mayo 20, 2022

El Plan de la Mariposa, la banda psicodélica que crece de boca en boca

El grupo llenó su primer Obras en diciembre pasado y ya confirmó el segundo para junio. Cómo fue que esta banda integrada por cinco hermanos, de la ciudad de Necochea, se convirtió en uno de los últimos sucesos del rock argentino

Por  FACUNDO ARROYO

El Plan de la Mariposa, un cuento de los hermanos Andersen.

Ignacio Sánchez

Cae el sol en el horizonte de la pampa húmeda, a 90 kilómetros de Necochea. El lugar se llama Dannevirke. Hay mil carpas distribuidas en un campo. Un escenario enorme, iluminaria de kermeses y talleres a toda hora. Los integrantes de la banda El Plan de la Mariposa están desperdigados por el predio. Ordenan, limpian, arman una lista de canciones y otra de comestibles; charlan con productores, amigos y familia. A pesar de haber tocado hace apenas unas semanas en su primer estadio Obras Sanitarias, ahora no descansan. Traccionan lo que para ellos es su esencia, el trabajo en grupo, su propio evento autogestivo llamado “El Festival Isoca”. Para su última edición, sumaron más de veinte artistas, como Lisandro Aristimuño, Nación Ekeko y Rayos Láser. Entre el pasto y el viento caliente que llega del mar Argentino, reside una de las claves para ser la banda que más creció del rock local durante los últimos meses. Así empezaron el año 2022. Esta es la historia de una familia con el pelo del sol que, a través de la meditación y la autodeterminación laboral, forjó su propio destino.

El Plan de la Mariposa es una grupo formado en 2008 en la ciudad de Necochea por los hermanos Andersen. Sebastián (compositor y cantante), Camila (voz), Valentín (guitarra y voz), Santiago (violín, guitarras y arte) y Máximo (teclados y acordeón). A ellos se les suman Julián Ropero en la batería (dice Sebastián: “Fue clave porque funcionó como ordenador de las canciones. Él tocaba hacía rato y mucho mejor que nosotros”) y Andrés Nor en el bajo. En términos estéticos, la banda se vincula en un ambiente psicodélico, en tanto desarrollo visual, y existencial, en lo narrativo. La canción rock como puerto de partida se utiliza como una invitación a la comunión. Una épica festiva que se completa con un público devoto. 

Escuchá Estado de enlace, su último álbum

Por ese motivo, a la hora de describir la música de El Plan de la Mariposa siempre aparecen los nombres de La Vela Puerca (como real faro) pero también Jeites (por conexión y contemporaneidad) y bandas del circuito como El Kuelgue y Perota Chingó en tanto canción. Cuentan con cinco discos de estudio y mucho material audiovisual vinculado a esos trabajos. Giras, registros en vivo y videos oficiales. El mes pasado lanzaron Trascenlace (vivo en Obras), que incluye el show completo. A través de la obra se aprecia el crecimiento de su sonido pero para entender la singularidad del proyecto hay que desglosar ciertas características particulares.

Si no tienen una discográfica grande atrás, si no clavaron ningún viral con sus canciones o, más acá, ningún hit de alta rotación, si su exposición en redes sociales es más bien moderada, entonces, ¿cuál es la razón por la que El Plan de la Mariposa es una de las bandas con más crecimiento en los últimos años? Como Luc Besson en 1997, hay que buscar el quinto elemento. Pero antes, también, desglosar los otros cuatro.

Mirá el video de «Viaje de transformación», el single más reciente

Primer elemento: La familia

Cinco hermanos (que incluyen trillizos) y un matrimonio hermoso. Así puede ser el resumen que Sebastián refleja en su mirada, con el fondo del bar Británico, a metros del parque Lezama, mientras relata la infancia de su familia y se enorgullece tanto de su madre como de su padre. Ella, docente agraria y precursora de nuevas metodologías de meditación en la zona, y él, como dice Sebastián, “el último chacarero”. Un obrero del campo, sin jefes ni empleados, y listo para sobrevivir a cualquier plaga o temporal. De allí surgen dos pilares conductivos de la banda: la espiritualidad y la prepotencia laboral.

