.

Sin embargo, el segundo fin de semana sumó uno de los momentos más comentados de su show, con la aparición de Olivia Rodrigo. Juntas interpretaron ‘Headphones On’ y estrenaron en vivo ‘Drop Dead’, generando una reacción inmediata del público y elevando el perfil de la presentación con un cruce que conectó dos generaciones del pop actual.

Sin intentar forzar una validación inmediata, Addison Rae terminó entregando un show que funcionó como declaración de intenciones: todavía en proceso, pero con una dirección clara. En un festival como Coachella, su presentación no buscó competir en escala, sino posicionarse como parte de una nueva generación de artistas que entienden el escenario también como una extensión de su identidad digital.

18. Mëstiza

El dúo español Mëstiza convirtió su paso por Coachella en una declaración de principios tanto estética como cultural. Con una puesta en escena milimétrica y una presencia cuidada al detalle, sus shows se transformaron en un rave atravesado por ecos flamencos, donde la electrónica funcionó como vehículo para proyectar una identidad claramente definida.

A lo largo de ambos fines de semana, su set —presentado en la Yuma Tent— giró en torno a esa fusión entre club y raíz, con pasajes hipnóticos que desembocaban en momentos más explosivos y bailables. Más que invitados, el foco estuvo en la construcción de una atmósfera envolvente, en la que su propuesta sonora se alineó con un discurso de reivindicación cultural y empoderamiento femenino, uno de los ejes de su proyecto actual.

Su presencia también tuvo un peso simbólico: fueron las únicas representantes españolas en el cartel, llevando una propuesta que no solo dialoga con la electrónica global, sino que insiste en volver a las raíces como forma de diferenciación en un circuito cada vez más homogéneo. De esa forma, en un festival dominado por lo espectacular, el dúo destacó por algo más sutil pero igual de efectivo: convertir la identidad en experiencia, firmando uno de los sets más coherentes y con mayor personalidad de la edición.

19. Radiohead

Aunque muchos esperaban un show sorpresa, Radiohead terminó siendo uno de los nombres más comentados de Coachella 2026 sin tocar una sola nota en vivo. Su presencia llegó a través de ‘Motion Picture House: Kid A Mnesia’, una instalación inmersiva presentada como “The Bunker Debut”, concebida como la expansión física del universo creado en Kid A Mnesia y que redefinió por completo lo que puede ser una participación dentro del festival.

El proyecto se desplegó en un búnker subterráneo de aproximadamente 17.000 metros cuadrados, construido específicamente para la ocasión bajo el recinto. Allí, los asistentes podían ingresar a una experiencia audiovisual de 75 minutos que combinaba música remezclada de Kid A y Amnesiac con visuales y arte original de Thom Yorke y Stanley Donwood, trasladando al mundo físico una obra que originalmente había sido pensada como experiencia digital.

Más que una proyección, el espacio funcionaba como un entorno narrativo completo: galerías, instalaciones y sonido envolvente que guiaban al espectador a través de una especie de recorrido sensorial. La propuesta no buscaba replicar un concierto, sino sumergir al público en el imaginario de la banda, reforzando ese tono onírico e inquietante que define esta etapa de su discografía.

La instalación también marcó un cambio más amplio en la forma de experimentar la música en vivo. Lejos de la lógica del escenario, Radiohead apostó por una experiencia multisensorial y curada, pensada para ser recorrida más que observada. Ese giro no solo generó expectativa —muchos creyeron que se trataba de un concierto encubierto—, sino que terminó posicionándose como una de las propuestas más ambiciosas de toda la edición.

20. Adriatique

El dúo suizo Adriatique convirtió su paso por Coachella en una de las experiencias más envolventes dentro del circuito electrónico. Fiel a su identidad sonora, apostó por un set de melodic techno y house profundo, construido con paciencia y precisión, donde cada transición parecía pensada para sostener una narrativa continua más que para encadenar picos inmediatos.

A lo largo de ambos fines de semana, su presentación se desarrolló como un viaje progresivo, con capas sonoras que iban creciendo en intensidad y momentos donde temas como ‘In The Moment’ o ‘Hear That’ funcionaron como anclas dentro de una sesión más amplia. Sin recurrir a invitados, el foco estuvo en la curaduría y la atmósfera, apoyados en visuales sobrios y una iluminación que reforzó ese carácter hipnótico de su propuesta.

En un entorno donde la electrónica suele inclinarse hacia lo espectacular, Adriatique destacó por lo contrario: contención, elegancia y control del ritmo, firmando uno de los sets más cohesionados y refinados del festival, y consolidándose como uno de los nombres que mejor supo traducir la experiencia de club a un escenario masivo como Coachella.

21. The Strokes

Uno de los actos más esperados esta edición del festival era el de The Strokes, que no solo cumplió con lo esperado a nivel musical, sino que terminó convirtiéndose en uno de los momentos más discutidos de lo que va del 2026. Durante el primer fin de semana, la banda apostó por un set más clásico, apoyado en himnos como ‘The Adults Are Talking’, ‘Reptilia’ y ‘Someday’, con Julian Casablancas combinando su habitual actitud errática con comentarios irónicos y ligeros guiños políticos.

Pero fue en el segundo fin de semana donde todo cambió. Manteniendo una base similar en el repertorio —con temas como ‘Last Nite’, ‘Hard to Explain’ y ‘You Only Live Once’—, la banda llevó su presentación a otro terreno en el cierre, transformando el concierto en una declaración política explícita.

El momento clave llegó con ‘Oblivius’, canción que no solían interpretar en vivo y que eligieron precisamente por su carga discursiva. Mientras la banda la tocaba, las pantallas proyectaron un montaje de imágenes que denunciaban intervenciones históricas de Estados Unidos en otros países, incluyendo líderes derrocados o asesinados y referencias a conflictos recientes en Gaza e Irán.

La puesta no fue sutil: nombres como Salvador Allende o Mohammad Mosaddegh aparecieron en pantalla, junto a mensajes directos que cuestionaban el papel del gobierno estadounidense en distintos episodios históricos. Incluso se incluyeron imágenes de bombardeos y destrucción, llevando el show a un terreno incómodo para un escenario como Coachella.

Esa decisión dividió opiniones casi de inmediato. Mientras algunos celebraron el gesto como uno de los pocos momentos de verdadera toma de postura política dentro del festival, otros lo consideraron excesivo o fuera de lugar. Lo cierto es que el impacto fue innegable y el cierre se volvió viral, generó debate y desplazó la conversación de lo musical hacia lo ideológico.

En contraste con la espectacularidad habitual del festival, The Strokes hicieron algo distinto: usar el escenario como plataforma de confrontación, no solo de entretenimiento. Más allá de la recepción, su presentación terminó siendo una de las pocas que trascendió el formato de concierto para convertirse en un comentario directo sobre el presente, dejando uno de los momentos más incómodos —y a la vez más recordados— de Coachella 2026.

GABRIEL CAVALLO

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