Lana Del Rey va mucho más lejos

Su segundo álbum del año es denso y abstracto, haciendo introspección y encontrando consuelo en la sororidad

Por  SARAH GRANT

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Universal Music

Lana del Rey

Blue Banisters

Lo último que dijo Lana Del Rey antes de eliminar su cuenta de Instagram fue que Blue Banisters, su séptimo álbum de estudio, cuenta su historia “y nada más”. La nota arrojó mucha claridad por parte de Del Rey, cuyos álbumes prácticamente necesitan un título en criptografía. Pero después de escuchar el disco, queda claro que nos entregó los binoculares después de limpiarlos con vaselina.

A comienzos de este año lanzó Chemtrails Over The Country Club, un álbum optimista y melódico con letras inspiradas en la noción de Kerouac de que un viaje por carretera es como una limpieza espiritual. Blue Banisters es más abstracto y difícil de procesar, mucho más introspectivo. La canción

más pegajosa del disco es ‘Arcadia’ y habla sobre una ciudad mítica que existe en el mismo espacio del alma. Es como si adentrarse en su interior fuera la única clase de escapismo en la que puede confiar.

Afortunadamente, Del Rey no está sola en este viaje. La canción que le da nombre al álbum es un pintoresco boceto de un grupo de mujeres en una casa –Jenny, Nicki, Chucky–, es como si Jane Austen hubiera escrito Sentido y sensibilidad sobre la vida en un condominio de lujo en Los Ángeles.

Sus amigas la ayudaron a sanar el corazón que rompió un hombre, “que dijo que arreglaría mi veleta, me daría hijos, sanaría mi dolor, y pintaría de azul mi baranda”. Ellas gobiernan en su mal de amores; pintaron la baranda de un color diferente, como metáfora de renacimiento. Cuando describe toda la imagen, “Chucky está haciendo un pastel de cumpleaños/Las gallinas están corriendo descalzas, y hay un bebé en camino”, la vibración es palpable e infinita. Parece que hubiera cierta magia primitiva en esta escena doméstica y en su lazo fraternal. “Siempre que llega mayo/Todas mis hermanas vuelan a mí, para pintar, pintar”, canta.

Ilustración Alias ce

El tono se vuelve más tenso a medida que Lana canta sobre los aspectos más solitarios de su vida como una mujer moderna. Estas canciones más oscuras son las más difíciles de descifrar musicalmente, con versos fragmentados y cadencias saltadas. Están desprovistas de las voces temblorosas y los giros narrativos rítmicos de antes. En ‘Nectar of the Gods’ Del Rey suena como si hubiera bebido demasiado, oscilando entre su registro alto y bajo, al cantar “No sabía lo cruel que es el mundo”, gritar sobre enloquecerse, y luego ofrecer un resumen de su desgarradora historia: “Mi padre nunca intervenía cuando su esposa me gritaba/Terminé siendo extraña, pero dulce/Luego, hospitales, me mantengo de pie/Cómodamente adormecida, pero con el litio llegó la poesía”.

Banisters continúa con un tema siempre presente en su música: la expresión personal supone un riesgo para su salud mental, y parece que lo ha aprendido a las malas. Pero, como los momentos más optimistas del disco lo sugieren, tal vez se ha dado cuenta de que es más fuerte cuando está rodeada por sus amigas. Esto también podría explicar por qué Del Rey es tan importante para artistas mujeres como Taylor Swift, quien no solo la llamó “la artista más influyente del pop”, sino que usó su carrera como ejemplo de cómo las mujeres deben luchar para hacer música –y tener los derechos de ella–, aún más que sus contrapartes masculinas.

Lana Del Rey termina el álbum cantando sobre su propia hermana, quien estaba embarazada con su primer hijo cuando la cantante trabajaba en Blue Banisters. ‘Cherry Blossom’ tiene una nostalgia dulce, mientras Del Rey arrulla a su “pequeño fantasma”. El cierre del álbum, ‘Sweet Carolina’ es una canción conmovedora y amorosa para aliviar las preocupaciones de su hermana. “No me tendrás que escribir cartas porque siempre estaré contigo, tan cerca como tu aliento”, canta. En el pasado la artista ha logrado que la intimidad parezca transaccional, pero aquí se siente pura.