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Johnny Cash: La entrevista ROLLING STONE

Para conmemorar los 90 años del natalicio de esta leyenda, ROLLING STONE saca de sus archivos la histórica entrevista que en 1973 publicó el célebre periodista y crítico Robert Hilburn, quien llegó a acompañar a Cash en el mítico concierto en la prisión de Folsom

Por: ROBERT HILBURN

Con más de 90 millones de álbumes vendidos alrededor del mundo, una vida tormentosa y un legado que ha marcado a artistas de múltiples generaciones, la importancia de Johnny Cash es innegable, por eso esta es una ocasión perfecta para recordar su testimonio.


1 de marzo de 1973

Desde el comienzo la música parece haber sido parte importante de su vida, ¿recuerda la primera vez que escuchó música?

Mi primer recuerdo es mi mamá tocando la guitarra, antes de que yo comenzara a ir al colegio, tenía como cuatro o cinco años, pero recuerdo que cantamos varias canciones de la Familia Carter. No recuerdo una en particular, pero son canciones de góspel, canciones de iglesia.

Además de escuchar música tuvo que trabajar en una granja siendo niño, ¿eso ayudó en la formación de su carácter?

¿El trabajo duro? No sé, cortar y recoger algodón es una tarea monótona, y no sé qué tanto me sirvió, no sé qué tanto le puede servir el trabajo monótono a una persona.

Entiendo que sienta empatía hacia las personas que trabajan duro, les quiere asegurar a través de su música que sus vidas tienen un propósito.

Sí, respeto mucho un hombre al que no le molesta trabajar duro. No creo que una persona pueda ser feliz a menos de que esté trabajando, y yo trabajo muy duro en mi música, me esfuerzo mucho. Algunas noches ni duermo por estar despierto pensando en mis canciones, en lo que está bien y mal en mi música. Me preocupa si valió la pena lanzar mi último álbum, si lo pude haber hecho mejor. A veces siento que mi último disco suena exactamente igual al que saqué hace 14 años. Me pregunto si solo estoy perdiendo el tiempo, me pregunto si estoy progresando, si estoy creciendo musical y artísticamente. Creo que he citado a Bob Dylan un millón de veces, pero siempre me ha gustado una frase en particular: “El que no está ocupado naciendo, está ocupado muriendo”.

Volviendo a su infancia, en cuanto a la música, ¿cuál fue el siguiente paso?

Comencé a escribir canciones a los 12 años, empecé escribiendo algunos poemas, y luego componía algún tipo de música que los acompañara. Eran canciones de amor y canciones tristes. Creo que la muerte de mi hermano Jack tuvo mucho que ver con eso, mis poemas eran terriblemente tristes, y con mi hermano éramos muy, muy unidos.

¿Le cantaba las canciones a su familia? ¿Qué decían?

Bueno, tú sabes cómo son las familias; mi papá me daba una palmada en la espalda y me decía que eran buenas, pero que era mejor pensar en algo que me diera dinero. Mi mamá apoyó mi música al cien por ciento, a los 16 años quiso que tomara clases de piano y de canto, y aceptó lavar ropa para conseguir el dinero. Creo que solo fui a una clase de canto, el profesor me dijo que no tomara ninguna otra porque podría afectar mi estilo.

«Hello, I’m Johnny Cash».
HUNSTEIN/SONY MUSIC

¿Cuál fue la primera vez que cantó en público?

Creo que en la graduación del colegio, canté ‘Trees’, de Joyce Kilmer. De joven tenía un rango alto, era tenor, y solo tuve el acompañamiento del piano. Estaba muy asustado, y después no volví a cantar hasta que salí de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos.

¿Durante su tiempo en la Fuerza Aérea pensó que terminaría en la música?

Sí, siempre lo supe. Recuerdo escribirle a mi hermano cuando estaba en la Fuerza Aérea, contándole que comenzaría a grabar un año después de salir de ahí. Escribí ‘Folsom Prison Blues’ mientras estaba en Alemania con la fuerza aérea, una noche después de ver Motín. También escribí ‘Belshazzar’ y ‘Hey Porter’. 

¿Cuando regresó a Memphis, cómo se involucró con el negocio de la música?

Escuché sobre Sun Records en Memphis, y ellos estaban ganando reconocimiento con Elvis en ese tiempo, entonces los llamé para una audición. Recuerdo lo asustado que estaba la primera vez que entré al edificio, estaban Sam Philips y su secretaria, la señorita McGinnis. Ni siquiera se acordaban de que tenía una cita para grabar, y ese fue mi primer “vuelva luego”, de siete que me dieron. Le dije a Phillips que yo escribía canciones de góspel, porque pensaba que ‘Belshazzar’ era la mejor canción que tenía para mostrarle. Me dijo, “El mercado no está para canciones de góspel. Vuelve después cuando tengas algo más”.