Dice Camila Andersen sobre su madre: “Siento que la figura de nuestra mamá, con lo que significó en vida y después su partida, se conecta mucho con la importancia de la catarsis. Desde que éramos chicos ella organizaba celebraciones de luna llena y meditaciones en movimiento, encuentros donde muchas personas se sintieron acompañadas en momentos de crisis y encontraron un lugar de confianza, para llorar, gritar, y soltar emociones moviendo el cuerpo. De alguna manera eso se trasladó a nuestra forma de encarar la música como una fuerza sanadora”.

Dice Sebastián sobre su padre: “Mi viejo aprendió a tocar la guitarra de grande. Música folclórica, algunos tangos, Serrat. La agarraba cuando volvía de laburar, todo mugriento, mientras cocinaban con mi mamá. A ella le encantaba esa secuencia. Mi viejo es algo así como el último chacarero. No depende de nadie. Esa figura no existe más. Él es el típico chacarero que si se rompe el tractor va y lo arregla, o el riego, lo que sea, es así. A sus 68 años le sigue metiendo porque esa es su vida”. 

Segundo elemento: Un lugar, Necochea

Es un error vincular solo el mar a Necochea. Hostil en invierno y abrasivo en verano, el lugar costero a poco más de 500 kilómetros de Buenos Aires cuenta con varias de las maravillas de la provincia de Buenos Aires: su propio bosque, el río Quequén y toda su mitología (“dicen que tiene cuevas y para mí es cierto”, afirma Sebastián), las lagunas y la parte rural en la que ese sector de la población le da la espalda al Atlántico y mira, como Borges en su literatura más gauchesca, el horizonte de la pampa húmeda. Bajo este último contexto fue que crecieron, y forjaron sus identidades, los hermanos Andersen. “Andábamos todo el día por cualquier lado. En el río con el kayak, en los baldíos con algún pedazo de fierro, en el campo haciendo la cosecha o en algún parador tocando la guitarra”, dice Sebastián.

Ser una banda del interior terminó por conformar una ventaja para ellos. “Y generalmente dicen que es al revés”, se ríe el cantante y compositor. Desde Necochea juntaron fuerzas para armar El Plan de la Mariposa después de un viaje por el Norte de Argentina, Bolivia, Perú y Brasil; irse a estudiar a Buenos Aires sin largar el imán de la música ni de la banda; reconstruir un micro Mercedes Benz para hacer una gira de tres meses junto a Jeites y el rapero Q-Ki Dones y organizar su propio festival. A pesar de haber hecho base en Buenos Aires, El Plan de la Mariposa parece invocar el inicio de cada proceso de la banda desde su ciudad. Dice el violinista y pintor Santiago: “En esencia somos una banda del interior que va entrando a la Capital desde la pampa. Por varios años tocamos mucho más en otras ciudades de la provincia como La Plata, Mar del Plata o nuestra casa Neco que en Capital, hasta que se nos fue abriendo”. 

Tercer elemento: Los vínculos

El Plan de la Mariposa supo vincularse en lugares justos sin demasiada planificación. Hay dos hechos que fueron fundamentales en este tema. Uno fue telonear a La Vela Puerca en Necochea (con el tiempo vendrían otros shows junto a los uruguayos y para el disco Danza de Antalgia, de 2015, Cebolla Cebreiro y Sebastián Teysera cantaron en dos canciones) y otro ser la banda soporte de Manu Chao en Mar del Plata. El primer hecho fue gracias a Leandro Torcianti, productor y periodista de Necochea.

