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El nuevo álbum de PJ Harvey está cargado de drama, pero debes escuchar con atención

I Inside the Old Year Dying es un mundo en sí mismo, cargado de música y palabras olvidadas, y eso es lo que lo hace magnífico

Por  KORY GROW

STEVE GULLICK

PJ Harvey

I Inside the Old Year Dying

En ‘A Child’s Question, July’, PJ Harvey canta con un ritmo alegre: “¿Quién está debajo del Ooser-Rod?/¿Un demonio cornudo? ¿Un dios cabrío?”.

Las palabras parecen un juego a medida que su guitarra se entremezcla con su voz, y la copla fluye tan bien al ser sucedida por susurros y cantos de aves. Eso es lo que significa dejarse llevar por la corriente sin siquiera preguntarse qué carajos es un Ooser-Rod. Pero cuando buscas el significado de las palabras en Orlam –la novela que Harvey publicó el año pasado, escrita en el dialecto de Dorset, Inglaterra, el lugar donde creció–, la canción adquiere un trasfondo más turbio: ella define al “Ooser-Rod” como “el pene absurdamente enorme de un demonio”. Resulta más extraño que el Ooser, de acuerdo con el folklore del siglo XIX, también es una especie de máscara de carnaval usada para espantar a las personas. De modo que el verso de “un demonio cornudo/dios cabrío” termina siendo una consigna con doble sentido.

Este tipo de referencias antiguas definen al álbum más reciente de Harvey, I Inside the Old Year Dying, pero esto no quiere decir que todo el mundo deba conocer la historia detrás del disco, poseer un glosario de Dorset o tener un doctorado en dialectología para disfrutarlo. No obstante, esforzarse un poco por entenderlo hace que un trabajo complejo pueda ser una experiencia más amena, especialmente al tener en cuenta que los tonos y arreglos de folk rock no son fáciles de escuchar. Dicho esto, cualquiera que haya seguido a Harvey en los últimos 30 años sabe que a ella le agrada retar a su público.

Entre los riffs vibrantes de blues de sus primeros álbumes, cantó sobre el orgullo del exhibicionismo femenino en ‘Sheela-Na-Gig’, cosificó a Robert De Niro en ‘Reeling’ y midió su propio e imponente Ooser-Rod en ‘50ft Queenie’. La crudeza de su música y la contundencia de sus letras la convirtieron en un icono de los 90. Pero a mediados de la década y a principios de los 2000, algo la inquietó y comenzó a explorar temas más sombríos, así como a componer las profundas canciones de amor de Stories from the City, Stories from the Sea. Esa inquietud la llevó a explorar la poesía y a utilizar un lenguaje intenso para describir el mundo que la rodeaba, ya fuese “la suciedad y humedad eterna” de su país natal en Let England Shake (2011) o la pobreza mundial en The Hope Six Demolition Project (2016). El agotamiento de las giras la hizo considerar dejar la música luego de Hope Six para enfocarse en su poesía.

Los frutos de su odisea poética maduraron en Orlam, en donde relata la historia de Ira-Abel Rawles, una niña de nueve años que ve fantasmas en Gore Wood, Dorset. Allí hay un espíritu llamado Wyman-Elvis que es mitad Jesús (el Rey de Reyes) y mitad Elvis (el Rey del Rock), y Orlam es el ojo destripado del cordero de la pequeña, el cual le sirve de oráculo. Como las letras de cada corte del disco también son poemas en Orlam, estos personajes siempre están presentes y piden ser comprendidos. En ese orden de ideas, el dialecto complejo y los tantos neologismos que hay en I Inside the Old Year Dying se asemejan a Finnegans Wake (novela que solía necesitar de “una llave maestra” para ser entendida) o a La naranja mecánica (que podría necesitar de un diccionario Nasdat). Pero así como dichos libros, las palabras de Harvey cobran mayor sentido cuando son leídas en voz alta o salen de su propia boca. No olvidemos que Marilyn Monroe, quien era mucho más culta que los personajes que interpretaba, solía leer Ulises en voz alta.

Con música melancólica y su acento de Dorset que se nota en su pronunciación, la poesía cobra vida. Y eso no es fácil. Dado que las 12 canciones de I Inside the Old Year Dying comienzan como poemas, no se traducen como versos musicales. En cambio, Harvey, quien ha estado trabajando en scores para películas y series de TV en los últimos años, compuso piezas folk que capturan la esencia de sus palabras, las cuales a menudo canta de forma inusual e persuasiva. Muchas de las canciones, que grabó con sus colaboradores John Parish y el productor Flood, rememoran las energías sosegadas de Let England Shake y White Chalk (2007) y, al igual que con esos álbumes, aquí la música se destaca por ser extraordinaria.

Los mejores cortes suelen tener un ritmo hipnótico. ‘Lwonesome Tonight’, que le rinde tributo a Elvis (así como a los sándwiches de mantequilla de maní y banana), se desenvuelve como la música setentera de Neil Young gracias a su línea de guitarra y sus falsettos. ‘Seem an I’ tiene un ritmo rock que recuerda a la Harvey de antes al usar palabras como “wordle” (world) y transmitir tristeza con su voz cuando canta que su niña granjera no pudo castrar a sus animales. ‘I Inside the Old I Dying’ continúa con su estilo Neil Young, alcanzando las notas lúgubres de su LP To Bring You My Love mientras armoniza con el actor Colin Morgan al cantar sobre “los niños fantasma de la eternidad”. El tema que cierra el disco, ‘A Noiseless Noise’, le rinde tributo a John Keats a nivel poético, y a nivel musical a ‘Tomorrow Never Knows’ de los Beatles con sus aproximaciones Avant-garde y efectos de sonido, aunque esta contiene una de las melodías vocales más potentes del trabajo.

Algunas de las canciones son más difíciles de digerir, que probablemente sea lo que Harvey deseaba conseguir: hacer que las personas escuchen con atención. Los falsettos insoportables de ‘Autumn Term’ suenan mal a propósito. Y la que titula al disco, que también es de las más “rockeras” y solo dura dos minutos, parece un collage de sonidos agradables y grotescos que termina con pulsaciones de teclado y guitarra. Las texturas de ‘August’ no llegan a percibirse del todo –el actor Ben Whishaw susurra un verso de ‘Love Me Tender’ en el fondo– y el efecto es como un palimpsesto de psicofonías.

I Inside the Old Year Dying a menudo parece un closet drama ambientado en un bosque encantado, donde la música emana de los árboles y se oyen susurros a lo lejos. Como la historia en ocasiones pasa a un segundo plano, más que en Orlam, a veces tienes que confiar en la magia de los sonidos. Aquí, Harvey está apuntándole a algo distinto, algo fuera de la música tradicional, así que aquella confianza es importante. El disco termina con ella cantándole “Ve a casa, por ahora. Ama y deja de deambular” a su personaje de Ira-Abel, pero escuchar el trajín que la llevó hasta ese punto hace parecer como si Harvey se divirtiera más vagando por ahí. Incluso si lo hace desde el escritorio de su casa.

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