Eventualmente nos juntamos y creo que grabamos ‘Hey Porter’ ese mismo día. La primera sesión fue impresionante; Luther Perkins tenía un amplificador Sears de segunda mano y un altavoz de seis pulgadas; Marshall Grant tenía un bajo arreglado con cinta de enmascarar; y yo tenía una guitarra de cinco dólares que había traído de Alemania. Phillips tuvo que ser un genio para sacar algo de ahí.

Poco después de lanzar ‘Hey Porter’, volví al estudio para grabar todas las canciones que yo había escrito y algunas que no eran mías. Era emocionante, todo estaba pasando muy rápido. Recuerdo que un día fuimos al estudio y Elvis estaba con Jerry Lee, Carl Perkins entró unos minutos después y los cuatro nos hicimos alrededor del piano a cantar himnos. Creo que cantamos un par de horas, tengo entendido que Sam tenía la grabadora encendida, y hay unos diez himnos grabados por ese “cuarteto”.

¿Cómo conoció a Luther Perkins [guitarrista] y a Marshall Grant [bajista]?

Nos conocimos en un taller donde trabajaba mi hermano, eran mecánicos y tenían la música como pasatiempo. Roy me dijo que ambos eran guitarristas, Marshall jamás había tocado un bajo en su vida, entonces los tres éramos guitarristas. Intentamos hacer que Marshall comenzara a tocar el bajo y Luther aceptó tocar la guitarra eléctrica; sentimos que necesitábamos los instrumentos para redondear el sonido.

¿Cómo trabajaba en los arreglos?

Todo estaba en mi cabeza, le mostraba a Luther las notas en la guitarra y luego él las tocaba una y otra vez, hasta que se las aprendía.

¿Cómo surgió el sonido de Johnny Cash?

¿Ese sonido de boom-chik-a-boom? Luther le quitó la placa de metal a su Fender y silenció las cuerdas, porque dijo que tocaba tan irregular que le daba pena y así intentaba disimular el sonido.

 ¿Qué dijo Sam Phillips cuando escuchó ese sonido?

Pensó que era muy comercial, estaba muy emocionado.

¿Cómo se sintió al tener su primer sencillo en las manos? Debió ser un gran día.

Fue la mejor sensación que he tenido. Recuerdo que firmé el contrato el mismo día que se estrenó la canción; tenía el contrato y ‘Hey Porter’ en mis manos cuando dejé las oficinas de Sun Records ese día, además de 15 centavos en el bolsillo. Y cuando salí del estudio, vi a una persona que vivía en la calle y se los di. Lugo llevé el sencillo a una emisora, teniendo mucho cuidado, como si fuera una vieja obra de arte, y cuando se lo di al locutor, se le cayó y se rompió. Fue un accidente, pero fue muy triste porque no pude conseguir una copia hasta el siguiente día. Pero la canción tuvo mucha radiodifusión, especialmente en el sur. El primer manager de Presley, Bob Neal, me llamó para hacer unos conciertos con Elvis; el primer lugar en el que toqué fue el parque Overton de Memphis, canté ‘Hey Porter’ y ‘Cry, Cry, Cry’, y la reacción fue muy, muy buena.


“No creo que una persona pueda ser feliz a menos de que esté trabajando, y yo trabajo muy duro en mi música, me esfuerzo mucho”.


‘I Walk the Line’ fue su canción más importante, ¿sintió algo especial al terminarla?

Pensaba que era una gran canción, pero no estaba seguro. Estaba en Florida cuando la escuché por primera vez en la radio y llamé a Phillips para pedirle que no enviara más discos, pensaba que era terrible, pero él me dijo que esperáramos a ver qué pasaba. Pero yo no quería eso, quería que dejara de enviar copias y me enojé con él. Pensaba que sonaba mal, sigue sonando mal.

¿Su voz o los arreglos?

Los arreglos, no me gustaba el sonido, la modulación, pero esa terminó siendo la parte más comercial. Sam tenía razón.

¿Qué hizo que se fuera de Sun?

Había algunos asuntos en los que no estábamos de acuerdo. Me tuvieron como un principiante durante tres años, y no me sentía bien. Pero, principalmente, sabía que podría hacer otras cosas con una disquera más grande, podría grabar un álbum para Columbia, por ejemplo, eso era lo importante para mí en ese entonces.

¿Cómo fue regresar a Arkansas después de volverse famoso?