Dice el violinista Santiago: “Telonear en recitales masivos está bueno porque te abre a un público más grande, pero la verdad es que lo que más flasheé con La Vela y Manu Chao fue compartir momentos en camarines y ver la dinámica atrás del recital. La primera vez que abrimos a La Vela estábamos recién empezando a salir de gira y me gustó ver el ejemplo de una banda de amigos, numerosa, que existía bajo su propia lógica haciendo la música que querían, viajando y cagándose de risa”. Santiago afirma que está bueno participar de algo que antes vivió como público durante años: “La cantidad de fogones y asados en los que guitarreamos sus canciones es incalculable, y sigue en aumento”. 

Cuarto elemento: El “boca en boca”

Con el avance de la tecnología y el impacto de las redes sociales, las formas de difusión se amplificaron, pero también se segmentaron. Cualquier responsable de marketing lo primero que hace a la hora de pensar una campaña digital es en esa segmentación de público al que le apunta. Si bien El Plan de la Mariposa utiliza todas estas nuevas herramientas, cuenta con una metamorfosis del elemento de difusión más poderoso aunque sea de antaño: el boca en boca. Y es una versión beta, porque tiene características particulares: la acción, desde un principio, la desarrollaron los estudiantes universitarios del interior, que adoptaron a la agrupación como un lugar de pertenencia. Un refugio de seguridad. Un espacio de comunión para fortalecer y resguardar la identidad. Algo que la madre de los Andersen practicaba en su espacio con vistas a la pampa húmeda.

“El que le gusta El Plan siempre está con ganas de que a otro le guste. Eso es clave. Tenemos mucho vínculo con nuestro público. Siempre estamos hablando con ellos. Por donde sea, porque las redes también están buenas. Aunque por ahí haya realidades que después no son tales. El vínculo más fuerte sigue siendo el social, el cara a cara”, explica Sebastián. “La víctima de la viralización es tremenda. Es un acto muy fuerte que después se seca rápido. Es como un hecho que te da mucho y que después es difícil no poder volver a esa dimensión”, explica el cantante sobre los nuevos fenómenos masivos de la actualidad. Esos que un día son virales y al otro ya nadie les da una fecha para tocar.   

Quinto elemento: El amor

A Sebastián le da un poco de intriga la ausencia de registro de un gesto y un momento que para que él fueron muy importantes: la comunión que tuvo la banda al principio en torno a la marihuana. “A la planta”, le dice él. “Sin ser un fundamentalista, y hasta consumiéndola casi nada en la actualidad, creo que nos proporcionó en aquellas primeras noches de zapada un lugar muy hermoso y espiritual”. Una posibilidad de unión entre hermanos de sangre y amigos de las barriadas. 

Si no hay obra, todo lo demás se cae. Y lo que pasa con las canciones de la banda se puede focalizar en uno de sus últimos impactos de devolución. Y es con el tema “Mar Argentino” (incluido en Devorando intensidad, 2017) que fue relacionado por un familiar del ARA San Juan a ese trágico hecho. “Si vos la escuchás, está hablando de ese hecho pero nosotros la hicimos antes y pensando en otras cosas. Aun así, es un reflejo de lo que puede pasar con el arte y esa devolución es parte de lo que a nosotros nos fortalece”, dice el cantante de El Plan.   

Mirá el video de «Mar Argentino»

A su lado, Camila se refiere a otras de las canciones. Una que fue dedicada a su madre: “Cuando tocamos ‘Savia’, que fue escrita después de su muerte, siento que personas que tuvieron una pérdida similar pueden cantarle a su propia herida y por ahí sentirla más liviana después, por lo menos a mí me pasa eso”, explica y da cuenta de eso que, en términos de la actriz Milla Jovovich en la película de Besson, representa finalmente el quinto elemento: el amor.

