mayo 26, 2022

¿En qué país vive Iván Duque?

Tenemos que hablar de los delirios de un presidente que se siente “orgulloso” de sus resultados, pese a que su desaprobación está por encima del 70%

Por  MELISA PARADA BORDA

Las razones sobran para que este gobierno se ubique entre los peores de nuestra historia, y más de la mitad del país cuenta las horas para que Duque termine su mandato.

AP

Colombia atraviesa una semana crucial a pocos días de la primera vuelta para las elecciones presidenciales, y la preocupación por lo que pueda suceder el domingo 29 de mayo se siente en el aire. A pesar de eso, en medio de un ambiente de pura incertidumbre, el presidente Iván Duque tiene la certeza de que sería reelegido si tuviera la posibilidad de participar en los comicios. Parece un mal chiste, pero no es broma, lo dijo en una entrevista con la BBC en donde alardeó de los “importantes resultados” de su gestión y como es costumbre, dio respuestas evasivas sobre los puntos que más se han criticado en este gobierno.

Resulta absurdo que con una favorabilidad que ha ido en picada desde sus primeros meses como mandatario –cuando recién fue elegido en agosto de 2018, Datexco informó que su imagen favorable era del 55% pero en diciembre del mismo año se desplomó a 28%–, esté tan seguro de que la mayoría del pueblo colombiano desearía más de lo mismo. ¿Más ineptitud, corrupción y violencia?

En inglés se usa la palabra “delusional” para describir a una persona que está convencida de cosas que no son ciertas, término que le cae como anillo al dedo. “Delirante” sería una traducción que podría funcionar. Pero tampoco hay que pecar por ingenuos: aunque Duque aparente no tener ni la más mínima idea de lo que hace, la derecha no da puntada sin dedal. En este cuatrienio sus prioridades fueron más que evidentes, beneficiando los intereses de unos pocos en lugar de crear un gobierno integral que respondiera a las principales necesidades del país.

En la entrevista, el presidente se jacta de que en el último año ha conseguido la tasa más baja de homicidios en las últimas cuatro décadas, datos que hay que revisar con lupa. De acuerdo con un informe de la Policía Nacional citado por El Tiempo, efectivamente en 2020 se registró la tasa más baja de muertes violentas en 46 años, aunque el ente especifica que tal año fue atípico por la pandemia. De hecho, el documento señala que entre 2019 y 2021 este crimen aumentó en un 8,2% y, si revisamos sus diferentes variables, encontramos un incremento en las muertes relacionadas con atracos, violencia intrafamiliar y sicariato. Esto quiere decir que, si bien en 2020 hubo una disminución de este delito, es complicado comparar los resultados de un periodo en que la mayoría de la población tuvo que someterse al confinamiento, con los de uno caracterizado por la reactivación como lo fue 2021.

De nada sirve que celebre estos números mientras finge demencia, sordera y ceguera ante los constantes asesinatos de líderes y lideresas sociales, y firmantes del Acuerdo de Paz, al igual que con las masacres que han tenido lugar durante estos últimos cuatro años.

En ROLLING STONE ya habíamos reportado las cifras del conflicto armado entre enero y abril de 2022; en ese entonces los datos ofrecidos por Indepaz se veían así: 57 muertes entre líderes y defensores de derechos humanos, 15 asesinatos de firmantes del Acuerdo y 32 masacres. A corte de hoy, se ven de esta manera: 79 líderes y defensores, 21 excombatientes y 44 masacres. Esto es muestra de cómo el Gobierno no ha hecho más que reírse en la cara de las víctimas que buscan verdad y reparación, de quienes sufren de amenazas por defender la paz y de los cientos de excombatientes que dejaron las armas con la promesa de reinsertarse a la vida civil.

Duque es experto en hablar antes de tiempo (favor remontarse a, “Maduro tiene las horas contadas”), y desde la captura y posterior extradición de Dairo Antonio Úsuga, alias ‘Otoniel’, ha repetido que la estructura del Clan del Golfo fue desmantelada. El paro armado demostraría lo equivocado que estaba amenazando, según la Jurisdicción Especial para la Paz, la vida civil en 178 municipios del país y terminando con el asesinato de 24 civiles y dos miembros de la fuerza pública. El manejo que le dio el Gobierno a la situación fue muy criticado dado que, mientras hace un año llovían las denuncias de abuso de autoridad y uso excesivo de fuerza sobre personas que ejercían su derecho a la protesta, esta vez las acciones llegaron sospechosamente tarde, y fueron poco eficaces.

Durante la pandemia, Colombia vivió una de las peores crisis socioeconómicas que ha tenido en años. Es entendible que ante un evento de tal magnitud –para el que nadie estaba preparado– las reacciones y medidas fuesen una constante prueba y error, por eso mismo hay opiniones divididas sobre el manejo que se le dio. Hay quienes aplauden la creación del ingreso solidario para apoyar a las familias que se quedaron sin sustento, pero el programa tuvo varias irregularidades, como el pago a personas fallecidas o a aquellas que no lo necesitaban en realidad. Algo similar sucedió con las vacunas, cuando a lo largo de 2021 el plan de vacunación fue cambiando por el retraso en la llegada de los biológicos y cada día el Ministerio de Salud publicaba información diferente. Y mientras el coronavirus se hacía presente en las actividades de ocio y protestas sociales, el virus desaparecía milagrosamente cuando se trataba de estrategias populistas como el Día sin IVA, en donde hubo aglomeraciones que se salieron de control.

Son muchos los desaciertos por increpar, pero Duque y sus lamentable sanedrín continúan empecinados en echarse flores y tildar de mentiroso a todo aquel que se atreva refutarlo. Incluso, en la entrevista con la BBC vuelve a mencionar que el gobierno de Juan Manuel Santos le heredó muchos problemas. Las comparaciones entre gobiernos son necesarias hasta cierto punto, pero aquí ha adquirido otra connotación con el historial de este mandato con echarle culpas al anterior, en lugar de hacerse cargo de sus propios actos y decisiones.

Estos hechos y más sirven para preguntarse, ¿realmente Colombia sería capaz de reelegirlo? Por más descabellado que parezca este escenario, el país tiene experiencia en olvidar su historia y parecería condenado a repetirla. Por fortuna se trata de un escenario hipotético gracias a que en 2015 el Congreso de la República prohibió la reelección, pero no deja de ser irónico, burdo e irrespetuoso que Duque considere que su gestión ha sido tan buena como para que los y las colombianas deseen su continuidad en el poder.

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