Bueno, para ellos seguía siendo el mismo chico de campo. A lo que me refiero es que yo no era especial para ellos. En esos días, muchos de los lugares a los que iba me hacían sentir como la gran estrella que quería ser, y se sentía bien. Pero en casa, la gente mayor se acercaba y me decía: “¿Te acuerdas cuando me traías mantequilla los jueves?”, o algo por el estilo.

¿Perdió el contacto con esas personas en algún momento? ¿Durante esos años difíciles? ¿Hubo algún punto en el que dejó de considerarlos amigos?

Así es, sentía que no encajaba, y como por siete años no volví, no volví a verlos, no quería que me vieran.

Ese debió ser un periodo duro para usted, con las pastillas y todo eso.

Sí, eso fue poco después de mudarme a California. Todavía no sé por qué lo hice, me gustaba, había trabajado y pensé que me gustaría vivir en California, pero no pertenecía ahí, nunca me sentí como en casa. Lo intenté, pero se dio, y me metí con las anfetaminas; consumí por siete años, me gustaba cómo me hacían sentir.

¿Lo elevaba?

Sí, te elevan, y bajo ciertas condiciones, intensifican todos tus sentidos, te hacen pensar que eres el mejor escritor del mundo. Comienzas a escribir canciones y no paras en toda la noche, disfrutas lo que haces y sigues tomando pastillas. Pero cuando vuelves a estar bien, te das cuenta de que no fue tan bueno. Cuando vuelvo a releer cosas que escribí, me pone mal… eran divagaciones alocadas, imposibles y ridículas, que nadie creería.

Y tomaba más pastillas para quitarme el sentimiento de culpa. Me puse a juntar las que me animaban con las que me deprimían y llegó a ser un círculo muy, muy vicioso, me lograron derrumbar. Porque además de todo eso, pensaba que era invencible y que nada me podría herir. Dañé cada carro, camioneta y vehículo que manejé durante siete años. Una vez conté los huesos que me rompí y creo que fueron 17. La gracia de Dios fue la que me salvó de romperme el cuello.

Me di cuenta de que las anfetaminas me estaban consumiendo. Luego te vuelves paranoico, piensas que todos quieren hacerte daño. No confías en nadie, ni siquiera en los que amas. Fue como una pesadilla.

¿Piensa que hubo un punto en el que tocó fondo? Como esa vez en Georgia cuando despertó en la cárcel.

Sí, eso fue en el ‘67, cuando las cosas empezaron a cambiar. Pero ese solo fue otro de mis despertares, ¿sabes? Han escrito sobre ese incidente en varios libros y revistas, pero solo fue una de los cientos de veces en que comenzaba a despertar y a darme cuenta de que algo bueno me iba a pasar, por eso tenía que rehabilitarme, mi vida iba a cambiar para bien.

Había tenido siete años duros y sentía que vendrían siete años de buenos momentos y de una buena vida. Realmente en 1967 llegué a pensar que se venían siete años buenos.

¿Cómo comenzó a levantar cabeza?

Bueno, comenzó cuando me casé. El amor y el fortalecimiento espiritual llegaron casi al mismo tiempo, y la religión tuvo mucho que ver con ello. Para mí, la religión y el amor son lo mismo, la religión es amor. Me casé en junio y desde ahí comenzamos a fortalecernos espiritualmente, creo que se puede ver cuando estoy en el escenario.

No puedes engañar al público, no te puedes engañar a ti mismo, si no eres autentico en el escenario, se nota. Estoy muy feliz ahora, pero no es lo mismo que estar contento. Todavía quiero crecer como interprete, como artista, como persona, y sigo trabajando duro en ello. Nunca salgo a escena si no estoy asustado, siempre está el miedo a que te tiren huevos o algo así.

UNA HERENCIA DESGARRADA: Desde finales de los años 50 hasta la primera década de este siglo, Cash le prestó su voz a los marginados.

¿Cómo se preparaba, física y emocionalmente, para una sesión de grabación durante esos años?

Falté a muchas sesiones, llegaba al estudio con la cabeza nublada y sin importarme cómo estaba. Me armaba de valor y lo intentaba, y se puede oír en varias de mis grabaciones.

¿Qué le llamó la atención de Dylan?

Me pareció que era uno de los mejores cantantes de country que había escuchado, me gustaba que hacía todo con un sabor a country y con los sonidos del country, como ‘World War III Talkin’ Blues’ y similares, de su álbum Freewheelin’.
Pensaba que no había manera de ser más country que eso. Claro está que sus letras me impactaron y comenzamos a escribirnos. Nos escribimos cartas durante un año antes de conocernos en persona.

