Kraftwerk en Buenos Aires: cómo sonaría hoy el mañana que imaginábamos ayer

¿Nostalgia o vanguardia? Los pioneros de la música electrónica respondieron con un show estimulante y actual en el estadio Movistar Arena

Por  Daniel Flores

mayo 24, 2023

Kraftwerk, en vivo en Buenos Aires, mayo de 2023

Ver a Kraftwerk en vivo, hoy, plantea un desafío como el de esas ficciones desarrolladas con constantes saltos en el tiempo hacia atrás y hacia adelante. Cuando toca su clásico “The Model”, por ejemplo, el grupo alemán pionero de la electrónica está recreando una composición que en 1978 sonaba “futurista” y que 45 años más tarde ya resulta familiar melódica, tímbrica e incluso tecnológicamente, pero que de algún modo sigue evocando un porvenir nunca alcanzado, quizás por inalcanzable; mientras tanto, las pantallas muestran films en blanco y negro que podrían datar de un siglo atrás.

Lo que se produce entonces es un quiebre temporal. Un remolino de flashbacks y flashforwards “retrofuturista”, comandado por cuatro músicos-operadores inmutables, que hacen lo suyo (aunque no sabemos exactamente qué es) atornillados a sus atriles y equipados con unos bodies lumínicos.

Lo que estamos viendo y escuchando, ¿es retro, actual o anticipatorio? ¿Participamos de una gran reunión nostálgica, una puesta para melómanos de entre 50 y 65 años impactados de por vida, en su influenciable adolescencia, por discos como Trans Europa Express y Die Mensch-Maschine, y con ánimos de revivir por una noche aquellos años no tan locos, pero sí avant-garde? ¿O somos espectadores de un show relevante hoy, al margen de cualquier código generacional?

“Las dos cosas a la vez”, respondería el Chat GPT –seguro, fanático de Kraftwerk-.

Esa fue la sensación, la noche del martes 23, en el estadio Movistar Arena, mientras Kraftwerk recreaba clásicos y, a la vez, los reinterpretaba para revalidar su carácter vanguardista; una operación precisa, con algún potencial riesgo, pero exitosa al fin.

Kraftwerk, en su matrix retrofuturista Foto: Santiago Gallo Bluguermann

A veces se le adjudican al arte dotes adivinatorias. Se elogia, por ejemplo, una novela de ciencia ficción no por cómo está escrita sino solo por su capacidad de adelantar eventos que ocurrirían efectivamente tiempo después de publicada. Del mismo modo, a Kraftwerk siempre se le festeja haber anticipado en los setenta y ochenta mucha de la música electrónica que animaría nuestras vidas hasta hoy, en megafestivales, en sótanos alternativos y en ascensores, aeropuertos y supermercados. El peso de los discos y las ideas del grupo de Düsseldorf es, en ese sentido, evidente, indisputable. ¿Pero cuál es el valor de Kraftwerk como proyecto vivo, hoy?

Si aquellos LP giraban (mecánica y calculadamente) en torno de temas como la automatización, el transporte, la energía y hasta la contemplación estética de atletas y “máquinas” en una competencia deportiva, hoy su puesta en vivo parece plantear otra cosa, que no pronuncian esas letras con vocoder ni aparece en tipografías tecno-vintage sobre las pantallas. El contenido, ahora, es el mismo audio. El sonido es, más que nunca, el mensaje.

Los devotos de Kraftwerk, al tono para la ocasión, en Movistar Arena Foto: Santiago Gallo Bluguermann

Son legendarias las giras en las que Kraftwerk debía desmontar por completo su sobre equipado estudio Kling Klang, en Düsseldorf, para salir a la ruta. Pero la tecnología, claro, se transformó en cuatro décadas más de lo que evolucionó el arte de hacer música: mientras que los sintetizadores cambiaron radicalmente desde los setenta hasta hoy, el tecno actual no está muy lejos de lo que proponían los alemanes en una obra como Radio-Activity. Lo que entonces ocupaba un par de camiones, hoy podría caber en el equipaje de mano de Ralf Hütter, el único miembro fundador aún activo.

Algo similar ocurre con la definición de cada sonido controlado desde esos cuatro misteriosos atriles. No sólo las melodías híper reconocibles y reconfortantes como la de “Neon Lights”, sino todo lo que acontece en otros planos más sutiles, hasta subliminales, brilla en el Movistar Arena con la perfección que Kraftwerk parecía admirar y celebrar del tren Transeuropeo y de las columnas de ciclistas pedaleando a tempo en el Tour de France.

El viejo catálogo es, curiosamente, un soporte efectivo para expresar y desplegar ya no glorias pretéritas sino posibilidades actuales. El tren de alta velocidad, los robots, la autopista, las computadoras y la modelo en la tapa de una revista son pretextos. Hoy, como nunca, se expone en primer plano y de manera casi abstracta la obsesión primaria del laborario Kraftwerk: el sonido. Eso es precisamente lo que justifica el extended play que los trajo hasta el presente.

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