Crítica: La maldición de la momia (Lee Cronin’s The Mummy)

La momia regresa sin una momia de verdad en una película de terror que no sabe qué hacer con su propio nombre.

abril 24, 2026

Cortesía de Warner

La momia en el cine no empezó con Brendan Fraser y Rachel Weisz. En manos de Universal Pictures y Hammer Film Productions, era una figura ligada a la muerte, al castigo y a una presencia física decadente y decrépita que se imponía desde el silencio y perseguía a jovencitas. Había una lógica interna clara con un cuerpo en descomposición que regresaba con algo pendiente, casi siempre lujuria.

Pero esa idea se fue diluyendo con el tiempo. Las películas con Brendan Fraser, también de los estudios Universal, cambiaron el eje hacia la aventura, con ecos de Indiana Jones pero sin su grandeza. El intento posterior con Tom Cruise terminó vaciando el sarcófago y acabando con la iniciativa de un universo interconectado de monstruos cinematográficos. 

Ahora Warner se apropia de la momia y la lleva de nuevo al terreno del terror. La historia abre en Egipto con un ritual antiguo y luego se mueve a una familia marcada por la desaparición de una niña. Años después, esa niña regresa en condiciones imposibles y vuelve a casa con algo que no se puede explicar. El punto de partida funciona porque instala una ruptura clara. Lo que vuelve no es lo que se fue.

A partir de ahí, la película deja de lado casi todo lo que define a la momia como figura. Lo que domina es la lógica de la posesión. El comportamiento de la niña, las reacciones de la familia y las escenas clave remiten directamente a El exorcista, con ecos de La profecía, Terror en Amityville y hasta Evil Dead Rise (El director y guionista Lee Cronin fue el encargado de resucitar con fuerza la saga de Sam Raimi).  El resultado es una desconexión constante entre el título y lo que ocurre en pantalla. La momia queda reducida a un elemento decorativo, casi ausente y sin peso real dentro del conflicto.

Jack Reynor (Midsommar) asume el papel de Charlie, el padre periodista, sin encontrar demasiado espacio para desarrollarlo. Laia Costa es Larissa, la madre, Verónica Falcón es Carmen, la abuela rezandera que sospecha algo, Seb es el hijo adolescente (Shylo Molina), Maud (Billie Roy) es la inocente hija menor y May Calamawy es Dalia, la detective al estilo del Dr. Loomis de Halloween, y todos se mueven dentro de un guion que no profundiza un ápice en sus personajes. La única presencia que se impone es la de Natalie Grace, que sostiene varias de las escenas más efectivas, las cuales a menudo se estropean con sobresaltos absurdos y situaciones traídas de los cabellos.

Lee Cronin ya había mostrado control del ritmo y la crueldad en Evil Dead Rise. Aquí recurre a una atmósfera sucia y escatológica, pero también a una fórmula repetitiva típica de los estudios Blumhouse, donde los momentos de impacto se acumulan sin construir algo más sólido alrededor. La película insiste en una dirección que no corresponde con su propio punto de partida. Mantiene el nombre, pero abandona lo que ese nombre implica. Y ahí es donde termina fallando. 

Entonces la pregunta es inevitable: ¿Por qué llamarla La maldición de la momia? No hay una respuesta clara. Puede ser una jugada de estudio para dejar el terreno libre a Universal para que retome su versión aventurera sin una competencia directa. Puede ser un simple desgaste creativo. O puede ser algo más básico. Usar un nombre conocido para vender una historia que bien podría llamarse de cualquier otra forma.

ANDRÉ DIDYME-DÔME

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