Estaba tocando aquí, en Las Vegas, cuando escuché uno de sus álbumes por primera vez. Lo puse en el camerino y le escribí una carta diciéndole lo mucho que me gustaban sus canciones y me contestó diciéndome lo mismo. Se acordaba de mí en los días de ‘I Walk the Line’ cuando estaba viviendo en Hibbing, Minnesota. Lo invité a mi casa en California, pero cuando vino, no la encontró.

Recibí otra carta que escribió en un pueblo de California, y para el momento en que le respondí, ya había vuelto a Nueva York. Y finalmente, cuando yo fui a Nueva York, John Hammond me dijo que Bob estaba en la ciudad, así que nos encontramos en Columbia Records. Pasamos un par de horas juntos, hablamos de canciones, de intercambiarlas y me invitó a su casa en Woodstock. Después del Newport Folk Festival, me volvió a invitar.

Algunas personas dicen que Dylan es reservado e introvertido, que es difícil hablar con él, ¿pensó lo mismo al conocerlo?

Nunca llegamos a hablar mucho, había un entendimiento mutuo; nunca intenté indagar mucho en su vida personal, ni él en la mía. Si es reservado y difícil de tratar, lo entiendo y no lo culpo. Muchas personas se han aprovechado de él y lo han intentado dañar cuando lograron acercarse, así que no puedo culparlo. Todo el mundo le dice qué debería escribir, cómo debería pensar, qué debería cantar, pero eso es asunto de él.

Hablemos de sus canciones, ¿tiene algún recuerdo especial en relación con ellas?

Claro, la gran mayoría de mis canciones me traen recuerdos; cómo las escribí, dónde estaba cuando las lancé y demás. Recuerdo que escribí ‘Train of Love’ en 1955, cuando estaba en un programa de televisión en Shrevepor,t y Sam Phillips estaba ahí. Lo llamé a mi camerino y le pregunté qué opinaba de la canción, me dijo que le gustaba mucho y la grabamos en la siguiente sesión.

Escribí ‘Give My Love to Rose’ a diez cuadras de la prisión de San Quentin. En 1956, la primera vez que fui a California, toqué en un club y un tipo entró al camerino, un exconvicto, para hablarme sobre Shreveport. Él era de allá, y no estoy seguro si el nombre de su esposa era Rose, el hecho es que me dijo que su esposa estaba allá y me pidió que le mandara sus saludos si él no volvía antes que yo, puesto que acababa de salir de la prisión. Esa noche escribí la canción.

Escribí ‘Big River’ como una canción lenta de blues. Recuerdo que estaba en el asiento trasero de un carro mientras pasábamos por White Plains, Nueva York, cantando “I taught the weeping willow how to cry” muy lento y con un ritmo de blues.

Escribí ‘Hey Porter’ en el extranjero, esa fue mi canción de nostalgia por el sur. ‘So Doggone Lonesome’ fue escrita pensando en Ernest Tubb. Varias veces escribí canciones con algún cantante en mente, sin la intención de que ellos las escucharan, pero teniéndolos en cuenta. Después de grabar ‘So Doggone Lonesome’, Tubb la escuchó y la grabó.

Escribí ‘Get Rhythm’ para Elvis, pero no le permití escucharla hasta que la grabé. ‘Come in Stranger’ solo hablaba de mi vida en la carretera.

¿Le dio la idea a Carl Perkins para ‘Blue Suede Shoes’?

Recuerdo que mis compañeros en la Fuerza Aérea decían: “No pises mis zapatos de gamuza azul”, y pensaba que era una buena frase, así que le dije a Carl que debería usarla en una canción, pero él la escribió toda, es su canción.

¿Piensa mucho en el futuro?

Simplemente vivo el día a día y hago lo que me parece correcto en ese momento, no trato de adelantarme a nada ni nadie.

¿Se considera una persona optimista?

Por supuesto, claro que lo soy. He tenido 17 años de solo cosas buenas en cuanto a mi música. Todo ha sido bueno, los años han sido buenos conmigo. La industria musical ha estado creciendo, me siento muy optimista al respecto, los nuevos talentos lo van a lograr. Siempre habrá quién escuche a las personas talentosas. Nada va a reemplazar a los humanos, pueden fabricar todos los sintetizadores que quieran, pero nada reemplazará el corazón humano.


Robert Hilburn es conocido por libros biográficos sobre Johnny Cash y Paul Simon, además de Corn Flakes with John Lennon And Other Tales from a Rock n’ Roll Life, en el que presenta sus reflexiones y experiencias junto a figuras como Elvis Presley, John Lennon, Bob Dylan, Janis Joplin, Stevie Wonder, Bruce Springsteen, U2, Michael Jackson, Public Enemy y Kurt Cobain.

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