El horizonte de la mariposa tiene un fin: un nuevo Obras en junio. Es decir, no fue casualidad aquella primera parada en lo que alguna vez fue “El templo del rock”. Sebastián dice que no le da vértigo, sino que lo que siente, más bien, es que algo está llegando a su fin. Una forma de hacer las cosas. “Me encanta manejar en las giras, pero si se siguen agrandando voy a tener que delegar un poco”, explica. Dice que el tiempo es fundamental y que uno no puede descuidarlo de lo que más le gusta. En su caso: hacer canciones. “Si tengo cada vez menos tiempo porque todo crece, entonces necesito focalizar en lo más importante”.

Esa forma de hacer las cosas que parece llegar a su fin se cruza con el sentido que le dan a la independencia en relación a su forma de trabajo. “Los defensores de la independencia a ultranza tienen un lado que no es verdadero. Por más que seas el más independiente de todos, siempre tenés una red de aliados que ayuda al proyecto. Obvio que está buena la independencia y que no se metan con la obra. Pero para ser independiente tenés que tener esta red que te ayude y te acompañe. Llega un momento en el que uno no puede hacer todo”.

Durante 2013 la madre de los Andersen enfermó gravemente y eso generó un éxodo a Necochea por parte del grupo. Para acompañar ese proceso, el grupo decidió retomar un sueño: reparar un viejo Mercedes para utilizarlo en las giras. Fue un proyecto largo; de ingenio, sudor, inversión y paciencia. El documental El viaje de la Isoca registró cada paso. La Isoca, en efecto, fue el resultado de ese viejo micro convertido en el refugio del dolor y los sueños. Cuando su madre decidió emprender vuelo, ellos se largaron a la ruta. El viaje era, a fin de cuentas, un proceso de curación. Y la búsqueda, como en toda la historia de los viajes de El Plan, se potenció. Tanto que después de más de tres meses y miles de kilómetros amontonados volvieron con un disco: Danza de Antalgia. El duelo estaba hecho. En ese LP hubo dos canciones dedicadas a su madre pero, en rigor, la obra circula en torno a esa pérdida. Fue un viaje de ida, que los marcó a ellos y también a su público. A partir de ahí, el crecimiento se aceleró.

Dice el guitarrista Valentín: “Cuando sacamos Danza de Antalgia fue un momento crucial, porque es un disco dedicado a nuestra vieja, a un tiempo de su fallecimiento y a la vuelta del viaje de la Isoca. Es un disco que mezcla el duelo con la aventura y cuando empezamos a tocarlo en vivo cambió la conexión de la gente. Encontramos un código en la comunicación con el público en el que creamos juntos un momento de entrega y apertura energética elevada”.

Valentín Andersen asegura que Devorando intensidad (2017) trajo mucho voltaje y esperanza, y que Estado de enlace (2020) es como una pintura llena de matices subacuáticos en la que logran plasmar la estética y la búsqueda con más contundencia. “Salir a la ruta a como dé, al encuentro, con la mochila llena de cosas para decir y música para compartir, ha sido lo más importante”. Una cuestión de actitud, dicen los hermanos. Un rock libre, suelto en la ruta y haciendo base en Buenos Aires. Un lugar que también se les metió en la obra. “De hecho tenemos canciones que huelen a cemento”, resalta Sebastián. 

Imaginen ahora a los cinco hermanos arrancando 2022. Despidiendo el calor en Necochea. Un fin de semana largo, quizá, sea una excusa para volver a ponerle el pecho a ese frío húmedo que invade a la ciudad que los vio curtirse. Cinco personas con el pelo del sol mirando en el horizonte a La liebre, de César Aira, esa que puede representar lo incierto, lo profundo, la curiosidad y el infinito. Esa que a veces el último chacarero suele ver y saludar. Esa que, desde lejos, también los cuida. Un punto en el horizonte que los orienta. Un plan con una mariposa atravesando las almas.

Los rubios del sol que se ríen, que saludan al ser del horizonte. Que saludan a su madre, que los abraza desde la pampa y el mar. Están listos.

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